La nueva era geológica está marcada por la intervención humana en el ecosistema. Casi 7 mil millones de habitantes intentando vivir de la mejor forma posible en el único planeta habitable que conocemos. El asunto es cómo lo aprovechamos de manera eficiente y sustentable. Por Guillermo Turner

  • 11 agosto, 2011

La nueva era geológica está marcada por la intervención humana en el ecosistema. Casi 7 mil millones de habitantes intentando vivir de la mejor forma posible en el único planeta habitable que conocemos. El asunto es cómo lo aprovechamos de manera eficiente y sustentable. Por Guillermo Turner

 

La nueva era geológica está marcada por la intervención humana en el ecosistema. Casi 7 mil millones de habitantes intentando vivir de la mejor forma posible en el único planeta habitable que conocemos. El asunto es cómo lo aprovechamos de manera eficiente y sustentable. Por Guillermo Turner

 

Según Paul Jozef Crutzen, químico holandés y premio Nobel, la idea de que el mundo vive un nuevo periodo de su historia, denominado Antropoceno, surgió al calor del debate en una conferencia. Como sea, hoy la noción de que la Tierra atraviesa por una etapa evolutiva distinta, marcada por el impacto de las actividades humanas en el ecosistema, suma miles de seguidores que ya no discuten la validez de la teoría, sino el periodo al cual se remontaría esta naciente época geológica. Algunos expertos dicen que comenzó con la Revolución Industrial, pero otros miran más atrás: 8.000 años, con el inicio de la agricultura, o 15.000 años, con la acción de los cazadores que, poco a poco, fueron reduciendo o exterminando especies animales.

Para bien o para mal, la novedad radica en que el Antropoceno –Homogenoceno o Antroceno, dependiendo del autor– sería la primera era geológica de creación humana. Es la acción de hombres y mujeres la que tiene el mundo sufriendo las consecuencias del cambio climático, del aumento de gases en la atmósfera, de las masivas extinciones y de la transformación o aniquilación de ecosistemas.

¿Se puede evitar? Con casi 7 mil millones de habitantes compartiendo ese 30% de la Tierra que no está cubierto por agua, y los cerca de 10 mil millones que se estiman para 2050, es difícil evitar la huella ecológica de cada persona. Estamos aquí y no podemos encontrar (o, al menos, no conocemos) otro lugar donde vivir. Por eso es que el asunto se centra en la capacidad de convivir con la naturaleza y de utilizar nuestra inteligencia para que sus recursos sean utilizados de forma efi ciente y perdurable. Para ello, nada mejor que colocar los incentivos en el lugar adecuado: que la sustentabilidad deje de ser una mera cuestión de responsabilidad social o individual y se inserte dentro del modelo de vida de personas y empresas.

Hablemos de ecoeficiencia: empresas que apuestan por la sustentabilidad porque, aunque en un primer momento signifi que un costo adicional (en la relación con sus proveedores, en la renovación de sus aparatos eléctricos, en la reconversión de maquinarias y procesos, etc.), en sus cálculos tienen claro que esas decisiones signifi carán un ahorro futuro.

Sobre esto centramos esta tercera versión anual de la Edición Verde de Capital. Aunque siempre hemos considerado relevante abordar la sustentabilidad desde distintas perspectivas (consumidores, empresas, cultura y entretención), la propia experiencia acumulada por el equipo periodístico de Capital en la elaboración de estas ediciones nos ha permitido observar una evolución en la forma en que las empresas chilenas abordan la sustentabilidad. Hoy son cada vez más las compañías que entienden este desafío como un componente clave en su búsqueda de mayor efi ciencia y en la necesidad de responder a las exigencias de los consumidores.

Lo anterior no signifi ca que estemos graduados en términos de requerimientos ecológicos ni mucho menos, pero supone, si quiera, un avance importante, con ejemplos dignos de ser destacados, como lo confi rma la segunda edición del ranking de las empresas mejor preparadas para enfrentar el cambio climático, que elaboramos en conjunto con Fundación Chile. Somos un poco más verdes, y no por una cuestión de marketing.