Dos degustaciones de vinos de ambos lados de la cordillera dieron cuenta de que aquí y allá predomina un estilo ultra maduro y de barrica pronunciada. 

  • 19 octubre, 2007

Dos degustaciones de vinos de ambos lados de la cordillera dieron cuenta de que aquí y allá predomina un estilo ultra maduro y de barrica pronunciada. POR M.S.

 

Michel Rolland, el famoso enólogo que asesora a viñas en medio planeta, decía hace poco que “Argentina está mejor que Chile”. Ojo que no hablaba de fútbol, sino de vinos. Si bien los trasandinos exportan menos que la industria vinícola chilena, sus ventas al extranjero están creciendo a un 30% anual. Y críticos como Robert Parker afirman que el malbec mendocino es la variedad del momento.

 

¿Son mejores los vinos argentinos que los chilenos? La pregunta puede dar pie a los chovinismos más detestables, pero vale la pena hacerla aunque sea por mero afán deportivo. Y ese espíritu fue el que animó el segundo encuentro de Vinos de la Cordillera, organizado la semana pasada en Santa Cruz, pleno corazón del valle de Colchagua.

 

Hasta la ciudad de la VI Región llegaron 30 chilenos y 30 argentinos, entre enólogos, viñateros y periodistas, para catar a ciegas 24 vinos, algunos de los mejores de cada país. La degustación fue interesante, aunque dejó la impresión de que había muchas botellas similares, forjadas bajo un estilo uniforme, con fruta ultra madura y sobredosis de barrica. De hecho, tras probar las muestras quedó en el paladar un gusto dulzón y a madera, algo empalagoso.

 

El nivel, en todo caso, fue alto y no hubo vinos defectuosos. Por el contrario: la mayoría estuvo cerca de los 90 puntos, lo que es considerado excelente, si bien tampoco hubo etiquetas que deslumbraran. Hay que tener en cuenta que en Chile somos algo tacaños al momento de evaluar. Quizás sea un asunto de carácter, pero vaya que nos cuesta dar 97 puntos a un gran vino.

 

El mejor de la jornada, el que obtuvo la más alta votación, apenas por décimas, fue un malbec chileno. Se trata de Viu Manent Uno 2005, de Colchagua, que en otra oportunidad también se había impuesto a vinos argentinos en una cata sudamericana de la publicación Austral Spectator. En esta ocasión obtuvo 91 puntos, muy cerca de los 92. Aquí se produjo la primera polémica de la jornada pues un panelista trasandino lo tildó de “verde” y lo castigó severamente en su puntaje.

 

Otros dos vinos chilenos lograron 91 puntos, la mezcla tinta G 2005 de Emiliana y Cipreses Sauvignon Blanc 2007, de Casa Marín, al igual que los argentinos Cobos Malbec 2005 y Cadus Malbec 2004. Es decir, en el cuadro de honor, el resultado fue Chile 3, Argentina 2.

 

Un dato nada menor es que el expresivo Cipreses 2007, el único sauvignon blanc en competencia, generó un fuerte debate: varios catadores lo consideraron bueno, pero no excelente. Incluso dos participantes argentinos dijeron que con esa clase de blancos Sudamérica no lograría nada y, peor aún, que se trataba de un vino sin complejidad que no duraría diez años. “Eso es como si un chileno se pusiese a hablar de cómo debe ser el malbec argentino”, me dijo después un influyente wine writer bonaerense.

 

Aunque concuerdo en que los ganadores son estupendos vinos, mis favoritos fueron otros. En primer lugar Domus Aurea 2005, el vino con mayor carácter, nacido en Quebrada de Macul en el Maipo Alto. Y dos malbec argentinos: Trapiche Francisco Olive 2005 y Alta Vista Alto 2004. El primero, seductor y súper grato y el segundo, negro y profundo como un pozo sin fondo.

Días después, tuve una nueva oportunidad de enfrentar a vinos de ambos lados de Los Andes, esta vez en el Hotel Ritz de Santiago, en una cata de tintos elaborados por el mencionado Michel Rolland. A este consultor francés se le ha acusado de hacer vinos iguales en diferentes países y aparecía como el malo de la película en el documental Mondovino. Pero es una fama injusta. “Los vinos hay que probarlos y mala suerte para él que no sabe hacerlo”, ha dicho con algo de soberbia.

 

Fueron seis vinos, cinco argentinos y uno chileno, todos con una madera bastante potente y una fruta casi en el límite de la mermelada. Un Val de Flores Malbec 2004 muy atractivo y comercial y un Cuvelier Los Andes Grand Vin 2005, mezcla elegante y poderosa, fueron puntos altos de la degustación, aunque el mejor de todos resultó por unanimidad Clos Apalta 2005 de Colchagua. Otro punto para Chile.