• 27 julio, 2010


A pesar de representar solo un 0,23% de las emisiones de CO2 a nivel mundial, el nuestro es el país occidental que ha experimentado el mayor crecimiento de sus emanaciones desde 1990, cuadriplicando la tasa mundial y duplicando la latinoamericana.


La premisa: Chile, un país desarrollado y verde en 2020. La consecuencia: Chile duplica su demanda energética. La condición: Chile necesita energía segura, competitiva y sustentable.

¿Hay balas de plata que rompan la relación entre desarrollo y demanda energética? Dicho de otra forma: el uso más eficiente de la energía, ¿logrará compensar la cantidad de energía que demanda duplicar nuestro crecimiento económico? Dos datos al respecto: (1) Singapur se desarrolló entre 1990 y 2005 al mismo ritmo que Chile pretende hacerlo en los próximos 15 años, con la consecuencia de que su consumo de electricidad
se multiplicó por 2,5 y (2) El Estado de California, referencia mundial en eficiencia energética, consume por persona 3 veces lo que consumimos en Chile.

¿Está realmente condicionado el desarrollo a tener energía que, además de sustentable, sea competitiva? Un dato irrebatible: el año 2007 en Chile los altos precios de la electricidad implicaron un punto menos de crecimiento.

¿Por qué –se preguntarán ustedes– estoy hablando de energía abundante, competitiva y segura al tratar el
desarrollo sustentable? ¡Qué majadero! Sin embargo, pregunto: ¿podemos hablar de desarrollo sustentable sin hablar de suministro energético?

Cuando se analizan las distintas fuentes energéticas desde el punto de vista de la sustentabilidad,se deben considerar simultáneamente criterios como su abundancia, la competitividad y la seguridad. A ratos caemos en análisis parciales: hay quienes dicen que Chile debe seguir invirtiendo fuertemente en generación térmica en base a combustibles fósiles. Son los que no consideran que Chile, a pesar de representar sólo un 0,23% de las emisiones de CO2 a nivel mundial, es el país occidental que ha experimentado el mayor crecimiento de sus emanaciones desde 1990, cuadruplicando la tasa mundial y duplicando la latinoamericana. Hoy, el 74% de los países del mundo emite menos CO2 que Chile. Si no abordamos el problema, más temprano que tarde, nuestros productos serán desplazados de los mercados mundiales, que premiarán una baja huella de carbono.

Otros sostienen que debemos abastecer gran parte de la demanda sólo con fuentes renovables no convencionales. No consideran que cuando éstos se desarrollan en gran magnitud, además de ser menos competitivas, muestran mayor impacto ambiental. Un ejemplo: si se concretaran los 88 proyectos de ERNC que están en evaluación ambiental, producirían sólo el 10% de la demanda de electricidad estimada en el SIC para 2020, interviniendo 43 ríos y una superficie de casi 20 mil hectáreas.

Como siempre, ni lo uno ni lo otro. ¿Hacia dónde mirar para buscar buenas experiencias de desarrollo
y sustentabilidad? La universidad de Yale destaca a las naciones más verdes del planeta: Suiza, Suecia,
Noruega, Costa Rica y Nueva Zelandia. Gran parte de éstas han alcanzado niveles de prosperidad
similares a los que Chile pretende. Todas ellas han desarrollado parte importante de sus recursos energéticos renovables, principalmente la hidroelectricidad. Hace algunas semanas tuve la oportunidad de visitar Nueva Zelanda. Ahí conocí cómo desarrollan la energía geotérmica y visité el complejo hidroeléctrico del río Waikato, compuesto por 9 centrales de 1.000 MW, donde se combina la generación eléctrica con el turismo, demostrando que ambas actividades perfectamente pueden convivir. Todo un ejemplo.

Chile ha sido bendecido con recursos renovables entre los que destacan la fuerza de sus ríos, los recursos geotérmicos cordilleranos y el sol del norte. Sobre los primeros, Chile ha desarrollado sólo un 20% de su potencial hidroeléctrico. Antes de recurrir a fuentes de energías contaminantes, de alto costo o inciertas, ¿no nos conviene desarrollar al menos parte del 80% que nos queda de ese potencial? Nuestros ríos tienen características únicas: encajonados, de grandes pendientes y con aguas constantes, permiten
emprender proyectos de altos índices de eficiencia ambiental.

Como la hidroeléctrica, la geotérmica
también tiene la oportunidad de transformarse en una fuente energética sustentable y competitiva. Debemos incentivar la exploración de nuestros recursos geotérmicos, así como invertir en detectar los sitios de mayor radiación solar.

En el desafío de ser un país desarrollado y sustentable, es fundamental el rol de los empresarios y de las nuevas generaciones, entre las que me incluyo. Ya no se concibe realizar un proyecto sin mirar a nuestro alrededor y a las comunidades. Más aún, pienso que las nuevas generaciones no temen que los estándares ambientales sean los más altos posibles. Si nosotros vamos a vivir aquí, si educamos a nuestros hijos en Chile, nos interesa emprender en Chile y como nuestros descendientes estarán aquí en los próximos cien años, debemos ser los más interesados en que el país crezca de manera sustentable.