A veces la pasión por leer –y tener los libros- es bastante como para saltarse las fronteras del lenguaje. Con eso en mente, los invitamos a revisar algunos de los mejores libros aparecidos en inglés durante los últimos meses. Por Christian Ramírez. Leer libros es sin duda un buen hábito, pero seguirles la pista, encargarlos […]

  • 15 junio, 2007

A veces la pasión por leer –y tener los libros- es bastante como para saltarse las fronteras del lenguaje. Con eso en mente, los invitamos a revisar algunos de los mejores libros aparecidos en inglés durante los últimos meses.
Por Christian Ramírez.

Leer libros es sin duda un buen hábito, pero seguirles la pista, encargarlos y recibir la cajita que los contiene –sea de Amazon, Barnes & Noble o la Fnac–, puede convertirse en un vicio muy agradable, según los afectados. La afición se vuelve más persistente en la medida que va asociada a ciertas áreas específicas (novelas, textos históricos, cómics u obras completas), al gusto por leer en el idioma original o como impaciente reacción ante el lentísimo ritmo con que van apareciendo las traducciones al español. Claro que incluso lectores como estos –compulsivos, veloces, informados y, por cierto, algo bulímicos– deben haber tenido dificultades para estar al día durante este primer semestre literario. En los últimos meses ha venido acumulándose una respetable cantidad de obras de ficción de calidad, ninguna de las cuales tiene todavía traducción al español y es posible que, en el mediano plazo, algunas ni siquiera la consigan. Lo que sigue es un intento de dar cuenta de esta avalancha, de tentar a esos compradores empedernidos y, por qué no, de intentar contagiar con el vicio a uno que otro lector casual.

RECIEN HORNEADOS

 

Acaban de salir a la venta, concentran de momento buena parte de la atención de los críticos, aún existen solo en tapa dura y al menos dos de ellos (Chabon y DeLillo) integran los regresos literarios más esperados del 2007.

The yiddish policemen’s union,

de Michael Chabon
Harper Collins, 2007. 432 pp.
¿Qué habría ocurrido si Israel hubiese fallado en la recuperación de medioriente y hecho caso de la idea norteamericana de establecer temporalmente de una colonia judía en Sitka, Alaska, para al menos dos millones de personas? La idea, originalmente de Franklin D. Roosevelt, se perdió en los pasillos de la historia, pero fue rescatada en la ambiciosa ucronía con que el novelista Michael Chabon decidió continuar su saga literaria tras haber ganado el Pulitzer con Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay y dedicarse a escribir filmes de Hollywood (Spiderman 2). En esta congelada tierra prometida, Chabon se juega a fondo para armar una intriga policial que le debe más al cine negro que a las novelas históricas y que a más de alguien le recordará lo intentado por Philip Roth en La conjura contra América.

Falling man,

de Don DeLillo Scribner, 2007. 256 pp.
Si alguien tenía todo el derecho de publicar un libro sobre el 11 de septiembre de 2001, sin ser tildado de oportunista, era Don DeLillo. El tipo ha invertido toda su notable carrera literaria en indagar en miedos colectivos (Mao II), tragedias generacionales (Libra) y enormes frescos históricos (Submundo), de modo que era lógico que de su pluma saliera la historia de uno de los supervivientes de las torres, el reencuentro con su ex mujer y su nueva vida como un nihilista jugador de póker, con un telón de fondo que involucra a un artista que circula por Nueva York, colgado de distintos edificios en la misma posición que la famosa foto del hombre que cae (falling man) del World Trade Center. DeLillo tiene la osadía de describir los últimos momentos del edificio mientras lo impacta el avión, pero no desde fuera (como lo vieron todos por TV), sino desde dentro.

On Cheasil Beach,

de Ian McEwan
Nan A. Talese, 2007. 208 pp.
Mientras los seguidores de McEwan se sientan a esperar algún texto futuro sobre el hermano secreto que el escritor acaba de descubrir, por ahora pueden conformarse con su breve y contenido relato sobre la imp posibilidad de una pareja de recién casados por consumar su matrimonio. McEwan ya había escrito sobre tensiones psicosexuales, pero
como más de alguien ha dicho por ahí, es clave que haya ambientado su historia en las puertas de los años 60, con un par de protagonistas que resultan dolorosamente inocentes ante las puertas de una revolución sexual.

 ESPERANDO TRADUCCION

Con toda seguridad serán traducidos. ¿Cuándo?, mejor no asegurarlo. Acumularon algunas de las buenas críticas de los últimos doce meses y varios de ellos ya cuentan con ediciones paperback, lo que abarata en gran parte su compra (en promedio unos 15 dólares), más aún pensando que ninguno de estos textos aparecerá en nuestras librerías costando menos de 20 mil pesos.

What is the what,

de Dave Eggers
McSweeney’s, 2006. 475 pp.
Si el estadounidense Dave Eggers escribió uno de los mejores libros de la década (Una historia conmovedora, asombrosa y genial) apelando a sus tristes y extrañísimos recuerdos
familiares, ahora se ocupa de ficcionar memorias de otro: Valentino Achak Deng, un superviviente de la guerra civil sudanesa, que escapó a la masacre de su pueblo para ir a sufrir a campos de refugiados en Kenya y luego cambiar radicalmente de paisaje con su llegada –después de 15 años de odisea– a Atlanta, Estados Unidos, donde la cosa, claro, tampoco le resultará fácil. Lo que era material de teleserie se convierte en poco menos que guión de película, lo que no extraña, porque si hay algo que Eggers sabe hacer bien es contar una historia.

The lay of the land,

de Richard Ford
Knopf, 2006. 496 pp.
De seguro que quienes disfrutaron con El periodista deportivo y El día de la independencia, las dos novelas de Ford sobre el apagado Frank Bascombe, ya tienen bajo el radar la última entrega de la trilogía: un relato donde su antihéroe –sometido a tratamiento contra cáncer prostático, a los 55 años–, comienza a observar lo que le rodea (una ex esposa
que regresa, una esposa que está a punto de dejarlo, dos hijos que se salen de control, un estático empleo como agente inmobiliario) como si el mundo estuviera a punto de detenerse. No es casualidad, de hecho, que la historia esté ambientada en el Día de Acción de Gracias de 2000, el último antes del 9-11.

House of meetings,

de Martin Amis
Knopf, 2007. 256 pp.
Dos hermanos –uno criminal de guerra y otro poeta– enviados por separado a un gulag en Siberia durante las purgas estalinistas. Ambos están enamorados de la misma mujer y el encierro forzoso está a punto de cambiarles su vida por completo. Martin Amis concibió la historia mientras hacía la investigación para Koba, el terrible, y acabó por convertirla en una miniatura que –según la críticabien puede ser su mejor texto desde la enorme y satírica Campos de Londres. Más allá de las exageraciones de la prensa, lo realmente notable es que por fin el británico se atrevió a seguir los pasos de su maestro Vladimir Nabokov y escribir de una vez por todas la novela rusa que llevaba en su interior.

The invention of Hugo Cabret,

de Brian Selznick
Scholastic Press, 2007. 544 pp.
Parte de la montaña de dinero ganada por Scholastic Press, la visionaria editorial que a fines de los 90 compró los derechos para Estados Unidos del entonces desconocido Harry Potter, ha sido destinada sabiamente a tratar de continuar con la búsqueda de nuevos autores y elaborar productos atractivos para lectores jóvenes, y probablemente se hayan salido con la suya al publicar The invention of Hugo Cabret, la historia de un chico que vive escondido en los recovecos de una estación de tren parisina, tras la muerte de su padre relojero, en los umbrales del siglo XX. El punto es que Hugo Cabret no solo se lee sino que también se mira: su autor Brian Selznick editó el libro de manera que el texto y los cientos de imágenes dibujadas por él van superponiéndose como si fuese un montaje cinematográfico. Ello no extraña, porque en último término el objeto del libro es el nacimiento del cine, y probablemente también lo sea su destino final, porque los derechos para la pantalla ya fueron opcionados por Martin Scorsese.

{mospagebreak}

LA VIEJA GUARDIA

No se trata de obras maestras ni mucho menos, pero viniendo de quien vienen (Mailer, Pynchon, McCarthy) se trata de verdaderas declaraciones de principios y exhibiciones de ambición, especialmente considerando que los tres autores están inmersos de lleno en sus años crepusculares

The castle in the forest,

de Norman Mailer
Random House, 2007. 496 pp.
Considerando que Mailer ha contado historias sobre Lee Harvey Oswald, la CIA, Jesús y el primer viaje a la luna, como si las hubiera presenciado en persona, era cuestión de tiempo que se atreviera con Adolf Hitler. El que lo haya hecho a los 84 años, con una atritis galopante y avisando que tal vez será su último libro publicado en vida, redobla su mérito; pero además, The castle in the forest es una curiosidad: no trata del Adolf del bigote, sino del hijo de la unión incestuosa de su padre, Alois, y una mediohermana. Mailer estudió con escalofriante exactitud la infancia y adolescencia del führer y habría conseguido una obra maestra, si no hubiese sido por un detalle: decidió que la trama estaría narrada por Dieter, un demonio de segundo orden que no resiste la tentación de robar protagonismo al joven monstruo.

Against the day,

de Thomas Pynchon
The Penguin Press, 2006. 1085 pp.
Fiel creyente en las propiedades adictivas de las novelas gigantes, el misterioso Thomas Pynchon (a quien nadie ha fotografiado en 50 años) continúa produciéndolas de tanto en tanto. Su nuevo Moby Dick literario supera las mil páginas e involucra a un par de cientos de personajes que giran por Estados Unidos y Europa entre el final del siglo XIX y los albores del XX. ¿Cuál es el gran tema de este mamotreto? Los que se lo han terminado dicen que el frenesí de la segunda era industrial, la locura de la preguerra y la voluntad de crear un enorme fresco al estilo de sus novelas El arcoiris de gravedad y Mason & Dixon. Las críticas no han sido muy halagadoras, pero Pynchon escribe para la posteridad: las reseñas apresuradas le importan un comino.

The road,

de Cormac McCarthy
Knopf, 2006. 256 pp.
Mientras algunos despistados se deleitan pelando No es país para viejos, la novela policial que McCarthy usó para sacudirse de varios años de silencio (y que adaptaron al cine los hermanos Coen), apareció de la nada el que bien puede ser su libro más extraño y desnudo: The road, relato post atómico sobre el viaje de un padre y su hijo rumbo al océano, a través de tierras devastadas, escondidos de pandillas salvajes, guiñapos humanos y de un mundo donde ni siquiera hay espacio para la idea de la muerte, porque ya todo es muerte. Qué estaba pensando McCarthy cuando lo escribió, seguramente cosas muy negras.