Viajamos a los fiordos patagónicos en un crucero que mezcla vinos y gastronomía de primera. Por Marcelo Soto.

  • 4 abril, 2008

 

El turismo y el vino son aliados inmejorables, tal como se ha comprobado en Santa Cruz, corazón del valle de Colchagua, que ha crecido exponencialmente desde que se creó una ruta para viajeros. En el resto del país falta todavía mucho camino por recorrer y por eso es saludable la iniciativa organizada por Andes Wines, que propone un crucero por fiordos patagónicos, probando vinos y gastronomía local.

 

La apuesta no es convencional, pero tiene su gracia. Para empezar, los canales hacia el sur de Puerto Montt son un paraíso por descubrir y, con un poco de imaginación y esfuerzo, podrían transformarse en destinos tan atractivos como las costas del mar Egeo.

 

En esta región, como en Turquía o en Grecia, hay paisajes naturales que quitan el aliento, playas perfectas y solitarias y productos alimenticios de gran calidad. Lo que no hay, claro, son ruinas milenarias, pero en cambio existen innumerables opciones de deporte aventura, en zonas casi vírgenes.

 

El trayecto, que se realiza en el confortable yate Tiffara comandado por el capitán Germán Martín, parte en Puerto Montt, hasta donde se llega en avión un viernes por la noche. A la mañana siguiente, luego de dormir en la nave, partimos a Caleta Porcelana y aunque es poco habitual, nos tocó un tiempo rudo. Varios quedaron en la lona, por lo que se recomienda llevar pastillas contra el mareo.

 

Recuperados de las turbulencias, y no obstante que algunos pasajeros ganas de beber precisamente no tenían, llegó la hora de catar vinos, que fueron presentados por el asesor enológico Francois Massoc. Probamos a lo largo del viaje vinos elaborados por el propio Massoc para la viña Calyptra, como un Rosé 2007, tres sauvignon blanc del año, además de un espumante rosado y una mezcla tinta 2004.

 

Aunque finalmente la tierra y la fruta mandan, en todos estos vinos se alcanza a percibir de alguna manera la personalidad de Massoc, quien estudió en Francia y no tiene pelos en la lengua. Ve el vino con una honestidad a veces brutal, que le ha granjeado fama de polémico. Pero es un tipo amistoso y amable, y sus opiniones nunca pecan de insulsas.

La propuesta del crucero, aparte de bañarse en termas naturales, practicar pesca con mosca o buceo, contempla catas de vinos extranjeros, y en este caso degustamos ejemplares italianos, griegos, franceses y alemanes, siempre acompañados de los excelentes productos de la zona, como ostras de Calbuco, salmón ahumado y un congrio recién sacado del agua. Mención especial para un curanto en olla que disfrutamos en la isla Chidguapi, en la casa de don Ricardo y doña Juanita. Insuperable.

 

*Tiffara tiene una capacidad de hasta 10 personas, que pueden armar su propio itinerario. Informaciones en 41-2216106.