En medio de numerosos lanzamientos de libros sobre el estallido social, llama la atención la novela de Ernesto Ayala, editor y crítico de cine. El amante indeciso aborda el erotismo de una pareja, al tiempo que plantea crisis existenciales y dilemas morales. “Situaciones como las de la novela le pasan a la gente común y corriente”, comenta el autor. Para finales de año piensa publicar un título sobre cine chileno.

  • 12 marzo, 2020

El diálogo lo mantienen Celeste y Manuel, dos antiguos conocidos que vuelven a encontrarse tras años sin verse. El amante indeciso tiene lugar a través de distintas escenas protagonizadas por estos dos personajes. A través de sus conversaciones el lector se entera, o adivina, lo que pasa fuera de las páginas. Se trata del cuarto libro que publica Ernesto Ayala (49), periodista, editor y crítico de cine, que trabajó durante el primer gobierno de Sebastián Piñera redactando discursos presidenciales y que durante cinco años fue editor de la revista Estudios Públicos del CEP. Desde el año pasado está trabajando como consultor estratégico de manera independiente. “La vida me pilló”, confiesa sentado en un café de Vitacura la tarde del viernes pasado para explicar los años que llevaba sin publicar un nuevo título. Su primer libro fue el compendio de cuentos Trescientos metros (2000), luego la investigación periodística Noche ciega (2000) y después la novela Examen de grado (2006). La publicación de El amante indeciso tiene su propia historia. Lo empezó a escribir hace unos ocho años, de manera interrumpida, y aprovechando principalmente los veranos en los que, al no tener que llevar a sus hijos al colegio, podía aprovechar las primeras horas de la mañana antes de irse a la oficina. La novela tuvo versiones distintas, cuenta Ayala, y después de darle vueltas narrativas decidió acotarla a veinte conversaciones entre los dos personajes. “Llegar a eso me costó harto, aunque pueda parecer ridículo”, dice el escritor. Entre el 2016 y el 2017 le hizo llegar el texto a algunas editoriales y tuvo un primer acercamiento con Planeta. Pero algo faltaba para que el libro se concretara. Pasaron un par de años, revisiones y algunos cambios, hasta que el contenido volviera a manos de la misma editora, quien consideró que esta última versión funcionaba bien y que la historia era sexy. Ya en librerías, El amante indeciso efectivamente es un relato cargado de erotismo, donde los diálogos, que tienen lugar en distintos lugares de Santiago –calles, plazas, cines, taxis y bares–, van acompañados de mucha tensión sexual.

-¿Qué fue cambiando en esta historia?

-No tanto la historia misma. Pero sí la forma. Trato de saltarme la cháchara entremedio. Aquí los personajes hacen alusiones a conversaciones que no están escritas. Hay chistes internos que reflejan intimidad. Traté de contar lo mínimo posible en términos narrativos. Es un esfuerzo consciente porque si no se logra, puede resultar errático para el lector.

-¿Dirías que se trata de una historia de amor o de desamor?

-Me esforcé por no definir si lo que pasa entre ellos es amor, sexo, cariño o amistad. En el proceso de escritura yo mostraba borradores y cada persona me respondía una cosa distinta. Me encantó que el libro permitiera distintas lecturas.

-¿El erotismo aquí pasa más por la tensión sexual entre los personajes que por la acción misma?

-Puede ser, no lo había pensado así. Una vez le leí a Octavio Paz que lo erótico es justamente lo no reproductivo. Si el sexo es para reproducirse, ya no es erótico. Justamente cuando el ser humano es el único animal que inhibe la reproducción, la cuestión se pone erótica. Los hijos son definitivos.

-¿Y el erotismo está destinado a no ser definitivo?

-Una pareja puede ser un juego mientras no tienen hijos, después se transforma en otra cosa.

-¿Pero crees en la posibilidad del amor eterno? A lo Bélgica Castro y Alejandro Sieveking.

-Es que ese amor es muy bonito. Pero también hay muchos matrimonios que funcionan bien y uno los ve con una cierta cuota de admiración. Y eso no quiere decir que no estén llenos de tensiones.

-En tu novela el personaje masculino plantea la idea del matrimonio como el fin de la pasión.

-Yo no creo eso, el personaje lo cree. Uno escribe mucho más inconscientemente de lo que parece. Quizás compartía algunas de esas ideas cuando tenía 35 años, pero ahora tengo casi 50. Traté de ser fiel a lo que yo creo que ese personaje estaba sintiendo en el momento. Para hacer eso uno recurre a la memoria emotiva. Si uno lee Papelucho, uno trata de acordarse cómo se sentía a los 12 años.

-¿Sientes distancia de tus personajes respecto de un proceso de madurez?

-Creo que sí. Hay una idea que le robé a Susan Sarandon: que todas las parejas llegan a cierto momento en que se odian y luego pasa. Como los maratonistas, que pasan una barrera de cansancio y les viene el segundo aire. Como pareja uno puede decidir si disolverse o ver qué viene después. “Para qué pasar por otra pareja si voy a llegar a este mismo momento”. Pero eso también es una manera conservadora de ver las cosas.

Lo que pudo ser

-¿Te da pudor entrar en el terreno romántico o erótico?

-Sí, me da un poco de pudor. Antes me importaba menos porque andaba más de irreverente por la vida. Ahora parece que ya no (ríe), pero estoy entregado, si no, no sería escritor.

-¿Cuáles fueron tus referentes literarios o cinematográficos para escribir esta novela?

-Creo que El animal moribundo, de Philip Roth, y En brazos de la mujer madura, de Stephen Vizinczey. También pensé en Eric Rohmer, cineasta que durante un tiempo vi harto y que me gusta mucho. En sus películas los personajes hablan mucho de sí mismos, siempre sublimando lo que no pueden hacer. Me siento bien cercano a Rohmer en espíritu. También hay algo de la trilogía de Richard Linklater, Antes del amanecer.

-Los lugares que recorren tus personajes, ¿son también los tuyos? 

-Sí, la rutina de ellos tiene que ver con mi mundo. No traté de impostar. Son los lugares que yo conozco y a los que les tengo cariño.

-Toda la novela transcurre en lugares públicos.

-Cierto, no lo había pensado. Es medio triste eso. Nunca tienen un lugar propio, buscan terrenos neutrales. Finalmente, todas las historias de amor tienen algo de “lo que pudo ser y no fue”. Yo he ocupado las historias de amor para escribir también de otras cosas.

-¿Y qué otras cosas sientes que estás abordando?

-El matrimonio, la paternidad, el no hacerse cargo de lo que uno siente.

-La pugna interna entre ser racional o dejarse llevar.

-O entre ser padre o amante. Las novelas son una forma de escribir algo que no puedes expresar de otra manera. Creo que los dilemas de los personajes se transmiten mejor ahí que en esta entrevista. Por muy lúcidos que tú y yo seamos.

Mentiras íntimas

Ayala cree que existe una brecha entre la versión que las personas transmiten de su vida sexual versus la realidad. Cuenta que un amigo suyo hacia el experimento de preguntarle a sus conocidos cuántas veces a la semana tenían relaciones sexuales y la respuesta estándar es tres. Pero que cuando uno entra en confianza hay parejas que confiesan que llevan años sin intimar.

-¿Sientes que el sexo es un terreno frágil?

-Sí, es que tiene este valor sintomático. Se supone que una pareja con buen sexo tiene una buena relación. Y una con mal o poco sexo, no. Eso dicen los psicólogos, puede que sea un cliché.

-¿Te hace sentido?

-Creo que es mucho más complejo. Hay gente con buen sexo pero relaciones tormentosas, donde la misma pasión que se pone en la cama, se pone en las peleas. Creo que lo que produce pudor es que lo que pasa en torno al sexo sí es de verdad, no cabe tanta mentira ahí. Uno piensa definiciones para promocionar el libro y diría que esta es la historia que no está en Facebook o en Instagram. Ahí uno ve a las parejas de vacaciones, con los niños o en almuerzos con amigos. Acá se habla de lo que no se ve y eso me gusta.

-¿Para armar el personaje femenino mezclaste mujeres que has conocido en tu vida?

-Sí, un poco sí.

-¿O va a haber alguien que leerá tu novela y se sentirá completamente descrita?

-No (ríe),  no completamente descrita. Además que uno todo lo reinventa. Uno recuerda una sensación, un aire, pero todo hay que repensarlo, partir de cero. Situaciones como las de la novela le pasan a la gente común y corriente. No en vano hay moteles por todo Santiago.

-¿Te consideras una persona indecisa?

-Antes más que ahora. Tengo más capacidad de acción también. Creo. Los 30 son difíciles, uno está demostrándole al mundo quién es.

-¿Sientes venir la crisis de los 50s?

-No. Yo creo que a cada uno le pasa distinto. Tuve crisis a los 30 y los 40 se me pasaron volando. Pero ahora no he sentido los 50, estoy haciendo harto deporte y me siento bien.

-¿Te gustaría vivir hasta viejo o te da lo mismo?

-No sé. Más que nada tengo la sensación de que el tiempo pasa muy rápido.

Otros planes

El escritor tiene programado lanzar otro libro durante el segundo semestre de este año, a través de la editorial Tácitas. Se trata de críticas y reflexiones sobre el cine chileno desde el 2002 al 2020 y  son columnas o artículos publicados en El Mercurio durante ese periodo. Un título tentativo sería Cine chileno en el siglo XXI. “Tengo una agenda de lectura completamente desordenada, pero últimamente he estado leyendo ensayos porque con un par de amigos estamos pensando escribir un libro. He estado poniéndome al día. En Estudios Públicos leía básicamente ensayos políticos o filosóficos y adquirí cierto gusto por ellos”, comenta Ayala. Afirma que no extraña estar en el   CEP pero sí a las personas con quienes trabajó ahí. “Mantenemos un whatsapp y nos vemos de vez en cuando con Harald Beyer, Isabel Aninat, Loreto Cox, Andrés Hernando, Lucas Sierra, entre otros”.

-¿Vas al cine?

-Sí. En general hay menos cine que me interese, pero el año pasado fue particularmente bueno en estrenos mundiales. Veo películas viejas, he estado viendo varias del director Howard Hawks y encuentro que es un genio. John Ford también.

-¿Ves series?

-Ahí estoy out, no tengo tanto tiempo y me aburro. Además, tengo issues morales con las series porque encuentro que la síntesis es un atributo que obliga a pensar mejor la puesta en escena. Me pasa que a veces veo dos capítulos y me encuentro con lugares comunes. Creo que son telenovelas más modernas.

-¿Te interesaría trabajar un guion?

-Sí, a veces tengo fantasías con eso. Si estuviera completamente cesante o financiado, lo haría.