• 14 noviembre, 2008

Se abre una oportunidad para que la integración comercial entre América latina y China tenga ahora una expresión en el flujo de inversiones desde el gigante asiático, especialmente para obras de infraestructura.

Con un aporte de 350 millones de dólares, China ha ingresado al BID, transformándose en el tercer socio asiático de este organismo, después de Japón y Corea. Los recursos serán asignados a distintos fondos ya existentes en el BID y contribuirán a la implementación de programas de desarrollo en América latina y el Caribe, en momentos en que la región también sufre los efectos de la crisis financiera global. Tras su ingreso, China adquiere derecho a participar en el directorio del BID y en la toma de decisiones respecto del financiamiento de los proyectos de desarrollo que ese organismo otorga a los países de la región.

El comercio entre China y América latina ha experimentado un crecimiento sin precedentes, como muestra el reciente documento de CEPAL presentado en la II Cumbre Empresarial China-América latina, realizada en Harbin los días 20 y 21 de octubre. Ya es el momento de que las inversiones reaccionen en forma parecida. Ello se ve facilitado por las históricas reservas de capital acumuladas por China, tras un período largo de marcados logros exportadores, luego de su ingreso a la OMC. Se ve también estimulado por la reciente política china de favorecer la inversión en el exterior, buscando opciones más rentables para el uso de sus reservas internacionales, toda vez que la debilidad de la economía norteamericana obligará a un período largo de bajas tasas de interés en los papeles del Tesoro estadounidense, principal inversión en el exterior de los bancos chinos.

Este escenario constituye una gran oportunidad para América latina, particularmente, desde una perspectiva de integración económica. La bonanza de los últimos años no fue suficiente, por ejemplo, para el desarrollo apropiado de la infraestructura vial y portuaria en la región, la cual resulta fundamental para potenciar las capacidades del comercio intra-regional y para la creación de cadenas subregionales de valor. Estas capacidades son, a la vez, las que permitirían una presencia más relevante de América latina en los mercados mundiales. Esa presencia se basa principalmente en la exportación de recursos naturales y productos basados en ellos, con la excepción parcial de algunos pocos bienes y en pocos países, que muestran un mayor contenido tecnológico.

La necesidad de alimentar a su pujante industria ha provocado el creciente interés de China en América latina por asegurar el acceso a materias primas y bienes intermedios producidos en la región, por lo cual se han materializado determinadas inversiones directas en minería y energía en América del sur, que asegurarían el abastecimiento en el largo plazo para su industria. Sin embargo, dichas inversiones no están orientadas a crear las mencionadas cadenas de valor o a generar comercio intra-industrial con la región.

El ingreso de China al BID abre una oportunidad para trabajar una asociación estratégica entre China y América latina, orientada al desarrollo de una plataforma de infraestructura que asegure la provisión de materias primas e insumos intermedios para China y, en torno a ello, favorezca el establecimiento de alianzas productivas, comerciales y tecnológicas orientadas a conformar cadenas de valor a partir de nuestros recursos naturales, así como estimulando nuevas modalidades de inversión china en la región.

El ingreso de China al BID podría permitir pasos más acelerados en los proyectos de IIRSA en América del sur, que suman un total de casi 70 mil millones de dólares en iniciativas de infraestructura, debidamente evaluadas y que no han podido materializarse por la falta de recursos financieros. Lo mismo podría esperarse en México y Centroamérica con el Proyecto Mesoamérica (ex Plan Puebla- Panamá).

China tiene una experiencia exitosa en proyectos de integración en materia de infraestructura, como es el caso de la subregión del río Mekong, que involucra a varios países del Sudeste Asiático y la parte sur de China, coordinados por el Banco Asiático de Desarrollo (ADB) y financiados conjuntamente por fondos del ADB y de los países beneficiados con los proyectos.

Se abre una interesante posibilidad, por tanto, para desarrollar una iniciativa estratégica de proyectos de infraestructura, con beneficios mutuos para China y América latina, utilizando la institucionalidad del BID, de IIRSA y del Proyecto Mesoamérica. Será tarea de los gobiernos impulsar y acompañar estas iniciativas, favoreciendo la integración física a través del desarrollo de la infraestructura que permita tanto elevar nuestro comercio intra-regional como mejorar la conectividad de nuestras economías con China y Asia Pacífico, el motor de la economía mundial del siglo XXI.