• 22 febrero, 2011


Si supuestamente el 2011 es “el” año de las grandes reformas, es urgente que el gobierno deje de malgastar su capital político.


Basta de errores no forzados, de cometer autogoles. ¡Hasta cuando! Hay poco tiempo y ya casi pasó un año de gobierno. Un año en el que algunos dicen que es un quinto gobierno de la Concertación; otros aseguran que se ha plasmado un nuevo estilo; hay quienes justifican cualquier cosa y otros que atacan todo lo que se mueve o se dice. Han pasado cosas. Claro que sí. Y no me refiero sólo al terremoto, a los mineros o a la cárcel de San Miguel. Por ejemplo, el ministro de Educación logró un acuerdo inédito, e Interior creó una nueva subsecretaría cuya misión es combatir la delincuencia. Pero también quedan promesas incumplidas: el ingreso ético familiar y el ministerio de Desarrollo Social; el postnatal de seis meses (en este caso mejor no cumplirla, pero hay que pagar el costo político de ello) y una nueva forma de gobernar que genera dudas sobre dónde está lo novedoso…

Así es la política, diría cualquier politólogo. Obvio. Como también lo es la siguiente premisa: un ciclo tradicional de gobierno (4 años) tiene cuatro etapas: un primer año de ajustes, un segundo para las “grandes reformas” y para apretar el acelerador a fondo; luego viene un tercero en que empieza la carrera presidencial en serio y luego, una cuarta etapa, llamada la del pato cojo.

Sin embargo, el que nos preocupa es 2011, porque es el año en que se deben hacer las “grandes cosas” o, al menos, sentar las bases para ellas. Para lograrlo, el gobierno necesita capital político y claridad sobre el Chile que quiere construir. Esto último no está nada de claro: no hay un sueño ni menos un relato; se ha escuchado poco las demandas de los chilenos y, para ser honesto, no creo que cambie esa actitud en el mediano plazo. Pero, aun con un relato vago o borroso, se podrían tener avances. Por eso, volvamos al capital político.

Partió movido el año. El caso de Magallanes, el cambio obligado de gabinete por la renuncia de Ravinet, los sismos en el sur, un helicóptero que nos hizo preguntarnos muchas cosas… Y como si esto fuera poco, en un mes que se supone tranquilo aparece la intendenta de la VIII región con declaraciones complicadas. Enredadas para ella, para su zona y para el gobierno. Entonces comienza la pugna de RN con la UDI, con defensas corporativas. Ahora no son los Ossandón y la aristocracia política contra el resto del mundo, como en el caso de la Junji. Esto se parece más a las peleas que estábamos acostumbrados a ver en la Concertación, con partidos, bloques, aliados y díscolos.

Pensar que luego de esta pugna no habrá caídos, sería pecar de ingenuidad. Aquí habrá heridos y heridas. Y poco a poco todo esto repercutirá en las encuestas, en las confianzas y en el capital político. Algo especialmente complicado en este año, un período durante el cual las cicatrices deben sanar rápido.

Hay que recordar y aprender lo que sucedió con el caso de Raineri y los altos costos que pagó el gobierno. Haber mantenido al ministro de Energía hasta las últimas consecuencias no sólo puso en riesgo la popularidad del gobierno y del presidente. La mala maniobra política, las decisiones de ENAP de las cuales nadie se hizo cargo y el hecho de que ahora el ex ministro sea parte del directorio son simplemente señales de cómo se malgasta el capital político.

La coyuntura energética es compleja. Ya se anunciaron medidas y racionamiento. Pronto viene la discusión del emblemático proyecto de Hidroaysén y con éste, el debate pendiente sobre la matriz energética que queremos tener. ¿Qué pasará? Me atrevo a decir que volverán a aparecer los fantasmas de Barrancones y de las marchas de Magallanes. Y comienza a quedar poco margen de maniobra. ¿Habrá a esas alturas capital político que pueda ser usado? ¿O comenzarán a rodar cabezas rápidamente? ¿O se nos dirá que esto no es parte de las grandes tareas del futuro de Chile?

Por el bien de todos, urge que el gobierno comience a actuar bien. Y eso significa ser transparente, tomar decisiones en el momento adecuado, lograr credibilidad, ser audaz. Recién entonces habrá capital político para poder tener un año 2011 que sea próspero en reformas para la ciudadanía y nuestra democracia.