En Argentina, el hecho de que tres científicos hayan obtenido el Premio Nobel, ha impulsado una fructífera tradición investigadora en ese país. Sin embargo, desde los años 60 en adelante y por razones que van desde las demandas de los países desarrollados, las dictaduras militares, la búsqueda de la frontera del conocimiento y las crisis […]

  • 21 septiembre, 2007

En Argentina, el hecho de que tres científicos hayan obtenido el Premio Nobel, ha impulsado una fructífera tradición investigadora en ese país. Sin embargo, desde los años 60 en adelante y por razones que van desde las demandas de los países desarrollados, las dictaduras militares, la búsqueda de la frontera del conocimiento y las crisis económicas, más de 7 mil científicos e investigadores argentinos trabajan en otros países. La buena noticia es que desde el año 2003 en adelante, más de 300 han regresado, impulsados, sobre todo, por las nuevas oportunidades económicas y profesionales que se han abierto en el vecino país. Así lo indica un artículo aparecido en el diario Clarín y que reproduce otro de la universidad de Wharton, donde se dice que “estos cerebros” –que habían emigrado sobre todo a Estados Unidos y Europa– fueron ayudados por el programa Raíces, que depende de la Secretaría de Ciencia y Técnica de la Nación.

Lo más notable del artículo es que pone a Chile como ejemplo del desarrollo en esta área, aunque esto puede deberse a que los datos que manejan no son los mismos que tiene el gobierno chileno. Dice Clarín que Argentina está lejos de igualar los presupuestos anuales en ciencia y tecnología de otros países de la región y del resto del mundo, porque si bien éste se triplicó en los últimos cuatro años y hoy llega a 637 millones de dólares, todavía está lejos de otros países de la región, como Brasil y Chile, que destinan más de un 0,90% de su PIB a esta área. Sin embargo, la propia presidenta Bachelet dijo hace poco que Chile destina cerca de un 0,7% del PIB a ciencia y tecnología y que la meta es alcanzar el 1% del PIB al final de su administración, “pero con una incorporación más activa del sector privado, puesto que hoy el 75% de ese gasto es público”. Los países de la Unión Europea, en tanto, gastan entre 1,8% y 2,0% de su PIB en desarrollo científico y tecnológico.