Hace varios años, convertirse en el CEO de una empresa era una tarea que asumían personas con varios años en el rubro. Sin embargo, con la irrupción de las startups y la industria tecnológica, eso ha quedado en el pasado. El día de hoy parece ser más sencillo convertirse en CEO y dirigir un negocio, […]

  • 1 diciembre, 2015

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Hace varios años, convertirse en el CEO de una empresa era una tarea que asumían personas con varios años en el rubro. Sin embargo, con la irrupción de las startups y la industria tecnológica, eso ha quedado en el pasado.

El día de hoy parece ser más sencillo convertirse en CEO y dirigir un negocio, pero las habilidades para ser uno, siguen siendo las mismas de siempre. Por lo general, adquirir estas habilidades toma toda una vida, pero hay formas de sobrellevar el reto del tiempo.

John Schwarz, cofundador y CEO de la firma Visner, comparte [tweetable]tres consejos para llegar al puesto de CEO sin que la edad sea un impedimento[/tweetable].

1. Construir un equipo que compense sus deficiencias

Incluso el ejecutivo más experimentado necesita rodearse de personas que ofrezcan una guía, especialmente en áreas que se salen de su área de expertise. Esto es esencial sobre todo para los líderes jóvenes, más propensos a cometer errores graves.

Al construir su propio equipo, no busque personas que son exactamente como usted, sino que apueste por aquellas que pueden complementarlo y ayudarlo a crecer.

2. Aprovechar el poder de pensamiento positivo y negativo

Si comienza a emprender en sus veinte, enfrentará con algunas ventajas y desventajas. La principal desventaja es la falta de experiencia en el trabajo, lo que podría resultar negativo a la hora de conseguir capital.

Por otro lado, una ventaja interesante de ser un líder joven es que probablemente no tenga conocimiento de cuáles son las cosas que no se pueden hacer, así que las hará de todos modos. Esto podría derivar en una innovación sin precedentes, algo que quizá una persona más experimentada perdería de vista.

3. Practicar la humildad

Ser humilde no quiere decir dejarse vapulear o no aspirar al éxito, sino que es aceptar los fallos y seguir adelante. La humildad intelectual, la habilidad de dar un paso atrás y aceptar las ideas ajenas, es una de las prácticas que no debería dejar de lado.

Las personas humildes escuchan a los demás y aprenden de ellos. Toman el asiento trasero cuando alguien más apto puede resolver un problema. Dan crédito cuando éste es merecido. Son menos propensas a ser arrogantes cuando las cosas salen bien. Cuestionan constantemente sus propios puntos de vista y sus motivaciones para asegurarse de estar realmente alineados con los objetivos de la empresa.

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