El pasado mes de agosto los integrantes de la Corporación del Libro anunciaron que no participarían de FILSA este año. Tampoco asistieron algunas de las editoriales más grandes como Penguin Random House y Planeta. Arturo Infante, director general de Catalonia, y quien lidera actualmente la Corporación del Libro, fue también el gestor de la primera […]

  • 16 noviembre, 2018

El pasado mes de agosto los integrantes de la Corporación del Libro anunciaron que no participarían de FILSA este año. Tampoco asistieron algunas de las editoriales más grandes como Penguin Random House y Planeta. Arturo Infante, director general de Catalonia, y quien lidera actualmente la Corporación del Libro, fue también el gestor de la primera versión de Festival de Autores de Santiago (FAS).  Los días 26 y 27 de octubre FAS se instaló en la Casa Central de la Universidad Católica, establecimiento que no les cobró por la utilización del espacio, y luego continuó el 9, 10 y 11 de noviembre en el GAM. Ahí sí tuvieron que pagar un arriendo que costearon entre las editoriales participantes, por un monto considerablemente menor a lo que cuestan los arriendos en la Estación Mapocho. En ambas ocasiones la entrada al público era liberada.

“FAS fue un espacio improvisado que surgió para darle a nuestros autores una alternativa ya que la venta de libros también responde a cierta estacionalidad y habitualmente se calcula un final de año con harta actividad, incluida FILSA. La decisión (de no participar en FILSA) resultó sorpresiva para muchos, y no quisimos dejar a los autores y sus lectores en banda”, explica Infante. Agrega que las cuentas resultaron más que alegres porque hubo buena respuesta del público: “Lo armamos en dos meses con tal fuerza y éxito que quedó como un desafío asumido para el próximo año”. La idea, cuenta el editor, es pensar una versión 2019 con mayor tiempo de organización, incluyendo además a autores de regiones e invitados internacionales y poner a FAS en el circuito de ferias latinoamericanas. Lo otro es buscar una fecha que permita coexistir con otras instancias similares como la Primavera del Libro, la Furia del Libro y la misma FILSA.

Posible paz

Infante reconoce que en el gremio del libro los ánimos quedaron algo caldeados y que no fue ideal que FAS coincidiera con FILSA -lo que algunos interpretaron como un boicot- pero asegura que no pierde la esperanza de un reencuentro porque considera que Chile se merece una gran Feria del Libro que reúna a la Cámara Chilena, Editores de Chile, Cooperativa de la Furia y la Corporación del Libro. Si eso no ocurre y no se logran limar las asperezas, igual habría espacio para todos, señala: “Si nos calendarizamos bien no hay para qué canibalizarnos. La idea es que no pierdan los lectores, los autores, las editoriales y los libros”.

Para el dueño de Catalonia, uno de los mayores problemas con FILSA es que se transformó en un espacio con propósito de lucro en sí mismo y ante la necesidad de subarrendar espacios se fue desvirtuando y alejándose de su espíritu original. Por ejemplo, este año aparecieron más puestos dedicados a otros productos o merchandising asociado a la lectura, más que libros. Por otra parte existe el tema de la entrada. Ahí Infante señala que al interior de la Corporación del Libro hay distintas opiniones, pero él es partidario de no cobrar: “El tiempo ha ido demostrando que en un país como Chile, donde se lee poco y los libros tienen IVA,  que más encima se cobre por entrar a una feria sin derecho a nada, es mucho pedirle a la gente”.