Sus motivos de viaje fueron vacaciones, trabajo o estudios. Hoy, cientos de chilenos se encuentran en diferentes ciudades del mundo esperando poder regresar a su patria. El cierre de fronteras, la cancelación de vuelos y la expulsión de sus hospedajes son algunos de los obstáculos que han tenido que enfrentar para volver.

  • 24 marzo, 2020

«Nos sentimos atrapados»

Juan Leonel (37) está en Phucket, Tailandia. Hace tres años se dedica a viajar por el mundo para conocer, hacer turismo y recolectar experiencias. Hace días compró un pasaje de Emirates para regresar a Chile vía Dubai. «Busqué volver a Chile por la inestabilidad. No hay seguridad en ninguna parte y creo que es mejor pasar la incertidumbre con mi familia», dice a Capital. Sus ambiciones de conocer todo el mundo pasaron a segundo plano por el COVID-19, pero no descarta retomar el viaje más adelante.

A Tailandia va muy seguido y se queda 2 o 3 meses cada vez. «Es como mi casa», dice. Al cancelarse su vuelo a Santiago, se reunió con un grupo de chilenos con los que se había contactado vía Facebook. El grupo de desconocidos -que suma unas 20 personas- arrienda una casa en la ciudad tailandesa.

«Nos sentimos atrapados, nadie nos responde», explica. Juan es parte de varios grupos de whatsapp colapsados de chilenos intentando regresar de Asia y Oceanía. En uno de ellos, «Volver a Chile desde Asia», los 250 participantes tienen línea directa con la cónsul, quien les explica que deben ser pacientes y que Cancillería está al tanto de la situación.

Aeropuerto internacional de Phuket, Tailandia.

Juan espera que esto dure una o dos semanas, aunque sabe que podría ser una falsa esperanza y tomará más tiempo. No tiene trabajo en Chile -al igual que varios compatriotas que están alojando en su misma casa y que habían accedido a una visa Work and Holiday para trabajar en Australia- pero ansía volver por su familia.

Anoche, cuenta Juan, el grupo se reunió en la sala de la casa a compartir y presentarse. Hicieron un análisis y se dio un momento de contensión. «Fue una especie de balsamo», explica.

«Creo que esta experiencia nos supera a todas las personas, no importa el dinero, el título, la edad, ni los anhelos, ni cuantas veces el corazón se te rompió», dice.

Juan y algunos integrantes del grupo de chilenos alojando en Phuket.

«Es muy angustiante no poder volver»

Gabriela Ahumada (29) esperaba con ansias esas vacaciones en República Dominicana junto con su pololo, su cuñado y su hermana. Cuando la crisis por el COVID-19 era inminente, Gabriela -desde su vivienda en Recoleta- pensó en cancelar las vacaciones. Los pasajes y el paquete turístico los habían comprado a través de Despegar.com, quienes les señalaron que las cancelaciones se debían hacer con un mes de anticipación y perderían la plata.

«Nosotros somos gente de esfuerzo, salimos de vacaciones endeudamos y por eso decidimos viajar. Además, nos dijeron que no iba a haber problemas al volver. Viajamos confiados el lunes 15», dice a Capital.

Su vuelo de regreso era hoy, martes 24. Desde el fin de semana se encuentran alojando en el aeropuerto, luego que por orden del Gobierno los hoteles cerraran. Ella se estaba quedando en el Riu República, un hotel para adultos, del que fue traslada a otro mobiliario de la cadena, por la contingencia. «Llegamos a un hotel con servicios cortados, solo había comidas. Bar, actividades, toboganes, todo fue cerrado», cuenta Ahumada.

Por ahora, el aeropuerto Internacional de Punta Cana reparte comida y bebida a los que ahí alojan. No tienen duchas ni camas y ya van en la tercera noche ahí. «Hay mucho llanto, el ambiente es desesperante y angustiante. Es muy angustiante no poder volver, sobre todo porque estamos en una isla y la salud no es buena aquí».

Imagen del aeropuerto Internacional de República Dominicana.

«Nunca me había sentido tan sola en mi vida»

Angeles Wahl (23) lleva más de 5 meses en La República Democrática del Congo. Durante este tiempo estuvo en Ngandanjika, un pueblo al centro del aislado país africano. Su regreso sería el 14 de abril, para partir a Madrid con su familia, planes que cambiaron en 180º luego que Chile cerrara sus fronteras y las aerolíneas que llegan al Congo dejaran de operar la semana pasada. Brusserls Airlines, la principal aerolínea que llega al país, canceló todos sus vuelos. Por lo mismo, su pasaje del 14 de abril ya no existe.

«Entré en pánico, por más que no quería», confiesa Angeles desde Kinshasa, la capital del Congo. El miércoles 18 de marzo en la noche, compró un pasaje a Johannesburgo para llegar a Santiago vía Sao Paulo. El vuelo era para el domingo a las 00:00. El jueves en la mañana, al ver las noticias, se dio cuenta que todos los vuelos internacionales habían sido cancelados por une estricto cierre de fronteras decretado por el presidente Félix Tshisekedi.

«Cuando supe que mi vuelo se canceló, todo se volvió negro. Lloré mucho. Nunca me había sentido tan sola en mi vida», dice, aunque agrega estar más esperanzada y tranquila. Por esta semana estará alojando en la casa de la hermana del director de la Fundación Proyecto Ditunga, que es en la que trabajó en Ngandanjika y tomará la decisión de seguir intentando regresar o regresar al pueblo y extender su estadía por un par de meses hasta que los vuelos se reactiven. «Tengo ganas de estar con mi familia, de que me abracen. Acá ya tuvieron cólera, sarampión, el país salió hace 30 días del ébola… El coronavirus es un virus más».

 

Nota de la redacción: Después de haber publicado la nota, Emirates se contactó con Capital para agregar que el 23 de marzo, el Gobierno de los Emiratos Árabes Unidos ordenó que todos los vuelos de pasajeros y en tránsito por el país se suspendieran por dos semanas.