• 7 octubre, 2011



El pronóstico es pesimista porque nuestra clase política está fallando y, lamentablemente, es ella misma quien tienen la solución. La polarización parece inevitable a menos que los líderes despierten pronto.


La trama

El escenario económico mundial está difícil, pero la situación política en Chile aún peor. La economía mundial requiere una coordinación extrema entre los gobiernos de Europa, Asia, y EEUU con sus respectivos bancos centrales. Pienso que efectivamente eso va a ocurrir porque ya se aprendió en la crisis financiera pasada. La economía en todo caso se va a ralentizar en relación 2011, pero no será una catástrofe como la del 2008-9, en que el PIB mundial cayó. Es decir, creo que el PIB mundial del 2012 crecerá algo en torno al 3%. Pero esa cifra, que en tiempos normales podría ser muy buena, hoy no lo es porque es un promedio de cifras muy irregulares, producto de la incertidumbre y de los problemas objetivos de deudas de países que no son pagables. Sospecho que 2013 será peor al 2012 y veremos levantar la tendencia probablemente recién a partir de 2014. A todo evento, las empresas y los gobiernos deben actuar como si la crisis fuese mayor, y eso es una profecía auto cumplida.

El foco local

El tema nacional es más bien la situación política. La clase política, de acuerdo a las encuestas disponibles, está totalmente desprestigiada, y eso es muy grave. El gobierno tiene baja aprobación y la Concertación, peor aún. La crisis de esta última amenaza con ser terminal. Si el gobierno tiene una aprobación del 26%, la Concertación sólo logra el 17%. La percepción de los 20 años de gobierno de la centroizquierda ha cambiado. Según la encuesta CERC, en 2010 un 39% estimaba que el resultado había sido “bueno”, y hoy sólo lo estima así el 23%.

Es muy probable que se produzca un re-baraje del naipe político. Que la izquierda busque una agenda mucho más radical. En suma, la población no se siente adecuadamente representada por los partidos actuales. Este eventual cambio está sometido a una enorme incertidumbre que plantean las reformas de las leyes electorales. La inscripción automática y el voto voluntario incorporan casi 5 millones de votantes, de los cuales sabemos poco. La voluntariedad afecta al comportamiento, del cual tampoco sabemos mucho.
Un fenómeno interesante, como referencia, es el comportamiento de los últimos gobiernos. Ricardo Lagos fue criticado por gobernar como derechista y Piñera es criticado por gobernar como izquierdista. Si bien es efectivo que ello produce mucha confusión, tiene un lado positivo. Este es que la alternancia en el poder ha dejado de ser traumática. Los socialistas han demostrado que pueden manejar la economía y los derechistas han demostrado ser mucho más agresivos y efectivos en políticas sociales.

La polarización

Si algo ha quedado claro en estos meses, es la creciente polarización del país. En un ambiente en que la clase política está desprestigiada, las posiciones extremas ganan siempre terreno. La intolerancia empieza a campear. De paso, se ha perdido total respeto a la policía, lo que no es un tema menor y que no es fácil de recuperar.

Agenda país

La agenda nacional que prevalecerá en los próximos dos años se movió de hecho muy hacia la izquierda. El movimiento estudiantil descolocó completamente al gobierno, como lo hizo en 2006 con Bachelet. El gobierno ha cedido sin ser capaz de colocar agenda propia en educación, y ha abierto además el espacio a otros temas que van mucho más allá del terreno propiamente educacional. El gobierno no ha logrado que los alumnos vuelvan a clases en 5 meses, y ni siquiera ha podido entrar a los temas de educación propiamente tal, que han estado totalmente ausentes en este conflicto que ha sido evidentemente ideológico.
Así las cosas, los temas que dominarán son los siguientes: proceso de desmunicipalización de la educación, que es una verdadera caja de pandora, cuyos efectos son de pronóstico de malo a reservado. La reforma tributaria, que será una bandera ideológica más que técnica y que nunca será resuelta adecuadamente en esos términos y, por lo tanto, será muy tensionante. Los cambios a las leyes políticas y la constitución serán otro eje de discusión. Todos dicen que quieren cambiar el binominal, pero curiosamente nunca lo hacen. Probablemente se haga algo respecto a las primarias, y quizá una pequeña adecuación de distritos. La agenda llevará al planteamiento de una nueva constitución cuyos alcances son insospechados. El lucro seguirá como actor central de la discusión por un rato largo. Ha partido por la educación, y no se ven claros los horizontes: seguirá en la salud, después las AFP, y también serán cuestionadas las utilidades de los bancos. Habrá presiones laborales serias, que terminarán en mayores garantías y menor flexibilidad. También entrarán en la agenda las demandas por mayores regulaciones en diversas aéreas. La matriz energética aparecerá intermitentemente, y se ve difícil el tema para Hidroaysén. Estos temas coparán todas las posibilidades, salvo que el fallo de La Haya sobre el límite marítimo con Perú cambie el panorama.

Final poco feliz

En síntesis, volvemos a las discusiones ideológicas de hace 50 años, postergando los temas relevantes para el desarrollo como ciencia y tecnología, descentralización, potencia agroalimentaria, modernización del estado, pymes, transgénicos, congestión de Santiago, gap digital, desbalance de poderes del estado, reforma de la justicia civil, tercera edad, deporte, infraestructura turística y tantos otros… Todos, bastante más productivos que la política por la política.