Por Pablo Marín Hace tres años y un poco menos, Sebastián Silva (Santiago, 1979) fue incluido entre la veintena de integrantes del “novísimo cine chileno” en un libro de título homónimo que le dedicó un capítulo, este último a cargo de Héctor Soto. Allí, el crítico y ex director de Capital describe al director de […]

  • 16 mayo, 2014

Por Pablo Marín

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Hace tres años y un poco menos, Sebastián Silva (Santiago, 1979) fue incluido entre la veintena de integrantes del “novísimo cine chileno” en un libro de título homónimo que le dedicó un capítulo, este último a cargo de Héctor Soto. Allí, el crítico y ex director de Capital describe al director de La nana como realizador, hasta ese minuto, de “tres películas bien personales” que a su juicio están “muy por encima de la media” y que pintan “un mundo de encierros recurrentes”, de “encierros físicos, emocionales, personales, de clase”, todos ellos “cautiverios infelices”. Para todos los efectos, y esto no sólo lo piensa Soto, la carrera de Silva comenzó auspiciosa (La vida me mata, 2007) y, con cinco largometrajes a cuestas, define ciertas constantes sin cerrarse a priori a ninguna opción. Un cine que descubre, devela y sorprende. Que prefiere mostrar antes que demostrar.

Ha pasado algún tiempo desde el mencionado libro y Silva, que reside hace largo en Nueva York, ha vuelto a la cartelera local. Había estado por última vez en salas en diciembre de 2011 con Gatos viejos, que dirigió junto a Pedro Peirano, y ahora fue con Crystal Fairy y el cactus mágico, que le valió el premio a mejor director en el Festival de Sundance 2013. Una película con la estrella gringa Michael Cera (Supercool, Juno), hecha “de apuro” entre Santiago y la III Región a la espera de que se dieran la condiciones para hacer, en La Araucanía, otra película con Cera y más gringos que finalmente se rodó y estrenó internacionalmente, pero que de momento no tiene fecha local de exhibición (Magic magic).

Basada en ciertas experiencias del guionista y director a principios de siglo, Crystal Fairy… ofrece comedia, ritos asociados a drogas naturales y sentimientos a flor de piel, tal como Magic magic se interna en los meandros del thriller sicológico y hasta del terror para retratar a una joven disociada que pisa tierra extraña. Pero, dice Silva, el etiquetado de sus películas tiene poco que ver con el modo en que él las concibe y las siente. De momento, y aunque lo que viene está sujeto a qué proyecto le aprueben, su futuro estará anclado en EE.UU., donde ya rodó su nuevo largo (Nasty baby), que tiene en su reparto a la celebrada comediante y guionista Kristen Wiig (Damas en guerra), así como al propio director. En lo básico, ésta “es la historia de una pareja gay que está tratando de tener un hijo con una amiga que es heterosexual”, dado que uno de ellos es semiestéril. La amiga (Wiig) es una doctora que experimenta con los  espermatozoides de Freddy, el personaje de Silva. Pero algo anda mal con sus semillas y es Mo (Tunde Adebimpe) quien debe donar. Pero ahí hay un conflicto, porque la familia de Mo es particularmente conservadora y religiosa.

Cuenta Silva desde su casa que Nasty baby se hizo con un método similar al de Crystal Fairy…, que no tenía un guión con diálogos: “Improvisamos harto y resultó muy bien. Me gusta mucho el tono y me parece que es una película bastante madura que trata temas sociales en boga de forma súper sutil”.

-¿Se te da bien trabajar con cierto nivel de improvisación?
-Para Nasty baby funcionó muy bien. Estaba trabajando con gente como Kristen Wiig, que es realmente una genio de la improvisación. Pero eso no significa que mi cine ahora es así. Actualmente, por ejemplo, tengo dos guiones súper terminados, largos, con diálogos escritos y mucho más convencionales en su forma. Pero en ésta, la situación llamaba a eso y funcionó muy bien.

-Cuando dices “convencionales en su forma”, ¿te refieres a que anuncian un relato más clásico?
-Más bien tiene que ver con que unas películas tienen diálogo escrito y otras no. Unas son puras acciones; otras son acciones con diálogos. Nasty baby era un guión que solamente tenía acciones. Es un método de trabajo que he seguido también para Crystal Fairy… y para una serie que hice con HBO (The boring life of Jacqueline).

-¿Cómo te las arreglas, en términos de producción, para hacer en muy poco tiempo dos películas “gringas” en Chile?
-Hago las películas que resultan primero. Y Magic magic tenía que hacerse en Chile por una escena muy importante de un ritual mapuche. Crystal Fairy… fue en Chile porque ahí estábamos y era una historia que había sucedido en Pan de Azúcar. Fue una coincidencia. Nunca planeé esa película, pero el resto de las películas sí. Ahora ya no tengo planeado hacer otras en Chile: Nasty baby se desarrolla en Brooklyn y las que vienen son todas acá. Un poco porque vivo acá y también porque es más fácil conseguir plata para películas en inglés.

-¿Cómo se da la colaboración creativa con actores como Kristen Wiig y Michael Cera?
-En las películas que son improvisadas, tienen que improvisar sus líneas y eso ya es bastante colaboración. El resto son las conversaciones totalmente típicas que un director tiene con un actor antes de empezar una película. Nada muy fuera de lo común, en verdad. No hay diferencia entre mi colaboración creativa con Michael Cera y la que he tenido con Catalina Saavedra.

-¿Qué relación tienes con los géneros cinematográficos?
-Cuando escribo una película no estoy pensando en si es comedia o drama. Soy indiferente a los géneros de las películas que estoy haciendo: escribo una historia y si la historia contiene un poco de comedia o de drama, entonces va a ser una mezcla, pero no pienso en géneros.

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SIN AGENDA

-¿Cómo van creciendo tus personajes?
-Hay personajes basados en gente que existía o que existe y su construcción es muy distinta a un personaje como los de Magic magic, que son súper ficticios y la película es casi una fábula. Son casi como una caricatura, muy distintos a la Raquel de La nana. La verdad es que no tengo un método de crear personajes y no tengo un método de escribir guiones. Cada película, cada historia y cada personaje tienen su propia forma de nacer y desarrollarse. No hay un patrón tan claro. Ojalá hubiera.

-Y, por ejemplo, esa constante de personajes femeninos medio desesperados o desequilibrados, ¿es algo que buscas?
-No. Se ha dado así y, ahora que estoy pensando hacia adelante, no hay mucho de eso. Y en Crystal Fairy… tampoco hay tanto, aun si el personaje femenino [interpretado por Gaby Hoffmann] está un poco atrapado en una ilusión de alguien que no es. Quizás puede ser un reflejo de una sensación mía respecto de cómo me siento en el mundo. Un poco de encierro, no sé.

-¿Cómo recibes las críticas de tus películas?
-Antes me importaban mucho más. Hoy me afecta una crítica de alguien que yo admire, o un comentario que me dé luces de algo de lo que ni siquiera yo me había dado cuenta que había hecho. Pero no me importan tanto las críticas, sino la opinión de la gente, de amigos o de personas que respeto mucho. Ésas son las que me importan y escucho y hasta sigo. De hecho, hace muy poco fui a la playa y le mostré Nasty baby a una amiga que vive en la playa y es madre. Ella me comentó algo de la película y llegué a Nueva York y estoy cambiando esa escena por un comentario que ella me hizo.

-En el caso de La nana, hubo en cierta crítica una especie de “decepción política” con la película. ¿Cómo lo viste?
-Creo que el problema reside en las expectativas de los críticos y no en mi obra. Yo considero que la política es intrínseca a todo y si es ellos necesitan que la política sea más gráfica, entonces van a tener que ver películas que apoyen o ataquen algo de forma mucho más infantil o concreta. Yo no estoy acá para discursearle a nadie y no tengo una agenda política. Creo que en la película hay un mensaje, por sobre todo, más humano que político. Pero ésa es una discusión que voy a tener con mis amigos, no con un crítico que siente que la película es apolítica.

-En Nasty baby encarnas a un personaje gay. ¿Qué importancia asignas a la orientación sexual en el eje de lo que estás contando?
-No es relevante. Creo que la gente pregunta esto cuando un personaje es gay, pero nunca cuando el personaje es heterosexual. Ahí hay un fantasma de la prensa más conservadora. Es sólo su orientación sexual. Para mí, las drogas y la homosexualidad dejaron de ser tema hace muchísimo tiempo.

-Pero se trata de temas que están en la discusión (despenalización de la marihuana, matrimonio igualitario, etc.).
-Al igual que con La nana, no tengo un agenda política: ni con el tema gay, ni con el tema drogas. Son cosas que forman parte de mi vida, o parte de la vida de los personajes que creo. Las trato con la mayor naturalidad posible y cuando a la gente le llama la atención o las cuestiona, eso habla sólo del proceso interno de esas personas en particular. La gente conservadora y miedosa no determina para nada lo que hago. No me estoy rebelando contra nadie: esa etapa ya la pasé a las 17 años. •••