Lo que hasta hace algunas semanas se consideraba como un sello de distinción y glamour dentro del sistema financiero chileno, ahora se transformó en una compleja carga de imagen. Y es que el concepto de “banca de inversión”, que adornaba los logos y eslogan de las más renombradas corredoras de bolsa del país hoy se […]

  • 1 octubre, 2008

Lo que hasta hace algunas semanas se consideraba como un sello de distinción y glamour dentro del sistema financiero chileno, ahora se transformó en una compleja carga de imagen. Y es que el concepto de “banca de inversión”, que adornaba los logos y eslogan de las más renombradas corredoras de bolsa del país hoy se está dejando de lado; todo, para no tener vinculación con la debacle financiera en la que han caído los pioneros de este tipo de entidades en Estados Unidos, llámense Bear Stearns, Lehman Brothers o Merrill Lynch.

La buena noticia es que no se trata de una mera omisión. Realmente los que por años se autodefinieron como banca de inversión en Chile no precisamente tienen las mismas características, ni la misma regulación de lo que se entiende por este tipo de banca en el país del norte. Es más, en la legislación chilena no existe el concepto de banca de inversión. El concepto de “banco” está reservado para la banca comercial, la que es regulada por la Ley General de Bancos, mientras que los que se han autodenominado banca de inversión, y que realizan acciones de corretaje, intermediación y asesoría financiera, se rigen por la Ley de Valores y Seguros. Incluso, por ley, los bancos en Chile no pueden realizar este tipo de operaciones desde su giro.