El proyecto para transformar el ex edificio Diego Portales en el futuro Centro Cultural Gabriela Mistral, es sólo la punta de un iceberg que busca cambiar la fisonomía cultural de Chile. La idea es que, de aquí al Bicentenario, las 85 comunas más populosas tengan sus propios centros de cultura. ¿Vale la pena embarcarse en proyectos que pueden terminar desperfilados? ¿Hay suficientes profesionales en gestión capaces de asumir tales desafíos? Las dudas son muchas y las respuestas, pocas.

  • 4 abril, 2008

 

El proyecto para transformar el ex edificio Diego Portales en el futuro Centro Cultural Gabriela Mistral, es sólo la punta de un iceberg que busca cambiar la fisonomía cultural de Chile. La idea es que, de aquí al Bicentenario, las 85 comunas más populosas tengan sus propios centros de cultura. ¿Vale la pena embarcarse en proyectos que pueden terminar desperfilados? ¿Hay suficientes profesionales en gestión capaces de asumir tales desafíos? Las dudas son muchas y las respuestas, pocas. Por Marcelo Soto; fotos, Verónica Ortíz.

 

Ingresar por estos días al Centro Cultural La Moneda es una experiencia algo frustrante. El lugar, inaugurado con pompa por Ricardo Lagos al final de su mandato, presenta ahora una estampa menos grandiosa. Se ve poca gente un martes al mediodía. La exposición principal, España: encrucijada de civilizaciones, apenas es recorrida por dos niños revoltosos que ignoran las vasijas milenarias y se ríen de una figura masculina desnuda. Le pregunto a una persona que trabaja allí, la única que se ve aparte del guardia, cuál es la pieza más antigua de la muestra. Se queda en blanco como si estuviese hablandole en mandarín.

 

Luego recorro la exposición de Violeta Parra, amontonada en un rincón más pequeño que el living de mi casa. Algunas obras son notables, pero el conjunto no tiene orden ni coherencia. Una canción de la artista se escucha por un pequeño parlante, que distorsiona la música. Termina el tema y empieza otra vez. La encargada me dice que es la única canción que se escucha, todo el día, de una creadora que produjo un repertorio gigante. En un panel se exhiben algunas presentaciones de la folklorista, sin audio ni explicaciones, en pantallas tan chicas como la palma de una mano. El recorrido me deja perplejo. ¿De qué se trata esto? ¿No era acaso este centro una de las apuestas culturales de Lagos?

Sucede que una de las mayores tentaciones de los mandatarios es dejar como legado grandes edificios, instituciones que sean perdurables… y el arte puede ser la mejor excusa para aliviar estas ansias de posteridad. Un ejemplo reciente es el de Miterrand, a cuya memoria hoy funciona una gigantesca biblioteca en París, que parece una Disneylandia de la cultura. Un mastodonte difícil de habitar, con patios interminables y salas tan vastas como canchas de fútbol.

En Chile no hemos llegado a tanto, pero la presidenta Bachelet, de todos modos, tiene su caballo de batalla en el Centro Cultural Gabriela Mistral, que será el buque insignia de una red de 85 centros culturales que se levantarán de aquí al Bicentenario en las comunas con más de 50 mil habitantes. Un proyecto de envergadura que en 2007 tuvo fondos por 2 mil millones de pesos y que para este año tendrá el doble.

 

Las dudas que surgen son varias. ¿Habrá suficientes gestores profesionalmente capaces de dirigir estos nuevos lugares y evitar que se conviertan en un despilfarro de fondos públicos? ¿No estaremos construyendo una red de elefantes blancos?

 

 

 

 

La huella de Lagos

 

El Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, cuya sede oficial está en Valparaíso, en la práctica funciona en un edificio ubicado en la calle San Camilo, en el centro de Santiago, sector antes conocido por su comercio sexual. Allí me recibe Jorge Moreno Frías, de Infraestructura, quien explica la forma en que se desarrolla el programa de centros culturales. “Se establecieron 41 comunas de Santiago y 44 de regiones, de las cuales 23 no tenían ningún tipo de infraestructura cultural. A estas comunas se les entregan 15 millones de pesos, que a su vez traspasan a un arquitecto y a un gestor que, en el plazo de cuatro meses, deben levantar un proyecto”.

 

La pregunta es obvia. ¿Cómo fiscalizan que los elegidos tengan los méritos adecuados y no sean solamente amigos de algún funcionario municipal? Moreno responde: “tenemos una lista de profesionales acordada con el Colegio de Arquitectos y el de Administradores Culturales, y de esos nombres cada comuna elige a los que le parezcan más indicados”. Como las dudas persisten, Moreno agrega: “la idea es dejar una huella a largo plazo, tal como lo hizo Lagos en el MOP cuando fue ministro… Y para evitar elefantes blancos haremos un seguimiento de 10 años. Si no se cumplen los objetivos, los dineros deberán devolverse”.

 

En realidad, esta es la culminación de un proceso iniciado en abril de 2000, cuando Ricardo Lagos formó la Comisión Presidencial de Infraestructura Cultural. Desde entonces y hasta 2006, según cifras oficiales, la inversión en este ámbito superó los 25 mil millones de pesos.

 

Sin embargo, uno de los proyectos más costosos fue el Centro Cultural Palacio La Moneda, que provino de fondos mixtos, y alcanzaría la suma de 300 mil UF. Este verdadero juguete caro de Lagos generó polémica aún antes de su inauguración. Hubo percances que encarecieronsu construcción, entre ellos un sofisticado sistema de iluminación que debió hacerse de nuevo, porque el que se instaló primero no funcionó.

 

Y la controversia siguió después, con la muestra de Nicanor Parra y sus caricaturas de presidentes colgados, que derivó en la salida de la directora Morgana Rodríguez. El Centro, desde entonces, no ha logrado repetir los niveles de asistencia. Los datos oficiales hablan de unas mil visitas diarias; lo que es poco, considerando el nivel de la inversión.

 

La paulatina declinación de este lugar, enclavado en un entorno urbano de lujo, se observa incluso en detalles como los árboles de bambú gigantes que lo adornaban y que eran una parte vistosa del proyecto arquitectónico original. Hoy quedan unos pocos, pues la mayoría se secó y debió cortarse.

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Una de las críticas que se hace a la política cultural del gobierno es la descoordinación que existe entre la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos (Dibam), que dirige Nivia Palma y depende del Ministerio de Educación, y el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, con rango ministerial, que encabeza la actriz Paulina Urrutia. Un problema que incluso tendría su lado personal debido a que ambas poco se hablan y han aparecido públicamente disputando presencia en temas como el de los archivos de Gabriela Mistral traídos desde EE.UU.

 

El curador y ex director de la Escuela de Arte de la UC Justo Pastor Mellado añade una visión pesimista: “tenemos las políticas culturales que nos merecemos. Hay muchos funcionarios del aparato cultural que son unos petimetres. Nada bueno se puede esperar, porque cunde la ineptitud”.

 

Centro Cultural
Palacio La Moneda Presupuesto 2008: 996 millones de pesos
Público 2007: 174.805 personas ingresaron a las muestras y programas y 527.664 pasaron por el lugar
Si en 2007 este emblemático lugar recibió 650 millones de pesos del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, entidad con rango ministerial cuya cabeza es Paulina Urrutia, en 2008 se acerca a los mil millones, que sirven para costear la administración y parte de la programación. “El aporte privado aún está muy por debajo de lo esperado”, reconoce Alejandra Serrano, la actual directora, pero su balance es positivo: “no estamos todavía en el nivel óptimo de funcionamiento, pero tenemos logros enormes. El centro se hecho súper conocido y nunca nadie ha dicho que sea malo”. Respondiendo a los cuestionamientos que ha recibido el lugar en el medio plástico local, por su falta de un perfil claro, Serrano agrega: “estamos pensando más en el público que en las colecciones en sí mismas. Queremos tener las exposiciones que sean más atractivas para la gente”. Y así, para este año anuncia una gran muestra de arte italiano contemporáneo y otra sobre la cultura Chinchorro del Desierto.

 

 

Museo Interactivo Mirador
Público 2007: 406.826 visitas
Presupuesto 2007: 2.800 millones de pesos

Inaugurado en 2000, la idea de este museo surgió de la ex primera dama Marta Larraechea y depende de la Fundación Nuevos Tiempos, que a su vez pertenece a las red de instituciones de derecho privado sin fines de lucro de la Presidencia de la República. En siete años ha recibido alrededor de 3 millones de visitas, principalmente niños y escolares. La directora ejecutiva del MIM es Jacqueline Weinstein, en tanto la fundación es presidida por María Eugenia Hirmas, y entre sus consejeros figuran el alcalde de La Granja, Claudio Arraigada, y los empresarios Walter Riesco y Hernán Somerville. El proyecto original era bastante más ambicioso e incluía otras atracciones. El edificio cuenta con diversas salas dedicadas a ciencia y tecnología, siempre mezclando la información con el entretenimiento, desde rincones donde los niños pueden jugar con burbujas de jabón a maquetas con conceptos complejos de física cuántica.

 

 

Biblioteca de Santiago
Presupuesto 2008: 491 millones de pesos
Público 2007: 1.069.814 visitas 208.692 libros prestados 68 mil socios

Las bibliotecas son uno de los medios más efectivos para mejorar la oferta cultural y este es un buen ejemplo. Dependiente de la Dirección de Archivos y Museos (DIBAM), que lidera Nivia Palma, fue inaugurada en 2005 con una inversión pública aproximada de 4 mil millones de pesos. “Estamos rodeados de colegios y universidades, lo que aumenta la rentabilidad social del proyecto. Si divides nuestro presupuesto por el número de visitas, resulta que gastamos 460 pesos por persona, cifra que ya se quisieran muchas empresas”, dice el director, Gonzalo Oyarzún. Agrega otro número positivo: “en 2007 prestamos un 30% más de libros que en 2006. Y si la tasa de no devolución en las bibliotecas de Europa es de 1,5%, acá es de 0,7%, lo que es excepcional”. La biblioteca posee una colección de casi 90 mil títulos

 

 

Matucana 100
Público 2007: 384.000 visitas
Presupuesto 2007:750 millones de pesos

Se trata de una corporación privada sin fines de lucro, que recibió de Bienes Nacionales, en comodato de 30 años, el sitio en que antes estaban las bodegas del Estado. Durante 2007 recibió una subvención del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes de 285 millones de pesos, que cubre costos operativos y de personal. “Más las donaciones privada e institucionales y los ingresos propios, llegamos al año pasado a 750 millones de pesos.Debemos ser el único centro cultural sin défi cit”, dice su director, Ernesto Ottone. “En Chile estamos atrasados en 40 años respecto a otros países en materia de infraestructura cultural. Y hay mucha confusión, porque a cualquier cosa se le llama Centro Cultural. Se ha desdibujado la idea, cuando se trata de algo muy específico, distinto de una galería o de un museo”. Matucana 100 cuenta con salas de teatro, cine y artes visuales.

 

  

Proyecto Centro cultural Gabriela Mistral
Público estimado: 620 mil visitas
Total anual estimado de operación: 443 millones de pesos

Destinado a convertirse en pilar de la red de centros culturales que se levantará a lo largo del país, el Centro Cultural Gabriela Mistral está planteado como el proyecto emblemático de la presidenta Bachelet, a partir de la remodelación del incendiado ex edificio Diego Portales. La propuesta incluye una gran sala con capacidad para 2 mil personas y dos escenarios, una sala de teatro y música para 300 personas, otra de danza para 200 espectadores y ocho salas de ensayo multiuso, además de recintos para exhibiciones fotográficas, artes visuales y arte popular. El proyecto incluye también cafetería, restaurante, biblioteca y dos espacios de conferencias. Parte importante del proyecto está constituida por la construcción de oficinas y de un hotel, porque la idea es que este centro cultural sea capaz de generar ingresos propios.

 

 

 

 

Paulina Urrutia, ministra presidenta del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes
“Hay garantías para la transparencia y seriedad de los proyectos”


– ¿Por qué se decide invertir en un nuevo centro cultural en Santiago como el Gabriela Mistral en vez de fortalecer, por ejemplo, al Museo de Bellas Artes?

-Museos y centros culturales tienen funciones muy diferentes. La misión del Centro Cultural Gabriela Mistral es erigirse como pilar de la red nacional de difusión artística. El centro suplirá una serie de carencias en la infraestructura cultural de la ciudad; entre ellas, una sala para grandes espectáculos, con amplias posibilidades de negocios y salas de ensayo especialmente acondicionadas para las distintas artes escénicas.

-¿Cómo se van a controlar la gestión y la calidad de la oferta de los nuevos centros culturales a lo largo del país?

-Eso es parte constitutiva del programa y se garantiza a través de la exigencia de planes de gestión fundados en estudios de audiencia como requisito para la transferencia de recursos. Adicionalmente, realizaremos procesos de fiscalización una vez que los centros se pongan en marcha, y si un municipio no cumple el plan de gestión comprometido, debe restituir los recursos aportados por el Estado.

-En algunos municipios se entregan 15 millones a un arquitecto y gestor cultural para que hagan una propuesta. ¿Cómo se fiscaliza que llegue a personas calificadas?

-Esa modalidad de apoyo, que actualmente está operando en ocho comunas, se diseñó con el fin de asesorar a los municipios en la elaboración de sus anteproyectos de centros culturales, puesto que hay comunas que no cuentan con capacidades técnicas instaladas para esa tarea. Los profesionales financiados por esta modalidad del programa son propuestos por el Consejo Nacional de la Cultura, en conjunto con el Colegio de Arquitectos y la Ad-Cultura (asociación de gestores y administradores culturales), gracias a un convenio que hemos suscrito con ambas entidades para garantizar la transparencia y la seriedad en la selección de los profesionales.

-Han surgido versiones de roces y disputas con la directora de Dibam, Nivia Palma. ¿Cómo responde a esos comentarios?

-No existe disputa alguna.