Por: Natalia Saavedra Ilustración: Ignacio Schiefelbein Frente al Alto Las Condes, un moderno edificio vidriado alberga las oficinas de UCV Televisión. Lejos del puerto, el canal fundado al alero de la Universidad Católica de Valparaíso maneja allí hoy su sede central con una discreta dotación en relación a otros canales. Poco más de 120 personas […]

  • 21 julio, 2016

Por: Natalia Saavedra
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

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Frente al Alto Las Condes, un moderno edificio vidriado alberga las oficinas de UCV Televisión. Lejos del puerto, el canal fundado al alero de la Universidad Católica de Valparaíso maneja allí hoy su sede central con una discreta dotación en relación a otros canales. Poco más de 120 personas son parte del que fuera el primer canal de Chile.

Para llegar ahí, la señal ha atravesado un proceso de reestructuración profunda ya conocido, pero que, además, hoy los pone en un momento clave de su historia: hace un par de meses firmaron un mandato para buscar un socio estratégico para el canal. El deal estaría a cargo del banco de inversiones Bansud.

No se trata de una decisión poco premeditada. De hecho, quienes han participado en el proyecto de la estación creen que llegar a esa conclusión les tomó más tiempo del necesario. Pero esta historia partió ya hace años, cuando el desafío era hacer todo con nada.

Mi primer millón

En 2006, después de 17 años en el cargo, la Universidad Católica de Valparaíso, dueña actualmente del 100% de UCV Televisión, decidió dar un giro en el canal que hasta ese entonces había administrado de manera regional y con una relación estrecha con los fines universitarios. Su presidente hasta ese entonces, Jorge Bornscheuer, daba paso a la constitución de un directorio independiente y a la llegada de profesionales que querían que la señal se administrara de forma lo más independiente posible de la universidad.

Después de una larga carrera en TVN como secretario general, el periodista Enrique Aimone se sumaría como director ejecutivo de UCV. “La consigna para la nueva administración era que la universidad no iba a capitalizar el canal. Que no le iba a poner ni un peso. Para la universidad además era un cacho, porque no tenía nada que ver con su quehacer académico”, recuerda un ex ejecutivo que participó de ese cambio.

Con ese karma, el equipo liderado por Aimone tenía que diseñar un plan que permitiera mudar la identidad del canal de una señal de provincia a un canal nacional. El gran atractivo de la estación era que, pese a que se manejaba desde Valparaíso, su concesión a través del cable se replica en las principales ciudades de Chile (desde La Serena a Coyhaique).

Lo que vino, fue dejar de transmitir contenidos específicos para la Quinta Región. Comenzaron con un noticiero nacional y armaron un modelo que les permitiera sustentarse económicamente.

En 2011 sumaron al editor de Tele13, Jaime Canitrot. De la mano del periodista vino todo un proceso de transformación del área de prensa, un contenido hecho 100% por UCV (la gran mayoría de otros formatos proviene de productoras independientes). El diagnóstico en ese minuto aún era complicado. En sus peaks tenían hasta 2,5 puntos de rating. ¿El perfil? Adultos mayores y de estratos socioeconómicos muy bajos. Cero atractivo para los avisadores.

Había que dar un giro. “Se eliminó una forma de manejar el canal más bien casi de barrio. Por ejemplo, a los noticieros llamaba la gente para opinar. Todo ese contenido voló. Y también vino una reestructuración a nivel de rostros. Se profesionalizó el equipo y con ello se volvió más atractivo para la publicidad”, señala un conocedor.

2012 sería un año histórico. Mientras toda la industria televisiva reportaba pérdidas, UCV multiplicaba casi por cuatro sus ingresos, alcanzando los 3.981 millones de pesos. En 2013, su racha siguió al alza. Todo el equipo de rostros se había renovado. Claudio Elórtegui (periodista e hijo del rector de la PUCV) sale de pantalla y en su reemplazo se suman Rayén Araya, Eduardo Riveros, Carlos Franco, Gabriela Núñez y Mónica Sanhueza. “Era un staff fresco que logró peaks de hasta cinco puntos de rating”, añade una fuente.

Sumaron otros hitos, como mudarse de un pequeño departamento que tenían en el edificio del mall Panorámico, donde transmitían literalmente del balcón, a nuevas oficinas frente al Alto Las Condes. Todo parecía brillar.

Viejas costumbres

Nadie se acuerda bien si fue la arremetida de las teleseries turcas, la caída generalizada de los ingresos de los canales de televisión o la fuerte capitalización que grandes empresarios (como Andrónico Luksic en el 13 y Carlos Heller en Mega) hicieron en otros canales, lo que puso a UCV nuevamente en un pie complejo. El avisaje comenzó a caer y, además, se abrieron otros frentes.

Nuevos cambios en el directorio del canal dejaron a Fernando Castillo Salfate, un cercano a la Universidad Católica de Valparaíso, como su presidente. “Pese a la búsqueda de independencia, ese cambio generó nuevamente problemas en cómo se administraba la estación. Lo manejaban la universidad, la Iglesia y los profesionales. Con ese cambio, se volvió a sentir esa confusión”, señala un conocedor.

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Actualmente, el resto de la mesa la completa el ex ministro de Transportes, Germán Correa; el ex presidente de la ABIF, Jorge Awad; el director de la Escuela de Ingeniería Eléctrica de la Católica de Valparaíso, Paulino Alonso, y el ex presidente de Endesa, Mario Valcarce.

UCV comenzó una etapa de importantes inversiones. Gastó casi todas sus utilidades, no sólo en mantenerse, sino en readecuar sus equipos tecnológicos que estaban obsoletos. “Salíamos a reportear con cinta, algo que ya no hacia ningún canal. Además, la señal era de mala calidad”, recuerda un trabajador. Pero restaba aún la digitalización de la señal. El mensaje de sus dueños seguía siendo: no pondremos más capital.

Salieron al mercado. Y con varias opciones, como leasing, leasback y otras formas de endeudamiento, adecuaron su proyecto para ser HD.

¿Qué hacemos ahora? Ésa fue la pregunta que empezó a rondar por los pasillos del canal. “El canal se endeudó siempre con la meta de que luego entraran capitales frescos. Eso era además una promesa de la universidad que no llegaba nunca”, dice una fuente. Junto con ello, en 2014 comenzó el alejamiento del equipo que conformaba la savia nueva de la señal. Se fueron Rayén Araya, Mónica Sanhueza, luego salió Jaime Canitrot y a inicios de 2015, Carlos Franco. Justo cuando el canal era reconocido con dos premios Apes por su labor informativa.

2015, aseguran fuentes cercanas, fue un año de introspección y de aguantar la embestida. El canal trató de mostrarse fuerte, pero la realidad evidenció la estrechez del escenario. Según información entregada a la Superintendencia de Valores y Seguros (SVS), UCV Televisión reportó el último año una ganancia anual de 76 millones de pesos. Pese a que revirtieron las pérdidas de 2014, no era plata suficiente. El mismo director ejecutivo de la señal, Enrique Aimone, reconoció en una entrevista en el Diario Financiero el año pasado, que su desafío era cómo definir la próxima oleada de inversiones en materia de la televisión digital.

Si bien UCV tiene señal en las principales ciudades de Chile, los cambios a la ley implicarán que los canales estén obligados a llegar a todo el territorio nacional. Eso los obligará a un gasto estimado en torno al millón de dólares al año por canal. “Para nosotros, que somos uno de los más chicos, se hace aún más difícil la supervivencia”, dijo Aimone a DF el año pasado, apuntando a que antes de 2016 debía estar definido su futuro.

En sus últimos estados financieros, en tanto, UCV señaló que “se observan mayores gastos financieros como consecuencia del endeudamiento asociado a la ejecución de un intenso programa de inversiones tecnológicas y de infraestructura ejecutado desde 2010, y que, en especial durante los últimos años, culminó con la digitalización total de la primera etapa en la línea de captura, producción, almacenamiento y transmisión de contenidos”.

Cómo y cuándo

Cercanos a la universidad dicen que es una decisión tomada: hace algunas semanas se firmó el mandato para buscar un socio para el canal. El directorio está de acuerdo en que abrir su propiedad es el único camino para el futuro. Pero no a cualquier costo. No están desesperados. Algunas de las definiciones son, primero, que el socio sea idóneo y que les permita tener una convivencia armoniosa, similar a lo que el Canal 13 ha hecho con su par santiaguino. Pese a que aún no se reciben ofertas a firme, y que el proceso se encuentra en una revisión de todos los antecedentes por parte del banco de inversión contratado, fuentes del mercado estiman que el valor total de la estación podría rondar los seis o siete millones de dólares.

Las condiciones de la universidad están claras: quienes estén interesados en la propiedad, no podrán acceder a la marca UCV TV, eso no será parte de ninguna negociación.

“Lo que quiere hacer la universidad es mantenerse en una señal alternativa para el desarrollo de todo su proyecto universitario. Ahora la acreditación le da un plus muy importante a la vinculación con el medio y por eso quieren mantener una señal alternativa con un fin académico”, asegura un conocedor.

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Junto con ese requisito, es clave que el socio –que tendría participación mayoritaria– cuente con un proyecto razonable. “No le van a vender a un canal de adultos, por ejemplo”, añade la misma fuente. De hecho, algunos de los desacuerdos entre la universidad y la actual administración han estado dados por los contenidos de programas facilitados por productoras externas.

Pese a que UCV TV se encuentra estable en sus finanzas, la idea preliminar sería cerrar el deal antes de que termine el 2016.

La venta de radio UCV, también parte del holding, sería algo que está por definirse. Por su fuerte identidad regional, es probable que la universidad decida no incluirla en el paquete.

¿A quién podría interesarle el canal? Expertos del mercado señalan que debido a que el precio estimado es bastante accesible y a que la base tecnológica del canal es buena, tendría sentido que se venda a un grupo que quiera desarrollar una propuesta multiplataforma.

En qué se convertirá UCV, por ahora, es un misterio. Lo claro es que sí o sí, el antiguo barco de puerto cambiará de ruta con miras a navegar con vientos más favorables. •••