Preguntamos a los centros de pensamiento más influyentes del país qué nos espera si finalmente los grandes proyectos de generación eléctrica, entre ellos HidroAysén, el más emblemático, no se construyen. Aunque los pronósticos no son alarmantes, todos coinciden en que se necesita aumentar la oferta y mejorar la diversificación. Mientras tanto, el tiempo corre y la demanda por electricidad crece.

  • 17 julio, 2012

Preguntamos a los centros de pensamiento más influyentes del país qué nos espera si finalmente los grandes proyectos de generación eléctrica, entre ellos HidroAysén, el más emblemático, no se construyen. Aunque los pronósticos no son alarmantes, todos coinciden en que se necesita aumentar la oferta y mejorar la diversificación. Mientras tanto, el tiempo corre y la demanda por electricidad crece. Por Fernando Vega.

Lo que empezó como un hecho aislado terminó convirtiéndose en tendencia: hoy casi 20.000 millones de dólares en proyectos energéticos están paralizados debido a la judicialización de los procesos, producto del rechazo de las comunidades o de grupos ambientalistas.

Se trata de una situación que tiene al gobierno y al sector empresarial en alerta ante el posible escenario de que llegue un momento en que la escasez –y alto precio– de la energía complique el desarrollo del país.

Según un sondeo presentado en abril por la Sociedad de Fomento Fabril (Sofofa), en Chile hay 12 mil megawatts de proyectos energéticos paralizados. Las dificultades afectan a todo tipo de iniciativas: desde fuentes convencionales a no convencionales.

Entre los proyectos de mayor envergadura que hoy se encuentran detenidos destacan la hidroeléctrica HidroAysén, que aportaría 2.750 MW; las termoeléctricas Castilla, con 2.100 MW, y Punta Alcalde, con 740 MW.

Mientras para algunos la normativa ambiental está tan mal diseñada, porque permite a las comunidades y grupos de presión frenar las iniciativas que amenacen su calidad de vida, otros consideran que falta liderazgo gubernamental para acometer estos proyectos.

Ante este escenario recurrimos a los llamados think tanks, los centros de estudio o pensamiento de distintas tendencias que, con sus análisis y estudios, influyen en la discusión sobre todo a nivel político, para conocer su diagnóstico.

Les preguntamos qué nos espera si finalmente los grandes proyectos de generación eléctrica no se construyen. Estas son sus respuestas:


LyD: “Hay energía para 4 a 5 años”

“El crecimiento económico que ha experimentado Chile en las últimas décadas ha sido fuente de importantes avances sociales y de una notable reducción de la pobreza. Este proceso ha ido acompañado de un incremento sostenido de los requerimientos energéticos, tendencia que se mantendrá en el tiempo si el país pretende alcanzar el nivel de desarrollo durante esta década”, dice Susana Jiménez, economista senior de Libertad y Desarrollo.

Sostiene que la capacidad instalada de generación eléctrica en Chile alcanza hoy a cerca de 17 mil megavatios (MW), los que

En Chile hay 12 mil megawatts de proyectos energéticos paralizados. Las dificultades afectan a todo tipo de iniciativas: desde fuentes convencionales a no convencionales.

debieran aumentar a alrededor de 29 mil MW hacia fines de la década.

Añade que las dificultades para la construcción de proyectos no sólo preocupan a sus titulares y a la autoridad, sino que, “crecientemente, a la opinión pública, que ha ido tomando conciencia de las consecuencias que esto puede tener para el país. Los proyectos actualmente en operación, sumado a los que estarán próximos a entrar en servicio, permitirán satisfacer las necesidades de energía en los próximos 4 a 5 años. Sin embargo, la creciente demanda y la ausencia de nuevas iniciativas empezarán prontamente a reflejarse en una mayor estrechez del mercado energético”, enfatiza.

El problema es que para entonces las medidas que puedan aplicarse no tendrán efecto inmediato y tomarán tiempo en materializarse, advierte. “Eso significará que el suministro de energía deberá provenir de centrales de respaldo que operan en base a diésel, repercutiendo directamente en el bolsillo de los clientes (residenciales, comerciales e industriales) y en la salud ambiental. Con ello, inevitablemente, el sueño de llegar a ser un país desarrollado se irá alejando, dada la pérdida de competitividad a la que se verán enfrentados los principales sectores productivos del país”, explicita Jiménez.

Cieplan: “la trampa de los países de ingreso medio”.
El presidente de Corporación de Estudios para Latinoamérica, Cieplan, Alejandro Foxley, pone el acento en el costo de la energía. Según el ex ministro de Hacienda, como el precio de este insumo está subiendo aceleradamente en Chile, está generando desventajas comparativas a una buena parte del sector exportador. “Esto es un síntoma claro de que podemos estar cayendo en la trampa de los países de ingreso medio, sostiene.

Por eso, afirma, es indispensable tener una mirada de mediano y largo plazo, nacional, más allá de las presiones de grupos de interés. “Los principales proyectos de energía que se están discutiendo deben incorporar esa visión. La energía hidroeléctrica, por ejemplo, representa una ventaja comparativa para Chile y los proyectos como HidroAysén deben llevarse adelante, con todas las cautelas respecto de su impacto ambiental y social”, explicita.

El economista asegura que Chile se encuentra hoy muy cerca de pasar el umbral hacia una economía desarrollada y que, si no se cuida el costo de la energía –insumo clave para mantener productividad y competitividad–, el país podría caer en la llamada trampa del ingreso medio; es decir, en la disminución de su crecimiento hasta estancarse.

“Uno de los factores que puede desembocar en la trampa es la pérdida de competitividad por falta de aumentos en productividad. Una de las variables determinantes en esto es el costo de los insumos… y la energía es el principal”, puntualiza.

FJG: “el principal problema es la dependencia”
Según el director ejecutivo de la Fundación Jaime Guzmán, Jorge Jaraquemada, debido a que en el mediano plazo no se avizora una transformación que permita una sustitución masiva de los combustibles fósiles, el principal problema de Chile es la dependencia que le ocasiona ser un país importador neto de recursos energéticos.

“En consecuencia, es urgente avanzar en la diversificación de nuestra matriz energética, teniendo en cuenta que, siendo un país

Entre los proyectos de mayor envergadura que hoy se encuentran detenidos destacan la hidroeléctrica HidroAysén, que aportaría 2.750 MW, y las termoeléctricas Castilla, con 2.100 MW y Punta Alcalde, con 740 MW

que posee abundantes recursos hídricos, la generación hidroeléctrica es una opción imposible de eludir”, explica.

Sostiene que el costo de la energía se ha convertido en un factor de competitividad cada vez más relevante que puede hacer que industrias completas dejen de ser rentables. “Al ser un importador neto de petróleo, Chile se ve afectado por su precio internacional que, en los últimos años, se ha elevado mucho. Adicionalmente, la matriz energética de nuestro país ha cambiado significativamente en las últimas dos décadas: mientras en 1994, el 83% de la capacidad instalada era hidroeléctrica y sólo el 17% era termoeléctrica, actualmente esa relación se ha invertido”, aclara.

Por ello se pregunta por qué los movimientos ambientalistas no se alzan con la misma fuerza en contra de los combustibles fósiles. “Como en todas las actividades económicas, el mercado es la opción más acertada y segura para lograr una diversificación de su matriz, la que permita contar con energía segura, limpia y lo más barata posible, sin perjuicio de marcos regulatorios transparentes, técnicos y eficientes. Con ese énfasis habría una permanente preocupación por la infraestructura para atender eficazmente el incremento de la demanda, estabilidad en las reglas del juego, menos distorsiones y más competencia por ofrecer energía segura y a precios moderados”, asevera.

Instituto Igualdad: “no se podrán cubrir todas las necesidades”
No sin antes advertir que el país necesita aumentar el uso de energías renovables no convencionales y la eficiencia del gasto energético, el presidente del Instituto Igualdad, Ricardo Núñez, reconoce que es posible que con ello no se logre cubrir todas las necesidades del país.

“Es probable. Si ello es cierto, el tema entonces es cómo, ante tal eventualidad, aprovechar los recursos existentes Por cierto, una alternativa es el proyecto HidroAysén. Sin embargo, Chile posee caudales en gran parte de su geografía centro-sur que no han sido suficientemente aprovechados”, asegura.

La entidad, que asesora a los parlamentarios del Partido Socialista, considera que las normas que han flexibilizado los requisitos para instalar centrales de pasada no han generado los efectos deseados. “Se requiere mejorar los incentivos, especialmente tributarios, para que ellas se masifiquen”, dice el ex senador.

Núñez manifiesta que hoy nadie que pretenda mirar con ojo atento el presente y el futuro de la humanidad puede prescindir de la importancia estratégica de la energía. “Chile no podía quedar al margen de este desafío. Sin embargo, sin gas ni petróleo suficientes, con carbón de mala calidad y lejos de centros de consumo, el país se encuentra ante un panorama extremadamente complejo”, reflexiona.

Por ello, a su juicio es necesario construir en un tiempo histórico acotado una matriz energética desde la que vayan perdiendo gradualmente importancia los recursos fósiles. “Las razones sobran. Son crecientemente caros, se tornarán escasos en el transcurso de los próximos 30-40 años y contribuyen al calentamiento global y al cambio climático” expresa.

Sobre cuáles deberían ser los componentes principales de esa matriz enumera a las ERNC que, a su juicio, se masificarán aún más.

CDC: “Chile no quedará a oscuras”
“Chile no quedará a oscuras si no se construyen estos grandes proyectos. Eso tenemos que tenerlo muy claro”, advierten de entrada la directora ejecutiva del Centro Democracia y Comunidad (CDC), Cristina Orellana, y el experto en temas energéticos de la misma entidad, Andrés Romero.

Ligado al mundo DC, el CDC sostiene que si no se hacen los grandes proyectos, “no pasará nada grave desde el punto de vista energético, social o económico”. Sostiene que, por el contrario, se podrían producir oportunidades de tener electricidad más competitiva y estable, limpia y segura. “Tenemos que apoyar a la industria del vino, del salmón y a la agroindustria, que ha comenzado a competir con exigencias asociadas a la huella de carbono. Porque, a la larga, una matriz más sucia nos hará menos

A favor o en contra de los grandes proyectos, lo concreto es que el país con el nivel de crecimiento actual necesitará más energía y también barata.

competitivos en los mercados internacionales”, explicitan.

Según cifras del ministerio de Energía citadas por Orellana y Romero, Chile puede asumir un objetivo de ahorro de un 15% del consumo de energía eléctrica proyectado al 2025. Y añaden que si se cumple este objetivo, sólo se requeriría expandir la capacidad en unos 15.000 MW entre 2010 y 2025. Es decir, duplicar la capacidad en 15 años bajo el supuesto de una tasa de crecimiento de 4,5% anual en el SIC y de 5,5% en el SING. “Este ahorro es muy significativo, supera la generación eléctrica que proyecta HidroAysén, 18.430 GWh”, dice Orellana.

Según Romero, además debieran priorizarse las energías renovables de tal forma que en 2020 aporten el 20% de las necesidades energéticas nacionales. “Esto es un objetivo real y alcanzable, eficiente en términos de precio (demostrado en estudio realizado en el Senado en el proyecto de ley 20/20)”, afirma.

Según ambos investigadores, el país además debiera centrarse en el shale gas, que es más barato que otros tipos de gas.