Las cartas sobre la mesa. Mientras autoridades de gobierno apoyan abiertamente la construcción de grandes y polémicas centrales de energía, los grupos ambientalistas afinan renovadas campañas a favor de nuevas tecnologías. Lo que pasa, advierten los entendidos, es que la situación no da para más: no sólo estamos pagando caro por la electricidad, sino que es posible que nos quedemos a oscuras. Por Alfonso Peró. Fotos: Verónica Ortiz.

  • 16 noviembre, 2010

 

Las cartas sobre la mesa. Mientras autoridades de gobierno apoyan abiertamente la construcción de grandes y polémicas centrales de energía, los grupos ambientalistas afinan renovadas campañas a favor de nuevas tecnologías. Lo que pasa, advierten los entendidos, es que la situación no da para más: no sólo estamos pagando caro por la electricidad, sino que es posible que nos quedemos a oscuras. Por Alfonso Peró. Ilustración, Ignacio Schiefelbein.

 

El abastecimiento energético aparece como un asunto prioritario y estratégico para este gobierno y sus antecesores. Era que no, si en los últimos 15 años Chile ha enfrentado dos crisis energéticas. La primera ocurrió tras la sequía de fines de los 90 –la peor en 40 años– e implicó racionamiento eléctrico con costos directos en el PIB. La segunda, en 2004, cuando el gobierno argentino nos cortó el gas. Ahora las cosas no están mucho mejor. Y para muestra, un botón: el propio presidente Sebastián Piñera ha advertido sobre el costo marginal de la energía, que promediaría los 130 dólares el MWH (el segundo más alto de la región y, para que tenga una idea del efecto en la competitividad, muy lejos de los 40 dólares que cancelan los empresarios peruanos en su país).

Para el ministro de Economía, Juan Andrés Fontaine, “este factor es un obstáculo para el crecimiento económico y la productividad y sólo puede resolverse con mayor inversión en el área. Estamos trabajando para eliminar cuellos de botella en las autorizaciones de los proyectos, de manera de tener muy pronto una matriz energética que permita reducir el costo de la energía”, dijo al programa Ciudad Capital (95.3 FM). Más o menos comprendida por la comunidad, esa es justamente la labor que por estos días tiene de cabeza al ministro de Energía, Ricardo Raineri, al punto de hacer pública la necesidad de resolver cuanto antes proyectos emblemáticos como Hidroaysén (con sus 2.750 MW) y la central térmica Castilla (2.100 MW), la misma que acaba de recibir una suerte de golpe letal por parte de la Corte Suprema al ratificr su carácter “contaminante”.

Tiempo para las energías limpias, dirán algunos. Pero el dilema no es tan simple. Primero, están los precios: el costo medio de la energía producida por una hidroeléctrica ronda los 40 dólares el MWH; la termoeléctrica se empina hasta los 90; las fuentes no convencionales bordean los 120, más o menos similar al uso del Gas Natural Licuado (GNL) como suministro, mientras que el diésel –dada el alza de este combustible a nivel global– puede alcanzar los 180 dólares. Segundo, está la seguridad del suministro, materia frente a la cual algunas de las alternativas renovables no convencionales se quedan cortas.

En resumen, aunque la capacidad instalada y los proyectos ya en construcción garantizan un suministro más o menos asegurado hasta 2014, hay dos elementos que llenan de incertidumbre el panorama posterior: el mencionado factor precio y su impacto sobre la competitividad, a lo que se suma la imperiosa necesidad de tomar ahora decisiones respecto a proyectos grandes –como el mismo Hidroaysén– para que estén operativos cuando el crecimiento del 6% anual del PIB así lo exija.

¿Laguna energética?

En estas aguas navega Raineri: entre la necesidad de enfrentar el alza de precios y de favorecer la aprobación de proyectos sin que se vulneren normativas ambientales ni que la opinión pública cargue en su contra. Porque con la experiencia Barrancones, en La Moneda confiesan que ya tuvieron suficiente.

Ello explica que, a fines de octubre, el ministro saliera con todo a respaldar por la prensa iniciativas ambientalmente polémicas. Había que tantear terreno. Las declaraciones fueron bien recibidas por una industria que ve con preocupación la provisión de energía entre 2014 y 2016, un período que incluso catalogan de “laguna energética”. Raineri no es tan pesimista: “no hablaría de laguna energética, porque hay una cantidad importante de proyectos que deberían declararse en construcción para llenar la matriz eléctrica a partir de 2014”. Pero el sector privado replica: esta laguna se provocaría no sólo por la falta de demanda por contratos de suministro, sino también porque se necesita doblar la cantidad de megas y transportarlos a lo largo de Chile, lo que implica un sistema reforzado de transmisión, o uno nuevo. Según expertos, “para tener eso desarrollado, la fecha más temprana es julio de 2016”.

Las proyecciones más conservadoras del ministerio de Energía indican que se necesita agregar mil MW en promedio entre 2010-2020, si consideramos un crecimiento de la matriz promedio de 5,5% y un complemento importante en eficiencia energética. De ese total, hoy contamos 2.500 MW que ya están en plena etapa de construcción, por lo que faltan alrededor de 8 mil MW que deben estar instalados y en funcionamiento entre 2014 y 2020.

Desde la academia, señalan que se han caído proyectos por razones no necesariamente técnicas. “Los proyectos energéticos pasan por un Estudio de Impacto Ambiental (EIA), el cual –al menos, para las centrales térmicas– tarda sobre 250 días. A eso tenemos que agregar el tiempo de construcción, que bordea los 3 años. Y no hay ninguno que empiece a construirse luego. En centrales hídricas, el único proyecto grande es Alto Maipo que, si no tiene problemas, debería estar operando a partir de 2015-2016. Pero no hay más”.

"En toda esta discusión veo una gran preocupación por el hombre", dice Daniel Fernández, vice presidente ejecutivo de Hidroaysén.

Si el foco de una posible laguna energética radica en la oferta, la solución es clara: aumentarla a bajo precio. La hidroelectricidad surge como una buena opción ya que sus costos están entre los 40 y 50 dólares el MWH. Pero según constatan desde las principales empresas generadoras, “construir una central es cada vez más difícil. Sorprendentemente el mundo ambientalista va contra este tipo de generación”. Por eso, el gobierno está enfocado en darle mayor claridad a los inversionistas, apostando a que los servicios que participan en el EIA (Evaluación de Impacto Ambiental), sean los con mayores competencias técnicas.

Otra alternativa es la termoelectricidad a carbón, con exigencias ambientales que ubican a nuestro país al nivel –o por sobre, reclaman en el sector- de Europa. En este caso, a la ventaja de precio se suma una seguridad de suministro con la que ni siquiera el agua puede competir.

Así las cosas, la tarea del ministro Raineri no es nada fácil. Debe lidiar contra las presiones ciudadanas, sabiendo que su ministerio y decisiones tendrán un rol importante en el desarrollo económico del país. Como reconoce un alto ejecutivo del rubro eléctrico, “la pega que el ministro está haciendo hoy es para 2017-2018. En el fondo, prefiere exigir lo políticamente incorrecto a quedarse callado y ver un racionamiento energético en 6 u 8 años”.

Verdes versus industriales

El próximo objetivo de las ONG y grupos ambientalistas se llama Cruz Grande, la central que la acerera CAP quiere levantar a unos 5 kilómetros del lugar donde alguna vez la francesa Suez pretendió instalar Barrancones. “El gobierno no puede rechazar un proyecto y apoyar a otro que está a 5 kilómetros”, advierte un opositor, y hasta la misma directora de Sernatur reconoce que a esa distancia todavía estamos haciendo referencia a una zona única y privilegiada.

La satanización de las centrales térmicas es un estigma con el cual los generadores deben lidiar día a día. Los proyectos térmicos se encarecen no sólo por efecto de una ciudadanía que exige mayores compensaciones, sino también por el efecto de las vías legales. Se espera que próximamente la aprobación de una ley de emisiones que aumentará entre un 3% y un 5% los costos de estas centrales. En la industria, aunque reclamen en público, lo asumen como parte de la necesidad y, por lo mismo, de la inversión.

Y así como el ministro Raineri optó por revelar sus cartas, entre los ambientalistas también preparan su artillería. En enero de 2011, un conjunto de ONG iniciará una renovada campaña a favor de la energía limpia. Así, señalan, lo suyo ya no es sólo oponerse a Hidroaysén o Castilla –nombres que se repiten hasta el cansancio si de ejemplos se trata– sino de impulsar el desarrollo de energías renovables.

Pero el vice presidente ejecutivo de Hidroaysén, Daniel Fernández, percibe contradicciones en estos planteamientos. “Estuvimos todo el invierno con Nueva Renca operando a diésel en una ciudad de 6 millones de habitantes. En toda esta discusión veo una gran preocupación por la naturaleza y muy poca preocupación por el hombre. Se intenta bloquear un proyecto porque afecta a un cierto paisaje y no se levantan voces contra emisiones diésel en una zona densamente poblada. Las ONG se oponen a ciertos proyectos –a Hidroaysén sí, pero no a las termoeléctricas– y además están fi nanciadas desde el extranjero con una de las campañas más grandes que se hayan habido”, reclama el ex TVN.

El debate por las ERNC

La aspiración del gobierno es llegar a 2020 con un 20% de la matriz renovable. A la fecha, “menos del 2% de la matriz es renovable y si seguimos con la ley actual, para 2015 con suerte llegaríamos al 5%. Pero si hacemos cambios mínimos, el escenario puede mejorar. Por ejemplo, la ley se aplica a contratos firmados después de agosto de 2007. Por lo tanto, si hoy se exige que el 5% de la matriz sea renovable, en la práctica es sólo el 0,97%. Otro cambio: ¿por qué las ERNC están indexadas de acuerdo a los precios de los combustibles fósiles, cuando no los necesitan ni los compran? Estos detalles hacen que las renovables no compitan con los grandes generadores”, señala Alex Muñoz, director ejecutivo de la ONG Oceana. Un proyecto de ley presentado por los senadores Antonio Horvath, Jaime Orpiz, Isabel Allende, José Antonio Gómez y Ximena Rincón pretende corregir este aspecto.

Raineri también tiene algo que decir en la materia. El ministro pretende que “todos los proyectos de ERNC, independiente de donde se encuentren, puedan ser aprovechados para acreditar el cumplimiento de la ley. Por ejemplo, el parque eólico de Methanex –inaugurado hace dos semanas y que tiene un factor de planta de 50%– no puede ser usado para acreditar energías renovables, de acuerdo a la ley, porque no está conectado al sistema eléctrico. Otro caso se dará con la geotermia, cuya central estará en la cordillera y, eventualmente, conectará directamente a una mina. Es importante abrir este mercado”.

Desde la industria también tienen su opinión. Según una alta fuente, “en Chile, la matriz de base renovable no convencional debiera estar entre un 5% y un 10%, y no más. Al 20/20 no se llega, a menos que se considere en esta categoría a las centrales hidroeléctricas de pasada sin importar la cantidad de MW que generen”. La ley actual establece que minicentrales que generan 20MW entran en un 100% en la categoría ERNC, un reconocimiento que decrece hasta llegar a los 40MW.

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Ricardo Rainieri
El momento es ahora

-¿Son necesarios los grandes proyectos para que el precio de la energía baje?

– Los proyectos de las características de Castilla e Hidroaysén son eficientes desde el punto de vista eléctrico. Permiten un desarrollo en el mediano y largo plazo, con precios competitivos. Hoy, los precios de la energía en Chile son relativamente altos y ello atenta contra el crecimiento económico y las ganancias de productividad, y nuestra meta de transformar a Chile en un país desarrollado.

-¿Cuándo se debe decidir qué matriz queremos y poner en marcha ese plan?

-El momento es ahora. Vamos a hacer todos los esfuerzos posibles.

-¿En qué consisten esos esfuerzos?

-El país crecerá al 6% en forma sostenida por los próximos años y eso, como ministerio de Energía, nos impone grandes metas. No podemos permitir que el desafío energético se transforme en el cuello de botella que frene el crecimiento económico. Todo lo contrario, queremos que el sector energético sea el carro que empuje el crecimiento de la economía.

-¿Cuales son los cuellos de botella del rubro?

-Tenemos varios. Uno de ellos es la percepción ciudadana sobre determinados proyectos, que muchas veces está influenciada por grupos organizados que generan bastante publicidad. Hoy, con tecnología moderna se mitigan de manera bastante eficiente las emisiones.

-El gobierno pretende reducir en un 20% la tasa de crecimiento de las emisiones para 2020. ¿Cuáles son las medidas que se están implementando para lograrlo?

-Medidas de eficiencia energética y desarrollo de ERNC. También, forestación. Todas apuntan a disminuir o a capturar emisiones de CO2. Más de un 50% de los objetivos que plantea la Agencia Internacional de la Energía para frenar la temperatura del planeta se logra a través de políticas de eficiencia energética como, por ejemplo, mejorar la aislación térmica, los estándares de construcción, iluminación publica, información respecto de los productos que compran los usuarios. Para ello, estamos trabajando en etiquetas de eficiencia energéticas para vehículos nuevos. También apoyaremos a la industria con auditorías energéticas. A la vez, están el impulso a las ERNC y la norma de reducción de emisiones de las centrales termoeléctricas.

-Las centrales de pasada que generan menos de 20MW son ERNC y las que generan más no lo son. ¿Por qué?

-Queremos que la definición de centrales de pasada sea revisada para no generar incentivos perversos en términos de mal usar recursos hídricos y ampliar su definición. No deja de ser curioso que las centrales La Higuera y la Confluencia -proyectos que vendieron bonos de carbono en los mercados internacionales- no acrediten energía renovable en Chile.

-¿La idea es aumentar el límite?

-La idea es que proyectos con esas características, por lo menos en un porcentaje de su capacidad, sean reconocidos como ERNC. Se dan situaciones curiosas, como que un proyecto eléctrico de 50 MW convenga hacerlo más pequeño únicamente para acceder a ese atributo verde.

-¿Es competitivo el mercado generador chileno?

-Su competitividad depende de la competitividad de los proyectos que están ad portas de desarrollarse. El ministerio quiere que esa matriz sea lo más amplia posible. Pero, ¿cómo se introduce competitividad al sistema? Uno, con la participación de nuevos actores. Y están ingresando al sistema eléctrico chileno, como Tinguiririca Energía, que acaba de poner en marcha una central de 300 MW. Otro actor es Suez, que está buscando cómo poder ingresar al SIC. Evidentemente, más actores incentivan la competitividad. Pero creo que en el mercado chileno, la competitividad está dada por la adjudicación de los contratos de suministro, y para que eso ocurra es fundamental que exista un número variado de proyectos con RCA que ojalá dependan de actores diversos.

-¿Por qué Chile ostenta los segundos precios de la energía más caros de América?

-Estamos viviendo una situación excepcional, en la que los contratos están indexados al costo marginal de la energía y, como nos tocó un año seco, hemos enfrentado una situación en que, en el invierno, un 20% de la generación fue diésel. Nosotros no deberíamos tener una generación base a diesel. Esto generó un aumento en los costos de suministro.

-¿Cuáles son las proyecciones de precio que ustedes tienen?

-Las proyecciones surgen a raíz del plan de obras que elabora la CNE. Si los proyectos en construcción terminan exitosamente sus obras, los costos de la energía deberían caer a precios cercanos a los 80 o 90 dólares hacia el año 2014.

-¿Qué tiene que pasar entre el 2010-2014 para que baje el precio?

-Para que caigan los precios tenemos que incorporar los proyectos que ya están en construcción. Ese es un dato. Tenemos certeza del 90% de los proyectos que van a llenar la matriz hacia fines del gobierno del presidente Piñera, salvo que ocurra algo excepcional. Lo que nos falta son los grandes proyectos, por los que nos vamos a jugar desde 2014 en adelante. Hay varios proyectos mini hídricos renovables que aportan bastantes megas, pero igual subsiste una bolsa amplia con espacio para llenarla de proyectos grandes.

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Alex Muñoz
Continuaremos nuestra campaña

-¿Cómo sigue la campaña en contra de los grandes proyectos de generación?

-Continuaremos con nuestra campaña para oponernos a centrales termoeléctricas, especialmente las ubicadas en lugares sensibles en términos ecológicos. Castilla es uno de esos. Además, nos interesa que ciertos lugares saturados de contaminación no sigan aumentando su capacidad instalada en base a carbón termo. Me refiero a Ventanas, Huasco y Coronel. Junto con oponernos, asumimos el desafío de proponerle al país una nueva forma de generación para contar con la energía necesaria, pero con costos ambientales menores y conservando un precio de la energía abordable para la población. Nos hemos propuesto tener una actitud constructiva para que este discurso se vuelva realidad en la práctica. Nosotros nos movemos en distintos planos; entre ellos, el científico, el político, el legal y el comunicacional. Todas esas herramientas van a estar al servicio de esta gran campaña que queremos convocar para lograr estos objetivos de tener una matriz más limpia para Chile.

-¿Tiene nombre esa campaña?

-Campaña para la energía limpia.

-¿Cuándo la lanzan?

-En enero.

-¿Qué les parece la ley de energías renovables?

-Es necesario modificarla. Queremos que a 2020 el 20% de la matriz energética sea efectiva. Actualmente existen 2 mil MW de ERNC con RCA.

-Pero, ¿quién compra el suministro?

-Acá está fallando un modelo de negocios que hace que estas inversiones no sean rentables. Por ejemplo, si se cambia la ley de ERNC se modifica el modelo de negocio y es posible hacerlo rentable en dos años.

-¿Dentro de las ERNC incluyen geotermia, eólica y solar. ¿Tienen a las hidroeléctricas de pasada que generen más de 20 MW?

-Las centrales de pasada deben ser miradas con cuidado desde el punto de vista de la planificación territorial y, si bien traen beneficios, como las bajas emisiones de CO2, pueden tener un alto impacto ambiental si son localizadas en lugares incorrectos.

-El presidente Piñera señaló que el precio de la energía al final de su mandato estará en 80 dólares el MWH. Hoy está en 130, ¿cómo se baja el precio?

-No existe razón para que Chile tenga precios tan altos. Hay que examinar si estamos creando un modelo de negocios para los grandes generadores en desmedro de los consumidores. Nos parece que el sector minero -que explica el 90% del consumo del SING- debe hacer una contribución mayor, no sólo pagando más de lo actual, sino también haciendo inversiones en ERNC acordes a los altos precios del cobre. No podemos tener una industria de primer mundo, como la del cobre, con una generación de energía del tercer mundo en base a combustión de carbón. Para mí, esa es la diferencia entre ser un país desarrollado y ser un país con plata.

-La eficiencia energética es otro factor relevante al momento de pensar una matriz.

-Debemos optimizar nuestros procesos productivos. Una solución concreta es tener fuentes de energía a menor distancia de los grandes centros de consumo. Si generamos en Aysén y después tenemos que transmitir la energía por más de 2 mil kilómetros para que sea utilizada, con la sola transmisión se pierde energía. Otra medida es incorporar el modelo net metering. Esto implica que se le da la opción a los hogares de incorporar pequeñas formas de generación eléctrica, como paneles solares, y que puedan usar esa energía para su casa e inyectar los excedentes a la matriz.