“Como lo confirman todos los datos que entregan las encuestas, de lo que dio cuenta Roberto Izikson en su exposición, la crisis de confianza, de credibilidad en las instituciones que se ha ido instalando en Chile, parece ser un fenómeno tan cierto, como preocupante. Frente a este fenómeno, mucho se ha dicho que no estamos […]

  • 12 noviembre, 2015

blanca-arthur

“Como lo confirman todos los datos que entregan las encuestas, de lo que dio cuenta Roberto Izikson en su exposición, la crisis de confianza, de credibilidad en las instituciones que se ha ido instalando en Chile, parece ser un fenómeno tan cierto, como preocupante.

Frente a este fenómeno, mucho se ha dicho que no estamos frente a una crisis institucional, porque las instituciones siguen funcionando, lo que es cierto, pero se trata de instituciones que están tan debilitadas, lo que al final puede representar un riesgo para la democracia si consideramos que la confianza debe ser el gran sostén de ésta.

Más allá de las causas de esta crisis, me parece que existe consenso en cuanto a que un momento clave en su agudización se produjo este año con los escándalos de las platas políticas, donde lo más grave me parece que fue el caso Caval, porque afectó la confianza en la principal institución del país, como es la Presidencia de la República.

En un escenario en que la ciudadanía no confía ni siquiera en la primera autoridad del país, a lo que se suma la desconfianza completa en las autoridades que tienen como misión representar a esa ciudadanía, como son los partidos, o el Congreso, el panorama no parece alentador.

Lo que resulta inquietante es que existiendo un diagnóstico claro y compartido de esta realidad, que lo sepan y lo asuman los propios afectados y que incluso intenten hacer esfuerzos para tratar de revertirlo, esto no se logra, porque al final no han podido conectar con el desencanto que existe hacia ellos.

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El problema que percibo de todo esto, es que se trata de un fenómeno que puede ir horadando la democracia por el desinterés de la población, a la que no me parece que le inquiete, sino que, por el contrario, se siente interpretada por el descrédito de las elites.

Pienso que esta realidad podría tener efectos que preocupan, como que en las próximas elecciones esa ciudadanía desconfiada decida simplemente no votar. Es una inquietud generalizada que en las actuales circunstancias, la abstención, con voto voluntario, puede llegar a cifras impensadas, frente a lo cual no veo que los políticos puedan tener ofertas que lo impidan.

Creo que las próximas elecciones serán la expresión del castigo a las elites, a las autoridades, a lo que ellas representan, con el consiguiente efecto para la democracia”.  •••