Los aserraderos chilenos fueron el sector productivo que primero acusó el golpe cuando se hizo evidente la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, su principal mercado de exportación. Hasta hoy esa industria es la que menos señales de recuperación ha mostrado. Desde mediados de 2006 a la fecha, cerraron unos 60 aserraderos de mayor tamaño, de […]

  • 27 mayo, 2009

Los aserraderos chilenos fueron el sector productivo que primero acusó el golpe cuando se hizo evidente la crisis inmobiliaria en Estados Unidos, su principal mercado de exportación. Hasta hoy esa industria es la que menos señales de recuperación ha mostrado.

Desde mediados de 2006 a la fecha, cerraron unos 60 aserraderos de mayor tamaño, de un total de 264 catastrados previamente, y que en conjunto representan el 80% de la producción nacional. Del resto, unos cien que trabajan a pequeña escala, no se tienen datos concretos, pero la situación debe ser similar o peor.

Las cifras de producción han ido cayendo sustantivamente en los últimos dos años y para 2009 se espera una nueva disminución, que podría ubicarse en torno al 30%, al totalizar la madera aserrada unos 5,3 millones de metros cúbicos al finalizar el ejercicio.

El gerente de Asuntos Corporativos y Comerciales de Arauco, Charles Kimber, cuenta que en el mundo se ha perdido una infinidad de puestos de trabajo en esta área, lo que en Chile todavía no ha ocurrido. Esto, porque las grandes empresas más bien han hecho ajustes de producción, bajando el números de turnos o simplemente produciendo menos. Además, las plantas de celulosa y las de tableros se han mantenido funcionando a plena capacidad, con lo que, de paso, han hecho posible que las actividades silvícolas (en el bosque mismo) y de transporte absorban más cantidad de empleos.

Adicionalmente a los cierres materializados por Arauco, CMPC y Masisa –los actores más grandes de la industria forestal–, hay varias otras bajadas de telón emblemáticas en el sector. Una de ellas es la de aserraderos Paillaco en la Región de Los Ríos, de propiedad de la familia Léniz, que quebró hace unos meses y hoy se están rematando sus instalaciones.

Un área muy asociada a los aserraderos, que también ha visto descender su actividad bruscamente, es la de las molduras, que hoy se encuentra operando a un tercio de su capacidad instalada.