El nuevo gobierno necesitará de un presidente de gran liderazgo, de gran capacidad de comunicar y gobernar, lo que en este mundo hiperconectado y global es prácticamente lo mismo. El presidente electo Barack Obama lo demostró durante sus 18 meses de campaña. El mundo espera lo mismo de su gobierno.

  • 12 noviembre, 2008

El nuevo gobierno necesitará de un presidente de gran liderazgo, de gran capacidad de comunicar y gobernar, lo que en este mundo hiperconectado y global es prácticamente lo mismo. El presidente electo Barack Obama lo demostró durante sus 18 meses de campaña. El mundo espera lo mismo de su gobierno. Por Gabriel Sánchez-Zinny, desde Washington

 

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El resultado final de la elección presidencial en Estados Unidos generará profundos cambios en Washington. Y lo hará no sólo por lo que representa la apabullante victoria del senador Obama con 349 electores sobre 163 y un 52% el voto popular (más de 63.500.000 personas) contra el 46% que votó por la fórmula republicana McCain-Palin, sino también por las amplias mayorías que ha obtenido en el Senado y la Cámara de Representantes. Ello contribuirá a la promoción de una agenda social más volcada a la izquierda, tanto en lo internacional como en lo doméstico.

El presidente electo Obama ha ganado en las poblaciones más dinámicas y de mayor crecimiento en Estados Unidos, con un 66% de votos a favor en jóvenes de entre 18 y 29 años, una amplia mayoría de 58% entre ciudadanos con estudios postgraduados y un 67% favorable en la población hispana; cifra, esta última, que representa un gran avance frente al 53% que votó por el senador Kerry en la elección de 2004. Es decir, Obama ganó con una coalición demócrata tradicional de votantes mujeres, latinos, afro-americanos y blancos trabajadores, pero además agregó el voto de poblaciones más intelectuales y de jóvenes.

Actualmente, en la Cámara de Representantes hay 235 demócratas y 199 republicanos y en el Senado, 51 demócratas y 49 republicanos. Los resultados del 4 de noviembre, aumentan la mayoría demócrata a más de 75 en la Cámara de Representantes, y más de 17 en el Senado. Esto se acerca a mayorías como las logradas por Lyndon Johnson en 1964, cuando venció abrumadoramente a Barry Goldwater, uno de los fundadores del movimiento político conservador, y obtuvo 295 representantes y 68 senadores demócratas.

Sin embargo, esta mayoría en los poderes Legislativo y Ejecutivo no evitará las tensiones que siempre existen entre ellos. Varios analistas señalan que la mayoría demócrata buscará inclinar la agenda hacia la izquierda mucho más que el presidente Obama, quien durante la campaña presidencial mostró tendencias más conservadoras, como quedó en evidencia con su apoyo a los valores familiares y religiosos, sus positivos comentarios a Ronald Reagan y su visión de la meritocracia y la responsabilidad personal como ejes en su vida y en su mensaje.

Los primeros años del gobierno de Bill Clinton, entre 1992 y 1994, presentaron los mismos desafíos, mostrando similares tensiones entre ambos poderes, los cuales también estaban en manos del partido demócrata y que generaron un intento de correr la agenda demasiado hacia la izquierda. Fue ese ensayo el que finalmente llevó al triunfo republicano en las elecciones parlamentarias de 1994 bajo el liderazgo de Newt Gingrich, impidiendo a la administración Clinton volver a tener una mayoría en el Congreso durante todo el período restante.

Hacía más de 45 años (desde el presidente John Kennedy) que un miembro del Congreso sin experiencia en el gobierno ejecutivo no asumía en la Casa Blanca. Esta situación ofrecerá un estilo de gestión diferente a la de ex gobernadores o ex vicepresidentes, como han sido los casos de Johnson, Nixon, Carter, Reagan, Bush padre, Clinton y el actual Bush. Y ofrecerá también una gran ventaja con respecto a la relación con el Congreso; fundamental para empujar la agenda de cualquier presidente.

Si la gestión de su campaña puede utilizarse como indicador, el presidente Obama tendrá un estilo de liderazgo disciplinado, con un equipo multifacético y competente, bien alineado, evitando tensiones en lo interno de su staff y posturas contradictorias hacia el público. A su vez, la sólida red de instituciones comunitarias y líderes barriales que ha formado en todo el país será de mucha utilidad para empujar sus políticas y presionar localmente a los legisladores, al momento de buscar apoyo en el Congreso.

Otra característica destacable del Barack Obama candidato es su capacidad para adaptarse frente a cambios de circunstancias, escuchar y aprender rápido, rodeándose de expertos en los temas. Muchos esperan que vuelva a traer la “curiosidad intelectual” a la Casa Blanca, tan ausente en los últimos años de gobierno republicano.

Los desafíos en el orden internacional son muy grandes, y con poco margen de maniobra. Por un lado, está Irak, que a partir del 21 de enero pasará a ser una guerra bajo el mando del comandante en jefe Barack Obama, dejando de ser una política a la que él se opuso desde la retórica. Lo anterior le significará lidiar con el equilibrio de retirar a las tropas americanas, pero sin dejar espacio para que Irán termine manejando los destinos de su vecino. Por otra parte está Afganistán, un creciente problema para Estados Unidos, el cual está generando mayores bajas entre sus tropas; y una OTAN que presenta un frente más resquebrajado que unido para combatir al ejército talibán. A esto se suman la agresividad de Rusia, que todavía no se ha retirado completamente de Georgia, y una creciente inestabilidad en Pakistán.

Esas realidades se inscribirán en un contexto doméstico de crisis económica que ya no será únicamente financiera, sino real, reflejada en una caída del consumo, de la riqueza de los ciudadanos (se calculan 3 trillones de dólares de pérdida en el mercado de valores y más de 8 trillones en el mercado inmobiliario), con despidos y aumento del desempleo.

Entonces, ¿qué pasará si las mayorías demócratas en el Congreso se inclinan por las opciones de los grupos de interés
que los han apoyado, como los sindicatos, organizaciones no gubernamentales anticomercio y coaliciones antiempresarias, que promueven un aumento del gasto y reducción del comercio internacional? Esta duda deberá ser despejada en los primeros meses de gestión.

¿Y cuál será la agenda de la nueva administración demócrata con América latina? Las relaciones con la región tuvieron escasa mención durante la campaña, con sólo algunas referencias a Colombia, Venezuela y México en los debates presidenciales. Pero Obama ha alineado un competente equipo con nombres como Dan Rastrepo, Frank Sánchez y los siempre presentes Arturo Valenzuela y Pete Romero. En repetidas ocasiones éstos han señalado que buscarán una relación más franca, de pares, enfocada en el comercio, pero que incluya más consideración por temas laborales y ambientales y mayor financiamiento para los programas de USAID y Millenium Challenge Account que promueven el desarrollo social en la región. A su vez, restaurarán la posición de enviado especial que estableció Clinton en los años 90, con oficina en la Casa Blanca.

Estados Unidos continúa siendo la potencia con mayor incidencia en la región, en términos de relaciones comerciales, militares e influencia política. Pero en los últimos años se ha visto alicaída por la pérdida de credibilidad de la administración Bush y una mayor presencia de otras potencias, como China (que ha aumentado su comercio con la región desde 10 billones de dólares en 2002 a más de 100 billones el año pasado) y Rusia, que está vendiendo armas a varios países, principalmente Venezuela, y el mismo Irán.

En este contexto, un cambio de gobierno en Estados Unidos no mejorará automáticamente las relaciones con Latinoamérica, pero será una bienvenida renovación de liderazgo para enfrentar desafíos como los tratados de libre comercio con Colombia y Panamá, pendientes de aprobación; el enfrentamiento con Venezuela y Bolivia, que han expulsado a los embajadores americanos en sus países; el tema de la inmigración y las remesas y la creciente preocupación por el tráfico de drogas y la inseguridad proveniente de varios estados limítrofes con México.

La administración Bush ha duplicado la ayuda a la región, que este año totalizará más de 2 billones de dólares; pero, según Dan Rastrepo, que muchos anticipan será el principal responsable del presidente Obama para la región, las mejoras en las relaciones pasan por tratar a América latina como par, y dar mayor espacio y liderazgo a países como Brasil. “Barack no ve a Estados Unidoscomo el salvador de las Américas, sino como un aliado constructivo”, señaló en declaraciones a Associated Press.

La transición del presidente electo Barack Obama está siendo manejada tan ordenadamente como su campaña. Bajo el liderazgo de John Podesta, ex jefe de gabinete del presidente Clinton y presidente del Center for American Progress, el think tank que más aportó a la campaña demócrata en términos de ideas, papers y asesores, se están delineando las estrategias de la nueva administración demócrata, junto con el nombramiento de los más de 6.000 funcionarios políticos que cambian con cada nuevo presidente.

¿Y los republicanos?

Frente a esta derrota, en tanto, el Partido Republicano tendrá necesariamente que renovar su liderazgo, no sólo político, sino revisar también su base ideológica, ya que la expansión del gasto y la mala gestión del presidente Bush han dejado a varios grupos de la coalición conservadora profundamente disgustados con su partido. La candidata a vicepresidenta Sarah Palin queda naturalmente posicionada para ser una de las líderes de la reconstrucción del partido, con gran atracción entre los votantes más social y moralmente conservadores, junto a Mitt Romney, el ex gobernador de Massachusetts y candidato republicano en las primarias, con alta representatividad entre los conservadores fiscales y los económicamente liberales; así también como otros gobernadores como Tim Pawlenty, del estado de Minnesota y Bobby Jindal, de Louisiana, que aparecen como figuras crecientemente reconocidas en el partido.

En este contexto de crisis económica y de desafíos geopolíticos para reposicionar a Estados Unidos en el mundo, el nuevo gobierno necesitará de un presidente de gran liderazgo, de gran capacidad de comunicar y gobernar, lo que en este mundo hiperconectado y global es prácticamente lo mismo. El presidente electo Barack Obama lo ha demostrado durante sus 18 meses de campaña y el mundo espera lo mismo de su gobierno.