Nueve meses. Es casi como tener un hijo. Hay mareos, accidentes, temores de pérdidas y muuucha adrenalina. Eso es lo que combina la regata más larga y más extreme que se conozca en el mundo hasta ahora. La Volvo Ocean Race comenzó a correrse el 29 de octubre del año pasado y, mientras escribo estas líneas, esos valientes (por no decir locos) tripulantes de los cinco botes en competencia aún están en plena alta mar enfrentando las inclemencias del tiempo, bañándose en agua salada mientras realizan complicadísimas maniobras, durmiendo en cabinas mínimas y también, hay que decirlo, disfrutando de increíbles amaneceres en la inmensidad del océano.

  • 24 mayo, 2012

Nueve meses. Es casi como tener un hijo. Hay mareos, accidentes, temores de pérdidas y muuucha adrenalina. Eso es lo que combina la regata más larga y más extreme que se conozca en el mundo hasta ahora. La Volvo Ocean Race comenzó a correrse el 29 de octubre del año pasado y, mientras escribo estas líneas, esos valientes (por no decir locos) tripulantes de los cinco botes en competencia aún están en plena alta mar enfrentando las inclemencias del tiempo, bañándose en agua salada mientras realizan complicadísimas maniobras, durmiendo en cabinas mínimas y también, hay que decirlo, disfrutando de increíbles amaneceres en la inmensidad del océano.

Son pocos los que tienen el privilegio de conocer de cerca el mundo de la vela. Pero fui una de las afortunadas. Con un grupo de chilenos, muchos de ellos amantes de este deporte, fui testigo de esta particular competencia.

La invitación fue de Ditec Automóviles, a través de su marca Volvo. Algunos de sus clientes más fieles y un reducido grupo de representantes de la prensa tuvimos la oportunidad de observar de cerca, y bien de cerca, esta carrera por el mar. La cita fue en Itajai, un pequeño puerto en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil.

Hasta allá llegaron cinco de los seis equipos en competencia provenientes desde Nueva Zelanda. El Sanya enfrentó problemas en el camino por lo que no pudo completar la etapa y tuvo que ser enviado a refaccionar directamente a Miami, donde se cierra la etapa 6 de la competencia. Pero el Puma, el Telefónica, el Camper, el Groupama y el Abu Dhabi pelearon hasta el final para alcanzar los primeros lugares. De hecho, los dos primeros completaron la etapa 5 desde Nueva Zelanda a Brasil con sólo 12 minutos de diferencia; literalmente, mirándose las caras. Algo casi inédito, considerando que llevaban 19 días de navegación en el cuerpo.

Pero todo lo relacionado con la vela era sólo parte de la invitación. Como telón de fondo estaba Florianópolis, la ciudad donde alojamos, con sus playas de arena blanca, exquisita comida, agua de coco y caipiriñas. Y un grupo humano de primera, que desde el primer día demostró sus ganas de pasarlo bien y su buen humor a toda prueba, pese a que, por lo menos hasta el inicio del viaje, casi ninguno se conocía.

La tormenta perfecta
El sábado 21 partimos temprano desde Florianópolis rumbo a Itajai. La misión era presenciar en vivo y en directo la regata in port, o regata costera. Se trata de una pequeña carrera de una hora de duración en la que los botes pasan por diferentes boyas y en la que los equipos deben demostrar concentración y consistencia para sumar seis preciados puntos a la carrera. Nuestros anfitriones nos hicieron trepar en el Piratas del Caribe, un barco de turismo desde el cual, junto a un delicioso almuerzo, pudimos seguir de cerca todas las peripecias de la competencia. La aventura fue más extrema de lo que imaginamos. Si al principio había dudas sobre si el viento sería suficiente para impulsar a los veleros, justo al partir la carrera una lluvia torrencial –acompañada de un fuerte viento, por cierto– nos dejó a todos empapados. En todo caso, en nuestro kit de superviviencia, facilitado por Volvo, teníamos a mano unos ponchos plásticos que salvaron la jornada y nos dejaron disfrutar de la regata, que tuvo harto que contar. El Puma partió con ventaja, fue sancionado y perdió un valioso tiempo y el Telefónica, que estuvo a la delantera casi toda la carrera, cometió un error imperdonable al final y giró antes de tiempo. Así quedó al final de la competencia y el Groupama se coronó campeón de la jornada.

Felices, mojados y cansados volvimos al hotel en Florianópolis para descansar y prepararnos para la gran noche que Volvo nos había preparado.

Terminamos el viaje en un entretenido bar junto a la playa, con exquisita comida y música, donde comentamos las anécdotas de la jornada y más de alguno sorprendió con sus dotes para el baile.