Pese a ser hombre de campo, el presidente de Renovación Nacional no se anda con rodeos. Cree que la clase empresarial se refugia en su papel de generar utilidades y empleos y que no han defendido con la suficiente fuerza las ideas del libre mercado. “El sector más beneficiado con las libertades culturales, económicas, sociales y políticas se hace el loco. Me declaro solitario como Toribio el náufrago”, se queja.

  • 31 julio, 2012

Pese a ser hombre de campo, el presidente de Renovación Nacional no se anda con rodeos. Cree que la clase empresarial se refugia en su papel de generar utilidades y empleos y que no han defendido con la suficiente fuerza las ideas del libre mercado. “El sector más beneficiado con las libertades culturales, económicas, sociales y políticas se hace el loco. Me declaro solitario como Toribio el náufrago”, se queja. Por Carla Sánchez M.; fotos, Verónica Ortíz.

Se lleva mal con el Presidente Piñera?
-No, me llevo de lo más bien desde hace muchos años. Cuando no había ningún piñerista en el horizonte y todos andaban chupándole las medias a los candidatos de otros partidos yo era piñerista. De ese cargo soy inocente.

-¿Qué relación tiene con él?
-De trabajo. Me pareció –hace 15 años– que él era la única persona que venía desde el ámbito de la derecha que podía ganar una presidencial y fui leal a esa idea hasta el final y sigo siéndolo.

-¿Está decepcionado del gobierno?
-No. Creo que ha sido un muy buen gobierno que todavía puede rendir mucho y que hay que hacer un esfuerzo muy sólido e importante para tratar de que no estemos sólo cuatro años en el poder; ese es mi empeño central. Por eso de repente discrepo de la ultra ortodoxia, en torno a temas tan discutibles como el salario mínimo. Haberlo subido a 200 mil pesos nos hubiese permitido aprobarlo de inmediato, dejando a la Concertación marcando ocupado y permitir de esa manera un respiro político a nuestro sector, y dejar de lado la etiqueta de que somos el gobierno de los ricos.

Los dilemas de la derecha
“Estoy listo para la tumba”, bromea Carlos Larraín en su oficina de Renovación Nacional. Lo dice por un resfrío que no le da tregua hace semanas, el mismo que –según él- hace poco le jugó una mala pasada cuando se retiró furioso de un desayuno en La Moneda, provocando otro conflicto con el gobierno. Esa vez, el detonante fue la discusión del salario mínimo (y la presencia del diputado Joaquín Godoy, de su propio partido, con quien ha mantenido una larga polémica). Antes, se trató de la arremetida por cambiar el binominal con el apoyo de la DC (lo que sacó ronchas en la UDI). Fiel a su estilo directo, Larraín no se arruga para decir lo que piensa. Aunque cause el enojo de sus socios de coalición. Aunque para muchos se haya transformado en el peor enemigo del gobierno.

-Usted se ha caracterizado por ser un dolor de cabeza para la UDI y Piñera.
-Al contrario, hemos sido el puntal básico de la elección de don Sebastián Piñera y su dificilísimo gobierno… Como parte de ese papel está, de pronto, tomar caminos un poco distintos. Nosotros sopesamos la propuesta de salario mínimo un poco mejorado y creíamos –lo seguimos haciendo–que la cifra que propusimos (200 mil pesos) forzaba un poquito la máquina de una economía que está funcionando muy bien.
Ahora, si las negociaciones de la DC son entendidas como un entorpecimiento al trabajo de gobierno, quiere decir que estamos en Albania. Conversar con la DC -un partido con el cual tenemos un lenguaje común- acerca de mejoras institucionales es ultra producente para que el gobierno haga mejor las cosas. Se puede colaborar también poniendo alguna idea sobre el tapete y, por favor, ¡las cosas se les pueden ocurrir a los partidos políticos!

– Pero eso no significa hacerle un desaire al presidente de la República.
-Lo del otro día fue una cosa personalísima de enojo, porque pensé que esa persona que me había injuriado (Joaquín Godoy) no

Los empresarios y la Concertación: “tienen una cierta añoranza de los gobiernos de izquierda, porque con ellos tuvieron un trato muy directo, sin restricciones; se sintieron cómodos en esa coyuntura”.

asistía al desayuno. Además ese día andaba con fiebre, me levanté con esfuerzo. Me enojé y ya lo dije: no fui diplomático, no estaba el presidente presente y decidí retirarme.

-¿El gobierno tiene un problema de comunicación?
-No sabe relacionarse con los partidos.

-¿No será culpa del estilo personal de Piñera?
-No, yo creo que eso es un problema del equipo en su conjunto. Viene una discusión muy ardua en torno a la reforma tributaria; ahí va a ser necesario mucha explicación, porque si no vamos a terminar con una reforma tributaria de paternidad socialista.

-¿Cree que este gobierno está girando hacia la centro izquierda?
-No, es un gobierno al que le han tocado circunstancias muy difíciles: entre otras, hacerse cargo del mal manejo económico de los años 2008-2009 y del terremoto. Hay que entender que somos minorías en ambas cámaras, mientras el sector que más debiera preocuparse que ganemos las próximas elecciones está simplemente mirando la luna de Valencia. Los empresarios, que en buena proporción pertenecen culturalmente a nuestro lado, están viendo cómo pasan las cosas. No hay ningún compromiso de la sociedad civil con el esfuerzo que supone mantener una política medianamente equilibrada, y no digo en el largo plazo, sino que en el mediano plazo. Eso es lo peor de lo que nos está pasando.

-¿Los empresarios han tenido un rol discreto en este gobierno?
-Yo creo que los empresarios tienen una cierta añoranza de los gobiernos de izquierda, porque con ellos tuvieron un trato muy directo y como en esa etapa la Concertación estaba jugada al 1.000% por la economía de mercado, sin restricciones, se sintieron cómodos en esa coyuntura. Era una especie de crédito: “compre ahora, pague después”.

-¿Se dejaron estar?
-Creo que el empresariado chileno se refugia en la idea de que el papel de su sector es generar utilidades y empleos, cuando se puede esperar una cierta actividad asociativa más potente, que defiendan las ideas básicas de la economía libre y no mantenerse al margen de las grandes afirmaciones culturales, necesarias para que pueda seguir desarrollándose.

-¿Usted hubiese esperado una actitud más proactiva con el tema de los impuestos?
-Por ejemplo, no se defendió como corresponde la libertad de enseñanza, que está en tela de juicio. La única manera de garantizar la gratuidad universal, que es lo que piden los estudiantes, es estatizando la educación. El gran ámbito que todavía la izquierda no controla en Chile es la educación, porque existen más de treinta universidades privadas. Pues bien, no se logró entender la gravedad del tema y lo que era una gran discusión de fondo se convirtió en una batahola callejera. Un ejemplo de cómo el sector privado no entiende cabalmente que hay factores culturales en operación.

-Algunos empresarios están molestos porque les están cambiando las reglas del juego respecto a los impuestos.
-Desde la izquierda se le ha dado un impulso muy importante al gasto público. El empeño por nacionalizar la educación supone un aumento feroz del gasto público, al mismo tiempo el gobierno de Sebastián Piñera heredó un déficit anual del orden del 3% y se propuso reducirlo al 1% antes de dejar el gobierno, ¿cómo se cubre el déficit?, desgraciadamente hay que crear un impuesto adicional o hay que aumentarlos lo menos posible, cosa que es cada vez más relevante cuando la economía se está enfriando. ¿Por qué la izquierda tiene tanto predicamento? Bueno, porque perdimos la última elección parlamentaria ya que, repito, el sector más beneficiado con las libertades culturales, económicas, sociales y políticas se hace el loco. Me declaro solitario como Toribio el náufrago.

La elección presidencial
-¿Que la oposición esté dividida no debiera significar una ventaja para el gobierno?
-Al contrario, es malo. Nosotros necesitamos una oposición constructiva, yo alguna vez por ahí dejé invitada -desde un modesto ángulo- a doña Michelle Bachelet para que ordenara la oposición, porque esa competencia de quién es más de izquierda es muy dañina para la marcha del país.

-¿Es sostenible que Golborne y Allamand, siendo presidenciables, sigan en el gobierno?

Sus críticas a Piñera: “Cuando no había ningún piñerista en el horizonte y todos andaban chupándole las medias a los candidatos de otros partidos yo era piñerista. De ese cargo soy inocente”.

-Yo creo que es tremendamente sostenible, manteniendo un código mínimo….

-Pero, ¿estando en sus cargos han hecho un poco de campaña, o no?
-Es cierto, han hecho un poco de campaña, pero no ha sido tampoco una catarata.

-¿Es ético candidatearse desde el gobierno?
-Es perfectamente ético lucirse en el cargo, no han desviado fondos ni tiempo.

-Era lo mismo que la derecha le criticaba a los ministros de Bachelet.
-No, nosotros le criticamos a los gobiernos de la Concertación una intervención electoral descarada, que la puedo ilustrar. El año 2009 le inyectaron US$ 9.000 millones a la economía, sacándolos del fondo de estabilización extranjera y gastando miles de millones de pesos en actos supuestamente culturales que eran propagandistas.

-¿Cree que Golborne podría ser un candidato de consenso en la derecha?
-Me he declarado abierta y contundentemente a favor de don Andrés Allamand, porque es de mi partido y porque lo conozco desde el año de la cocoa. Yo sé de dónde viene y a dónde va. Como bloque estamos condenados a competir. Tenemos que salir a buscar votos por el borde, por la periferia, llevarlos al centro y que gane el que obtenga más votos.

El último conservador
-Para muchos, usted representa la imagen del último momio…
-¿Por qué? (ríe). Mire qué raro: un día me acusan de que soy irresponsable y populista porque proponemos subir el salario mínimo en el equivalente a US$ 10 por mes -con lo cual se habrían producidos transferencias totales en la economía por US$ 48 millones. Creo que las estatuas de sal están más bien en otras esferas. Lo insólito es mantener una ortodoxia económica a toda prueba, para defender los supuestos equilibrios financieros que pueden terminar abruptamente de aquí a 20 meses, cuando la izquierda vuelva al poder. ¡Ese sí que va a ser un desequilibrio de padre y señor mío!

-¿Teme que la izquierda vuelva al poder?
-Existe ese riesgo. Sobre todo cuando desde la oposición se ha hecho un combate contra la persona y el gobierno del presidente Piñera. Quedan como dos años de gobierno, entonces hay que tratar de que no nos ocurra lo mismo que en Grecia, que llega la derecha a arreglar los problemas y luego se los entrega a la izquierda para que haga desarreglos.

-¿No se siente incómodo dirigiendo un partido con sectores liberales, siendo usted tan conservador?
-No soy tan conservador, a menos que me digan que los conservadores somos los que tenemos un auténtico sentido social. Acabo de criticar la pasividad de los empresarios y de recordar que Renovación Nacional es un partido de clase media media y que batallamos por mejorar el salario mínimo. Ahora, eso no sé si es conservador o liberal, es lo que es Renovación Nacional y punto.

-Cuando se discutió el Acuerdo de Vida en Pareja usted se molestó con el presidente Piñera.…
-Bueno yo me enojé, hablé y voté en contra y volvería a hacerlo.

-Usted tuvo 12 hijos, ¿qué pasaría si uno de ellos fuera homosexual?
-Lo trataría de ayudar en vida igual que a todos los demás.

-¿No le gustaría que el patrimonio de ese hijo pudiera ser regulado?
-He ejercido las leyes 40 años y puedo ver siete maneras de organizar el aspecto patrimonial de una convivencia homosexual sin

Fulvio Rossi y el consumo de marihuana: “Se puede perfectamente ser parlamentario y fumarse un pito, la cosa es que a la hora de legislar no se le confunda la “g” o con la “p”. Supongo que se preocupa de eso”.

crear un matrimonio de segunda, que se puede disolver por correo electrónico. Y si surge una unión de ese tipo ya no va a quedar casi nadie que nos ayude a fundar la institución familiar en la cual hay un interés social clarísimo, porque a la sociedad le interesa que haya un núcleo estable. No creo que un acuerdo transitorio sea una base para formar una familia. Hoy día es más fácil deshacerse de la señora que terminar un contrato de trabajo, eso es raro ¿no? Necesitamos un esquema, una asociación de largo plazo entre un hombre y una mujer que críe a los niños en situación de estabilidad. Deberíamos crear una especie de estatuto de la familia y creo que en eso el gobierno está en deuda.

-¿Qué le parece la arremetida del senador Fulvio Rossi para legalizar la marihuana?
-No sé, yo veo que está metido en un enredo. No creo que la marihuana sea neutra; el principio activo de la marihuana –el famoso THC- debe ser 20 veces más potente de lo que era hace 20 años y crea no sólo dependencia sicológica sino que un poquito física también.

¿Ha fumado marihuana alguna vez?
-Nunca.

-¿No le llama la atención?
-Sí, curiosidad me ha provocado, pero nunca he fumado.

-¿Por qué?
-No lo he necesitado. Me tomo media copa de vino y con eso me siento animado a hacer muchas cosas.

-Para muchos, el trago puede ser más perjudicial que fumarse un pito…
-Ah, eso yo no sé, parece que estamos leyendo libros distintos (risas). Pero por último, si legalizamos la marihuana, ¿dónde tiramos la raya? ¿Se legaliza la marihuana y se prohíbe la cocaína, el crack, la pasta base? Resulta ser que muchas veces el tráfico incluye el abanico completo. Encuentro poco realista la propuesta de legalización.

-¿Tiene problemas con que Rossi consuma de manera personal o cree que ello puede afectar su desempeño como parlamentario?
-Se puede perfectamente ser parlamentario y fumarse un pito, la cosa es que a hora de legislar no se le confunda la “g” o con la “p”. Supongo que se preocupa de eso.

El Senado y el famoso desayuno
-Usted llegó al senado en remplazo de Andrés Allamand que asumió el Ministerio de Defensa. Al principio no aceptó de muy buena gana…
-Es cierto; me lo pidió Sebastián Piñera y lo hice nada más que para facilitar el trabajo político del partido.

-¿Está arrepentido?
-No ha sido fácil, porque ahora tú ves que me exige desplazarme y la pega del presidente del partido ya es muy absorbente, así que me tengo que desdoblar.

-En Valdivia, dicen las malas lenguas que no le tienen muy buena.
-Bueno, me vieron llegar como una imposición desde afuera y eso no les ha gustado, pero creo que poco a poco me he ido ganando la aceptación.

-¿Y va a postular por otro período?
-Sí.

-Si dice que está tan cansado, ¿por qué lo va a hacer?
-Porque voy a dejar de ser presidente del partido, ya le toca a otro tonto.

-Eso lo ha dicho en varias oportunidades…
-Esta vez ya no más. Ocho años es mucho, si uno también cansa a la gente, hay que darle un poquito de rotación a la cosa.

-¿A veces no se siente nadando contra la corriente?
-He nadado contra la corriente desde hace 40 años, del año 1967 cuando se tomaron la Universidad Católica, yo era profesor ayudante temporal, y entré a codazos para que me dejaran ir a hacer la clase. Los años de la Unidad Popular, no te imaginas lo que fueron, yo era parte activa de la juventud del Partido Nacional, así que estoy acostumbrado a ir en contra de la corriente. Después vino el golpe militar y ahí no intervine en política durante 20 años y después durante la Concertación he tratado que la centro-derecha salga arriba, así que estoy acostumbrado, el que no mueve la cola se lo lleva la corriente.

-¿Va a hacer las paces con Joaquín Godoy (RN), a quien llamó “parlamentario de tercera magnitud”?
-Bueno, si él me pide una disculpa elocuente y clara…

-El no parece muy entusiasmado con hacerlo…
-No sé, no he hablado con él, pero a mí me acusó de que yo tenía a Renovación Nacional quebrada, exigió una investigación, que es lo mismo que decirme que he sido deshonesto y luego me dijo que practico la extorsión política, realmente me parece como mucho. En otra oportunidad señaló que yo era tramposo, tengo el recorte en mi escritorio. Son cosas gordas esas, yo me he hecho el tonto, pero esta última me la ganó. Aunque efectivamente no creo que sea un factor determinante en la política chilena.

-Ese tipo de peleas internas no le hace bien al gobierno.
-Bueno, el gobierno tiene que preocuparse de invitar a personas que puedan conversar, si no, la próxima vez que yo convide a don Sebastián Piñera a mi casa lo voy a hacer con Bielsa. Sé que don Sebastián Piñera no organizó el desayuno sino que lo hizo el personal que trabaja con él, que al parecer no lee los diarios.

Las platas de RN
-Usted posee una importante fortuna, ¿es el principal financista de Renovación Nacional?
-No, el principal financista de Renovación Nacional es el Estado de Chile, a través del subsidio que nos otorga después de las elecciones en función de los votos conseguidos. Por ahí se dice que yo tengo la billetera muy abierta, como para decir que gracias a eso me elijen, bueno eso aparte que habla muy mal de la gente de Renovación Nacional, como si fueran seres comprables y simplemente no es cierto. Efectivamente cuando hay algún apuro ocasional yo trato de tapar los hoyos.

-¿Cuál es su aporte?
-El aporte en dinero no lo sé, no lo tengo medido. Tengo un compromiso mensual de $ 100 mil pesos.

-¿Eso no más?
-Bueno, si el partido está sin dinero para operar yo le presto plata sin intereses y después si pueden me lo pagan.

-¿Ha financiado campañas de candidatos del partido?
-Por supuesto que sí, a muchos les he dado cantidades chicas para ayudarles. Una excepción más notoria fue la elección de Francisco Chahuán, porque estaba enfrentado a Joaquín Lavín, que había sido dos veces candidato a la presidencia de la República. En general son aportes chicos a candidatos individuales.

-100 mil pesos no alcanzan ni para mandar a hacer chapitas…
-No, las cien lucas son el aporte mensual que hago un poco para que otras personas hagan lo mismo.

-¿Se puede saber cuánto aportó para Chahuán?
-No me acuerdo, pero fue una cifra sustancial.

-Usted dirige el partido desde el año 2006, ¿cree que la condición de mecenas le otorga un poder especial dentro de la colectividad?
-No fíjate, yo creo que lo que hace que me vuelvan a elegir es que no encuentran a otro tonto dispuesto a asumir el cargo y segundo que nosotros hemos trabajado en política. Nosotros hemos estado en contacto con la gente. Nosotros no hacemos política de boutique.

-¿Le duele que lo hayan comparado con el senador Guido Girardi?
-No es que me moleste la comparación personal, tengo más bien simpatía por Girardi. Lo que no me gusta es otra cosa: Andrés Velasco dijo que Girardi votaba a favor de una iniciativa del gobierno siempre que recibiera otra cosa y yo no he hecho eso nunca.