Por Carla Sánchez Mutis Alvin Rabushka es una especie de profeta en el intrincado mundo de los impuestos. El profesor de Stanford, junto a su colega Robert Hall, publicaron en 1985 el libro El impuesto parejo, un sistema impositivo de tasa única, conocido mundialmente como “flat tax”. Su propuesta se basa en un impuesto bajo […]

  • 27 junio, 2014

Por Carla Sánchez Mutis

Alvin Rabushka

Alvin Rabushka es una especie de profeta en el intrincado mundo de los impuestos. El profesor de Stanford, junto a su colega Robert Hall, publicaron en 1985 el libro El impuesto parejo, un sistema impositivo de tasa única, conocido mundialmente como “flat tax”. Su propuesta se basa en un impuesto bajo (por ejemplo, 19%) que afectaría a las rentas de las personas y las empresas, incluyendo los servicios profesionales. El tributo no se aplica a los más pobres y lo que pagan las familias aumenta a medida que se incrementa el ingreso. Tampoco se gravan las rentas provenientes de los capitales mobiliarios, como son los dividendos y los intereses. El principio básico es que se grava el consumo. “Lo mejor del sistema es su sencillez”, dice Rabushka en su libro y qué mejor ejemplo que la declaración de impuestos, la cual en su modelo “cabe en una tarjeta postal”.

Uno de los beneficios de este modelo –aplicado, en su opinión, “exitosamente” en 38 países–, es que al gravar la renta lo más cerca posible de su fuente generadora –evitando la doble tributación– se reducen los “trucos” para obtener beneficios derivados de las diferencias de tasas. “Las leyes y formularios tributarios complejos hacen un daño que va más allá de la deforestación de Estados Unidos. Un sistema complejo invita al contribuyente a buscar trucos… por último, los impuestos complejos disminuyen la confianza en el Gobierno, llevan a la caída del apoyo al sistema tributario y, además, a la proliferación de la evasión tributaria lisa y llana”, como plantea en su libro.

El padre del impuesto parejo ha estado dos veces en Chile. La primera, a fines de los 80, la segunda, el año 2012. Su última visita coincidió con las protestas estudiantiles, las cuales llamaron su atención. Ante un auditorio lleno en la Universidad Finis Terrae, el profesor dijo: “No sé mucho sobre Chile, lo que sí sé es que la educación gratuita ya existe. Rabushka no estaba ironizando. Según el economista Manfred Braule, organizador del evento, su comentario se refería a que “estábamos atrasados en la demanda, porque en Estados Unidos puedes obtener un grado gratis –incluso con título– por internet”.

Provocador y directo, Rabushka –quien participó en la comisión de estudios sobre impuestos designada por el presidente Ronald Reagan– entra en el debate de la reforma tributaria en Chile. Está absolutamente en contra de la doble tributación de empresas y personas ya que, según explica desde Estados Unidos, “la doble imposición al ingreso reduce los retornos del capital y, por ende, desincentiva el ahorro y la inversión”. Rabushka admite que no conoce la propuesta en detalle, pero cree que sin duda el alza tendrá sus efectos.

-¿Piensa que la propuesta tributaria que se discute en el Congreso es radical?
-He estado en Chile en dos oportunidades. La primera vez a fines de los 80 y la segunda el año 2012. En total, unos 9 días. Ese tiempo no es suficiente como para tener una compresión global de la situación del país. No califico a la actual reforma como radical, pero pienso que aumentar el impuesto a las empresas reduce la competitividad internacional de Chile.

-Una idea de la reforma es acercar el impuesto de las empresas de las personas. ¿Ve algún problema en este punto y qué recomendaría?
-Me opongo, ya que implica una doble imposición sobre un solo flujo de ingreso. La doble imposición al ingreso reduce los retornos del capital, por ende, desincentiva el ahorro y la inversión. Le recomendaría que aplique el modelo Hall-Rabushka de impuesto parejo.

-Muchos sostienen que el cambio tributario afectará el crecimiento, ¿lo comparte?
-Sí, estoy de acuerdo. La teoría económica predice que el aumento de impuestos a las empresas reduce las tasas de crecimiento (manteniendo intactos todos los otros factores económicos). Es imposible estimar cuánto se reducirá el crecimiento, pero de todas maneras será más bajo.

-¿Podría el Gobierno contrarrestar los efectos de mayores impuestos con incentivos pro inversión?
-Aplicar incentivos específicos es una forma pobre de contrarrestar los mayores impuestos que pagarán las empresas. Es mejor tener un impuesto único a nivel general a una tasa baja.

-¿Una tasa de impuestos única es compatible con un Estado que enfrenta crecientes demandas sociales y combatir la desigualdad?
-Absolutamente. El propósito de un sistema tributario es recaudar más ingresos para financiar los servicios públicos esenciales. Un impuesto parejo logra aquello de una forma más eficiente y menos distorsionada que el actual sistema de impuestos diferenciados que existe en Chile. La mejor manera de resolver las demandas sociales es invirtiendo en programas sociales específicos y no usando el sistema tributario como un instrumento de política social.

-A nivel mundial, la tendencia en boga es que los impuestos debieran ser progresivos. ¿Qué pasa con la desigualdad cuando se aplica un impuesto parejo?
-38 países han adoptado el impuesto de tasa única. Como se explica en el libro, el impuesto en los grupos familiares es justo y progresivo. No se necesitan tasas diferenciadas para lograr la progresividad. El error común de los críticos a mi sistema es confundir la progresividad con las tasas graduales. El debate es sobre qué nivel de progresividad debiera tener un sistema tributario. Si uno quiere aumentarla en un sistema de tasa pareja, ello se puede lograr elevando el ingreso mínimo. Ese punto es crucial.

-El economista Thomas Piketty, en su libro El capital en el siglo XXI argumenta que la brecha de la desigualdad crece a tasas superiores que la economía. ¿Cómo refuta su teoría?
-Decenas de economistas han cuestionado sus afirmaciones, muchos más que aquéllos que las han defendido. Si usted googlea la frase “críticas a Piketty” sabrá a lo que me refiero. No me he leído su libro y, por ende, no tengo comentarios.

-Hablando de economistas, en Chile hay varios que están a favor del impuesto parejo. La única aprensión que tienen es que su aplicación es impopular. ¿Cómo le explica a un obrero que va a tener que pagar el mismo impuesto que un empresario?
-Ronald Reagan obtuvo dos victorias aplastantes con su discurso de bajar la tasa de impuestos. Ganó con la mayoría de la “clase trabajadora” junto con el resto de la población votante. Su mensaje fue la mayor oportunidad de crecimiento y mejores sueldos.

-Muchos se quejan de que el principal problema en la discusión de la reforma tributaria es la incertidumbre que se genera. ¿Cuál es su consejo para manejarla?
-Vaya usted a saber. Esto entra en el ámbito de la psicología, no de la economía.

 

“La principal barrera es la ideología”

Rabushka asegura que el impuesto parejo mejora el crecimiento y la recaudación de un país. Así al menos ha ocurrido en algunos países de Europa Oriental, como Estonia (con una tasa del 24%), Lituania (33%), Rusia (13%), Ucrania (13%), Eslovaquia (19%), Rumania (16%), Macedonia (12%) y Albania (10%). Y las razones de su aplicación se basan en su bajo costo de administración y sencillez.

El ejemplo más concreto de su éxito es Hong Kong, la tercera plaza financiera del mundo que aplica este sistema desde la década del 40 y que ha logrado que el Gobierno opere un superávit pese a su baja tasa baja (17%).

Actualmente, la aplicación del impuesto parejo se discute en Italia, país donde el PIN (Partido Italia Nuovo) propuso una tasa pareja de 15%. “La economía italiana está en muy mal estado. El desempleo alcanza el 15%… La deuda pública excede el 130% del PIB. El sistema tributario italiano desalienta el trabajo, el ahorro, la inversión y la iniciativa empresarial. Reproduce la corrupción, la evasión fiscal y fomenta la exportación de capital humano y financiero”, explica Rabushka en su blog.

-El impuesto parejo ha sido exitoso, a su juicio, en varios países de Europa Oriental como Estonia, Lituania o Latvia. Pero esas naciones no son precisamente modelos económicos a seguir…
-El sistema de tasas planas de impuestos ha sido adoptado en 38 jurisdicciones, desde pequeñas islas en el Pacífico hasta un enorme país como Rusia. Esta adopción generalizada indica que puede funcionar en todo tipo de países.

-Eslovaquia mantuvo por 9 años el impuesto parejo, sin embargo, el 2013 el Gobierno reintrodujo el impuesto progresivo a la renta. ¿Por qué cambiaron de opinión?
-El Partido Socialista ganó la pasada elección y, como suelen hacerlo los socialistas, basaron su campaña en subir los impuestos a las personas con mayores ingresos. La victoria fue estrecha y sólo gracias a que tres miembros del partido gobernante se retiraron de la coalición mayoritaria al oponerse, entre otras cosas, al rescate de Grecia.

-Si el impuesto parejo genera más ingresos tributarios, ¿por qué no se aplica este sistema en todo el mundo?
-Dado que un sistema de libre mercado con bajas tasas impositivas y limitada intervención del Gobierno se desempeña mejor que uno altamente gravado y regulado y con un excesivo gasto, la pregunta es por qué todos los países no adoptan el modelo económico de Hong Kong, que ha implementado con éxito una tasa plana de impuestos. ¿Será por un tema ideológico o por intereses creados? ¿Falta de entendimiento económico? O quizás, ¿una forma de complacer a los votantes?

-¿Cuáles son las principales dificultades en la implementación de un sistema de impuesto parejo?
-Principalmente, la ideología. Los partidos políticos de izquierda apoyan tasas graduales de impuestos sobre la renta. También hay grupos de interés que temen perder sus privilegios especiales al aplicar una tasa única.

-Algunas de las críticas al sistema de tasa plana es la falta de data que compruebe su eficacia…
-No respondo a generalizaciones anónimas. Déjeme decirle que hay numerosos estudios que demuestran que los países con impuestos planos han crecido mucho más rápido que aquéllos con tasas impositivas graduales.

-Otros argumentos contra la aplicación de la tasa de impuestos única es su difícil implementación, ya que implicaría un enorme cambio estructural en el régimen tributario y en la contabilidad de las empresas…
-Como se explica en mi libro El impuesto parejo, el único cambio que introduce el sistema es simplificar la depreciación al sustituirla por una amortización inmediata, en el primer año, del 100% de todo el gasto en inversión.

-¿Qué pasa con los ahorros en un sistema de impuesto parejo?
-Dado que toda inversión es deducible en el primer año y como ahorro es igual a inversión (una identidad contable), la amortización del 100% el primer año por definición aumenta el ahorro. Hay que recordar que, como explico en mi libro, nuestra propuesta se basa en el principio de gravar el consumo. El ahorro, por ende, se libera de impuestos.

-El sistema de impuesto parejo parece simple de aplicar cuando el dueño de una empresa es una persona natural. Pero, ¿qué pasa cuando hay una estructura societaria más compleja?
-No hay ninguna diferencia. La tasa pareja grava el consumo y para ello hay dos formularios, una para las empresas y otra para los salarios. La de las empresas es la misma para cualquier tipo de organización legal.

-¿Cuáles son los beneficios de gravar el consumo en vez de la renta?
-El principal beneficio es que aumenta los ahorros y la inversión, por ende, el crecimiento económico.

-¿Qué rol juegan los impuestos en la distribución del ingreso?
-Cada sistema tributario genera una distribución posterior de ingresos y riqueza. La pregunta es cuál se elige. Depende si los votantes y sus representantes (o regímenes autocráticos para estos efectos) prefieren un mayor crecimiento o más redistribución.

-¿Los impuestos debieran castigar la riqueza?
-La respuesta es obvia: absolutamente ¡no! •••