¿Conoces a chilen@s que la estén rompiendo fuera de Chile? Con esta frase, Capital abrió durante el año una plataforma para descubrir a los talentos anónimos que están haciendo patria más allá de nuestras fronteras. Recibimos más de 250 postulaciones, todas historias de perseverancia que están posicionando al país como líder en ciencia, gastronomía, arte, […]

  • 21 diciembre, 2017

¿Conoces a chilen@s que la estén rompiendo fuera de Chile? Con esta frase, Capital abrió durante el año una plataforma para descubrir a los talentos anónimos que están haciendo patria más allá de nuestras fronteras. Recibimos más de 250 postulaciones, todas historias de perseverancia que están posicionando al país como líder en ciencia, gastronomía, arte, deporte, impacto social, innovación, música, literatura, educación, entre otras disciplinas. Con la ayuda de ChileGlobal, la red de talentos en el exterior de Imagen de Chile, más las propuestas de nuestro equipo editorial, seleccionamos 25 historias que valen la pena conocer.

Por: Equipo Capital

Los Ángeles, EE.UU.

Fahara Zamorano

“Por el trabajo de mi padrastro, nos fuimos de Iquique con mi mamá y llegamos a Cincinnati, Ohio, el 2000, cuando tenía 13 años. A esa edad, sin manejar la lengua, una de las cosas más difíciles fue la adaptación social. Al mismo tiempo, fue la motivación para aprender inglés rápidamente y no tener acento, algo que me ha servido mucho profesionalmente.

En 2010 tuve que dejar a mi mamá, a una distancia de cinco horas en avión, cuando me mudé a Los Ángeles. Los primeros dos años fueron un aprendizaje de madurez, estando sola en una ciudad grande que es súper competitiva y cara. Aprendí a valorar mis metas, el trabajo duro y las relaciones humanas.

Al vino llegué por ser chilena. Mi papá vive en Santiago y desde pequeña cuando lo iba a visitar, pasábamos tiempo en el campo y en viñas. El vino no es un trabajo, es un estilo de vida.

Mis principales logros han sido figurar en listas como Zagat 30 under 30 de EE.UU. y en los World 50 best Somms en Australia, además de aparecer en la portada de Wine Enthusiast. Actualmente, trabajo para el chef australiano Curtis Stone en su restaurante Gwen en Hollywood y también soy parte de su equipo directivo para sus otros negocios, como Maude en Beverly Hills.

Aparte de mi trabajo diario, soy parte de la junta directiva para una caridad llamada “Share our Strength, No Kid Hungry”. El propósito es juntar fondos a través de eventos culinarios con los mejores restaurantes y chefs de la ciudad.

Me encantaría trabajar más en Chile e incluso volver. Con mi novio lo hemos hablado como una posibilidad en el futuro. Lo ideal sería poder trabajar en los dos países para tener razones de ir más seguido”.

Zúrich, Suiza.

Daniel Wenzel

“Nací en Frankfurt, y a los seis años me fui a vivir a Chile. Mi papá es chileno y mi mamá, alemana. En Chile estudié en el Colegio Alemán de Viña del Mar, hasta el 90, que volvimos a Alemania. Años después regresé a Viña como alumno de intercambio en la UAI.

Cuando estaba en el último año de mi MBA en la universidad WHU, Dr. Cornelius Boersch, que es uno de los hombres de negocios más destacados en Alemania, hizo una charla. Tras eso, empezamos a hablar y me dijo ‘Daniel, me caes muy bien. ¿Por qué no trabajas conmigo?’. Me integré a su family office, hasta que en 2002 decidimos, en la montaña, fundar “Mountain Partners”, una plataforma global de venture capital basada en Zúrich que hoy invierte en más de 120 empresas de tecnología en todo el mundo. Partimos en Europa, y ahora tenemos oficinas en Latinoamérica, India, Tailandia, Malasia e Indonesia.

Lo que hacemos es analizar emprendedores, mercados y pensar qué va a pasar con la ‘revolución digital’ en los siguientes 10 años. Y si creemos que una tecnología o un negocio digital tiene el potencial de cambiar toda una industria tradicional, nosotros apostamos por ella. Entramos a la propiedad a través de aumentos de capital, siempre minoritarios, pero con gran nivel de control. En Chile invertimos, por ejemplo, en Recorrido.cl, y hace poco, a través de Mountain Nazca compramos Groupon Latinoamérica. Lo que me gusta de nuestra inversión en Chile con Nazca es que me da la posibilidad de estar más en Chile, conocer y trabajar con los mejores emprendedores del país y compartir, y disfrutar de tradiciones típicas chilenas con mi familia”.

Laussane, Suiza.

Pilar Anguita-MacKay

“Me fui el 92, porque quería estudiar cine y en Chile durante la dictadura se habían cerrado todas las escuelas. Había estudiado Diseño Gráfico en la UCV, terminé la carrera, pero lo que me interesaba era dirigir películas. Hablaba un poco de francés y me fui a París, a la aventura. Estuve un año allá y postulé a una fundación de artistas con un cortometraje.

Gané el premio y luego me fui a estudiar cine en Lausanne, Suiza, con una beca Presidente de la República. Fue difícil adaptarse, porque culturalmente es muy distinto, pero después de un tiempo conocí a quien sería mi marido, que justo se iba a EE.UU. En California hice una maestría en escritura de guiones para cine y TV; tres años en la USC, que tiene la mejor escuela.

Volvimos a Suiza, donde escribí y dirigí mi primer largometraje, La memoria de los otros. La experiencia me cargó, porque tienes que ser como una dictadora. Y yo no soy así. Me di cuenta de que lo mío era escribir y me lancé con todo. Hoy vivo de eso. Entre otros premios, en 2012 obtuve el Quartz, el Oscar suizo, por mi guion para Juegos de Verano.

El año pasado escribí Anomalia, una serie del género fantástico, de ocho episodios, para la TV suiza y ahora estoy en dos proyectos: una serie policial para un canal de acá y una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial para Netflix. Creo que las series le robaron el papel que antes tenía el cine. Se pueden hacer historias más complejas e interesantes.

Alguna vez pensé en volver a Chile, viajé a Santiago y me junté con productoras, pero todo era muy de aficionados. Incluso un tipo me robó un guion. De cine chileno he visto Gloria, que me encantó. Paulina García es una actriz increíble”.

Nueva York, EE.UU.

Víctor Bustos.

“Me gusta la ciencia desde que tengo memoria. Tras estudiar Bioquímica en la Universidad Católica, hice mi doctorado entre 2002 y 2005 en Biomedicina en la Universidad de Chile, con Jorge Allende, ganador del Premio Nacional de Ciencias. Él me recomendó venir a estudiar a la Universidad Rockefeller, en Nueva York. Antes de venir a EE.UU., estuve un año en el Instituto Veneto de Medicina Molecular en Padua, Italia. Llegué a Nueva York en 2006. Me dieron a elegir si seguir mis estudios en depresión, árkinson o alzhéimer. Por historia familiar, opté por esto último. Trabajo en el laboratorio de Paul Greengard, premio nobel de medicina. Él tiene 92 años y todavía trabaja de lunes a domingo. Estamos creando un fármaco para prevenir el alzhéimer. A mediados de año publicamos dos artículos, donde detallamos un nuevo método con el que se podría curar esta enfermedad y ayudar a los pacientes incluso antes de que comiencen a mostrar los primeros síntomas.

Lo que existe hasta ahora es que la mayor parte de las personas están tratando de inhibir la síntesis de la molécula que produce alzhéimer. Nosotros estamos tratando de acelerar la destrucción de esa molécula. En concreto, se trata de crear una droga que active la destrucción de las placas amiloide. Esperamos que este tipo de fármacos podrán algún día prevenir esta terrible enfermedad”.

París, Francia.

Alberto Vial

“Cuando estaba en primer año de Filosofía, en 1999, conocí a Clémence Pélissier, una francesa que estaba de viaje en Chile. Terminé haciendo mi doctorado en París y nos casamos en 2005. Hoy vivimos en Louveciennes, un pueblo cerca de Versalles, y tenemos ocho hijos.

Aquí en París he tenido la oportunidad de trabajar en el Palacio del Elíseo, como asesor del presidente Nicolás Sarkozy; en Vivendi, holding francés de telecomunicaciones y entretenimiento; y en el Louvre, buque insignia de la cultura francesa. Soy el consejero diplomático del presidente-director del museo desde 2013. Debo velar por sus relaciones internacionales. El 70% de los ocho millones de visitantes que acoge cada año son extranjeros. A todos ellos, jefes de Estado, autoridades, artistas, turistas, académicos y mecenas, procuramos recibirlos lo mejor posible y suscitar interés por nuestras colecciones.

Tenemos convenios con más de 75 países, para organizar exposiciones (una docena al año), excavaciones arqueológicas (en Italia, Rumania, Bulgaria, Egipto, Sudan y Uzbekistán), investigaciones, cursos, etc.

Pero el principal proyecto internacional del Louvre es el Louvre Abu Dhabi. El museo también ha estado muy implicado en la protección del patrimonio de la humanidad en zonas de conflicto armado (sobre todo Mali, Libia, Siria e Irak).  He tenido el honor de corredactar un informe para proteger ese patrimonio. Fue presentado en el G7 de 2016 y que condujo a la organización de una cumbre internacional en Abu Dabi, y a la creación de un fondo internacional establecido en Suiza y dotado con más de 80 millones de euros.

Creo que he sido muy afortunado tanto con la familia que hemos formado con Clémence, como con en el trabajo en la gran institución que es el Louvre, con un equipo estupendo y una extraordinaria proyección internacional que admite innumerables iniciativas en todo momento”.

Barcelona, España.

Jaime Berenstein.

“Estudié Diseño Gráfico en la Universidad del Pacífico. Y durante diez años me dediqué a la decoración en Chile. Hice el interiorismo de la casa de Santiago y de Cachagua de Sebastián Piñera, de Cecilia Bolocco y el Marriott Residences, entre otros. Hasta que me vine en 1999 a Barcelona a hacer un diplomado en la BAU. Iban a ser dos años, y van 18.

Conseguí mi primer proyecto cuando estaba en la escuela: el Hotel Hilton cinco estrellas de 240 habitaciones. ¡El sueño de un estudiante! Esta profesión se basa en los contactos. Por eso, en los primeros años fuera de mi país me fue difícil realizar proyectos y viviendas privadas, y me dediqué a concursos.

En 2001 abrí mi propio estudio. Remodelé el Hotel Ritz en Barcelona y el Hyatt Regency en La Manga, que ganó el Spain’s Best Hotel & Golf Resort. Además, estuve a cargo de la reforma y el interiorismo de la casa de Ron Wood, de The Rolling Stones, en Barcelona.

En 2013 abrí mi concept store, un espacio de 550 metros que incluye además un café y una florería. Son negocios complementarios que se autonutren entre ellos, pero la columna vertebral de la empresa es el interiorismo. Este año estamos realizando proyectos en Viena, Lisboa, Madrid, Tenerife, Fuerteventura, Barcelona, Ginebra.

El año pasado recibí el premio al interiorista del año de Architectural Digest (AD). Ha sido muy emocionante que un jurado de profesionales valore y reconozca mi trabajo.

Hace 18 años saqué todos mis ahorros del banco y tenía una sola oportunidad para aprovechar. Hoy estoy orgulloso de tener a mi cargo 27 arquitectos y proyectos por todo el mundo. De alguna manera, soy un self made man”.

Tokio, Japón.

Diego Escobillana

“Yo no tenía ni idea lo que era la lucha libre, hasta que un día vi mi primer capítulo de WWF Raw en la casa de mis abuelos. A mi tío le gustaba mucho y así me transmitió su fanatismo. Empecé mi carrera en Machalí. Partió como un hobby en el patio de un amigo y con el tiempo se fue volviendo más y más profesional. Mi debut profesional en Chile fue el 2005.

Mi llegada a Japón se la debo a la leyenda  de la lucha libre japonesa Dick Togo, aunque siempre tuve interés por Japón, ya que es el país de donde provienen las cosas que más me apasionan: además de la lucha libre, el manga y el animé. Mi primer viaje fue el 2013. Estuve un año entrenado y luchando para DDT Pro Wrestling. Y mi segundo viaje fue el 2016. Ya llevo dos años viviendo aquí, donde debuté profesionalmente el 2013.

Mi seudónimo de luchador es Guanchulo. Una vez escuché decir a mi padre un apodo que terminaba con la palabra chulo. Lo encontré tan divertido, que lo adopté. Al comienzo lo usé como mi nickname en el colegio y con mi grupo de amigos. Así también fue mi personaje principal en mis cómics.

En la empresa en la que trabajo (DDT), hay reglas muy estrictas con respecto a las selfies. Los fanáticos siempre se quieren sacar fotos conmigo, pero solo están autorizadas para el fans club. Aun así, siempre hay algunos que te esperan afuera para poder sacarte una foto. Y también hay otros que saben que me gusta el manga, entonces me dibujan como mis personajes favoritos de One Piece o Dragon Ball.

Este el mejor trabajo del mundo. Siempre termino muy adolorido después de las luchas, pero ser capaz de luchar en DDT Japón por tres años, comenzar de cero y terminar siendo campeón del Six Man Tag Team Belt e Iron Man Heavy Metal Weight Title es una felicidad que no me quita nadie”.

Dubái, Emiratos Árabes.

Juan José de la Torre

Después de estudiar Ingeniería Industrial en la UAI de Viña, y tras vender mi primer startup llamada iEducation Holdings, me fui con mi polola a España. Partí a mochilear y gracias a la experiencia de mi startup, me contrataron como gerente en una de las empresas de telecomunicaciones más grandes de Europa que estaba lanzando su operación en España. De ahí me fui a una consultora americana con operaciones en Europa, América y Asia. Luego, regresé a España a montar un centro de innovación en Barcelona para Orange. Gané la beca de Fundación Carolina para hacer un máster de Gestión y Dirección de Proyectos en La Salle.

Luego estudié un MBA en Insead con beca en innovación. Ahí fui presidente del club de emprendedores. A qué geografía me voy ahora, pensé. Me faltaban Medio Oriente y África. Me radiqué en Dubái, en donde trabajé en consultoría estratégica con gobiernos y empresas de distintas industrias en más de 15 países. Lancé los equivalentes de Spotify, Netflix y PayPal para Medio Oriente y creé la primera incubadora 360 de la región y de Arabia Saudita que daba acceso a mujeres, que fue reconocida con un premio de Bill&MelindaGates.

Ahora trabajo en IBM como líder en transformación digital para Medio Oriente, África, Turquía y Pakistán, donde ayudo a empresas y gobiernos a reinventar su experiencia de cliente basado en medios digitales.

He fundado tres startups, invertido en 14 y he hecho mentoría a más de cien empresas. He sido asesor de las Naciones Unidas en el capítulo de desarrollo móvil y de la OCDE en la iniciativa de desarrollo de telecomunicaciones en países emergentes. He ganado una serie de premios y galardones, entre ellos, el de la Asociación de Bancos y el Javiera Carrera en Chile, además de ser reconocido por Vice como uno de los 18 líderes a nivel mundial en transformación digital. Además, he publicado en Entrepreneur, Vice, FastCompany y The Huffington Post.

California, EE.UU.

Darko Cotoras

“Estudié Biología y después un magíster en Ecología y Biología evolutiva en la Universidad de Chile. En 2009 me gané una beca Fullbright para hacer un doctorado de Biología Integrativa en Berkeley.

Mi interés por estudiar los fenómenos evolutivos en islas me llevaron a contactar a una profesora que estaba estudiando este mismo tipo de preguntas con arañas. Ahora estoy terminando un postdoctorado de la Academia de Ciencias de California y en la Universidad de California Santa Cruz, también con arañas, mirando el Pacífico completo, recolectando muestras de Hawái, Polinesia Francesa, Isla de Pascua, y también algunas de museo de las zonas continentales de América y Asia.

Una parte de lo que hago es trabajo de campo. Es ser una especie de Indiana Jones para ir a las islas, conseguir la araña, preservarla en alcohol y llevarla al laboratorio. Por otro lado, también voy a museos, veo los catálogos, consigo muchísimas especies y las envío al laboratorio.

El tipo de preguntas con las que he estado trabajando tienen que ver con el número de colonizaciones independientes que han ocurrido en dos archipiélagos: Hawái y las Islas de la Sociedad. A partir de esas colonizaciones aparecen especies endémicas, y eso uno lo puede responder teniendo muchas muestras de las islas y de los continentes que te permiten comparar.

Además, el trabajo de mi postdoctorado ha tenido un elemento técnico fuerte, en el que hemos mejorado y probado distintos métodos para obtener ADN de muestras de museo muy antiguas, de principios del siglo XX, y dejar esos avances para la posteridad.

Me encantaría volver a Chile, ahora estoy esperando unas becas de postdoctorado para ver si puedo regresar y seguir con mi trabajo allá”.

París, Francia.

Victoria Chávez

“Estudié Arquitectura en la Universidad de Chile y me titulé en 1998. Siempre me ha gustado la música y tuve la suerte de obtener un trabajo de estudiante en el Teatro Baquedano, gracias al cual conocí el funcionamiento de la orquesta sinfónica y del ballet, así como del teatro mismo.

El 2002, partí a Francia e ingresé a la Universidad Paris VI, para hacer un máster en Acústica Arquitectónica.

He participado en muchos proyectos, pero hay cuatro que me han marcado más. El conservatorio de música, arte dramático y danza en la ciudad de Levallois, en Francia, fue el tipo de proyecto que concentra toda la problemática de la acústica arquitectónica, siendo un equipamiento funcional muy complejo. El segundo fue el Gran Teatro de Casablanca, un proyecto que mezclaba la magia de la buena arquitectura con la tecnicidad de la respuesta acústica. El tercero fue el Museo Yves Saint Laurent, recientemente inaugurado en Marruecos. Ahí trabajamos mano a mano con los arquitectos, quienes velaron por la elegancia de los detalles de arquitectura y en particular el auditorio del museo, que debía tener una acústica perfecta.

También la renovación del centro de congresos de Angers en Francia, actualmente en obra, es un proyecto importante en mi carrera. El gran desafío es la complejidad funcional del conjunto arquitectónico, y en particular la transformación del auditorio multiuso.

De momento no está dentro de mis planes volver a Chile, sin embargo, mantengo una relación bastante cercana y viajo regularmente”.

Washington, EE.UU.

Maximiliano Bello

“Hace dos semanas estuve con Sylvia Earl y el presidente de Costa Rica, José María Figueres, acompañando a Enrique Peña Nieto en la firma del decreto que declaró las islas Revillagigedo como área marina protegida. Voy en enero a juntarme con Macri porque tiene un proyecto en el que quiere que les ayudemos. Y me voy a reunir con Temer porque también tienen dos áreas que quieren proteger. Eso, hace diez años atrás, era impensable. Hay un cambio en la mentalidad de los políticos.

Soy de una familia bien normal, de clase media en Chile. Siempre tuve ganas de viajar, pero no era una posibilidad cierta. En la universidad entré a montañismo y se me abrieron un montón de puertas. Un día me llamaron unos amigos para invitarme a escalar a Ecuador, todo pagado. Así que fui, congelé mi carrera de Veterinaria, y después le avisé a mi mamá. Estuve un poco más de un año viajando por el mundo. Cuando volví, era el 97 y todos hablaban de Tompkins. Tuve la oportunidad de conocerlo y me ofreció trabajo. Me quedé ahí casi un año, hasta que decidí volver a Temuco a terminar mi carrera. Conocí a la persona encargada de armar la primera oficina de WWF en Chile y me ofreció pega. Trabajé ahí hasta que con unos amigos creamos el Centro Ballena Azul en Valdivia. Propusimos las primeras áreas marinas protegidas en el sur de Chile, pero fracasamos: pensamos que los políticos iban a tomar la decisión correcta. Pero no era así. Y ahí dije: ‘Se necesita gente que les explique la ciencia a los políticos de una forma que sea digerible’. Me empecé a meter más en el Congreso y me transformé en una especie de comunicador, prefiero llamarlo así más que lobbista. Trabajé en Oceana, hasta que Pew Charitable Trust, que es hoy la fundación más grande del planeta en temas ambientales, me ofreció trabajar con ellos en Washington.

Ya llevo seis años fuera de Chile. Hoy soy el asesor de políticas públicas del vicepresidente de la fundación y he trabajado en las Islas Cook, en México, en Honduras, en Chile con Isla de Pascua, Venezuela, en Namibia, Tanzania, Senegal, Sudáfrica, Sri Lanka, Islas Mauricio, etc.”

República Democrática Del Congo.

Hugo Ríos

“Hoy se me murió un niño en los brazos. Moisés. Tenía VIH, luego le dio resistencia a la tuberculosis. Aquí dan penas muy grandes. Y también alegrías. Cuando ves crecer a los niños que se han educado aquí, y que son el futuro del país.

Vivo en la República Democrática del Congo, pero nací en Puente Alto. Soy el tercero de seis hermanos, de una familia campesina. Siempre tuve una gran devoción a la Virgen. Sentía que ella me hablaba y me daba una misión grande. Dejé el país a los 18 para estudiar Medicina en Buenos Aires, luego me fui a Córdoba. A los 25 entré al seminario de los Misioneros Claretianos del Corazón de María. Aprendí a hablar inglés, francés y alemán. Nos preparan para la misión, estudian las culturas.

Apenas terminé me mandaron a Camerún. ¿Por qué si Chile es un país pobre y con tanta necesidad te vas tan lejos? Me preguntaban. Porque tenemos que ofrecer lo que más queremos, no lo que nos sobra, contestaba yo.

Partí atendiendo niños y ayudando en la formación de nuevas personas para la iglesia local, porque las vocaciones disminuían en Europa y América. Después vine al Congo, que en esa época era Zaire. Comencé un consultorio para la gente más pobre, que fue creciendo hasta transformarse en un hospital. Hoy atendemos a mil niños con enfermedades físicas y mentales, que han sido abandonados. Cuando hay que hacer operaciones quirúrgicas más complicadas, los llevo a Europa.

Siempre he trabajado con los leprosos, trabajé con los presos. Aquí hay mucho VIH, mucha tuberculosis. Últimamente la situación está difícil porque el hospital ha crecido mucho y el país tiene muchos problemas políticos, miseria, no hay acceso a la salud. Hay angustias muy grandes.

Que me hayan nominado este año al Nobel de la Paz no me importa. Este ni ningún otro reconocimiento. Yo no trabajo al servicio de los demás por eso.

En septiembre estuve en Chile por cinco días. Fui a enterrar a mi hermano y a visitar la tumba de mi mamá. No pude estar cuando murió. No iba desde hace 12 años. Antes, estuve tres años como párroco de Maipo, de hecho, soy hijo ilustre de ahí. Pero ahora me siento congolés”.

San Francisco, EE.UU.

Alejandro Tocigl

“Cuando en 2013 entré a la Singularity University, en la NASA Research Park en Silicon Valley, me hicieron elegir qué industria quería investigar. Yo dije: ‘Lo que no quiero es trabajar en salud’. Mi papa había muerto de cáncer poco tiempo atrás. Estaba muy decepcionado del sistema. Pero mis actuales dos socios, él mexicano y ella griega, insistieron. En agosto del 2013, cuando terminamos los estudios, decidimos desarrollar un proyecto científico tecnológico ambicioso: una herramienta para la detección de distintos tipos de cáncer, empezando por el de estómago, el más mortal en Chile. La detección temprana y un tratamiento oportuno aumentarían la tasa de supervivencia en hasta un 90%. Mantuvimos contacto vía Skype. A los pocos meses nos dimos cuenta de que no podíamos trabajar a distancia. Elegimos San Francisco como base. Nos mudamos en febrero del 2015. En un principio, alojábamos los tres en la pieza de un hostal. Hasta que encontramos inversión y nos instalamos en Silicon Valley. Ahí empieza a acelerar la empresa: la llamamos Miroculus. Pudimos reclutar gente muy buena y San Francisco invierte más en capital de riesgo en biotecnología que toda Europa. El dispositivo, de bajo costo, menos de 100 dólares por prueba, permite la automatización de protocolos complejos, en el campo del diagnóstico molecular. Nos dimos cuenta de que esa tecnología permite detectar muchas más cosas que el cáncer de estómago. Hoy, nos enfocamos en cómo simplificar distintas pruebas moleculares para que más personas tengan acceso. Es como la máquina para hacer Nesspreso: puede hacer cualquier tipo de café. La idea es que esté disponible a fines del 2018. Fuimos elegidos por Stanford, Google y Johnson & Johnson como una de las empresas más prometedoras de Silicon Valley”.

Nueva York, EE.UU.

Yvonne González

 

“El año 91 estaba estudiando Arte en la Chile y me vine a Nueva York con el sueño de lograr mis aspiraciones artísticas. Tenía 23 años y con mi pareja de entonces nos instalamos en el Upper West Side. Hice un diploma en Estudios Avanzados de Arte en Columbia y trabajaba como babysitter. Me di cuenta de que tenía inquietud por enseñar y ofrecí mi servicio pegando carteles en las plazas: “More than a babysitter”. Cantaba, hacía arte y era bilingüe. Me ofrecieron encabezar un playgroup de una cooperativa de padres en un parque en la Thomson Street, en pleno Soho. Los padres eran músicos, cineastas, artistas plásticos. En 2004, y luego de 10 años, decidí armar mi propio programa en Williamsburg.

Partí con dos niños. Saqué dos tarjetas de crédito y empezamos: la inversión inicial fueron 15 mil dólares por la infraestructura. La llamé “Mi Escuelita”. Al mes tenía siete niños y a los seis meses abrí una segunda sucursal: son dos casas arrendadas con un patio en común. Hoy hay 40 niños. Llegan a las 8:30 AM y se van a las 5 PM. Tiene un valor de 20 mil dólares al año que incluye todo: clases de música, danza, teatro, meditación todas las mañanas, yoga, arte y un programa bilingüe. Mi programa refleja mi idiosincrasia de mujer chilena en Nueva York. Crecí en Villa Francia en plena dictadura, cuando el barrio y la vecindad eran temas muy importantes. Mi papá fue presidente de la junta de vecinos por 15 años. Y eso lo aplico acá: una de mis misiones más importantes es armar comunidad, que los padres sientan que es una extensión de su familia. Trabajo con papás artistas, vamos a galerías juntos. La mayoría no son parvularios, son músicos, aristas, poetas. Es uno de los jardines más progresistas e influyentes de Brooklyn. Llevo 27 años acá y me han dado ganas de hacer lo mismo en Chile. Veremos si alguna vez resulta”.

Zúrich, Suiza

Filippo Pacciarini

“Siempre quise ser científico. Cuando terminé la carrera de Biología en la Universidad Católica lo obvio era hacer un doctorado, y como mi sueño era estudiar en Italia (mi papá llegó a Chile a los cinco años escapando de la guerra), postulé a una beca. No me la gané y de frustrado dije: ‘Me voy igual’. Así que partí, porque además mi sueño era estudiar allá y encontrar la vacuna contra el sida. Era fines de los 90 y el sida ya había matado a más de 30 millones de personas en el mundo, así que yo quería encontrar la cura.

Partí a Italia solo con una lista de investigadores que me había dado la amiga de una prima que trabajaba en ese país. Tenía 25 años y golpeé la puerta del investigador que trabajaba en Milán. Con él estuve trabajando en el Hospital San Raffaele y entré al doctorado en Biotecnología Aplicada a las Ciencias Médicas en la Universidad de Milán.

Conocí a mi señora que es inglesa y fui a hacer el postdoctorado en la Universidad de Cambridge. Ahí contacté a Cristián Hernández y junto a Pablo Valenzuela creamos Bionexa y RedCiencia, una plataforma de networking de científicos chilenos en el mundo. En ese tiempo también me di cuenta de que había muchas muestras médicas de estudios clínicos que no se usaban, así que formé el primer banco de muestras de Europa, para que los investigadores con menores recursos pudieran tener acceso a estas.

En Londres trabajé en el Medical Research Council, en estudios clínicos para Europa y África. Veíamos casos de gente infectada con sida y otros virus, y probábamos tratamientos. Me fui acercando cada vez más a mi sueño: las vacunas. Ahí me contactó Novartis que tenía sede en Siena, en el centro de Italia. Trabajé ahí hasta mayo de este año cuando me llamó Takeda, la farmacéutica más grande de Japón con sede en Zúrich. Soy director científico en dos proyectos muy interesantes: el desarrollo de una vacuna contra el zika, financiado por el gobierno de Estados Unidos; y un proyecto con la Bill & Melinda Gates Foundation para erradicar la polio en el mundo. Siempre he querido volver a Chile, creo que en un futuro puede ser, pero ahora estoy bien acá: se puede hacer ciencia y vivir bien. Allá es más aperrado”.

Nueva York, EE.UU.

Lucía Ballas-Traynor

“Siempre soñé con ser presidenta de Chile. Mi padre era diplomático y a los 11 años nos vinimos a Nueva York. Años más tarde, después de estudiar Ciencias Políticas en NYU volví a Chile, trabajé en la OEA durante un año en el centro regional para la informática de la mujer, recopilando datos. Conocí a un gringo, me enamoré, me casé y regresé a Estados Unidos a los 23.

Entré a trabajar a Univisión. Llegué a ser general manager del canal Galavisión. Después de 17 años, me fui a MTV para lanzar el canal MTV Tr3s. Cuatro años después me fui como directora general de la revista People en español. De ahí lancé Mamás Latinas en Café Media, una plataforma para la comunidad hispana. Ahora soy vicepresidenta ejecutiva de alianzas con clientes en Hemisphere Media Group, que tiene cinco canales para los latinos: Pasiones, Cinelatino y otros tres que se ven acá para puertorriqueños, dominicanos y centroamericanos.

The Hollywood Reporter me nombró entre los “Latino Power 50” y una de las 25 mujeres hispanas más poderosas en la industria de la entretención; la revista Billboard me galardonó como “top Woman in Music” y Multichannel News Magazine como una de las 10 mujeres para observar. Además, soy copresidenta de la Latina Philanthropy Council de Nueva York y me acaban de nombrar embajadora de She run’s it.

No me siento ni estadounidense ni chilena. Pero sí me identifico mucho con el mercado hispano. Aquí en Estados Unidos viven 52 millones de hispanos. Somos tan grandes como México, you know? Y siento que tengo un desafío enorme para visibilizar a esta población acá”.

California, EE.UU.

Julio Vergara

“Saqué mi doctorado en Ciencias Biológicas en la Universidad Católica y en 1972 hice un postdoctorado en la Universidad de Duke y en el NIH (Bethesda, Maryland). Volví a Chile en 1974 y en 1976 llegué a Los Ángeles. Armé un laboratorio con enfoque en la investigación de las propiedades electrofisiológicas del músculo. Hasta hace poco tiempo fui miembro del Consejo Consultivo del Instituto del Músculo de NIH (NIAMS) y fui nombrado profesor distinguido en fisiología de la UCLA. Hace tres años di un vuelco en mi carrera. El doctor Lucas Restrepo, colombiano, me propuso hacer algo que reemplace al hielo y al guatero en tratamientos médicos para deportistas y pacientes con lesiones neurológicas. Comencé a desarrollar un aparato portátil, que pudiera controlar la temperatura electrónicamente a través de un computador o una app del celular. El sistema debía ser eficiente y poderoso para administrar calor y/o frío en el cuerpo humano en segundos. A fines de 2016 lo logramos: el sistema se llama Kelvi Pro y estamos preaprobados por la FDA. Saldrá al mercado el primer semestre del 2018 en EE.UU. Las ligas de béisbol, futbol americano, hockey y básquetbol están muy interesadas. Ofrece la posibilidad de tratar inflamación, rotura de ligamentos, todo lo que se relaciona con la recuperación. No existe nada así en el mundo. Hasta ahora la inversión ha sido más de tres millones de dólares, y aunque el costo del aparato aún no está definido, su precio será competitivo. El sistema es aplicable en muchas áreas de la medicina donde se requiere hipotermia transportable, como en la protección neurológica ante el paro cardíaco, la encefalitis neonatal por hipoxia-isquémica, y para efectos secundarios de quimioterapia. Además, la FDA acaba de aprobar un tratamiento de enfriamiento en la cabeza que permite evitar la caída del pelo”.

Boston, EE.UU.

Yuly Fuentes-Medel

“¿Por qué no estudias medicina?’, me preguntó mi papá cuando le dije que quería mejorar la salud de la gente. Porque me frustraría mucho solo escuchar síntomas, le respondí. Pero imagínate si le puedo cambiar la vida a alguien descubriendo nuevas moléculas.

Estudié Bioquímica en la U. de Concepción y me vine a Massachusetts a hacer mi tesis. Aquí se me abrió la oportunidad de hacer un doctorado en Biomedicina en UMASS con mención en Neurociencia y luego de postdoctorarme en el MIT Sloan School of Management, donde descubrí los secretos de la economía del conocimiento.

En neurociencia se estudia el diseño del cerebro. ¿Qué pasaría si tomas la creatividad de los científicos y diseñadores y los unes?, pensé. Era 2014, y creé Descience, una plataforma que conecta la ciencia y la moda a través de una red de 61 equipos de 47 ciudades del mundo. Estamos escribiendo un libro que será esencial como metodología para conectar ambos mundos.

Luego hicimos Ají Challenge, de donde soy parte del directorio, para apoyar a empresas tecnológicas con impacto. El 2015 me sumé como directora de Chilemass, una corporación sin fines de lucro que actúa como puente entre las tecnologías de Massachusetts y las necesidades de las industrias de Chile. La revista Boston Business me distinguió como “Woman to Watch” y Descience fue reconocida como una de las empresas de Boston on fire.

Estas iniciativas las desarrollo a través de mi empresa Value of Science. Mi talento es conectar y es un honor aportar al país desde acá.

‘Hello, my name is Yuly’, es lo único que sabía decir cuando llegué a Boston. Soy muy agradecida de los que me abrieron oportunidades. Por eso hago lo mismo de vuelta a los jóvenes con sueños que algún día serán las empresas del futuro”.

California, EE.UU.

Eduardo Bendek 

“Estudié Ingeniería, máster en Ingeniería y minor en Astrofísica en la Universidad Católica. Me titulé en 2001 y en 2003 me fui a trabajar a un observatorio de cerro Paranal como ingeniero de instrumentación. En 2009, a los 32 años, quise avanzar, y me fui a EE.UU. a hacer un doctorado en Óptica a la Universidad de Arizona.

Al terminar el doctorado desarrollé, junto con mi supervisor, una tecnología nueva que se necesitaba en NASA. Conversamos la posibilidad de que pudiera continuar aquí mi trabajo como postdoctorado, con un programa especial que permite a un agente internacional unirse. Quedé aceptado y me vine. Cuando iba en mi segundo año postulé a un financiamiento para crear un laboratorio de astrometría, y me lo gané. Esta tecnología permite medir o determinar la masa de exoplanetas. En 2016 recibí la medalla de desarrollo excepcional de tecnología, un premio que el director de la NASA le otorga a gente que ha hecho contribuciones importantes para la agencia en tecnología.

Ahora vivo en San Francisco y viajo todos los días al corazón de Silicon Valley. La reja donde termina NASA es donde empieza Google. Está Apple, Facebook, hay mucha colaboración con la industria, es bien entretenido el ambiente. Actualmente estoy trabajando en la investigación de Alfa Centauro y estoy desarrollando tecnología para dos misiones espaciales.

A través del Consejo Chile-California, estamos tratando de impulsar varias iniciativas para apoyar el desarrollo de la astronomía en Chile. Tengo algunos proyectos de observación con astrónomos chilenos. No descarto que en un futuro me vaya permanentemente a Chile si sale un proyecto interesante, hay mucha ciencia que hacer allí”.

 

Pensilvania, EE.UU.

Roberto Castillo

“Me fui de Chile en 1979, medio apaleado, pensando que iba a volver rápido, cuando se acabara la oscuridad. Mi adaptación al mundo gringo no fue difícil. Eché de menos a los amigos y a la familia, pero no eché de menos el guanaco, la luma, la CNI, ni el esmog.

Estudié Sociología en el pregrado y tuve la suerte de que uno de mis profes me volara la cabeza con la Escuela de Frankfurt. Después me gané una beca para viajar un año por el mundo con un proyecto sobre el exilio chileno. De ahí volví a EE.UU. a hacer un Máster en Estudios Latinoamericanos, pero tomé un curso de literatura y ahí tuve que aceptar que lo mío era eso, no las ciencias sociales.

Me tiré a la piscina y quedé en el programa de doctorado de Harvard. Ahí me pilló el plebiscito y por esa época también empecé a juntar los materiales para la novela de Arturo Godoy, Muriendo por la patria mía. Hice mi tesis sobre el Cautiverio feliz de Pineda y Bascuñán, en el que el autor simula que defiende al mapuche cuando en realidad legitima los intereses de los criollos.

Llevo casi cuarenta años viviendo afuera, pero sigo conectado a Chile de mil maneras. Todos mis proyectos se relacionan con mi país natal: la novela de Godoy, las crónicas y ensayos en Antípodas, la novela que estoy terminando sobre los primeros trasplantes de corazón en Valparaíso. Hasta mi reciente traducción de Bartleby, de Melville, tiene visos del castellano chileno. El próximo año Hueders saca Los muertos del año, un remix de obituarios ficticios, y voy a seguir traduciendo, entre otras cosas, La letra escarlata, de Hawthorne, hoy más vigente que nunca”.

Los Ángeles, EE.UU.

Alain Johannes

“Solo pude ver el documental Unfinished Plan. The Path of Alain Johannes una vez, para el lanzamiento, porque Fito (Rodolfo Gárate, el director) me pidió que estuviera en el teatro para tocar unos temas, pero es duro verlo.

Yo tenía menos de dos años cuando me fui de Chile a vivir con mi abuela a Zúrich. Mi mamá era cantante y viajaba mucho. El 67 y nos fuimos a vivir el DF en México. Mi tío Peter (Rock) me regaló una guitarra y me enseñó los primeros acordes. Nos fuimos a vivir a Los Ángeles en el 75 y en high school aprendí a hablar inglés. Ahí conocí a Jack Irons y Hillel Slovak. Con ellos hice mi primera banda: What is This? Conocimos a Flea que tocaba trompeta y entre los tres le enseñamos a tocar bajo. Cuando salimos de la escuela empezamos a tocar en varios shows. Flea y Anthony Kiedis eran amigos e inventaron la idea de los Red Hot Chili Peppers. Compartíamos músicos y nos arreglábamos en los ensayos y los shows, hasta que dos sellos diferentes nos ofrecieron contrato. Jack y Hillel decidieron seguir conmigo.

El 29 de noviembre del 84 conocí a Natasha (Schneider). La noche antes de conocerla soñé que estaba en un bosque y aparecía una muchacha a la que no podía verle la cara, que me decía ‘Me llamo Natasha y nos vamos a conocer’. A las dos semanas me mudé con ella.

Estábamos trabajando en nuestro disco cuando Hillel me dice que regresaba a los Chili Peppers. Ahí Natasha entró a la banda. En el proceso, Jack nos llamó y nos dijo: ‘También me voy a los Chili Peppers’. Formamos Walk the Moon. Logramos un single que fue número dos y estuvimos en MTV. El 98 falleció Hillel por sobredosis. Fue un choque tan fuerte que Jack se fue de los Chili Peppers. Estaban todos locos en esa época.

Con Natasha y Jack formamos Eleven el 89. Fue una época bien linda. Teníamos una gira programada con los Chili Peppers y Nirvana. Pero ingresó Pearl Jam y perdimos nuestro lugar. Y esa fue la gran gira. Yo creo que por eso se sintieron mal y nos invitaron a telonear la gira de Pearl Jam entre el 91 y el 92. Un día en una estación de gas nos encontramos con Chris Cornell y Soundgarden. Nació una amistad y empezamos a telonear para ellos.

Con Eleven siempre tuvimos problema con los sellos. Nunca sacaron los discos fuera de EE.UU. y teloneábamos en todas partes del mundo. Tuvimos mala suerte, pero seguimos adelante. Cuando terminamos el tercer disco, Jack se fue a Pearl Jam. Yo sabía que eso iba a pasar porque con Eddie (Vedder) eran amigos y ya era una banda enorme.

Cuando Soundgarden se separó el 97, Chris se quedó con nosotros para hacer su disco solista. Lo grabamos en la casa, estuvimos siete meses trabajando. Después conocimos a Josh (Homme) de Queen of The Stone Edge, organizamos una gira juntos y pasamos a ser parte de la familia de QOTSE.

En agosto de 2006, a Natasha le diagnosticaron cáncer. Siempre pensamos en positivo, hasta el último segundo. Murió once meses después, el 2 de julio del 2007. Empecé a trabajar en Spark, un disco que me ayudó mucho, fue una catarsis.

En 2010, Josh me dice ‘Vamos de gira a Sudamérica’. Ahí volví a Chile y conocí a mi papá, Danny Chilean (Javier Astudillo), a mi hermano Daniel, a primas, tías, toda la familia. Fue increíble, como una conexión inmediata. Regreso cada año.

Lo de Chris Cornell fue inesperado. Hablamos por Whatsapp pocos meses antes de su muerte. Yo estaba con la banda de PJ Harvey y él quería hacer unos covers. Me contó sus proyectos, fue una sorpresa total.

Me siento más chileno que cualquier otra cosa. Nunca me sentí estadounidense, ni mexicano, ni suizo. Pero cuando volví a Chile me sentí por fin perteneciendo a algún lugar. Y eso me ha dado fuerza para seguir”.

Barcelona, España

Luis Felipe Ibarra

“Soy arquitecto y en Chile trabajaba de manera independiente con un socio. A los 29 decidí estudiar un máster en Arquitectura y Sustentabilidad y así llegue a la UPC, a la misma escuela donde asistió Gaudí. Me vine por un año. Y llevo 11. Me casé con una catalana, y la verdad es que veo difícil regresar.

Hice otros dos máster, en Historia del Arte y Arquitectura y luego en Urbanismo. Al mismo tiempo trabajaba para la municipalidad de BCN en el área de espacios públicos, diseñando plazas y parques. Llegó la crisis en 2008 y cuando se acabó el dinero público del ayuntamiento, no me quedó otra que reinventarme.

En el Raval armé Gipsy Lou, un bar cultural donde se hacían 400 conciertos al año, desde tango hasta cueca, música africana y rumba catalana. Chico Trujillo, Peores de Chile y Panteras Negras tocaron ahí. Teníamos problemas de aforo y seguridad, venía mucha gente, por lo que el ayuntamiento, a los cinco años lo cerró. Decidí que quería ser más útil para mi entorno. Tenía el sueño de crear un centro cultural comunitario y encontré el lugar perfecto: una fábrica de principios de siglo XIX, que tenía mucha potencialidad arquitectónica y estaba abandonada.

Así nació Ateneu del Raval, que cuenta con un centro de investigación y exposiciones, donde tenemos proyectos feministas, de inmigración y de arquitectura; una sala de coworking para emprendedores sociales; salas de yoga y una sala multiuso para obras de teatro, conciertos y actividades principalmente con comunidades árabes, pakistaníes e hindúes. Tenemos un coro de niños en vulnerabilidad social de seis a ocho años, proyectos de conferencias, etc.

Este año nombraron el edificio patrimonio de la ciudad, eso significa que no podrá ser derribado ni transformado”.

Carolina del Norte, EE.UU.

Alberto Rodríguez

 

Inicialmente pensamos que íbamos a necesitar más capitales, pero hoy nuestra empresa está financiada casi 100% con capitales chilenos. Han apostado por nosotros LarrainVial, Juan Andrés Camus, Nicolás Luksic, Eduardo Ergas, todos enganchados con la ciencia. Uno de los pocos inversionistas que tengo en EE.UU. lo conocí en un avión de San Francisco a la Universidad de Duke. Mi familia me decía, ¡pero cómo invitas a participar a una persona que conociste en un avión!, pero es que en verdad acá los niveles de confianza son mucho más altos que el que estamos acostumbrado en Latinoamérica.

Nunca me he desvinculado de Chile. Nuestra oficina central está en Silicon Valley y acabamos de abrir en la costa este donde estoy ahora, en la Universidad de Duke, en Carolina del Norte.

Todavía me falta para sentirme exitoso, pero vamos por buen camino. Estamos demostrando que una idea que parte en Chile se puede extrapolar a nivel mundial”.

 

 

Miami, EE.UU.

José Ignacio “Chascas” Valenzuela

“En 1994, mientras estudiaba Literatura y Estética en la Universidad Católica, hice la teleserie Amor a Domicilio, que salió al aire en 1995 por Canal 13 y fue un éxito enorme. A raíz de eso, recibí una llamada de Televisa que me ofreció un contrato para escribir teleseries en México y me fui. No me dio pena. Me había dado cuenta de que las cosas que a mí me gustaban se hacían poco en Chile y que para conseguirlas tenía que pasar un rato por el extranjero. Nunca pensé que me iba a ir para siempre, porque tampoco sabía que podría hacer una carrera como escritor de teleseries.

Gran parte de mi carrera la desarrollé en México. Hice dos teleseries para Televisa y después me fui con Televisión Azteca, donde estuve hasta 2009. Allí empecé a darme cuenta de lo que significaba que una teleserie tuya saliera en México, porque inmediatamente se mostraba en todo el mundo. Comencé a internacionalizar muy fuerte mi carrera.

En 2001 me fui a vivir a Nueva York para cambiar de ambiente, empezar de nuevo y escribir un libro. Y en 2003 partí a Puerto Rico, porque me invitaron a formar parte de la maestría de guiones, para dar clases en la universidad. Allí conocí a Anthony, mi marido, que se vino conmigo a Miami en 2011 y nos casamos en 2014, apenas nos dejaron.

En 2007 volví a trabajar para Chile, para Canal 13, en teleseries como Papi Ricky, Lola, Don Amor, Cuenta Conmigo, y en 2010 con TVN, donde hice La familia de al lado y Dama y obrero. Todo, siempre desde EE.UU. Desde el año pasado estoy con Televisión Azteca de nuevo.

Ahora estoy en plena promoción de mi nuevo libro Hashtag, que ya se publicó en Chile, México y EE.UU. Estuve casi tres meses viajando para presentarlo. Es mi libro número 20, lleva más o menos cinco meses a la venta y está dentro de los más vendidos de Amazon.

Es muy probable que me cambie a otro país, a otra ciudad. Una de las cosas que siempre me ha gustado es salirme de la zona de confort, porque siento que cuando uno se pone cómodo, se pone mediocre”.

Pensilvania, EE.UU.

Fernanda Fuentes

“Decidí salir de Chile porque estaba en búsqueda de un crecimiento profesional. La cocina en Europa está mucho más avanzada y tenía la inquietud de conocer, aprender y poder desarrollarme con una visión diferente a la que tenía en mi país.

La idea del restaurante NUB nace desde cuando conocí a Andrea Bernardi –cocinero italiano, hoy mi marido– y hubo prácticamente una presentación de culturas. Nos empezamos a cuestionar cómo se comían los mismos productos en nuestros países, y nos fuimos dando cuenta de que podíamos unir ambas raíces y presentarlas a los clientes.

El concepto es claro: desarrollamos una cocina basada en nuestros orígenes, una cocina de búsqueda y estudio de líneas chileno-italianas con base en Canarias como puente cultural, donde principalmente tenemos respeto al producto, al agricultor, al artesano y sobre todo al consumidor. NUB representa nuestro modo de vivir.

Pasamos momentos difíciles, como llegar a casa sin haber atendido una mesas. Trabajar duro, 16 horas diarias, no perder la fe en el proyecto, nos permitió finalmente ganar una estrella Michelin. Tener ese reconocimiento demostró que no estábamos equivocados y es la vez una gran responsabilidad. Veo un futuro con mucho trabajo por mantener esa estrella; por transmitir pasión a quienes pasen por NUB como practicantes. El desafío es formar un equipo, que crea y sienta la cocina.

Por muy lejos que esté, sigo muy de cerca todo lo que ocurre en Chile no solo en el ámbito gastronómico, pero volver no me lo he planteado. Sí sería interesante hacer un mes de NUB en Santiago, con productos y vinos locales; compartir allá nuestra cocina. Hemos formado una familia acá y nuestros negocios están en Tenerife, pero Chile siempre será mi hogar, mi origen”.