El ser humano se siente bien cuando vive en una ciudad sin mucha contaminación y ruido, con agua limpia, donde puede moverse a pie o en bicicleta, tiene acceso a buen transporte público, se siente seguro, tiene dónde sentarse a la sombra de un árbol y algo bonito que mirar.

  • 11 octubre, 2018

Por Jens Godtfredsen, embajador de Dinamarca.

Cómo medimos progreso? Antes lo hacíamos en números de autos y kilómetros de carreteras urbanas. Ahora sufrimos las consecuencias en contaminación, congestión y disminución del espacio público y de calidad de vida. En todo el planeta, las ciudades crecen. Y toda esa gente tiene que moverse, juntarse, llegar de un lado a otro. Si queremos resguardar el funcionamiento y movilidad urbana, debemos rápidamente tomar medidas que prioricen el transporte público, el ciclista y el peatón. Necesitamos ciudades que empiecen a incorporar la bicicleta como medio de transporte, se hagan más amigable con sus habitantes, más sanas, menos congestionadas y más vivibles. Ciclovías y espacios peatonales traen muchos efectos laterales positivos. En términos de salud de la población, los beneficios de la bicicleta son notables, tanto a corto como a largo plazo, lo que significa un impacto positivo en las cifras macroeconómicas de un Estado.

El espacio público es donde la gente se cruza, se encuentra, se comunica. Si llenamos las ciudades de carreteras, los movimientos de sus habitantes se limitan a ir y volver del trabajo. ¡Y malo para la seguridad ciudadana! Si los espacios públicos son atractivos, se llenan de gente y la ciudad cobra vida.

Políticos, arquitectos, empresas constructoras, artistas, municipalidades, el Estado y –muy importante– vecinos y organizaciones ciudadanas deben cooperar, trabajar juntos para producir soluciones urbanas sustentables, amables con sus habitantes y aptas para enfrentar el cambio climático. Los desafíos son grandes, pero las soluciones existen! Solo nos exige poder cooperar transversalmente entre ministerios, municipios, autoridades y empresas privadas, y siempre con la sociedad civil. 

Gracias a una cooperación entre Capital, el periodista Rodrigo Guendelman y la Embajada de Dinamarca, ahora, por primera vez, el arquitecto danés Jan Gehl viene a Chile a compartir sus experiencias de cómo hacer ciudades para los seres humanos. 

Algunos argumentan que solo en períodos de vacas gordas, un país puede lanzarse a cambios drásticos en su sistema energético o el diseño de sus ciudades. No lo comparto. Un ejemplo: antes de la crisis del petróleo, la casi totalidad del consumo energético en Dinamarca fue cubierto por petróleo importado, así que fue un golpe brutal para nuestra economía estar sin combustible de un día para otro. La cesantía creció, fábricas dejaban de funcionar, los domingos se prohibió el uso del auto particular. Un desastre. Y en esas condiciones, Dinamarca decidió, con políticas de Estado a largo plazo, y no de gobiernos de turno, trabajar para ahorrar energía (ojo: hay muchísimo ahorro esperando) y diversificar su suministro, incorporando cada vez más energía renovable. Con esas múltiples medidas, Dinamarca, desde los 80, ha logrado un crecimiento económico de más de 70%, prácticamente sin aumentar el consumo energético. Así que crecimiento económico no requiere necesariamente un incremento en el consumo energético. 

La meta de Dinamarca es ser independiente de combustibles fósiles para 2050. En ese desafío, las ciudades juegan un papel importante. Copenhague se ha impuesto la meta de ser neutro en emisiones de CO2 para 2025. Aquí el transporte es vital. Que la mitad de sus habitantes use la bicicleta para trasladarse ya significa un ahorro en emisiones CO2 de más de 90.000 toneladas al año. Ni hablar del ingreso turístico que significa ser una ciudad conocida por sus bicicletas.

El ser humano se siente bien cuando vive en una ciudad sin mucha contaminación y ruido, con agua limpia, dónde puede moverse a pie o en bicicleta, tiene acceso a buen transporte público, se siente seguro, tiene dónde sentarse a la sombra de un árbol y algo bonito que mirar. Dinamarca posee mucha experiencia para alcanzar esas metas, y seguimos experimentando, equivocándonos y teniendo éxitos. Es un proceso que no termina. Invitamos a que nos visiten para experimentar con sus propios ojos y pies, por qué Copenhague ha sido nombrada la capital más vivible del mundo. Contamos, además, con empresas consultoras y de arquitectos especializados en soluciones sustentables en transporte, agua potable, viviendas y espacios públicos, dispuestos a participar en proyectos privados y/o públicos junto con compañías y autoridades chilenas. ¡La invitación está abierta!

No podemos cerrar los ojos a las consecuencias que vienen, y que ya están empezando a sentirse, con el cambio climático. Debemos tomar medidas queramos o no. Veámoslo entonces como una oportunidad de repensar el diseño de nuestras ciudades: cómo hacemos el transporte más sustentable, cómo combinamos la bicicleta con el transporte público, cómo aseguramos el suministro de agua potable, cómo aprovechamos cada gota de agua lluvia, cómo construimos casas e edificios dignos y amigables con sus usuarios y energéticamente sustentables, cómo diseñamos espacios públicos atractivos. 

No hay que verlo solo como gastos necesarios para evitar desastres, no, aquí se esconde mucho ahorro en salud, licencias médicas, reparaciones viales, gasto energético… y la lista sigue. Reparar siempre es más caro que prevenir. Lo veo como una bomba con la mecha ya encendida: podemos seguir hablando mucho y tomando pocas medidas… hasta que la mecha se acabe y la bomba explote entre nosotros, o podemos pisar la mecha, tomar el toro por las astas e introducir los cambios necesarios que nos salvan como planeta, y que transforman nuestras ciudades en lugares más vivibles.