Es uno de los banqueros mas influyentes en la Francia actual y miembro de la séptima generación de una de las familias europeas con mayor tradición en el mundo financiero. Experiencia y pergaminos suficientes como para analizar la crisis económica actual con la serenidad de quien ha hecho de la mirada de largo plazo una verdadera opción de vida. Como en el vino, una pasión que lo trae a Chile al menos una vez al año.

  • 28 abril, 2009

 

Es uno de los banqueros mas influyentes en la Francia actual y miembro de la séptima generación de una de las familias europeas con mayor tradición en el mundo financiero. Experiencia y pergaminos suficientes como para analizar la crisis económica actual con la serenidad de quien ha hecho de la mirada de largo plazo una verdadera opción de vida. Como en el vino, una pasión que lo trae a Chile al menos una vez al año. Por Alejandra Rivera B. Fotos, Enrique Stindt

El barón Eric de Rothschild (68) aterriza una vez al año en Chile para supervisar de primera mano la viña Los Vascos, en Peralillo (valle de Colchagua). Los vinos son su gran pasión, pero su extensa historia familiar lo liga ineludiblemente al mundo financiero, por lo que el día a día se lo juega más allá de los viñedos, específicamente en la Rothschild et Compagnie Banque (RCB), un banco de inversiones con operaciones en cinco continentes, del cual es uno de los socios principales.

Así las cosas, lleva el ritmo de la crisis económica internacional con un nivel de actualización notable y, como buen descendiente de banqueros del siglo XIX, sabe que saldrá airoso de estas aguas turbulentas, tal como lo hicieron sus antepasados al sortear los avatares de la Gran Depresión y de dos guerras mundiales. El mismo ya sufrió una crisis: la nacionalización de la banca francesa en el gobierno de François Mitterrand y que volvió a levantar. No es de extrañar que al consultarle sobre cómo le está yendo a su banco con la crisis económica, se tome la licencia de bromear diciendo que es un banquero del siglo XIX –“mientras menos prestes, más fuerte eres”, agrega– y que ahora es cuando más trabajo tiene. Además de su buen sentido del humor, asombra la claridad de ideas de este noble de las finanzas que, de entrada, explica que la crisis europea no tiene nada que ver con la estadounidense, porque las condiciones son muy distintas. “La situación es diferente porque los ciudadanos de Estados Unidos tienen grandes deudas con los bancos, con las compañías hipotecarias y con las tarjetas de crédito. Y en general, esto no se da en Europa”, aunque advierte que hay países como España que tienen un fuerte nivel de deuda individual, pero que –en contraposición– posee un sistema financiero en buena forma, porque el Banco Central y los reguladores le obligan a mantener reservas.

Más regulación

Para el barón, una de las razones de la actual crisis económica radica en el desequilibrio que se produjo al permitir bancos de inversión que podían tener “balances absoluta y anormalmente inflados. Lehman no fue

rescatado porque era un banco para banqueros, mientras Merrill Lynch sí lo fue porque había más personas particulares con depósitos. Pero si miras los balances de cualquiera de estos bancos es para ponerse a temblar”. Por ello está abierto a aumentar la regulación, pero no a discutir su nacionalización. Ello es harina de otro costal, específicamente, de la banca comercial. El barón se arriesga a decir que no sería anormal intervenir esa actividad o, por lo menos, regularla fuertemente. Una declaración franca y sin precedentes, sobre todo para un noble que ya vivió los estragos de una nacionalización en carne propia.

Argumenta que prestar dinero es un trabajo aburrido y riesgoso en el que “se financia el 3%, se presta a 4%, ganas un 1%, pero arriesgas el 100%. Este es un trabajo para los gobiernos. Nacionalizar los bancos que no son de inversiones, que no son de depósitos, no es algo absolutamente anormal, incluso para Estados Unidos”.

El barón tampoco teme a un aumento de regulación en los paraísos fiscales (países libres de impuestos) como lo han recomendado el G20 y la Unión Europea (UE). De prosperar esta iniciativa, lo más probable es que a muchas de las personas que tienen su dinero guardado ya no les parezca tan atractivo seguir manteniendo sus fortunas personales bajo nuevas condiciones. En su opinión, si se tiene un negocio de administración de patrimonio bien manejado no se depende del hecho de que algunas personas quieran ocultar su dinero por asuntos de impuestos. Por ejemplo, hasta hace tres meses, el RCB tenía una operación de banca privada en España. Considerando las dificultades por las que atraviesa ese país, decidieron cerrarla. Pero este no fue el fin, pues varios clientes españoles les solicitaron abrir una cuenta “completamente legal” en el banco que RCB posee en Suiza, sólo por su reputación. “El sistema bancario suizo, por ejemplo, es muy bueno en banca privada, sabe cuidar a sus clientes y una regulación de este tipo no va a acabar con su negocio”.

Coletazos del Este

En las últimas semanas hemos escuchado que la crisis económica se ha ensañado con las economías emergentes, especialmente con Europa del Este, donde el colapso bancario determinó un recorte en el acceso al crédito y la caída de las inversiones, desencadenando una crisis de proporciones, a tal punto que está definiendo la suerte de países como Austria, con un sistema financiero muy expuesto en la región.

Para el Barón Eric de Rothschild, la situación de Austria obedece a un caso particular que tiene que ver, más bien, con los vínculos históricos de este país –a través del imperio austro-húngaro- y no a una expansión de la crisis al resto de los países de la UE. Bajo esa óptica, obedecería a ciertas pretensiones del gobierno austriaco, que “empuja a sus bancos a invertir en estos países permitiéndoles hacer un montón de cosas que otros países no dejarían”.

El barón considera que el mundo está suficientemente interconectado y que las personas son lo bastante inteligentes para evitar que ocurra un colapso en Europa del Este. Tanto el FMI como la UE ya fueron al rescate de la zona, con ayudas que superan los 60 mil millones de dólares, aunque “el tiempo dirá si es suficiente. Ahora lo que importa es que los recursos, independiente del monto, sean bien utilizados. Debemos ayudar a que sean bien usados”, afirma.

En lo que respecta a sus negocios en la zona, comenta que paradojalmente nunca había tenido tanto trabajo en materia de consultoría de adquisiciones: “en tiempos de crisis hay mucha necesidad de reorganización, el único problema es que las comisiones no son las que solían ser”, pero esto es perfectamente normal para los tiempos que corren.

Aires de recuperación

Los planes de rescate impulsados por la UE, el FMI y algunos países, han inyectado más seguridad al sistema financiero. A ello se suman aportes de recursos fiscales y bajas en las tasas de interés por parte de los mayores bancos centrales del mundo.

¿Riesgo de inflación futura?, se preguntan algunos expertos. Para Eric de Rothschild ello no es un problema; principalmente, porque es una forma de reducir el nivel de deuda que se ha tomado. “Si tienes inflación, lo que posees vale menos, así es que es más fácil pagar por ello. Los países no pueden luchar contra la inflación y, probablemente, tampoco quieran hacerlo. No es mala para los gobiernos y tampoco para la gente que tiene deudas”.

Con la honestidad que lo caracteriza, el barón comenta que no sabe si la economía va a recuperarse a finales de 2009 o a comienzos de 2010. Todavía no ve la luz al final del túnel, pero tampoco observa un riesgo de colapso mundial. “Uno desea que la recuperación sea lo antes posible, pero habría que ser adivino, tener una lechuza en el hombro y ver una bola de cristal para saberlo. Además, depende de los lugares. Estados Unidos probablemente comience a recuperarse antes que Europa”. En cuanto al acceso al crédito, que es uno de los principales problemas del escenario actual, espera que se relaje en los próximos seis meses. “Es algo que va a ocurrir, todo el mundo sabe que sin crédito no habrá recuperación. Pero en los próximos 15 años no vamos a tener el nivel de crédito que teníamos antes de la crisis”.

Sin embargo, cuando se es banquero por más de un siglo, la mirada de largo plazo se vuelve un sello.

El negocio bancario
El barón Eric de Rothschild es uno de los socios principales del Rothschild et Compagnie Banque (RCB) en conjunto con su primo, David de Rothschild. Se trata de un banco de inversiones boutique, que –además gestiona con bastante éxito la fortuna de unas 400 familias. “Somos un banco pequeño, con un balance pequeño pero muy internacional, con 700 banqueros –un montón de cerebros- en todo el mundo. Somos completamente independientes, no hacemos nada más que banca privada y ese es un modelo que es muy positivo”. Antes de la crisis, sólo existían dos bancos de este tipo, el RCB y Lazard, pero este último se abrió a bolsa dejando como dueño absoluto de ese nicho a los Rothschild. Muchos los alentaban a vender, a salir a bolsa, aduciendo que ese era el minuto. Incluso, les llegaron a decir que eran dinosaurios, los últimos de su especie. Pero los Rothschild, haciendo acopio de toda la fuerza e historia familiar, nadaron contracorriente, elevándose como una banca fuerte, incluso en medio de la crisis.

El RCB se ha visto afectado como todo el sector bancario. Habían prestado dinero a Lehman Brothers y tras la caída perdieron el 80% de esos recursos; con el desplome de las bolsas perdieron entre un 10 y 12% de inversiones de sus clientes; y, además, han visto una fuerte reducción en las comisiones de cierre de negocio. Pero en contraposición, están incrementando el área de gestión de patrimonio. Así, pese a la situación de crisis, están aumentando la dotación del banco y, de hecho, han reclutando a cerebros provenientes de las bancas caídas, que hace un par de años les habría resultado impensable sumar a sus filas. “Contratamos a un equipo de banqueros de inversión especialistas en el área de finanzas e inversión de Lehman que nunca hubieran pensando en venir a trabajar con nosotros”, cuenta el barón Eric.

El negocio de las viñas
Al igual que otros miembros de la familia Rothschild, el barón Eric es un apasionado de los vinos. Con Domaines Barons de Rothschild (DBR) se ha posicionado en el segmento de la producción de vinos premium, -el más famoso es el Chateau Lafite-, con operaciones en Francia, Argentina, Chile y, recientemente, en China.

La crisis económica los está impactando de una manera muy particular, pues –según explica el barón– los consumidores de inos premium no dejan de tomar vino; más bien, se movilizan a la gama de producto inmediatamente inferior en la escala de precios. Por ejemplo, “esto puede significar que alguien que consume un vino de 20 dólares, ahora compre uno de 12”.

En el país asiático, DBR, en conjunto con el grupo chino CITIC, está levantando un viñedo en la península de Penglais (Shandong). Inicialmente plantarán 25 hectáreas para crear el primer grand cru chino. “Este es un negocio pensado a largo plazo, a 20 años. En el negocio del vino siempre tienes que estar mirando hacia adelante”, cuenta el Barón.

En Chile, Viña Los Vascos, ubicada en la localidad de Peralillo, en el valle de Colchagua, se ha transformado en uno de los principales exportadores de vinos premium, con una producción de 400 mil cajas y cinco tipos de vinos (tres tintos y dos blancos). La novedad es que aumentaron la superficie de cosecha, lo que les permitirá de aquí a tres años incrementar la producción total anual en un 10% y por estos días, aprovechando su visita a Chile, sorprendieron a los paladares más exigentes con la presentación en sociedad (en un evento efectuado en la residencia de la embajadora de Francia) de Le Dix de Los Vascos 2004, un vino que –dicen los expertos- usted no puede dejar de degustar.