Por: Rodrigo Edwards, cofundador y consultor senior en IDEMAX

  • 5 julio, 2018

La eficiencia energética ha representado un interés permanente para la sociedad, desde ahorrar lo más posible para conseguir comida, hasta minimizar el consumo energético en la producción de bienes y servicios. Todo esto hace sentido bajo un paradigma: la escasez energética. La llevamos tatuada en nuestra cultura y es solo una ilusión. El sol, el viento, el mar y otros elementos naturales son una fuente infinita de energía.

El cambio de paradigma ocurre con transformaciones tecnológicas que hoy permiten capturar la abundante gratitud energética que nos da el planeta. Esto genera un desplazamiento significativo en la oferta disponible y, con ello, costos muy bajos. Sí, muy bajos.

Situémonos en el año 2120 y preguntémonos: ¿qué pasaría si la energía fuera abundante y gratuita? Los paradigmas que acarreamos nos hacen cuestionar el escenario hasta invalidarlo. Pero ¿se imaginan diseñando productos y servicios sin restricción de energía? Hagámoslo más grande, hagámoslo más poderoso, que tenga más caballos de fuerza, que chanque rocas de mineral más grandes, que produzca más y más rápido, etcétera.

Desde Chile, el camino por recorrer es una aventura vertiginosa. Es probable que esta sea la mayor transformación económica desde la transición del salitre al cobre. Tenemos ventajas comparativas en la generación eléctrica, principalmente en el sol del norte grande.

Pero todas las fuentes renovables son variables. Aquí se viene otra revolución tecnológica, el almacenamiento. Me sumo a muchos que ponemos las fichas en el litio, el hidrógeno, incluso el almacenamiento con agua. Soluciones eficientes para dar continuidad y estabilidad a la red, que nos permitirán exportar nuestros excedentes.

Los otros frentes de cambio serán el transporte de la energía y el borde de la red (grid-edge). Los avances vendrán en power electronics y, por qué no, los superconductores. La sensorización de la red y el manejo de data traerán grandes beneficios en la relación del consumidor con la energía.

Y finalmente desde el consumidor, veremos crecer la generación distribuida de la energía, que convivirá con las grandes concentraciones de generación y cumplirá con otras funciones en la red.

El futuro se diseña y se hace necesario desarrollar ventajas competitivas en energía. Ya aprendimos que los recursos naturales no son suficientes para el desarrollo del país. Es nuestra obligación invertir en investigación y desarrollo. Construyamos un polo tecnológico que nos permita transferir el conocimiento a productos y servicios de energía de clase mundial. Además, pero no menos importante en el diseño, destruyamos el paradigma de la escasez e imaginemos el mundo con disponibilidad energética ilimitada.