Nicolás Massú (40) dice que está en su mejor momento profesional y que lo disfruta. La semana pasada su foco estuvo en consolidarse como capitán del equipo chileno de la Copa Davis en Suecia. Y, fuera del territorio nacional, el viñamarino sigue cosechando triunfos como entrenador del austríaco Dominique Thiem, tercera raqueta del ranking atp. “Estoy feliz. el 2019 fue un año espectacular”.

  • 12 marzo, 2020

Dice que no para. Que su agenda está copada. Que pasa más tiempo arriba del avión siguiendo el circuito ATP, que en Viena, ciudad donde vive desde marzo de 2019, cuando el austríaco Dominic Thiem lo nombró su entrenador. “A pesar de que podría estar dedicado a relajarme, opté por otra cosa. Y aunque no hay mucho espacio para el descanso, estoy más feliz que nunca”, confiesa Nicolás Massú desde su departamento en Vitacura.

Su breve paso por Chile la última semana de febrero –cuando vino para liderar al team chileno en el ATP de Santiago– lo dedicó a entrenar a su equipo en las canchas de San Carlos de Apoquindo y a preparar el repechaje del equipo nacional en Estocolmo. De Viña del Mar, nada. No pudo ir a su ciudad natal y, dice, no ha tenido tiempo de ver la comentada rutina de Stefan Kramer, en la que parte importante del show lo imitó a él. “Venía en el avión desde Río cuando Stefan me imitó (se ríe), espero tener un minuto más adelante para poder verla”, confiesa, mientras –casi como una costumbre– se amarra el pelo por segunda vez.

De país en país, cuarenta semanas al año arriba de un avión siguiendo la pista del circuito tenístico y entrenado 24/7. “Lo paso bien, me adapto fácil porque estoy acostumbrado a moverme. Si estoy en Sudamérica, vengo a Chile. Si estoy en Estados Unidos, me tomo un día libre y paso a mi departamento en Miami. Y si estoy en Europa, me instalo en Viena para trabajar con Domi”, como le dice a su pupilo.

Su departamento en Vitacura es su refugio cuando está aquí. El “Vampiro” prefiere no distraerse y por eso casi no sale. Está cien por ciento enfocado en lo deportivo. Thiem –quien nunca había alcanzado un ranking tan alto– alcanzó una exitosa temporada de trabajo con el viñamarino, quien partió su trabajo cuando estaba N°8 del mundo. El desempeño de la dupla y los resultados obtenidos le justificaron ser nominado como uno de los cinco mejores entrenadores del año en el circuito de la ATP.

El año 2013, tras dos décadas jugando de manera profesional, anunció su retiro, pero a las tres semanas le ofrecieron ser capitán de la Copa Davis, desafío que no pudo desaprovechar porque siempre había sido un sueño. Sabía además que venía una camada de jóvenes tenistas que podrían convertirse en promesas, haciendo referencia a Christian Garín y Nicolás Jarry, entre otros.

Aceptó el desafío, pero también se dio espacio para viajar sin raqueta: estuvo más con su familia y dedicó tiempo a rentabilizar su imagen porque, dice, “el tenis dura hasta los treinta y tantos años, y después tienes que hacer otras cosas”. Fue así como comenzó a hacer charlas motivacionales y abrió su academia en la Ciudad Deportiva Iván Zamorano, que hoy administra su hermano Stefano. “Iba viviendo el momento. Era la primera vez que podía hacer lo que quería y estar un poco más relajado”.

En 2017 la estadounidense Christina McHale (44ª) lo eligió como entrenador, lo que le permitió conocer de cerca el tenis femenino y afiatar sus contactos ahí.

Massú, seguía creciendo.

Con el tercero del mundo

En el circuito del tenis todos se conocen. Fue así como en marzo del año pasado, Günter Bresnik –entrenador y manager por 17 años de Dominic Thiem– lo contactó para que probara entrenar al austríaco. La decisión del cambio de DT –quien además es muy amigo de Wolfgang Thiem, padre del tenista– vino del propio joven, quien decidió jugárselas por el chileno ex campeón olímpico. Y lo hizo público a través de su cuenta de Instagram personal: “Listo para Indian Wells. Estoy practicando aquí desde el lunes con mi entrenador de gira Nicolás Massú”.

El desafío era enorme, pero no lo dudó, y el haber ganado ese torneo –el más importante de su carrera hasta la fecha– a la tercera semana de trabajo juntos ayudó a confirmar que la dupla funcionaba bien.

Nuestra relación se basa principalmente en el respeto. Soy cercano a sus papás, ellos me han abierto las puertas y eso hace muy fácil todo. Tenemos distintas personalidades y venimos de diferentes culturas. No hablamos el mismo idioma, pero nos entendemos muy bien en inglés (se ríe). Viajamos mucho juntos y no tenemos tanta diferencia de edad (40 y 26 años, respectivamente). Cuando compartes tanto tiempo dentro y fuera de la cancha, tienes que saber manejarlo, y claro que ayuda el haber pasado por lo mismo: sabes cuándo estar más encima y cuándo no”.

-¿Cuál es tu meta?

-Lo primero que queríamos era mejorar sus resultados en cancha rápida. Dominic es un jugador muy completo y el año pasado ganó más títulos en canchas de cemento que de arcilla, que es su fuerte. Está en un súper buen momento, pero hay que estar preparado para cuando las cosas no sean tan increíbles.

-En todos los medios se habla de que thiem es el futuro reemplazante de la triada dorada Federer-Nadal-Diokovic.

-Fue número tres del mundo habiendo permanecido cuarto o quinto por bastante tiempo. Eso genera expectativas.

-¿Te sientes presionado?

-Es bueno sentir presión. Si todos piensan que Domi el día mañana puede ser el reemplazante o el número uno, quiere decir que la gente cree en él. Voy a ayudar a que cumpla su sueño.

El bonito problema

Su éxito internacional no lo aleja de Chile. Para el “Nico”, ser capitán de la Copa Davis es un honor. Hace siete años lleva con orgullo los colores de Chile y sintió una gran alegría cuando supo que el ATP volvía a tener una sede en Santiago. Eso sí, lamentó las bajas de las principales figuras de su equipo. Christian Garín (primera raqueta nacional y N°18) tuvo que abandonar el court por una lesión lumbar y Nicolás Jarry (N°89), por estar momentáneamente suspendido tras arrojar dopping positivo en la Copa Davis disputada a fines de 2019 en Madrid. “Nico es una gran persona y ojalá que salga adelante de este tema y se vuelva a incorporar al tenis”, señala.   

-¿Son los reemplazantes de Ríos, Massú y González?

-Soy de la teoría de que cada uno tiene su propia historia.

-Ustedes son su referente, sin dudas…

-Creo que sí sirvió nuestro desempeño en los JJ.OO. y que el Chino haya sido el número uno. Ese es un buen mensaje para los niños: “Si ellos pudieron, yo también”. Cuando empecé a jugar entrenaba todos los días en Villa Alemana porque lo único que quería era ser tenista. Le puse todo y mira lo que logré. Pero así como tú, debe haber millones que quieren hacer lo mismo y solamente llegan muy pocos. Por eso la importancia de la garra y hacer tu propio camino.

-Alejandro Tabilo y Tomás Barrios fueron la sensación del campeonato, ¿qué te pareció su desempeño?

-Están jugando sus primeros torneos ATP y es primera vez que ganaban un partido cada uno en singles y dobles en semifinales. Juegan muy bien y están haciendo una excelente pareja. Tener varios jugadores te permite manejar mucho mejor las opciones. Es un bonito problema para mí.

El grado de locura

Su meta la tiene clara: quiere consolidarse como un entrenador de la elite del tenis. “Me gusta ganar, no me gusta perder. Voy hacer lo que sea por llegar a ser el mejor”, afirma. Hace una pausa, y retoma: “Yo creo que ahí está mi ventaja. A lo mejor tengo un grado de locura que se requiere para tener esta vida, que implica estar solo todo el rato y en constante movimiento. Pero el querer ganar, te lleva a hacer cualquier cosa con tal de lograrlo”, señala.

-¿Te refieres al éxito deportivo?

-Hoy día, sí. Eso no significa que el día de mañana sea distinto. Ahora estoy teniendo menos tiempo para mí, pero en un par de años veré qué sueños cumplí, o si es que quiero formar una familia… no lo sé.

-¿Estás soltero?

-Sí. Siempre he dejado que las cosas salgan solas. Si tengo que estar en pareja, estoy. No me lo pregunto mucho. Vivo el momento y si estoy solo, estoy.

-¿Este es tu momento?

-Sí. La verdad es que estoy feliz, porque 2019 fue un año espectacular gracias a mi trabajo, pero también al talento de Dominique. Tengo una responsabilidad bien grande, porque alguien que está peleando los primeros tres puestos del mundo genera una gran presión. Y si tengo la posibilidad de llevarlo a la cima, espero hacerlo lo más arriba posible.