Director Revista Capital

Una de las imágenes más estremecedoras que una de nuestras entrevistadas en esta edición verde de Capital, Sylvia Earle, esboza en su documental Mission Blue, donde reclama acciones urgentes para salvar la vida de los océanos, es una en que insta a los espectadores a imaginar que bajo la superficie del mar no hay nada, salvo un gran abismo oscuro de agua muerta.

La idea es perturbadora y difícil de asir. Y no lo es sólo porque la ciencia tenga sólidamente establecida la asociación agua-vida, sino que también porque este vínculo es más que una noción intelectual, es una convicción arraigada en nuestras entrañas. Cuesta pensar que la fuente original de la vida, el refugio que la ha albergado cuando la Tierra ha sido sometida a catástrofes de alcance planetario, pueda llegar a ser solamente una sustancia inerte, una densidad que sacude rítmicamente la costra terrestre en forma vana, pese a que el cosmos provea las condicione de luz y calor adecuadas para la vida.

Esa imagen, que hemos calificado de estremecedora y perturbadora, lo es doblemente si se piensa que la amenaza de infertilidad de los océanos surgiría de la acción esterilizadora de lo que, sin duda, es su obra maestra: el ser humano. Usado como vertedero por siglos, explotado hasta el límite del colapso, en la confianza de que su vastedad sería invencible, hoy la evidencia científica muestra que la humanidad está cerca de lograr lo que parecía imposible: doblarle la mano a los océanos, someterlos mortalmente.

Hasta ahora la urgencia ambiental ha sido la atmósfera, la polución y la temperatura del planeta, pero ésas no son las únicas luces de alerta encendidas. Hoy hay una nueva alerta roja encendida: la alerta azul. Por eso hemos querido concederle una presencia especial a la preocupación por los océanos en ésta, nuestra edición anual destinada a contenidos verdes (ambientales y de sustentabilidad).

Fuente fundamental de oxígeno, cámara de compensación de la temperatura del planeta, matriz desde la cual emana el manantial hídrico que irriga todas las formas de vida, reserva alimenticia, el océano (los océanos) debe escalar urgentemente en la lista de urgencias y prioridades ambientales. Eso es lo que se espera ocurra en pocas semana sen la Conferencia de Naciones Unidas sobre Cambio Climático en París (COP21), un encuentro clave y que debe ser relevado con mayor énfasis en Chile, país con una condición marítima indiscutible y que debe aspirar a ser agente activo en la senda de rescate de los océanos que esperamos la humanidad comience a recorrer a partir de esta cumbre. •••