Calles, fábricas, comercio, centros turísticos. En todas partes se respira actividad. Que el país lleve un cuarto de siglo creciendo casi a 10%, es hoy por hoy un dato de la causa. Un dato que probablemente está subestimado si se incluye en la juguera la economía informal. Como sea, lo que no es un dato de la causa es que parece que en Chile no estamos plenamente conscientes de los alcances de este proceso histórico… y no vaya a ser que nos quedemos debajo de la mesa.

  • 19 octubre, 2007

 

 
China, raya para la suma

Testimonios de Nicolás Frischmann y el embajador Fernando Reyes Matta

El desarrollo de China y sus desafíos
por Ricardo Claro Valdés
China en cifras
En China está el futuro
por Andrónico Lucksic
Arte chino

 

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Calles, fábricas, comercio, centros turísticos. En todas partes se respira actividad. Que el país lleve un cuarto de siglo creciendo casi a 10%, es hoy por hoy un dato de la causa. Un dato que probablemente está subestimado si se incluye en la juguera la economía informal. Como sea, lo que no es un dato de la causa es que parece que en Chile no estamos plenamente conscientes de los alcances de este proceso histórico… y no vaya a ser que nos quedemos debajo de la mesa. Texto y fotos, Roberto Sapag Q.

 

Hace 9 años The New York Times publicó a página completa una carta abierta suscrita, entre otros, por los ex presidentes Bush, Carter, Ford y otros 24 altos ex funcionarios de Estado quienes aseguraban “China is destined to become a great economic and political power in the 21st century”. Una frase espesa, con densidad histórica, pero que probablemente fue lanzada sobre el tablero de la política internacional too late, para decirlo sin eufemismos y en el mismo idioma. Tarde. Porque en 1998 China ya completaba dos décadas de profundas transformaciones aplicadas metódica y disciplinadamente, como todo en ese país. Dos décadas en las que el germen sembrado 20 años antes por Deng Xiaoping, el arquitecto de la China que hoy cautiva al mundo, había brotado hacía rato y con tal fuerza que era imposible no reparar en ella.

 

Haga el ejercicio. Voltee el teclado de su computador, mire el respaldo de su Palm o de su reloj, averigüe de dónde provienen sus lentes, televisor, tostadora y hasta la parrilla de los asados, y verá que China está más presente en su vida de lo que cree… y vaya preparándose, porque mañana lo estará aún más. Fuimos a China, caminamos sus calles, visitamos algunas de sus fábricas, conversamos con su gente, le tomamos la temperatura al fenómeno y quedamos un tanto anonadados. Sí, anonadados, porque es cierto que en Chile se habla mucho de este lejano país y que la prensa juega a dejarnos boquiabiertos con colosales cifras y datos que ya no entran en nuestras cabezas. Pero después de ver la magnitud del proceso que vive el país asiático pareciera que en los ámbitos público y privado no estamos dando la nota… De muestra, un botón: el presupuesto anual de la oficina comercial de ProChile en Beijing es de 39.765 dólares, de los cuales 26.065 son para sueldos de personal. Sin comentarios.

 

¿Cómo decirlo sin ofender? Queda la sensación de que, salvo contadas excepciones, no hay conciencia no digamos del reto, sino de la enorme oportunidad que es China. Con todas sus complejidades (idioma, distancia, brecha horaria y tareas pendientes en lo ambiental, laboral, financiero y político institucional), en China se está jugando el futuro y quienes no estén ahí listos para correr esta carrera, es mejor que vayan tomando palco… si es que encuentran boletos.

 

 

     

 

 

Para entrar en materia

 

 

Sorprende la convicción con que hablan los profesores de la Universidad de Tsinghua, que acogió a Capital como parte del programa de intercambio que realizan con la Universidad Católica y que se llama “Conduciendo negocios en China”. Sorprende porque se percibe en ellos la certeza de que su país, pese a los problemas y defectos que enumeran sin problemas, será pronto la principal potencia del mundo.

 

Lo tienen plenamente asumido. Es más, dicen que si se revisa la historia de la humanidad se verá que China ha estado en posiciones dominantes en varias ocasiones y por siglos. De hecho en uno de sus gráficos se aprecia que hacia 1700 China representaba el 23,1% del PIB mundial, equivalente al de todo Europa; que en 1820 eran el 32,4% del PIB planetario, cuando Estados Unidos era un 1,8% y que ahora están pisándole los talones a los top de la lista.

 

Sobran los datos que avalan sus certezas. Dicen, por ejemplo, que corregido por paridad de compra ya son la segunda economía del mundo; que pronto un cuarto de los negocios del mundo se hará allí; que son los principales consumidores y productores de muchos productos a nivel planetario; que la apertura comercial es extrema (la suma de exportaciones e importaciones equivale a un 70% del PIB); que acaban de ser elegidos como la economía más atractiva para invertir 2007-2009 en una encuesta de la Unctad; que el modelo de producción atomizado que tienen asegura competencia, precios bajos y augura fusiones; que las tasas de emprendimiento ya superan las de EE.UU.; que en su territorio hay el doble de compañías productoras de autos (50) que las existentes en Estados Unidos, que… etc.

 

Pero tal vez lo más importante de todo, esbozan, es que China tiene una carta de navegación clara, que no cometieron el error de la ex URSS de perder el control de los cambios, y que el proceso acá será incremental, paso a paso y sin pausa. Uno de los profesores hizo una afirmación acompasada pero que retumbó casi como una advertencia: “hemos estado aprendiendo… y mucho, incluso desde antes de las reformas”.

 

Ahora bien, todos tienen claro que el país alcanzará esos logros si afronta con decisión sus desafíos. Si corrigen desbalances, como el bajo nivel de consumo interno y las altas tasas de ahorro, algo relevante doméstica y mundialmente, porque tiene a China y Estados Unidos bailando un tango de cojos. Que es inevitable hacerse cargo de las tensiones sociales, que han tenido una fuerte expansión en los últimos años; que hay que meter mano a las potenciales burbujas en el mercado financiero y corregir las dinámicas internas que tienen al país en el centro de las disputas comerciales.

 

Si eso se logra con armonía, nos dijeron, pierda cuidado que más temprano que tarde China tendrá una nueva geografía económica con grandes corporaciones generadas vía fusiones; con un sector servicios que crecerá fuertemente, multiplicando incluso su actual peso de 38%; con una presencia internacional potente en materia de inversiones y con una moneda (el renminbi o yuan) que será de uso internacional, lo que hará aún más relevante su manejo monetario para el resto de las economías.

 

Datos hay muchos, qué duda cabe. Por eso tal vez lo mejor sea salir de las aulas y dar una vuelta por Beijing, Tianjin (el mayor puerto del norte) y algunas de sus empresas para ver cómo se expresa esto en el día a día de China.

 

 

     

 

 

Beijing, en colores

 

 

Beijing, nos cuenta Mario Artaza, encargado comercial de la Embajada de Chile en este país, es una de las 16 ciudades chinas con un PIB equivalente al chileno. Es también una ciudad donde habitan unos 16 millones de personas, es decir, los mismos que acá se distribuyen en los 760 mil kilómetros cuadrados de territorio nacional.

 

Si no fuera por los ideogramas en los letreros comerciales, la dificultad relativamente extendida para comunicarse en inglés y navegar en internet, los sonoros y hasta guturales escupitajos que los beijineses arrojan por doquier (y contra los cuales las autoridades han emprendido una campaña oficial para su erradicación con miras a las Olimpíadas) y los ojos rasgados de los peatones, se diría que uno está en una ciudad occidental.

 

La arquitectura es de factura reciente y moderna. En las fachadas reina el hormigón, el acero y el cristal, tanto como lo hacen en las calles los Audi, BMW, Mercedes, Buick, Cherokee y no pocos Cayenns, en su mayoría negros y de vidrios tinteados. Es cierto que hay otras marcas y colores, pero no pasa inadvertido que se dé una moda (estadísticamente hablando) con esos modelos y ese color.

 

Casi a toda hora del día el tránsito es espeso. Se avanza, pero lento. Y eso es así, pese a que si uno consulta el Pocket world in figures de The Economist, se ve que China no integra la lista de de los “mayores tenedores de autos”, sino que al contrario, integra las naciones con menos propietarios de autos por cada mil habitantes (10 por cada 1.000) al lado de Siria y Sri Lanka. El tráfico no es infernal pero sí enervante por lo lento, algo que permite reparar en otro detalle: se ven pocos, muy pocos, autos de marca china, aunque la manufactura de los que circulan sí sea local.

 

Al ver esos autos de lujo al lado de los ciudadanos de a pie o en bicicleta, al ponderar que en China han aparecido en los últimos años más de 300.000 millonarios, es difícil no pensar si no se estarán larvando tensiones sociales, por más que el país se anote a su haber logros monumentales en reducción de la pobreza, con una baja de 260 millones de pobres entre 1990 y 2004.

 

Académicos de la Universidad de Tsinghua y otros expertos en estudios internacionales, advierten sobre este fenómeno en incubación y sus alcances. El cambio social está siendo violento. Se respira en las calles que el creciente contraste y el tema de la “desigualdad” son hoy un gran tema para China. Una cosa es salir del pantano de la pobreza absoluta, que lo han estado haciendo a la luz de las cifras oficiales, y otra muy distinta es evitar quedar atrapado en las redes de la “pobreza relativa”.

 

Como sea, nos quedó la sensación de que el tema de la desigualdad es uno que está en estado de latencia (y, por qué no, fermentando a pasos acelerados). Con todo, pareciera que hoy el problema social más sensible está radicado en las zonas rurales. Al escarbar en estudios internacionales y conversar con entendidos, confirmamos la percepción: el año 2006 hubo en el país unas 80.000 protestas ciudadanas, básicamente al no tener derecho de propiedad sobre la tierra (en China existe el derecho a usufructo por 70 años pero no la propiedad) son muchas las personas que sienten pasada a llevar su vida cuando de la noche a la mañana les montan una fábrica, una carretera o incluso una ciudad al lado o encima de su casa.

 

Según un artículo del New York Times, entre las razones de la creciente agitación social, rural y urbana, se incluyen: la contaminación industrial, la demolición forzada e ilegal de casas efectuada por los agentes inmobiliarios y funcionarios locales corruptos, y el aumento de la brecha entre ricos y pobres. Algo que no ha pasado inadvertido, dado el potente fortalecimiento que han realizado las autoridades de la Policía Armada Popular, la fuerza antidisturbios.

 

 

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Sociedad en expansión

 

 

Pero al ojo del buen observador hay otras cosas que también llaman la atención en Beijing. ¿Cuáles? Los niños… No se ve mujeres embarazadas ni niños en las calles. O mejor dicho, son tan pocos que al cabo de unos días es demasiado notoria su ausencia. Y es que las conocidas restricciones en materia reproductiva son fuertes, al punto que los costos económicos del segundo hijo representan una hipoteca difícil de soportar.

 

Dicen que por eso en China hay más hombres que mujeres (106 por cada 100). ¿Por qué? Porque en las zonas donde los brazos masculinos son fundamentales para la economía del hogar se extendieron los abortos selectivos, práctica que desde hace dos años las autoridades buscan controlar para no desequilibrar demográficamente a un país donde existe una ley de aborto irrestricta desde 1975.

 

El febril ritmo de las urbes tampoco pasa inadvertido. Ya es un cliché decir que las grúas danzan a un ritmo endemoniado en China. Lo que no esperábamos ver era que ese febril compás no se detiene a ninguna hora ni día de la semana. Puede ser que la cercanía de las Olimpíadas explique el traqueteo, pero la verdad es que la ciudad casi nunca está en pausa.

 

Nuevamente escarbando y consultando nos dijeron que no es que en China no haya regulaciones al mercado del trabajo. No. Lo que pasa es que como en todo, hay informalidad. El fenómeno de fondo puede tener que ver con la brecha de ingresos que hay entre campo y ciudad (unas tres veces), lo que ha hecho estallar la migración a las urbes de personas que ingresan sin la necesaria documentación, que son empleados irregularmente (o sea no existen) y por lo mismo trabajan en condiciones irregulares.

 

Datos consignados en la prensa hablan de la existencia de casi 8.000.000 de empresas registradas, de las cuales poco más de la mitad son privadas.

 

Tras las carcasas de las fábricas se aprecia lo mismo: actividad, hiperactividad. En Lenovo, por ejemplo, tuvimos ocasión de ver la planta de ensamblaje de PC fijos. Muchachos jóvenes, anclados a su estación de trabajo por unos cables que les permiten descargar la electricidad estática, completan mecánicamente una y otra vez una serie de movimientos para los cuales disponen de una cuota limitada de segundos, 18 segundos por PC. En ese lapso incrustan placas metálicas, atornillan y desatornillan, montan piezas. Al verlos, cuesta no pensar en la construcción de los 6.500 kilómetros de la Muralla China o la producción en masa de los 8.000 soldados de terracota.

 

 

     

 

 

 

Mercado al cubo

 

 

Durante nuestra visita a Beijing pudimos experimentar en tres actos la forma en que el mercado se expresa en esta sociedad en mutación.

 

El primer lugar donde experimentamos esta sensación fue en la Plaza de Tiananmen, emblemático lugar que en 1998 se ganó un espacio en la iconografía moderna con las imágenes de la represión contra el movimiento estudiantil. Tiananmen es la plaza más grande del mundo, un lugar que vive sus días bajo la atenta mirada de un gran retrato de Mao. Recorrerla entrega mucha información sobre esta sociedad, porque si bien era previsible que estuviera colmada de turistas, no estaba en nuestros cálculos que se tratara casi exclusivamente de turistas chinos. Las migraciones y el aumento de los ingresos familiares, explican el fenómeno.

 

Esa concurrencia, por cierto, lleva aparejado un enjambre de vendedores callejeros que insistentemente ofrecen desde cometas gigantes con forma de dragón hasta vistosos relojes rojos con la imagen del propio Mao, quien agita sus manos como en un encendido discurso. De marcas, mejor ni preguntar, aunque por cierto se comercializan de la mano con Rolex falsificados.

 

El segundo lugar que deja un gustillo raro en la boca por lo desatadas que están las fuerzas del mercado es el Silk Market. Este lugar es una suerte de templo del consumo, del regateo y las falsificaciones. Cientos, sino miles de turistas se pasean por sus seis pisos comprando de todo en promedio a un 20% o 30% del precio inicial. La norma es entrar, comprar una maleta y hacerse de ánimo para regatear local por local hasta llenarla de mercadería.

 

Por último, no dejan de impresionar los Hutong, callejones del casco antiguo de la ciudad en donde se aprecia un ritmo de actividad febril enfocado en el turismo. Son más o menos 4.500 los Hutong que hay en la ciudad y se podría decir que son barrios más bien sencillos que están mutando en polos turísticos. Nuevamente son las fuerzas del mercado las que están pujando allí. Casas reconvertidas en restaurantes, locales comerciales, o sitios abiertos al turista interesado en conocer puertas adentro la vida de las familias chinas.

 

 

 

China accidental


Capital no fue a China a reportear. Fuimos invitados a participar del programa “Conduciendo negocios en Chile. Conduciendo negocios en China”, el cual permite a la Escuela de Administración de la Pontificia Universidad Católica de Chile y a la Tsinghua University School of Economics and Management intercambiar experiencias y enviar a una veintena de sus alumnos de MBA a cruzar la vereda y conocer en terreno la realidad de su contraparte.


La iniciativa forma parte de una cruzada personal del empresario Andrónico Luksic Craig, quien está empeñado en que Chile no quede ajeno al proceso económico, político y social que vive ese país. Es tal el empeño de Luksic, que un gran número de los estudiantes de intercambio financia su participación en el programa con cargo a lo que podríamos llamar la beca “Luksic-Banco de Chile”, dado que parte de los fondos corresponden a un aporte personal del empresario y otra parte a una contribución de la entidad financiera.


Capital se plegó, asistió religiosamente a las clases dictadas en Tsinghua (la universidad más prestigiosa de China) y participó de las visitas a empresas. Fue tal la riqueza de los temas tratados y tantas las experiencias vividas, que de vuelta en Santiago decidimos no desperdiciar ese material y dar forma a este reportaje. Buen provecho.

 

 

 

Beijing, olímpico


El 8 del 8 del 08. Ese día se inaugurarán en Beijing los Juegos de la XXIX Olimpíada. Y la fecha no es una casualidad. En un país donde abundan las supersticiones y en donde el 8 es el número de la suerte (aunque acá nada se deja al azar), los preparativos de este evento planetario consideraron hasta ese exquisito detalle.


Desde que en julio de 2001 se les designó como sede de las Olimpíadas, el ajetreo no ha cesado y eso salta a la vista en sus calles. No solo por la presencia en las vitrinas de las mascotas olímpicas (cuatro animales populares chinos más la llama olímpica representadas al estilo chicas superpoderosas), sino porque la edificación y la infraestructura como un todo se está preparando a full.


En el evento se utilizarán 10 recintos ya existentes, se habilitarán temporalmente otros ocho lugares y las construcciones especialmente levantadas sumarán 11. Se estima que la inversión total ascenderá a los ¡200 mil millones de dólares!


Cómo será que quieren que todo salga perfecto, que desde hace unos meses que las autoridades de meteorología trabajan en provocar que llueva artificialmente a través de cañonazos de yoduro de plata poco antes de la ceremonia de inauguración y así evitar que se les agüe la fiesta. Además, se trabaja intensamente en capacitar a unos 10 mil traductores, pues se constató que menos de 1,3% de los profesionales disponibles en Beijing son capaces de traducir temas de deportes.

 

 

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Nicolás Frischmann, pionero en oriente

A China los boletos


 

“Llegué a China el 9 de junio de 1989. Lo recuerdo claramente porque el 4 de junio había sido la masacre de Tiananmen. Yo llegué a este país en un avión vacío, nadie venía en esta dirección. Todos iban en otra, arrancando”.

 

Aunque Nicolás Frischmann es a estas alturas un hombre con carta de ciudadanía global, unos ocasionales “te fijai” lo terminan delatando. Nacido en Chile y luego implantado en distintos países (Brasil, Estados Unidos, Israel, entre otros), hace 18 años este ejecutivo de firmas internacionales y hoy empresario inmobiliario arribó a una escuálida Beijing.

 

“Si hubiera tenido familia en ese tiempo, no me habría venido. Las condiciones que ves hoy, los edificios, hoteles, los centros comerciales, no existían. ¡No había nada! Acá donde estamos, en el llamado tercer anillo que tú ves muy consolidado, no existía. El edificio más alto habrá tenido 15 pisos. Era una ciudad plana. El otro día mirando estadísticas leí que cuando llegué había 75.000 autos registrados en Beijing y 6 millones de bicicletas. El año pasado, solo en un año, el parque de autos aumentó más de 200.000”.

 

Le costó adaptarse, pero al cabo de un año se enamoró y casó con “una chica china”, con quien tiene dos hijos. Y cómo no le iba a costar si entonces, dice, no había más que seis chilenos en todo Beijing.

 

A juicio de Frischmann los cambios más palpables del proceso de reformas de este país se hicieron más perceptibles a partir de 1993. Las ciudades que eran planas y oscuras, comenzaron a estirarse y brillar al son del neón… Su testimonio da cuenta de aquello: a Frischmann le tocó, a su arribo, operar en un mercado que se abría con timidez y bajo un férreo control (donde los extranjeros, recuerda, tenían un papel moneda especialmente emitido para ellos y donde enviar a un empleado a otra ciudad exigía trámites burocráticos, permisos)… y le ha tocado últimamente operar en una delirante China que describe como inundada de plata ávida de proyectos.

 

Quizás por eso, por no quedarse al margen de la fiesta, el hombre se independizó, emprendió con una empresa dedicada a la asesoría en telecomunicaciones y joint venture, para luego incursionar en el rubro inmobiliario, en donde jinetea junto a socios internacionales un proyecto de ocho edificios de 25 pisos y 220.000 metros cuadrados, y que ya tiene en carpeta otros tres proyectos del mismo perfil. ¿Terminarás tus días en China?, le preguntamos de golpe. “Probablemente no.

 

Aunque casi toda mi familia chilena dejó el país, ahora último un primo se compró un fundo en la zona de Pucón y su hermana está pensando hacer lo mismo. Ellos me han dicho que también compre y estoy viendo la posibilidad”.

 

 

 

Embajador Fernando Reyes Matta

El desafío de China


 

La embajada de Chile en Beijing luce austera. No es que esperáramos encontrarnos con lujos asiáticos. Para nada. Pero tampoco estaba en nuestros pronósticos el sencillo edificio que alberga a esta delegación, en donde tal vez lo que más luce es el generoso jardín que separa la casona principal de la residencia del embajador. Con todo, al conversar con Fernando Reyes Matta no nos detuvimos en el punto, porque presumimos que resultaría poco diplomático de su parte quejarse de sus superiores por la prensa. Dado eso, decidimos entrar en materia y preguntarle ¿qué estamos haciendo bien y qué cosas mal en la relación con este coloso oriental? “La verdad es que el nivel de desafío que representa China no encuentra aún una reacción equivalente en el sector empresarial y diría que también en el sector público de Chile. Y lo digo seriamente: es imposible pensar que el futuro de Chile pueda hacerse sin China y viceversa”.

 

A pocos días de cumplido el primer aniversario del TLC con China, Reyes Matta ve asomos tímidos de empresas medianas que enfocan su mirada a este país, pero todavía no se vislumbra un esfuerzo sistemático y con claridad de objetivos. Salvo casos emblemáticos de empresas y empresarios pioneros (entre los cuales consigna a Sudamericana de Vapores, Codelco, SQM y Andrónico Luksic), el resto ha reaccionado con lentitud.

 

Y Reyes se escandaliza: “nueve productos explican casi el 99% del intercambio comercial. Esto no puede reducirse a la relación del mayor productor de cobre con el mayor consumidor de cobre del mundo… Qué pasa con los servicios, con el knowhow que tiene Chile en el plano alimentario; qué pasa con las pymes chinas y sus ganas de asociarse. Acá hay que pensar en asociarse para producir para terceros mercados. Hay que pensar, además, en el interés de China por nuestra experiencia en previsión, en el área de salud, en el Chile Solidario, en las reformas financiera, monetaria y en la modernización de servicios como el de Impuestos Internos. Las oportunidades son infinitas”.

Mario Artaza, agregado comercial, remata “es cierto que la relación China-Chile está en su mejor momento histórico (…), pero estamos muy concentrados en pocos productos y nos falta anticipar el aumento del poder de compra que está teniendo este pueblo y la sed por explorar nuevos productos. Hay que aprovechar la ventaja de ser pioneros ante China, porque después vendrán otros países… Además el sector privado debe dejar de estar concentrado en mercados trillados, en ciudades donde otros ya están bregando hace tiempo y con mayores recursos”.

 

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El desarrollo de China y sus desafíos

Por Ricardo Claro Valdés

 

 

1 Estimular un fuerte desarrollo basado en el crecimiento del consumo interno. Creación de una red de protección social efectiva


 

Muchos economistas plantean como una necesidad imperiosa, económica, política y social, incrementar el consumo interno en China.

En 2006 el 50% del PIB se empleó en inversiones y en producir exportaciones netas para el resto del mundo y, por lo tanto, el 50% restante estuvo disponible para el consumo, incluyendo el del gobierno. El consumo de los hogares chinos en 2005 fue solamente 38% del PIB, lo que representa una baja importante respecto del 45% del año 2001.

 

Estas cifras resultan muy bajas si se las compara con la correspondiente al consumo de los hogares en la India que, en 2004 fue de alrededor del 60% del PIB.

 

¿Cómo puede China dirigir un porcentaje mayor de su producción al consumo interno de la población?

 

Lo primero que tiene que hacer el gobierno chino es disminuir el elevadísimo nivel de ahorro interno. En el área rural y en los sectores de bajos ingresos el elevado porcentaje de ahorro de los hogares de ingresos bajos se debe, en gran parte, a la insuficiencia de la red de protección social (“social safety net”), lo que obliga a estas personas a ahorrar para hacer frente a enfermedades y gastos médicos no presupuestados y a la extrema pobreza en la edad anciana.

 

La falta de preocupación por la seguridad social es algo muy serio. En China solo el 14% de la población está cubierta por seguro de enfermedad y los planes de jubilación solo cubren alrededor del 20% de los ingresos previos al retiro y benefician solamente a alrededor del 16% de la población activa.

 

El gasto social del gobierno central y de los gobiernos locales en educación, salud, pensiones y ayudas y seguridad social representan solamente alrededor de 4% del PIB, porcentaje más bajo que el de otros países con ingresos similares.

 

Un programa efectivo y sostenido de gasto social, de una magnitud apropiada, tendrá como resultado reducir el ahorro y elevar el nivel de vida real en China, junto con moderar sus superávit externos.

 

El gobierno chino tiene interés en impulsar el crecimiento a base de desarrollar la demanda interna. Así, por ejemplo, puedo citar la declaración que hizo el 25 de enero de 2006 en la reunión de Davos, Suiza, Zeng Peiyan, vice primer ministro de la República Popular China, quien expresó que en los próximos cinco años el desarrollo se basaría en un incremento de la demanda interna y en el desarrollo de los recursos naturales, de una manera sostenible respecto del medio ambiente.

 

El gobierno ha establecido o propuesto varias reducciones de impuestos e incrementos en el gasto social. También ha anunciado medidas para elevar el nivel de vida en las áreas rurales.

 

Otra medida que puede ser adoptada por el gobierno, es incrementar la flexibilidad en el tipo de cambio. Dejo en claro que no estoy de acuerdo con las presiones y amenazas proteccionistas de dos senadores de Estados Unidos, pero creo que el renminbi o yuan, la moneda china, está subvaluada. La situación de atar la moneda china al dólar ha agudizado el problema, por la desvalorización de la moneda de Estados Unidos, que ha sido considerable y podría continuar acelerándose.

 

Si se fortaleciera el renminbi haría que las importaciones de bienes de consumo y también los de capital, entraran a más bajo precio a China. Esto solucionaría, además, el problema del verdadero subsidio que el renminbi subvaluado le produce a las empresas exportadoras chinas, que va en desmedro de la producción para el mercado interno.

 

También se podría evitar el problema de una futura valorización imprevista de la moneda china, que podría determinar exceso de capacidad en las industrias exportadoras, lo que podría traducirse en bajos retornos y en un incremento de la morosidad de los deudores, empeorando las condiciones del sistema bancario.

 

La excesiva preponderancia del sector exportador, comparado con la posición desmedrada de los vastos sectores que viven del reducido consumo interno, son fuente de tensiones cada vez mayores. Estas tensiones se están agudizando por incompetencia y deshonestidad que se dan en numerosos casos, especialmente en los gobiernos locales.

Es casi increíble que, de acuerdo con cifras del gobierno chino, el año 2005 se produjeron más de 80.000 “incidentes masivos”, a través de toda China. La mayoría para protestar por las políticas y el desempeño de los gobiernos locales (citado por John Thornton en “China’s Leadership Challenge”, “Foreign Affairs”, November/December 2006).

 

El bajo consumo local y la falta de una red de seguridad social crean muchas tensiones que se agudizan por la incapacidad de los gobernantes locales y por la corrupción. En el artículo de Thornton ya citado se menciona también que los fiscales investigaron en 2005 más de 40.000 casos de corrupción y pidieron el procesamiento en el 75% de éstos.

 

 

 

2 Lograr tener un sistema bancario sano


 

Hace unos 8 años me informé que uno de los problemas más graves que estaba afectando económicamente a China es el de la cartera vencida de los bancos, especialmente la de los bancos regionales. Esta cartera vencida suma muchos billones de dólares.

 

En los últimos cuatro años el Gobierno de China ha tratado de fortalecer su sistema bancario, mejorando la supervisión estatal, enfrentando el enorme problema de la cartera vencida, permitiendo a los bancos chinos asociarse con bancos extranjeros e incrementando el uso del criterio basado en el mercado en el otorgamiento de créditos bancarios.

 

Diversos bancos comerciales de Estados Unidos como el Citibank, el Newbridge Capital, el Bank of America y American Express, y también algunos bancos de inversión, como Goldman Sachs y Merrill Lynch, han invertido en bancos e instituciones financieras chinas.

 

Sin embargo el problema subsiste, especialmente en los bancos regionales que han concedido créditos en forma poco profesional, descuidando la capacidad de pago de los deudores y analizando torpemente los proyectos financieros. En un discurso del presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, Ben S. Bernanke, pronunciado en Beijing en la Academia China de Ciencias Sociales el 15 de diciembre de 2006, se manifestó que es necesario hacer mucho más para corregir este problema.

 

Menciona, entre otras medidas, dar nuevos pasos para asegurarse que la evaluación de los créditos y su otorgamiento están basados en un criterio económico profundo, incrementar la competencia en los bancos y en las financieras, mejorar la disponibilidad de créditos disponibles para consumidores y firmas pequeñas, eliminar los controles subsistentes respecto de la tasa de interés y eliminar el uso de medidas cuantitativas y administrativas para influenciar la cantidad y composición de la inversión de capital.

 

Finalmente, agrega Bernanke, los mercados de capital requieren una fundación institucional apropiada para funcionar efectivamente: derechos de propiedad bien definidos (incluyendo derechos de propiedad intelectual), normas de contabilidad transparente, buen gobierno societario, supervigilancia efectiva de bancos y mercados, el cumplimiento consistente de los contratos y reglas que permitan quiebras con procedimientos ordenados para empresas no rentables.

 

China ha establecido el derecho de propiedad, que –aunque debería perfeccionarse– constituye un avance institucional.

 

 

 

3 Problemas relacionados con las políticas ambientales y su impacto económico


 

En un discurso del vicepresidente de Operaciones del Banco de Desarrollo de Asia, C. Lawrence Greenwood, Jr., pronunciado en Beijing el 18 de marzo de 2007, se expresó: “En los 25 años pasados, la República Popular China se ha transformado de una economía agraria cerrada en una potencia global industrial y económica. El crecimiento económico rápido, resultante de esta transformación, ha sacado de la pobreza a cientos de millones de personas. Sin embargo, este éxito se ha alcanzado a un costo enorme del ambiente. La industrialización rápida y la urbanización han sido acompañadas por una explotación acelerada de recursos naturales e incrementos masivos en la descarga de contaminantes”.

 

En este mismo discurso, sobre protección del medio ambiente, Greenwood expresa que en el último plan Quinquenal (2001-2005) se lograron algunos cambios positivos, pero –a pesar de los mejores esfuerzos del gobierno– la degradación del medio ambiente no se ha reducido. Incluso, está agravándose, al no cumplirse las metas relativas a las emisiones de dióxido de azufre, aguas servidas urbanas y controles de polución en ríos y lagos.

 

Los problemas ambientales –agrega– presentan un riesgo significativo para el desarrollo sostenido de la economía. De hecho, estimaciones recientes calculan el costo del daño ambiental en los últimos años en alrededor de 4% a 8%. Esto reduce los resultados del crecimiento económico a cifras relativamente modestas, una vez que se incluye en la ecuación el daño ecológico que la generación siguiente en China debe pagar para ponerle remedio.

 

El primer ministro Wen Jiabao, en un discurso pronunciado el 2 de abril de 2007 en una reunión del Consejo de Estado, le dijo a sus miembros que debían cumplir su “promesa solemne” al pueblo chino de reducir las emisiones industriales más importantes en un 10%.

 

El International Herald Tribune el 21 de agosto de 2006, en un artículo titulado “La corrupción está relacionada con la polución en China”, señalaba que –de acuerdo con la prensa oficial– había fraude en la aprobación de proyectos y fallas en la aplicación de medidas de control de emisión para la creciente polución.

 

El director de la Administración Estatal de Protección del Medio Ambiente, Zhou Shengxian, manifestó que la polución se incrementó en 17 provincias en los primeros seis meses de 2006, a pesar del compromiso del gobierno de reducir las emisiones en 2%.

 

Lo grave de la situación es que China tiene 16 de las 20 ciudades con aire más contaminado del mundo. Es de esperar que limpien algo el aire antes de las Olimpíadas del próximo año.

 

 

El autor es presidente de la Compañía Sudamericana de Vapores y de Ediciones e Impresos, sociedad editora de Revista Capital.

 

 

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China en cifras

 

 

Perfil

 

Superficie: 9.560.900 km2, 3er lugar a nivel mundial, después de Rusia y Canadá.

Moneda: Yuan (7,5 unidades por dólar).

Población: 1.313,3 millones. • Alfabetización en adultos: 90,9%. • Solo 40,5% de la población es urbana (En Chile es 87,7%)

• La tasa de fertilidad por mujer es de 1,7 hijos.

PIB 2006: sobre US$ 2.600 billones (4º lugar en el mundo).

PIB per cápita: US$ 2.000.

• El consumo de energía supera en 7% a lo que el país genera.

• Tienen el ejército “regular” más grande del mundo, con 2,3 millones de soldados (más 800.000 reservistas).

• Es el principal productor mundial de: Arroz, Té, Plomo, Zinc, Estaño, Aluminio, Algodón, Carbón.

• Es el principal consumidor mundial de: Arroz, Té, Cobre, Zinc, Estaño, Aluminio, Caucho, Lana natural, Algodón, Carbón.

 

 

 

Sociedad

 

Médicos por 1.000 habitantes: 1,0 (En Chile es 1,1)


Nº de familias:
378,1 millones (En Chile 4,3 millones)

Costo de la vida (2005, Nueva York =100): 83 (En Chile es 70)

Televisores a color por 100 habitantes: 46,4 (En Chile 62,6)

Líneas de teléfono por 100 habitantes: 24 (En Chile 21,5)

Suscriptores de teléfonos móviles por 100 hab.: 25,8 (En Chile 62,1)

Computadores por 100 habitantes: 4,1 (En Chile 13,9)

Conexiones de internet por 1.000 hab.: 0,2 (En Chile 28,9)

Nº de autos por cada 1.000 habitantes: 10 (En Chile 89)

 

 

 

Millonarios

 

El ranking de billonarios 2007 de Forbes incluye 20 personas de nacionalidad china y en forma separada también fi guran ciudadanos de Hong Kong y Taiwán. Los cinco principales billonarios chinos son:

 

Yan Cheung (49 años. 2,4 US$ billones). Es la mujer de nacionalidad china más rica. Maneja Nine Dragons, principal manufacturera de cartón del mundo.

Wong Kwong Yu (37 años. 2,3 US$ billones). Además de su empresa de venta de electrodomésticos Gome, está desarrollando también el negocio inmobiliario.

Larry Yung (65 años. 2,2 US$ billones). Maneja Citic Pacific, que abarca inversiones en propiedades, aviación, telecomunicaciones e infraestructura.

Zhang Li (53 años. 2,1 US$ billones). Ex ejecutivo hotelero, junto a su socio Li Sze Lim fundó R&F Properties en 1996, abocada al desarrollo de construcciones de hoteles y apartamentos.

Zhang Jindong (44 años. 2,0 US$ billones). Es dueño de Suning, una de las mayores compañías de venta al detalle de aparatos electrodomésticos.

 

 

 

 

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En China está el futuro

Por Andrónico Luksic Craig

He tenido la oportunidad de ver a China en dos momentos muy distintos de su historia. La primera vez, con mi padre, a comienzos de los 80, fue impactante conocer Beijing.

Era un país grande, tremendo, más de 800 millones de personas, con una creencia firme en el comunismo, pero que ya estaba dando las primeras señales de abrir su economía a través de lo que ellos llamaban “joint ventures”. Era un Beijing lleno de bicicletas, no había más de dos hoteles para extranjeros, y prácticamente todos usaban trajes Mao, color azul (incluso compré uno porque sentí que era una de las cosas que más representaba al pueblo chino de entonces).

¿Qué vimos? Una economía que empezaba levemente a mirar al mundo, y eso nos entusiasmó. Una ciudad que necesitaba construcción, mucha construcción, y que por lo mismo iba a necesitar insumos. Y como las cañerías en esa época en China eran de plomo, cuando ya todo el mundo usaba cobre, junto con Codelco, a través de Madeco, hicimos una asociación 50 y 50 con la Municipalidad de Beijing para la instalación de una fábrica, que abrió sus puertas el 11 de abril de 1987.

Lamentablemente –los errores hay que reconocerlos–, nos faltó visión para entender lo que vino después de la crisis de Tiananmen Square. Ahí comenzó un nuevo período –mejor dicho el gran período– de la China contemporánea, pero nosotros como otros muchos pensamos que se trataba del fin de la apertura. Con ese diagnóstico vendimos nuestra parte a los socios chinos, por prácticamente un dólar, aunque quedamos siempre con la idea de que era un país que iba a florecer y que cuando lo hiciera daría frutos para todo el mundo.

Podríamos habernos quedado y quizás dónde estaríamos ahora. No volví a China sino recién el 2005 por una reunión de ABAC, en el contexto de la APEC. Fue igual que meterse a una batería nueva. Desde el momento en que se llega a Beijing todo es energía, una energía sin precedentes. Es otro mundo, impactante: carreteras, autos, construcciones, inversión, hoteles, comercio… y solo habían pasado 20 años. El lugar en las afueras de Beijing donde teníamos la fábrica de cañerías de cobre ahora está lleno, poblado de edificios.

El modelo económico socialista de mercado chino sigue siendo sorprendente: apertura económica con un celoso cuidado de los aspectos políticos. Lo han hecho con convicción, con voluntad y en forma muy pragmática. La meta de ser miembros de la OMC implicó un camino de apertura comercial que duró años, con el compromiso de liberalización de muchos sectores –como la reforma bancaria por ejemplo– y de una serie de reformas institucionales. Así sucedió con el Banco Central. Al Central se sumaron otras instituciones que se fueron homologando a las de una economía de mercado. Comenzaron a liberalizar gradualmente la cuenta de capitales, permitiendo el ingreso de capitales extranjeros. También tuvieron que formar velozmente capital humano para manejar esta nueva institucionalidad, por lo que fueron formando gente en el exterior y como prácticamente no existía información económica, desarrollaron los mecanismos para generarla.

Muy importante es la convicción y la fuerza con que las autoridades chinas han llevado adelante este proceso de liberalización y creación de una nueva institucionalidad, y también cómo han creado los lazos de confianza en occidente para producir esta gigantesca transformación. Y, sin lugar a dudas, los Juegos Olímpicos son el momento oportuno para mostrar al mundo lo que han construido.

Algunos números que nos demuestran esta revolución. Entre 1980 y 2006, el PIB chino creció en promedio a un ritmo de 10,5% anual, lo que se compara en el mismo período con 4,9% de Chile, 3% de Estados Unidos o 2,5% de Brasil. Si se compara con otros países emergentes, ninguno llega a los dos dígitos: India 5,9% en el mismo período. La población actualmente es de 1.320 millones de habitantes, con un PGB per cápita de US$2.000, el mismo que en 1996 era de US$690. El PIB era en 1996 de US$ 856 mil millones mientras que el de este año se va a situar en torno a US$3.000 miles de millones. Las exportaciones y las importaciones de este año suman 2.000 miles de millones, lo que se compara con modestos US$280 mil millones hace 10 años. Las reservas internacionales son impactantes.

Esa energía tan tremenda me lleva a pensar y decir: “Con que nos llegue aunque sea un 0,001% de ese crecimiento, ya tenemos un impacto muy importante en nuestra economía”. Para eso, los empresarios tenemos que ir, conocer, ver y, lo más importante, hacer amigos. Es cierto que no es fácil, por el idioma, pero estoy convencido de que es básico conocer gente, tener amigos, socios. Para ellos es esencial establecer relaciones de confianza a nivel humano.

El centro del mundo se está claramente desplazando al Asia. A China. Y por eso es que hemos desarrollado distintas iniciativas para que como país nos vayamos acercando. Por eso apoyamos el acuerdo entre la Universidad Católica y la Tsinghua University, por eso como Banco de Chile abrimos oficina allá. Tenemos que aprovechar el hecho de ser el primer país latinoamericano que firma un TLC con China, fuimos los primeros en cerrar las negociaciones para permitir su ingreso a la OMC y fuimos los primeros en reconocerlos como una economía de mercado. Mi consejo es a todos a los empresarios –pequeños, medianos, grandes– y a todos los chilenos, miremos el Asia con entusiasmo. Porque en el Asia está el futuro.

El autor es vicepresidente del Banco de Chile.

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Cultura y medios

Arte chino

 

También la cultura atraviesa por el vertiginoso proceso de cambio que vive la potencia asiática, empujando la apertura de un sistema caracterizado por el control central. Por Christian Ramírez.

Jia Zhang-ke posee razones para sentirse privilegiado. Nacido en la provincia de Fenyang hace apenas 37 años, es considerado uno de los mejores directores de cine del mundo y como tal ha acaparado premios en los festivales más importantes.

Pero ese es solo el agregado. El asunto esencial es que Jia es un testigo privilegiado, con la edad exacta para haber presenciado y filmado más cambios de los que China había experimentado en siglos. Su cámara ha captado barrios convertidos en áreas de demolición e intensa construcción, el fin del imperio de la moto y la bicicleta y los inicios del uso extensivo del auto, el lento retroceso del control estatal de la información y la explosión de la industria del entretenimiento.

Cuando comenzó a filmar, en 1995, muchas de sus locaciones ni siquiera tenían iluminación nocturna; hoy, sus filmes están repletos de celulares, vida urbana y megaproyectos arquitectónicos. El cambio ha ocurrido lo bastante rápido como para que todos los involucrados se conviertan tanto en objeto como sujeto, beneficiado y víctima, de éste.

Para el cine chino, hoy por hoy, una de las principales herramientas en la difusión de la imagen del país, la transformación se produjo a principios de los 90, cuando directores que habían experimentado restricciones en la década anterior, comenzaron a exportar una imagen del país ligada a una tradición que se renovaba. El mejor ejemplo es Zhang Yimou, quien de haber tenido problemas por filmes como Ju Dou (1991), hoy está convertido en el principal exponente del gran espectáculo de corte histórico (Héroe) y poético (La casa de las dagas voladoras). Pero no todas las industrias chinas necesitaban crecer “hacia fuera”. Para gran parte de los medios de comunicación la expansión ha estado dirigida hacia dentro.

Basta pensar en la revolución de la telefonía. Los primeros teléfonos celulares comenzaron a funcionar en China continental en 1987 y recién una década después se habían alcanzado los 10 millones de suscriptores. En agosto de 2007, el total de las líneas telefónicas –terrestres y celulares– se acercaba a los 750 millones, de los cuales 515 millones eran equipos móviles, los que han ido aumentando a razón de cinco millones al mes.

Algo parecido ha ocurrido, aunque sin la misma velocidad, con la televisión. En 1965 solo existían 12 canales y cerca de 90 estaciones de radio. Cuarenta años después había aumentado a 700 estaciones de TV abierta (aparte de 3 mil canales por cable) y unas mil empresas radioemisoras. Televisión Central China –un organismo del Estado– aún es el principal canal, pero aunque algunos de sus programas (que se transmiten obligatoriamente por las estaciones locales) sean vistos hasta por 500 millones de personas, en general no comanda más del 30% del total de audiencia, debido al interés de la población por las transmisiones de sus respectivas regiones.

El cable, sin embargo, ha resultado un animal distinto. Se calcula que de los 3 mil operadores de cable que funcionaban en China en 1995, alrededor de mil lo hacía en forma ilegal. Si bien la presencia de emisiones autorizadas del extranjero no está demasiado extendida, hay ciertas zonas de la provincia de Guangdong que tienen libre acceso a la programación de los canales de Hong Kong.

Como sea, hay consenso en cuanto a que se respira una atmósfera de mayor libertad informativa (contenida, por cierto) que ha terminado por traspasarse a un área históricamente sensible: la prensa. Ello porque, de partida, muchos periódicos que solían recibir subsidios estatales han dejado de hacerlo y comenzado a generar sus propias ganancias con publicidad y estimulando las ventas incluso si ello implica tomar posiciones editoriales de crítica a la autoridad. Como resultado, en lugar de irse reduciendo, el número de diarios en circulación ha aumentado: de cerca de 40 en 1968 (controlados en ese entonces por el Partido Comunista), se pasó a casi 400 en los comienzos de los 80, y hasta más de 2 mil en la actualidad, cifra que consigna medios controlados e independientes. Mayor control ha existido en la literatura.

Lo que no deja de ser una ironía, porque ello ha contribuido a estimular a buena parte de los grandes escritores chinos contemporáneos al autoexilio (como ocurrió con el Premio Nobel, Gao Xingjian) o a convertirlos en personajes bastante populares en el extranjero y figuras de soterrado culto local. Tal es el caso de las llamadas meinu zuojia (bellas escritoras) como Wei Hui, autora de la explícita novela Shanghai baby, de 1999 (cuya edición ilegal vendió cerca de dos y medio millones de copias); Mu Zimei, que publicó las entradas de su blog bajo el nombre Cenizas de amor; o Mianmian, que en 2004 desmenuzó la vida urbana de los jóvenes de Shanghai con la novela Xiong mao (Oso panda).

Por si fuera poco, China tiene su propia versión del fenómeno J.K.Rowling en la persona del jovencísimo Guo Jingming, que publicó en 2003 –a los 20 años– la exitosa novela Huang xiang (La ciudad de las fantasías), que combina, tal como sus siguientes cuatro libros, angustias adolescentes con reinos mágicos, un estupendo ojo comercial y más de algún párrafo plagiado por el que el autor de Shanghai –que actualmente estudia en la universidad– ha tenido que pagar severas multas.