¿Primarias, acuerdos de cúpulas, candidato único o competencia total? FELIPE ARAVENA INDEPENDIENTES EN RED En las sociedades democráticas, el principio de la competencia por la obtención de los votos que permitan el ejercicio del poder es una de las bases que sustentan el sistema político como tal. Sin embargo, cuando se habla de “competencia” en […]

  • 31 octubre, 2008


¿Primarias, acuerdos de cúpulas, candidato único o competencia total?

FELIPE ARAVENA
INDEPENDIENTES EN RED

En las sociedades democráticas, el principio de la competencia por la obtención de los votos que permitan el ejercicio del poder es una de las bases que sustentan el sistema político como tal. Sin embargo, cuando se habla de “competencia” en términos políticos, paradójicamente ésta suele estar teñida de adjetivos como “feroz”, “salvaje” y otros calificativos que le otorgan una indudable connotación negativa. Quizás de ahí el sorprendente temor de algunos a su puesta en práctica. Hace algunos días, la Alianza ha anunciado competencia total entre RN y UDI para las próximas elecciones parlamentarias, lo que augura beneficios tanto para los electores (mayor diversidad de opciones y, por lo tanto, mayores posibilidades de identificación con las propuestas de algún candidato) como para los propios partidos, los que necesariamente tendrán que renovar sus rostros y agregar alternativas potentes a las plantillas, mejorando su oferta al electorado. Entonces, ¿por qué temerle a la competencia total para las presidenciales? Sabemos que en Chile existe la segunda vuelta y que, por lo tanto, la competencia total en la primera se transforma en la más representativa y democrática elección primaria para ambas coaliciones. Así, nos aseguramos de que quienes llegan a la batalla final sean efectivamente aquellos que con sus valores y proyectos encarnan de mejor forma las aspiraciones ciudadanas.

Si nos remontamos a las elecciones anteriores, Piñera y Lavín se enfrentaron en una presidencial que, si bien terminó en derrota para ambos frente a Bachelet, constituyó una fuerte señal de la Alianza hacia el país respecto a su respeto a la diversidad del electorado. Sabemos también que la UDI, con la presencia de dos listas en su última elección interna, da los primeros pasos en su esperado proceso de democratización. Así, se vislumbra que la profundización de la democracia podría ser el nuevo estandarte de la Alianza frente a una Concertación que, presa de rencillas entre sus cúpulas, parece derrochar el gigantesco capital histórico de haber sido la portadora casi exclusiva de los valores democráticos en Chile.

El costo que puede implicar la competencia total podría no ser tan alto, en la medida en que se tenga presente que ella sustenta y enriquece la democracia. El beneficio de compartir con la Concertación el uso de las credenciales democráticas para disputar el gobierno en el terreno de las propuestas y las políticas públicas puede ser muy alto para la Alianza. Para gobernar, la Alianza debe ofrecer un proyecto más sólido y atractivo que la Concertación, pero previamente debe demostrar que la desconfianza de buena parte del electorado acerca de su real vocación democrática puede ser dejada en el archivo de la historia.

 

 

 
JOSE MANUEL
EDWARDS

INDEPENDIENTES EN RED

A pesar de considerar que el sistema de primarias es el mejor método de elección de candidato presidencial, hoy día le recomiendo a la Alianza presentar candidato único y olvidarse de primarias. Baso mi conclusión en la altísima popularidad de Sebastián Piñera y en las siguientes tres observaciones.

Nadie duda de la capacidad de Piñera como candidato y me extrañaría que existiese algún “trapo sucio” todavía por sacarle. Las primarias son muy efectivas para medir las habilidades de los candidatos y para que afl oren sus debilidades. Esto ayuda a evaluar su elegibilidad y a que sus debilidades dejen de ser portada. Con una elección presidencial en el cuerpo, Piñera ya pasó el test en ambos casos. No es claro que las primarias mejoren las perspectivas de candidatos moderados, como Piñera.

Las primarias son efectivas en captar el sentir de la mayoría de una coalición y en energizar a la base. Sin embargo, los candidatos deben moverse hacia el centro político de su conglomerado, alejándose del centro del país. Esto trae costos. Si no me cree, pregúntele al republicano moderado McCain. Guiñándoles el ojo a los más conservadores, McCain en las primarias dijo que había votado con Bush un 90% de las veces. Obama hoy día, gentilmente, gasta millones mostrando ese video por televisión para asociar a McCain con el impopular Bush.

Con ya cuatro elecciones perdidas, la Alianza debe darle respiro a su candidato natural para que amplíe la coalición. Si bien las primarias ayudan a atraer la atención de la gente, generando interés en la coalición, le quitarían valioso tiempo a la Alianza. La discusión por meses se centraría en cómo hacer las primarias, para luego ver quién de adentro toma las riendas del pacto… y Piñera probablemente ganaría igual. Ese tiempo podría ser usado ampliando la coalición, levantando recursos y ajustando estrategias de campaña.

Llevar candidato único tendría tres principales benefi cios de corto plazo para la Alianza: proyectaría una imagen de unidad, demostraría gobernabilidad y emitiría un liderazgo sólido. Con estos tres beneficios, la Alianza podría capitalizar la imagen de “capaz y efi ciente” de que hoy goza Piñera, posicionándolo como el candidato del futuro.Esto, más el Transantiago y los desastres administrativos de la actual administración, ayudarían a la Alianza a romper el eje del plebiscito (del Sí y el No), que tantas victorias ha traído a la Concertación.

En resumen, mi recomendación a la Alianza sería la de no organizar primarias en este ciclo presidencial, pero sí sentar las bases para la aplicación de primarias en el futuro. La clave del éxito futuro será saber a qué atenerse y poder prepararse con antelación. Reglas claras conservan la amistad.