La periodista y ex ejecutiva de televisión, Carmen Gloria López, hoy está dedicada a escribir. Acaba de lanzar su segunda novela, La venganza de las cautivas, un relato coral situado en el sur de Chile en 1610 y en el cual siete mujeres narran su experiencia a lo largo de años de cautiverio en manos mapuche.

  • 22 noviembre, 2018

Hace poco tiempo atrás encontró un diario de vida de cuando tenía 14 años, donde confesaba que cuando grande quería escribir libros. “No fui niña escritora más allá de escribir poesías a los pololos, a los abuelos, y algunas canciones, pero tenía el bichito de contar historias. Crecí en una familia muy de letras, pero no pensé que ese iba a ser mi mundo”, cuenta la guionista, entusiasmada de reencontrarse con ese sueño enterrado. 

Cuando fue subdirectora de programación de Canal 13, a Carmen Gloria López (52) le tocó evaluar guiones y pensó: “No puedo estar corrigiendo guiones solo a partir de mi guata”. Entonces entró a estudiar guion con Julio Rojas y como fue encantándose cada vez más con la ficción, se metió también al taller de escritura que imparte Pablo Simonetti. A principios de 2016 renunció al cargo de directora ejecutiva de TVN, luego de poco más de un año en el puesto, y desde ahí ha podido dedicarse a la escritura casi a tiempo completo, aunque también hace clases en la Cátedra Mujeres y Medios en la Universidad Diego Portales y participa de un programa en T13 Radio. 

El año pasado, Carmen Gloria –sus conocidos le dicen Yoya– lanzó su primera novela llamada Fugitiva, donde cuenta la historia de una adolescente criada por sus abuelos, que al verse sola en el mundo decide arrancar. La semana pasada lanzó La venganza de las cautivas, libro que tardó poco más de un año en escribir y que ya aparece en la lista de los más vendidos. Justo en el momento en que la herida de Arauco se abre una vez más, la escritora se hace cargo también de reivindicar la relegada voz de las mujeres en la historia. Con dos libros publicados en dos años, López reconoce que escribe rápido y con intensidad para recuperar el tiempo perdido: “Es que descubrí tarde la pasión de mi vida”. 

-¿La venganza de las cautivas es una especie de spin off de Sitiados (serie histórica que escribió para TVN)?

-Claro, y es también la esencia de la historia con la que partí cuando hice Sitiados. Estaba escribiendo la serie cuando fue el terremoto de 2010 y viendo la cobertura me di cuenta del rol que tomaban las mujeres cuando ocurren las desgracias; acopiando alimentos, organizando refugios. Pensé que así debe haber sido en el sitio durante la conquista. Cuando la fuerza masculina pierde razón de ser y no queda mucha guerra que pelear, se trata de pura resistencia. Me las imaginé a ellas asumiendo el liderazgo. Algo de eso quedó en Sitiados, pero la serie, al depender de coproductores y ser un producto televisivo, fue empujada hacia un protagonismo más masculino y se centraron más en la acción militar. Permanecieron las mujeres, pero más debilitadas de lo que estaban en mi concepción original. Entonces es mi pequeña venganza creativa. 

-¿Hay una cierta reivindicación del rol que tuvieron las mujeres pero que la historia omite?

-Empecé a escribir con la idea de contar historias de mujeres, no solamente porque me sale más fácil, sino porque además siento que hay un desequilibrio demasiado grande y muchas historias no contadas. Cuando me encontré con este relato histórico, donde la mayoría de los pocos sobrevivientes fueron mujeres, muchas de ellas madres que habían perdido a sus hijos, sentí que había una historia femenina que no estaba contada en ninguna parte. Al principio pensé que iba a poder narrarla con más datos históricos. Mi primer intento fue buscar lo que había pasado con personajes reales como María Cortés de Rueda o Constanza Ponce de León, y me di cuenta de que la historia solo las consideraba viudas de, señoras de, hijas de, y eso sería todo. Casi no había información.

-¿Te sientes parte de la llamada literatura femenina?

-Creo que existe una literatura feminista y de alguna manera me siento parte de eso, aportando desde mi humilde grano de arena porque no soy una académica experta en temas de feminismo, pero sí es un tema que me atrae desde siempre. En este caso busco aportar un equilibrio a las voces del mundo de la novela histórica nacional, donde la mayoría ha sido escrita por hombres y sobre hombres. La igualdad de los sexos ha sido un tema para mí desde que soy chica y me mandaban a poner la mesa (ríe). 

-¿Te parece relevante lo que sucedió durante el primer semestre con la oleada feminista? 

-Muy relevante y necesario, cuando yo hablaba de mis cosas feministas, me encontraban latera, incluso las mismas mujeres me decían en talla: “Ya estás con tus argumentos bigotudos” o expresiones de ese tipo. Por lo que me alegré cuando vi que había un grupo grande conciente de que faltaba mucho por avanzar. Puede ser que haya muchos derechos legales que antes no teníamos, pero cuando veo que hace pocos días en Irlanda  un argumento contra una víctima de violación es que ella usaba calzones con encaje y un abogado se atreve a plantearlo en una corte, uno dice: “Falta mucho”. 

-En estos dos libros elegiste registros femeninos muy distintos: una adolescente en Fugitiva y un grupo de mujeres históricas en La venganza de las cautivas. ¿Buscas distancia de tu propia voz?

-Tengo la sensación, que puede ser media contracorriente en la literatura actual, de que mi propia experiencia no tiene mayor interés literario. La cosa tan intimista y autobiográfica, al menos la mía, no me parece interesante. En el caso de la joven protagonista de Fugitiva, no sé bien de dónde vino, se me mezclaron un montón de experiencias que viví muy de cerca y de mis propias hijas. Son proyecciones quizás de algunos miedos. Mi hija una vez me preguntó cuánta gente se tenía que morir para que ella quedara sola en el mundo. 

-Un temor atávico.

-Claro, y yo pude nombrarle a una gran familia, pero también pensé qué miedo si no fuera así, y se me ocurrió la idea de una adolescente a la que se le mueren los abuelos que la criaron y se queda sin nadie. El desamparo. Además, yo crié a mis dos hijas sola, entonces cada vez que me subía a un avión pensaba qué pasaría si se cae. Me imaginé el peor escenario. Y después se me cruzó la historia de estas mujeres en estado de guerra, otro escenario terrible: estar encerradas, muertas de hambre, sin libertad. No sé si hay una lógica detrás, son dos historias que me dieron ganas de contar. 

-Tus personajes femeninos son todas mujeres con mucha autoconciencia, ¿eso viene de ti?

-Tienen mucha conciencia de que su voz merece ser escuchada. Eso tiene algo de mí y de mucha gente que conozco. Me gusta que en las cautivas haya un abanico de personalidades femeninas donde ninguna es perfecta, ni santa, ni pura. Hay un lado del feminismo que me asusta un poco y que tiene que ver con la presión que nos ponemos las mujeres. Siempre choras, mamás perfectas, mujeres que no lloran, me parece que es caer en la misma trampa. La sobreexigencia es parte de esta sociedad, patriarcal hasta ahora, donde el éxito se mide por la resistencia. En el caso de Fugitiva me han dicho: “Oye, pero una niña de 15 años no piensa así”. Yo les respondo: “¿Has leído tu diarios de vida de esa edad?”. Una era súper enrollada e intensa.

 

-¿Te han asesorado tus hijas en ese sentido?

-Sí, tenía cinco hijas adolescentes mientras escribía Fugitiva. Tres de mi marido (Raúl Alcaíno) y dos mías, entonces les pasaba la novela por entrega para que me dieran su feedback, pero además me gustaba mucho observarlas, ver cómo hablaban en la sobremesa. Siento que las jóvenes de hoy son más exigidas por el medio, están más expuestas a las redes y la hiperconexión. Yo crecí en San Bernardo y había un solo local donde se instalaban los zorrones de esa época, entonces mi minuto de exposición era pasar por esa cuadra. Ahora eso es constante, todo el día, lo que tienes que pensar cada vez que subes una foto, esa pega extra que tiene la generación adolescente la encuentro feroz. 

 

LA ETERNA GUERRA 

-Volviendo a tu último libro, al conflicto mapuche y a cómo vivían las mujeres en esa época, ¿crees que el mundo ha cambiado menos de lo que creemos en términos de relaciones humanas?

-Me pasa algo medio contradictorio, hay cosas que creo que mantienen y nuestro encuentro cultural no está del todo resuelto. El origen de nuestro mestizaje fue violento y producto de muchas violaciones de un lado y del otro, pero también hay algunas historias de amor que no hemos sabido rescatar bien. Creo que hay un choque bélico y sexual que no ha tenido una buena resolución. Pero, a la vez, cuando estudio sobre esa época y su salvajismo; el cero concepto del valor de la vida y la nula noción de los derechos humanos, me pasa que siento que hemos avanzado. Me he metido a estudiar historia ahora de vieja y siento que el mundo está mucho mejor. Aunque hay violencia, es menos que antes. En ese sentido sí soy optimista. Antes nos cortábamos las cabezas y las poníamos en lanzas.

-Después de tu investigación para escribir Sitiados y La venganza de las cautivas, ¿cambió tu mirada del mundo mapuche? 

-Sí, totalmente. Además, me di cuenta de que no conocía nada y entendí que el origen de nuestro problema es que una persona que fue al colegio y a la universidad nunca haya pasado por una clase donde se explique la cosmovisión mapuche, lo que ocurrió al sur del Biobío los 200 años que no éramos un mismo país. Nos enseñaron una cosa como folclórica y muy al pasar, y es el colmo porque son parte de nuestra identidad. Nosotros somos el resultado de esta mezcla, del encuentro entre dos genéticas distintas. 

-Pero el chileno promedio le hace la desconocida a ese dato.

-Exactamente y creo que ahí está el origen de todos problemas porque no entendemos lo importante que es saber cómo piensan, de dónde vienen sus creencias, por qué para ellos la tierra es algo muy distinto que para nosotros. Veo que la solución del problema está lejana. 

-No eres optimista.

-Por el camino que vamos, no. Si creemos que el tema de la Araucanía es un asunto de poner orden, estamos muy equivocados.  

 

 

TVN: “Nadie está discutiendo para qué tenemos un canal público”

-Con la perspectiva del tiempo, ¿sientes que las críticas a tu gestión como directora ejecutiva de TVN fueron muy duras?

-Yo creo que la gente que sabe de televisión, de cómo son los procesos y los tiempos que toman, entiende bien lo que pasó. Desde fuera es siempre muy fácil criticar.

-¿Eres capaz de detectar cosas que habrías hecho distintas?

-Sí, también soy capaz de ver que hablar de TVN desde afuera es mucho más fácil que estar adentro y por eso mismo no me gusta hablar mucho de la gestión actual ni de los errores cometidos por mí, porque ya fue y no quiero herir a nadie. Y ahora sería muy patudo dictar cátedra desde fuera. Sí creo que no hemos hablado del centro del problema. Me sorprende que no estemos discutiendo en profundidad para qué tenemos un canal público, cómo tiene que ser, cuánto se tiene que parecer su programación a los otros canales y por qué un país lo necesita.

-¿Y necesitamos un canal público?

-Yo creo que sí, ¡de todas maneras! Y para eso el análisis debe ser más largo. Tenemos que pensar qué hubiera sido de la televisión chilena sin TVN los últimos 30 años. Y enumerar todo lo que habríamos perdido en términos de contenidos y de cobertura periodística. Creo que ahí está la esencia de la televisión pública: Cuentos chilenos, Algo habrán hecho por la historia de Chile, Los archivos del cardenal, El reemplazante, 31 Minutos. Y más importante: la cobertura periodística de las marchas, el destape del caso Karadima, los reportajes de Informe especial. ¿Sin TVN, tendrían el mismo incentivo los otros canales abiertos de hacer ese trabajo periodístico? Creo que nuestra televisión perdería mucho si no existe TVN cumpliendo su misión pública.

-¿Te cuadra que el canal siga subsistiendo con el modelo de financiamiento privado y misión pública?

-Eso funcionaba cuando el resto de los competidores eran canales universitarios, hoy día el interés lógico y legítimo de sus competidores es hacer un negocio, entonces la estructura tiene que ser otra. Ya no hay canales con misión pública, excepto TVN. 

-Al haber sido la primera mujer directora ejecutiva de TVN, ¿sientes que en las críticas a tu gestión hubo algo de machismo?

-No sé si por ser mujer o porque era colega de varios. Porque no era ingeniera o abogada, pero sí encuentro que me dieron un poco más duro a mí que al resto. Pero ya pasó.

 

Recorrido

Al salir del colegio quiso estudiar Psicología, pero no le alcanzó el puntaje, entonces, por descarte, entró a Periodismo en la Universidad Católica. Ahí le agarró el gusto al ámbito audiovisual como herramienta para contar historias y entró directamente a trabajar en televisión. Primero en un programa deportivo de Canal 13 que se llamaba Deporte color y después en Contacto. Luego se ganó una beca Fulbright y partió a estudiar un máster en periodismo de investigación en la Universidad de Maryland, Estados Unidos y se centró en el tema de la estructura; le fascina entender por qué algunas historias se entienden mejor que otras. Volvió a Chile y comenzó a trabajar en distintos productos de ficción como 31 Minutos y Tronia en el área infantil de TVN; también en el 13 estuvo a cargo de programas del proyecto Bicentenario, Héroes y Los Ochenta, entre otros. Volvió a TVN, escribió la serie Sitiados, y en 2014 fue nombrada directora ejecutiva de la estación pública, cargo que por primera vez en la historia ocupó una mujer.