Vulnerabilidad en la frontera. Alto consumo en escolares. Poblaciones tomadas por la droga . Chile es hoy un país que mira cara a cara a las naciones desarrolladas, si de uso de estupefacientes se trata.

El gobierno tiene un plan para enfrentarlo, pero desde las mismas filas de la administración Piñera aseguran que la discusión no está a la altura de lo que realmente pasa en las calles y colegios.

El drámatico llamado de rescate de los pobladores de La Legua, para salvarlos de los narcotraficantes que los dominan, empieza a despejar la cruda realidad chilena de cómo hoy la droga se instaló en el país. Por Catalina Allendes.

  • 5 abril, 2011

 

Vulnerabilidad en la frontera. Alto consumo en escolares. Poblaciones tomadas por la droga . Chile es hoy un país que mira cara a cara a las naciones desarrolladas, si de uso de estupefacientes se trata.

El gobierno tiene un plan para enfrentarlo, pero desde las mismas filas de la administración Piñera aseguran que la discusión no está a la altura de lo que realmente pasa en las calles y colegios.

El drámatico llamado de rescate de los pobladores de La Legua, para salvarlos de los narcotraficantes que los dominan, empieza a despejar la cruda realidad chilena de cómo hoy la droga se instaló en el país. Por Catalina Allendes.

 

El miércoles 23 de marzo llegó a las oficinas del ministro de Interior, Rodrigo Hinzpeter, una dramática misiva. ¿Procedencia? La Legua. ¿Firma? El sacerdote Gérard Ouisse, párroco de la iglesia San Cayetano de esa emblemática población. ¿Resultado? Lo que ya conocemos: un plan gubernamental para intervenir tal estigmatizado distrito de Santiago.

Difícil era hacer oídos sordos. Los vecinos experimentamos la impotencia de vernos obligados a vivir escondidos en nuestras casas mientras los narcotraficantes son dueños de la calle y caminan por ella libremente con armas en la mano. Es una costumbre de este lugar el que los padres llamen desde el trabajo a los hijos para saber si pueden entrar en la población o deben esperar que pase la balacera de turno, “gritaba” una parte de aquella ya mediática carta.

Un far west urbano en plena capital de Chile

Para el que no la detecta en el mapa, La Legua está a pasos de la avenida Santa Rosa, a la altura de Carlos Valdovinos, en la comuna de San Joaquín… a escasas cuadras de grandes industrias, universidades y no a demasiada distancia de los nuevos tribunales de justicia.

Situación límite, es cierto; pero, ¡vaya qué situación! Y como esta, hay más. La historia se repite en individualizados barrios de La Pintana, Puente Alto, Macul, Pudahuel y Quilicura, por nombrar algunas de las comunas metropolitanas que albergan zonas dominadas por la droga.

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Lo que se decomisa no alcanza siquiera al 25% de la droga que circula por las calles. Al menos, esa es la estadística que manejan internamente las policías para los países ciento por ciento eficientes en esta labor.

¿Cuál es nuestra realidad? ¿En qué nivel de droga, tráfico, microtráfico y población consumidora se encuentra una economía que se empina por crecer al 6%, cuyo ingreso per cápita ya alcanza los 15 mil dólares y que, como dato geográfico, colinda con Perú y Bolivia los dos países que, según la Organización de Naciones Unidas (ONU), cultivan casi el 60% de la cocaína que se produce en el mundo?

Vamos por partes.

Primera alarma: 18 de cada 100 jóvenes de entre 19 y 25 años reconocen haber fumado marihuana, y 9 de cada 100 entre los 12 y los 18 años. En 2004, ambas cifras no superaban al 8% y el 5%, respectivamente.

Segunda alarma: poco más de la mitad de ellos (52%) ve algún riesgo en fumar marihuana. Sólo el 46% de los adolescentes (18 a 25 años) y apenas el 37% de los más jóvenes (12 a 18 años) piensan lo mismo.

Esa tendencia, según los expertos, lo marca todo. Si el que consume no ve riesgo alguno en hacerlo, la posibilidad de terminar atrapado por la droga aumenta exponencialmente.

Lo que agrava lo anterior es que el 98% de los adictos bajo tratamiento se inició en estas lides precisamente fumando marihuana.

Es por ello que no nos debe sorprender que la Junta Internacional de Fiscalización de Estupefacientes, organismo asociado a la ONU, nos haya colocado entre los 10 países del mundo con mayor consumo de cocaína (1,7% de la población, en 7° lugar), superados en América latina sólo por Argentina.

Suma y sigue con los datos

“El nivel de consumo en Chile sobrepasa al de países como Bolivia, Perú y Ecuador. Estamos a un nivel similar o igual al de los países desarrollados”, admite la directora del Conace, Francisca Florenzano.

El senador Jaime Orpis (UDI) es mucho más tajante y califica la realidad nacional como “dramática”. Su fundamento: “el primer estudio oficial que se hizo en Chile sobre drogas fue en 1994. En ese año se decía que el problema estaba focalizado en Arica, zona fronteriza, pero en 15 años ya tenemos droga en todo Chile y niveles de consumo altísimo. Falta conciencia para mirar la globalidad del problema”, dice el parlamentario.

“La discusión del tema en el país no es proporcional al problema”, dice la directora ejecutiva de la Corporación Esperanza, Ana Luisa Jouanne, quien ha pasado los últimos 15 años trabajando en rehabilitación de drogadictos.

¿Por qué se nos está colando la droga? Las razones que más se repiten entre los entendidos: mayor oferta, producto de la vulnerabilidad de nuestras fronteras; mayor poder adquisitivo de los jóvenes; baja percepción del riesgo de consumir y traficar y, por todo lo anterior, ingreso de drogas cada vez más dañinas y adictivas. Desde el año pasado el ministerio del Interior tiene en sus manos un proyecto del senador Orpis para colocar radares y unidades móviles en toda la frontera, cuyo costo no supera los 50 millones de dólares, según cálculos del parlamentario. ¿En qué está eso? En el presupuesto 2011 hay un millón de dólares destinado a la elección de la tecnología a utilizar. Hasta ahí vamos.

Dispersión y concentración

Como las fronteras chilenas son porosas, la dispersión en el territorio nacional es casi automática. Según las cifras del Conace, no hay región en el país que no revele consumo de droga, siendo la Metropolitana, la IV, la V y la VI las que concentran prácticamente el 60% del consumo nacional.

Y ante eso… sólo educar, dicen, pues los datos revelan que no hay temor a consumir y que, además, el 29% de los escolares declara que le han ofrecido droga en su colegio (o ha visto traficar en los alrededores). “La oferta está en las escuelas, donde los jóvenes son atrapados por las redes de narcotráfico”, acusa Francisca Florenzano.

“La droga es muy difícil de intervenir y esto, claramente, no tiene solución en el corto plazo. Por eso, vamos a enfrentarla con políticas preventivas de mejor calidad”, acota la directora del Conace y confirma que “ha cambiado la manera de consumir. Evidentemente, los jóvenes tienen mayor poder adquisitivo y empiezan a edades más tempranas”.

La gran apuesta del gobierno, denominada Chile Previene, será actuar hacia esas edades, pues si ya se constata un alto consumo a partir de 8° básico, indudablemente es porque se viene arrastrando por lo menos desde 5°. De hecho, la nueva encuesta sobre drogas, cuyos resultados se conocerán el segundo semestre de este año, incluirá a escolares desde ese curso. Según el Conace, existe evidencia de que por cada un peso invertido en prevención se pueden ahorrar hasta 10 pesos en tratamientos de abuso de alcohol y drogas. Nada menor, si se considera que la última cifra existente sobre los costos del abuso de alcohol y drogas para el país se empina a 882 mil dólares (cifra obtenida de la encuesta de 2008).

Con todos estos datos en la mira, el Conace se puso metas concretas: reducir en 15% el consumo de marihuana en la población escolar; bajar un 15% el consumo de cocaína y pasta base en sectores expuestos y disminuir en un 10% los delitos que se cometen por los efectos del alcohol y las drogas. Todo aquello, advierte Florenzano, “acompañado de una fuerte intervención de los colegios”.

Estrategia oficial

Chile Previene es parte del plan estratégico que ideó la administración Piñera para hacer frente a la droga, y como novedad trae que, por primera vez, el problema se atacará junto con el del alcohol.

La campaña masiva en medios, que será lanzada en los próximos días, tiene tres frentes: alcohol, consumo de marihuana y el de pasta base y cocaína.

En el gobierno tienen conciencia de cómo la cocaína penetró en sectores que antes no tenían acceso a ella. “Sabemos que la cocaína se masificó, su precio cayó desde 15 mil –hace 10 años– a 3 mil”. Eso, porque los países del hemisferio norte emigraron a drogas químicas y, por ende, la oferta de los productores se elevó en Chile.

La mayor parte del plan se focaliza en los sectores más vulnerables. ¿Por qué, considerando que se reconoce la masividad del tema? Francisca Florenzano, no tiene dudas al responder: por la relación droga-delito, el 70% de quienes cometen los ilícitos de mayor impacto en la ciudadanía, lo hacen bajo la influencia del alcohol o droga. Por eso, la intervención se aplicará colegios de mayor riesgo, para después ir ampliándola al resto. Aquellos que no sean parte de esa categoría podrán optar a certificarse como escuelas preventivas.

El organismo trabajan con el ministerio de Educación, además, para tener una mirada global frente al tema. Poder intervenir, por ejemplo, los textos escolares de materias como lenguaje, matemáticas y comprensión del medio, como se ha hecho en otros países, para que los niños y jóvenes se familiaricen con el tema de la prevención desde distintos ángulos.

La directora del Conace, Francisca Florenzano, advierte que “el nivel de consumo en Chile supera al de naciones como Bolivia, Perú y Ecuador. Estamos a un nivel similar o igual al de los países desarrollados”.

En concreto, la nueva estrategia del Conace pretende transformar la política de prevención en un sistema de gestión que permita desarrollar programas de acuerdo a la realidad de cada uno de los sectores que se busca atacar.

En materia de tratamiento, la apuesta será consolidar una red nacional de calidad de acuerdo, también, a las especificidades de cada población. Se ampliará la cobertura de atención a adolescentes que no han cometido delitos, pero que tienen problemas de consumo; se incrementará la gestión de tratamiento para mujeres embarazadas y con hijos; se mejorará el acceso a procedimientos de rehabilitación vespertinos para personas que trabajan o estudian; se tratará y rehabilitará a personas con consumo problemático de alcohol, complementando la labor del ministerio de Salud en esta materia… lo que hasta ahora no se hacía.

Para cerrar el ciclo prevención-rehabilitación, se creará una unidad de reinserción social, que pretende ayudar a los drogadictos rehabilitados a retomar sus vínculos sociales, familiares y laborales.

Para enfrentar el alcohol, que por adicción –dice Francisca Florenzano– es homologable, la opción en estudio es intervenir el mercado. No está claro aún si a través de regulación de los precio o de la oferta, entre otras alternativas.

Camino por recorrer

En el gobierno saben que se trata de una labor transversal, que cruza gran parte de los ministerios porque la droga, anota la directora del Conace, es también producto de la política social que se ha desarrollado en los últimos años. Desde cómo se ha gestionado y levantado la vivienda social en Chile hasta el modelo laboral. “Hay que torcerle la mano a la política social, al sistema de educación que hemos tenido”, sentencia. Por de pronto el Conace, hoy dependiente del ministerio del Interior, se transformará en un servicio autónomo del Estado.

Pero hay cuentas que seguir sacando. No hay estadísticas sobre qué porcentaje de la población nacional finalmente es afectada por el abuso de la droga. Tampoco, sobre cuántos están en rehabilitación, ni respecto a cuántos de los que necesitan rehabilitación son atendidos.

Lo que sí se sabe es que el 20% de los jóvenes y adultos con consumo problemático, como los categorizan, es responsables del 80% de los problemas de seguridad pública en el país.

La frustración de Jaime Orpis
Más de 15 años lleva el senador Jaime Orpis en esta cruzada contra la droga; y tiene tanto material en el archivo que está ad portas de publicar un libro, en el que relatará cómo ha visto la penetración de los estupefacientes en Chile. Más de 40 horas de entrevistas con drogadictos serán parte del testimonio.

No va a parar hasta lograr que Chile prenda todas sus alarmas en esta historia, porque desde su acabado conocimiento en el tema, es tajante: “no se ven definiciones concretas que apunten a detener el problema en serio”.

Se siente “frustrado”. Desde hace más de 10 años las cifras, dice, muestran que el problema va desde Arica a Punta Arenas y no se ha hecho una lectura detallada de los números para enfrentarlo.

Hace 11 años, cuando tuvo en sus manos las primeras estadísticas de alto consumo de droga en los colegios, presentó un proyecto de ley en el Congreso para que obligatoriamente todos los establecimientos incorporen en el curriculum 22 horas al año de prevención de drogas. Sin el respaldo del gobierno, esto no avanza. El año pasado, el presidente Sebastián Piñera se comprometió a apoyarlo… pero no ha pasado nada. Y el Conace optó por otro camino para la prevención: “estamos escondiendo la mugre debajo de la alfombra, estamos destruyendo generaciones”, protesta Orpis.

¿Qué pide? Reforzar fronteras; campañas de prevención obligatorias en los colegios; que las policías estén informadas sobre las nuevas drogas que irrumpen en el mundo, para pesquisarlas antes de que se diseminen; políticas concretas para los hijos de la droga; prevención laboral; controles a la salida de las discoteques.

Lo que pide, en conclusión, es que el tema esté en el disco duro del gobierno.