• 30 octubre, 2008

 

¿Qué viene después de la expropiación de los ahorros previsionales en Argentina? ¿Las recaudaciones de los recitales de Mercedes Sosa y Madonna? ¿La venta de entradas del próximo superclásico? Cuando el Estado es voraz y no hay límites, incluso lo que parece ridículo es altamente probable. Por Gustavo Lazzari.

 

En varias oportunidades sufrí situaciones de inseguridad complicadas. La más grave fue cuando un malhechor a punta de pistola me exigió dinero. Alguien me iluminó y le dije: “tranqui, hoy laburé para vos, lo que tengo es tuyo”. El ladrón se tranquilizó, tomó su botín y se marchó.

Gracias a Dios sigo vivo y cuento esta película.

Mientras la presidenta Cristina Kirchner anunciaba la pulverización del sistema de capitalización privado, la incautación de las cuentas individuales y la nacionalización compulsiva del sistema previsional, me acordé de aquel malhechor que me robó el dinero.

Una diferencia no menor hay entre aquel hecho de inseguridad física y éste, de inseguridad jurídica. El ladrón privado sabía que yo le estaba mintiendo. Sabía perfectamente que no lo esperaba ni me había esforzado para él. Yo también sabía que él sabía. El contrato era bien claro: se trataba de un robo.

El gobierno no fue tan sincero como aquél ladrón. No se animaron a decir lo que estaban haciendo. Al mejor estilo orwelliano, modificaron la acepción de una palabra para ocultar la verdadera intención. Hablaron de “rescate de los fondos privados personales que se devaluaban en manos de las AFJP”.

El Gran Buenos Aires (reino de la inseguridad) no conoce un ladrón que le diga a su víctima: “quedate tranquilo, te robo el auto y así te evito el gasto en mantenimiento, patentes, combustibles, seguros, etc.; en realidad, te estoy rescatando”.

La estrategia del gobierno es imponer en el debate que se trata de un tema “previsional”. Que en realidad las AFJP administraban mal los fondos de los cotizantes y, ante esa falla, el Estado aparece como salvador.

En rigor, la discusión es PLENAMENTE FISCAL. El Estado necesitaba dinero para cubrir el déficit fiscal que está a la vuelta de la esquina. El 2008 era, hasta el 21 de octubre, el año donde los intentos de voracidad fiscal fracasaban uno tras otro. En julio, el revés del aumento de las retenciones móviles; en agosto, el intento fallido de “insertarse” en el mercado de crédito internacional a través del pago al Club de París y la oferta a los hold outs.

Argentina tiene vencimientos de deuda pública del orden de los 18.000 millones de dólares promedio para los próximos tres años, en un contexto de caída vertiginosa del superávit fiscal producto del enfriamiento de la economía, la baja de precios de los commodities y la caída del impuesto inflacionario.

De hecho, los 35.000 millones de pesos de superávit en 2007 que eran explicados por retenciones y el impuesto al cheque, este año serán menores y el próximo, inferiores aún.

Los fondos privados incautados con esta medida ascienden a un stock de 95.000 millones de pesos y a un flujo de 14.000 millones de pesos anuales más el ahorro en intereses y capital por los 55.000 millones de pesos en títulos públicos que serán “transferidos” al Anses (la oficina de Administración Nacional de la Seguridad Social).

Los argentinos conocemos bien la película. Los fondos serán licuados y el Anses más temprano que tarde volverá a su histórica condición deficitaria. Las futuras administraciones tendrán un sinfín de excusas para librarse de la culpa de los magros haberes futuros. Todos los controles prometidos son letra muerta. “Comisiones bicamerales”,“la oposición en el Anses”, “publicidad de los actos”, “comisión de sindicalistas, industriales y políticos notables” son parte del humor trágico argentino.

El dato relevante para los argentinos es saber quién es la próxima víctima y cuál es el próximo botín. ¿Los seguros de retiro? ¿Los prepagos médicos? ¿Los depósitos bancarios? ¿Los plazos fi jos? ¿Las cajas de seguridad? ¿Las tenencias accionarias? ¿Las recaudaciones de los recitales de Mercedes Sosa y Madonna? ¿La venta de entradas del próximo superclásico? ¿La recaudación de monedas de las líneas de colectivo? ¿Las recaudaciones de la obra Evita financiada por el Estado de la Provincia de Buenos Aires?

Cuando el Estado es voraz y no hay límites, incluso lo que parece ridículo es altamente probable. No extraño a aquel ladrón, pero ciertamente fue mucho más sincero. Estaba afanando, lo dijo, afanó y se fue (porque obviamente no lo agarraron).

Un nota final del autor: los términos guita (dinero), laburar (trabajar) y afanar (robar), son expresiones del lunfardo (slang) argentino. Habituales en situaciones de inseguridad y, a veces, en medidas de política económica.