Por: Francisco Orrego B, Abogado y director de empresas

  • 30 enero, 2020

El caso de las irregularidades -y posible estafa- en la contratación de seguros de Codelco, que involucra la participación de dirigentes sindicales y de dos empresas privadas, una de ellas una transnacional de seguros, se está convirtiendo en una verdadera caja de sorpresas. Desde el punto de vista judicial y regulatorio el caso presenta una serie de interrogantes sobre la responsabilidad de los directorios de las empresas involucradas.

En el caso de la empresa estatal, no deja de llamar la atención que hubieran existido indicios de irregularidades desde hace tres años, según se reconociera en el marco de una Comisión Investigadora de la Cámara de Diputados, y que solo se haya iniciado una investigación a partir de una denuncia anónima. ¿Por qué esos “indicios” no escalaron al directorio o a su comité de auditoría? ¿Qué pasó con los sistemas de control interno de Codelco?

Por otra parte, según declarara su máximo ejecutivo en dicha instancia, las medidas y acciones de control que el directorio de Codelco ha venido impulsando en el último tiempo, deberían traducirse en la aparición de más casos de irregularidades. Aunque a primera vista el fortalecimiento de los sistemas de control -y el ejercicio de las acciones legales pertinentes- deben ser reconocidos como acertados, resulta más preocupante saber que es altamente probable que salgan más esqueletos de los armarios de Codelco. Solo queda tomar palco y esperar a ver cuál será el siguiente caso y cuál será su magnitud para el patrimonio de todos los chilenos.

Para la compañía de seguros involucrada el caso ha sido un verdadero sismo a nivel corporativo. Junto con la suspensión de su máximo ejecutivo, la renuncia de algunos directores y la conformación de un comité de crisis -para monitorear el caso y apoyar su investigación- reflejan que el caso causó un profundo impacto en la empresa. Si bien las medidas anunciadas dan cuenta de la seriedad con que el directorio está tomando el caso, resta por aclarar aún su responsabilidad en los hechos. Aspectos como la “regla del juicio de negocios”, el deber de diligencia, de monitoreo de los sistemas de control, entre otros, van a resultar relevantes en su determinación. A su favor juega no haber participado en el diseño de bases de licitación pública de Codelco, quien deberá explicar el modelo aplicado.

Coincidente con el surgimiento del caso, se dio a conocer el estudio “La voz del mercado”, realizado por EY y la Bolsa de Comercio de Santiago. Este trabajo reveló que, como resultado de los procesos internos de reflexión post 18/O, se produjeron cambios significativos en las prioridades estratégicas de los directorios. Se destacan un mayor diálogo con stakeholders, estrategia de sostenibilidad, estándares ESG, manejo de crisis, entre otras, lo que sin duda es una noticia alentadora. Pero lamentablemente la gestión de riesgos que era una de las principales prioridades estratégicas antes del estallido social, después del 18/O pasó a ocupar un segundo plano entre las prioridades de los directores.

Aunque en primera instancia lo anterior no debería sorprendernos, a la larga esta reacción de los directorios -frente a una situación de crisis- sí refleja algo muy propio de los chilenos: La “bipolaridad corporativa”. Nos movemos de un extremo a otro, del blanco al negro y viceversa. No parece sano, pues, que los directorios prefieran más estrategia y sostenibilidad y menos control de riesgos en su gestión. Por el contrario, sería deseable buscar un sano equilibrio entre sus prioridades estratégicas, sin descuidar a unas en beneficio de otras, aunque ello implique una mayor carga de trabajo para los directores. El caso de Codelco es un buen ejemplo de la importancia de los sistemas de control interno en las empresas, aún en épocas de efervescencia política, social y económica, cuando las prioridades de los directorios podrían verse temporalmente alteradas.