A la luz de los resultados del plebiscito por el proyecto de laguna artificial en el Parque Padre Hurtado, pareciera imponerse una suerte de inmovilismo urbano, pero un grupo de especialistas se pregunta si el rechazo no es reflejo de otra cosa: una forma de demandar más espacios de participación en la definición temprana de proyectos que impactan directamente en la calidad de vida de las personas.

  • 8 noviembre, 2018

Director del Desafío:

Ricardo Labarca, coordinador de Desarrollo, Inmobiliaria Las Salinas 

Coordinador:

Aldo Cerda, director ejecutivo, ActionAbility Institute

Participantes:

Iván Poduje, director ejecutivo, Atisba | académico, Universidad Católica

Alberto Texido, académico, Universidad de Chile

Javier Vergara, director ejecutivo, Ciudad Emergente

Matías Garretón, académico, Universidad Adolfo Ibáñez | investigador, COES

Julio Toro, socio Ikons | consultor infraestructura, Banco Mundial

En un país dónde más del 90% de la población vive en zonas urbanas, los movimientos sociales han hecho evidente el traslado a la ciudad la disputa por los bienes públicos y a exigir formas de protección del entramado urbano que antes solo eran propias de la preservación de la naturaleza. Además, las ciudades constituyen ecosistemas dinámicos donde, por un lado, se administra y ejecuta la mayor parte del PIB del país y, por otro, donde se pronuncian las principales demandas y protestas en contra del actual modelo de desarrollo urbano y territorial, muchas veces buscando “congelar” modos de vida o formas comunitarias del pasado. En este contexto, ¿qué cambios necesitamos hacer para crear un entorno de resiliencia urbana que permita la coexistencia entre el dinamismo requerido por la economía, las demandas ciudadanas y las promesas políticas? 

Javier Vergara: “Me ha tocado conocer bien las realidades de Chile y Suecia, –siendo Escandinavia la región con la mayor confianza interpersonal en la OCDE y Chile la nación con la más baja, donde solo el 13% de la gente confía en extraños–, y es notable ver lo que los suecos pueden hacer por la construcción de un futuro común”.

Ricardo Labarca: “No basta con poner la información a disposición de las comunidades, es importante que dentro de un proceso de cocreación se puedan recoger las percepciones y aspiraciones de los vecinos, para luego incorporarlas en el diseño del proyecto”.

Matías Garretón: “Nos dimos cuenta de que el resultado de la acción contenciosa no está tan asociada con la cantidad de gente que participó en el conflicto, sino con su potencia”.

Iván Poduje: “Los grandes proyectos que se logran sacar adelante son aquellos que lograron contar con el apoyo del Presidente de la República: en nuestro contexto institucional, solo él tiene la posibilidad de coordinar la necesaria acción de los diferentes estamentos públicos involucrados en períodos relativamente acotados”. 

Alberto Texido: “Los proyectos Bicentenario sí conjugaron una visión del país que se quería construir, definiendo proyectos urbanos específicos para cada región, donde grupos multidisciplinarios discutían distintas visiones de ciudad y de hacer país, y donde esa discusión garantizaba un piso muy alto de legitimidad a los mismos”.

 

Resistencia territorial: entorno para los grandes proyectos urbanos 

El entorno en que se insertan los grandes proyectos urbanos está marcado por la profunda crisis de confianza que atraviesa el país. Pero la situación se agrava más cuando en Chile, pareciera ser que frente a los movimientos sociales el concepto “empresa” carga una connotación negativa, independiente de las iniciativas que se quiera desarrollar. Los especialistas consideran que la resistencia ciudadana de hoy ante los proyectos urbanos no discrimina su origen: edificios de cualquier tipo sería lo esperable, pero también se han visto resistencias contra nuevos sistemas de transporte, remodelación de espacios públicos, incluso parques. La evolución de dicha resistencia en los últimos años, en general responde a un modelo organizado, no necesariamente jerarquizado, y que sin un liderazgo claro, funcionan por el ejercicio alineado de una masa.

Las redes sociales han ocupado un rol clave en este modelo de resistencia. Permiten una organización transversal, sin la necesidad de cabezas de mando. 

Matías Garretón confirma esta apreciación. Sobre la base de un estudio que realizó sobre los conflictos públicos aparecidos en prensa ocurridos en Chile entre 2012 y 2017, las contiendas urbanas y territoriales poseen un grado de espontaneidad distintiva sobre el resto de los conflictos del país. La investigación detectó, además, que la presencia de organizaciones sociales estructuradas en conflictos urbanos tiene una participación de solo 51%, versus el 63% del promedio nacional. 

Cabe destacar que el mismo estudio concluyó que entre 2012 y 2017, estas disputas –que entran en la categoría de “conflictos territoriales”– son relativamente poco frecuentes respecto a los conflictos principales a nivel país, que están fundamentalmente vinculados a temas laborales, de bienestar, educación y política.

A pesar de ser menos organizados y menos frecuentes, los movimientos relacionados con el uso de suelo y el desarrollo de la infraestructura urbana tienen un alto nivel de efectividad. Y en este caso, la potencia de los movimientos sociales, en términos de la resistencia que ejercen sobre la ejecución de proyectos urbanos, tiene por principal resultado la inmovilidad de acción. Todos coinciden en que se impone una metodología de estancamiento o, más bien, de “congelamiento”.

En consecuencia, para evitar problemas con las comunidades, y por consiguiente, retrasos en el desarrollo de los proyectos urbanos, nace la tendencia de trasladarlos a las periferias. Pero esto arrastra consigo otras problemáticas, como el aumento del parque automotriz por mayor uso del auto para la movilización de grandes distancias, y con ello, el aumento de congestión vehicular, lo que genera una menor calidad de vida para los trabajadores (altos tiempos en trayecto trabajo/hogar). Además, salirse del núcleo urbano lleva a extender los límites de la ciudad sobre lugares con valor biológico, poniendo en riesgo la biodiversidad y mermando terrenos de carácter agrícola. 

Repensar la forma de hacer ciudad 

Es esta resistencia territorial que están enfrentando las grandes intervenciones urbanas la que hace necesario repensar el relacionamiento efectivo de las empresas y sus proyectos con su entorno. En esta línea, son diversas las iniciativas urbanas que han ido evolucionando, incorporando en su desarrollo una visión de largo plazo y un análisis complejo y multivariable del contexto en el cual se insertan. Sin embargo, los casos analizados en este Desafío Capital revelan que la nueva forma de hacer ciudad que buscan impulsar estos proyectos, no siempre garantiza el éxito de su desarrollo. 

El reciente rechazo que expresaron las comunidades de Las Condes, La Reina y Providencia frente al proyecto de una laguna cristalina en el Parque Intercomunal Padre Hurtado pone en evidencia la importancia de la participación temprana. Cuando la participación ciudadana ocurre de forma tardía, sin trabajo previo de información y colaboración de los vecinos en el proyecto, estos sencillamente no prosperan. 

Iniciativa Económica y Liderazgo Político

Desde el punto de vista netamente económico, es evidente que la socialización, mediatización y apertura a la colaboración de la ciudadanía en una etapa temprana implican tiempo y mayores recursos. Pero lo que pareciera ser un costo adicional se está transformando cada día en un paso estructurante para la viabilidad de las grandes iniciativas urbanas. 

El desafío entonces pasa a convertir estos procesos de participación temprana en definiciones vinculantes, que aseguren a los grupos sociales el alcance de los proyectos a ejecutar y a quienes los impulsan la certeza jurídica sobre el mismo. El consenso de este grupo es que para ello se necesita liderazgo político, uno que sea capaz de aunar voluntadas sobre un proceso común aún más allá de los períodos de mandato electoral.

Iván Poduje y Javier Vergara concuerdan en que, en general, si los grandes proyectos no cuentan con apoyo público, no se lograrán viabilizar. A nivel municipal, estas iniciativas  suelen generar grandes complicaciones a sus autoridades, ya que los potenciales costos políticos de un proyecto –que seguramente exceden los plazos de su mandato– podrían perjudicar su continuidad y dado ello, tienden a tomar una posición conservadora (“tomar distancia”). Existen ejemplos que demuestran que ante la duda del potencial riesgo, el municipio se abstiene de su participación o se opone a su desarrollo, privilegiando la rentabilidad electoral de corto plazo.

Los especialistas concuerdan que una de las mejores experiencias en términos de aceptación y legitimidad tiene que ver con la expansión y desarrollo del ferrocarril metropolitano, que tiene enormes impactos en el entramado de la ciudad, pero donde se discuten con mucha antelación opciones de trazado y constituyen parte relevante del legado de varias administraciones. Pero los grandes proyectos no pueden depender siempre de un potencial apoyo presidencial. En esta línea, se hace necesario que la asociatividad con el mundo político permee también el aparato institucional, donde actualmente, los mismos procesos de evaluación de los proyectos poseen una visión estrictamente sectorial, impidiendo una revisión con un foco transversal capaz de examinar proyectos complejos.