LORENZO REYES BOZZO INDEPENDIENTES EN RED Es difícil dimensionar una respuesta a tan complicada pregunta, pues si se piensa qué es una crisis, la ley de Murphy siempre nos dirá que se puede estar peor de lo diagnosticado. La crisis energética es un primer síntoma de algo más profundo que puede suceder, por lo que […]

  • 11 diciembre, 2008
LORENZO REYES BOZZO
INDEPENDIENTES EN RED

Es difícil dimensionar una respuesta a tan complicada pregunta, pues si se piensa qué es una crisis, la ley de Murphy siempre nos dirá que se puede estar peor de lo diagnosticado. La crisis energética es un primer síntoma de algo más profundo que puede suceder, por lo que debemos traducir de manera adecuada el mensaje de la misma. Por lo tanto, esta crisis se debe proyectar como una oportunidad para Chile desde el punto de vista del desarrollo sustentable.

Si se estudia el modelo propuesto en Estados Unidos de reemplazo de un 100% de las fuentes de energía basadas en combustibles fósiles para los próximos 10 años, éste plantea tres líneas principales que se deben visualizar en profundidad.

Primero, una fuerte aplicación de impuestos a la generación de energía basada en el uso de combustibles fósiles. Este punto es fundamental para Chile, pues se intenta igualar los costos de generación entre distintas fuentes, lo que hoy favorece a la generación hidráulica de energía. Segundo, la política propuesta apunta a la creación de sistemas interconectados efectivos, lo cual sí posee Chile. Finalmente, lo que parece casi imposible: fomentar programas de eficiencia energética, desde un nivel ciudadano hasta el empresarial y gubernamental (¿es el Estado eficiente energéticamente?).

Este tercer punto es el de mayor complejidad, porque subyacen cambios de hábitos arraigados en una población que confunde el concepto de ahorro energético versus el ser eficiente energéticamente. Lo interesante es que este cambio de hábito no va asociado a castigos monetarios por sobre el consumo, sino que apunta directamente a la generación de un cambio conductual y cultural, que debe incorporar desde programas educacionales del gobierno hasta programas de aprendizaje mediante la creación de redes ciudadanía-empresa-gobierno.

Entonces, ¿por qué debemos mirar esto como oportunidad? Porque Chile no necesita más recetas sobre cuál o qué fuentes deben incentivarse, sino más bien el desarrollo de una política energética pensada como estrategia país en acción conjunta a una política ambiental amplia –no conservacionista ni ambientalista– entregando a Chile una nueva imagen país, por medio de un desarrollo sustentable coherente.

Sin una visualización de un Chile desarrollado en estos temas, iremos quedando nuevamente marginados de tales progresos. Así, Chile debe potenciar esta crisis como el origen de una nueva industria (GreenTechs), que nos permita alcanzar a los países desarrollados.

Por lo tanto, esta crisis energética debe sentar las bases para establecer un cambio conductual y educacional a nivel nacional, en que el desarrollo del país sea visualizado por este medio, creando una nueva industria y valor, pero con innovación.

 

 

ALEJANDRO DIAZ
INDEPENDIENTES EN RED

En un sentido amplio, crisis significa cambio y no necesariamente para mal. Las crisis suelen traer cambios positivos para algunos y negativos para los otros. Gracias a este juego dialéctico de unos que ganan y otros que pierden, sumado a la escasez, la sociedad ha podido evolucionar y desarrollar mejores soluciones para sobrevivir. Si elevamos un poco la mirada desde nuestra coyuntura actual podemos darnos cuenta de que las crisis energéticas –la manera como cambia nuestro manejo de la energía– han moldeado nuestra historia como sociedad y como especie. Gracias al dominio del fuego pudimos despegar desde nuestro origen primitivo. En el siglo XVIII se inventó la máquina de vapor que inauguró la era industrial. La aparición del petróleo en la economía reconfiguró el mapa geopolítico el siglo pasado. En la coyuntura de la actual crisis (crisis en el sentido amplio), quien domine las nuevas fuentes de energía y las nuevas tecnologías energéticas dominará el futuro.

¿Qué está pasando hoy día? ¿Qué nos dice nuestra crisis? Que la crisis (el cambio) no se reduce sólo a nuestro país, sino que es global. La promesa de Obama de liberar en 10 años a Estados Unidos de su dependencia del petróleo es un botón de muestra. Tal como lo ilustra el caso chileno, la escasez en las fuentes de energía y el aumento de los precios es un excelente promotor de la eficiencia energética.

La inestabilidad en el suministro de gas importado nos ha enseñado que depender de la importación de una fuente energética no es sostenible en el tiempo. Es muy probable que a mediano plazo debamos aprender nuevamente esa misma lección, pero esta vez con el petróleo.

Cada vez será más difícil la producción de energía sin internalizar los costos ambientales. El retraso del proyecto Hidroaysén es uno de los tantos casos. La tendencia en Chile y en el mundo es una inversión creciente en energías renovables no convencionales (ERNC). En el caso de Hidroaysén la presión vino desde los grupos conservacionistas. Cabe preguntarse: ¿en qué momento la presión por la energía limpia certificada vendrá desde los consumidores?

La actual inequidad social también se expresa en inequidad en el acceso a la energía. En Chile la inequidad energética está dada por el alto costo que las familias más vulnerables pagan por energía. En otras partes de nuestro continente y del planeta predominan las barreras técnicas y geográficas para distribuir la energía convencional en las zonas Rurales donde viven las familias más pobres. Dado que el acceso a la energía es fundamental para el desarrollo social, en distintos casos las ERNC están siendo utilizadas como estrategia para la reducción de la pobreza.

¿Cuán grave es la actual crisis energética? Recordemos que todas las crisis son una oportunidad, Tal vez deberíamos preguntarnos ¿Cómo aprovechamos de la mejor forma esta oportunidad?