Y si ya estamos hablando de diseño, otra buena iniciativa y un entretenido panorama para todos los que van a esperar a llegada del 2009 en Estados Unidos es el recién reinaugurado Museo de las Artes Decorativas (MAD) de Nueva York. Se trata de un gran centro de arte y el más importante de todo […]

  • 23 diciembre, 2008

Y si ya estamos hablando de diseño, otra buena iniciativa y un entretenido panorama para todos los que van a esperar a llegada del 2009 en Estados Unidos es el recién reinaugurado Museo de las Artes Decorativas (MAD) de Nueva York. Se trata de un gran centro de arte y el más importante de todo ese país dedicado exclusivamente a exhibiciones de diseño y artes manuales. Aquí no es raro ver espectaculares muestras de sillas –cada una más original que la otra– lámparas de última generación, diferentes mobiliarios hechos con los materiales más extraordinarios o joyas fabricadas a mano, por nombrar algunos ejemplos.

Después de meses de remodelaciones y varias licitaciones de arquitectos, finalmente abrió sus puertas al público en el edificio número 2 de Columbus Circle. Sin lugar a dudas la espera fue larga y no estuvo exenta de polémicas, pero ahora, con el resultado a la vista, los neoyorquinos confiesan estar felices y orgullosos de contar con este espacio en lo mejor de Manhattan.

Creado por el arquitecto Brad Cloepfil, este proyecto cuenta con muchas ventajas y mejoras que la antigua sede no tenía, partiendo por la doble cantidad de metros cuadrados que pretenden recibir a más de 500 mil visitas al año, una colección permanente, estudios para tres artistas residentes, un auditorio con 155 sillas y todo tipo de programas educacionales. Una de las exposiciones que estará hasta febrero de 2009 es Second Lives: Remixing the Ordinary, donde 50 artistas emergentes y consagrados crearon un objeto o una instalación reutilizando productos comunes y corrientes y de producción masiva, como anteojos, carretes de hilos, monedas de 25 centavos, discos de vinilo, zapatos, guías de teléfono y más, con la idea de valorar el proceso creativo a través del cual se reinventan estos elementos y, también, analizar el paso de lo ordinario a lo extraordinario, revaluando su valor y su funcionalidad.