Pablo Gómez, fiscal regional de Valparaíso, presentó acusación en el caso SQM y pidió siete años de cárcel para Patricio Contesse, ex gerente general de la minera no metálica, y acusó a Pablo Longueira de cohecho. Es por eso que recordamos este perfil publicado en Capital en marzo de 2016.
Por: Jorge Poblete

  • 10 julio, 2018
Ilustración: Ignacio Schiefelbein

Ocurrió en otro tiempo, cuando llevaba el pelo corto y no usaba bigote a lo Dalí, cuando trabajaba con relativa tranquilidad como fiscal regional de Valparaíso y la causa SQM no estaba en el horizonte de ningún investigador. Era enero de 2011 cuando el fiscal Pablo Gómez Niada –entonces de 37 años, hoy ya cumplió los 42– dio una entrevista al boletín de su alma mater, la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Valparaíso. Le preguntaron por la relación entre el Ministerio Público y los parlamentarios, y dijo que creía que se habían “ganado el respeto de la sociedad”. Luego le consultaron si había recibido presiones indebidas de legisladores por alguna investigación y la respuesta fue: “Sí, me ha pasado”.

“¿Lo llaman a su teléfono y directamente le plantean algo indebido?”, fue la consulta siguiente. “Sí, me han llamado e inmediatamente, con respeto, les he indicado que no me corresponde. He sugerido acudir al juez de garantía si la persona estima que no se cumple debidamente con el proceso penal. En definitiva, me podrían llamar quienes quieran, pero debo cumplir con mi función constitucional y mi trabajo”, cerró Gómez, sin que le contra preguntaran quién lo había presionado, cuándo o por qué.

Es el pasado de un abogado viñamarino que, tras coquetear con la justicia naval y el derecho civil, llegó como fiscal adjunto a la V Región, donde lo recibió el entonces fiscal regional Jorge Abbott. Con su respaldo se convirtió en fiscal jefe de Valparaíso en 2005, y en 2010 en fiscal regional, cargo desde el que el recién asumido fiscal nacional le encargó una misión adicional: heredar la causa SQM.

La tarea no es menor, considerando que el caso es flanco de críticas desde la oposición por la menor velocidad de avance respecto de Penta, a lo que se suman los cuestionamientos surgidos hacia el persecutor desde los querellantes de la fundación Ciudadano Inteligente por, afirman, un eventual conflicto de interés: está casado con la abogada Patricia Pérez, ex ministra de Justicia de Sebastián Piñera.

“Se trata de una persona históricamente muy cercana al ex presidente Sebastián Piñera, cualquier acción u omisión será analizada a través de este nexo, sin mencionar que no tiene experiencia anterior en delitos relacionados con el cohecho”, dijo el querellante Mauricio Daza tras su nombramiento.

Mientras, entre algunos penalistas locales lo miran son sospecha. No lo conocen y observan con reticencia lo poco eficiente que puede resultar, a la larga, dirigir una causa de esta naturaleza desde Valparaíso, ciudad desde la que Gómez viaja varias veces a la semana.

Cercanos al abogado, en todo caso, lo destacan como un buen negociador y como un fiscal con un sentido fundamentalmente práctico: abierto a hacer tratos y utilizar salidas alternativas cuando éstas están disponibles pero, por otra parte, dispuesto a rechazarlas, si esta opción no está dentro de su análisis jurídico y convicción.

Es este criterio el que comenzará a ser probado a partir del próximo 9 de marzo, cuando en la audiencia el tribunal resuelva sobre la ampliación de plazo solicitada por el Ministerio Público para la investigación. Las formalizaciones de esa jornada –al ex gerente general de SQM, Patricio Contesse, y al otrora senador PS Carlos Ominami– marcarán la pauta de cuánto tiempo más se mantendrá abierta una causa que, a diferencia de Penta, golpeó transversalmente a políticos de uno y otro color.

Considerado por su entorno como un hombre de confianza de Abbott, en las últimas semanas sus declaraciones no pasaron inadvertidas: “Sin querellas del SII igual vamos a poder formalizar en algunos casos”, dijo, lo que abrió espacio a las dudas. ¿Está la visión de Abbott tras esa aseveración o el nuevo hombre del caso SQM empieza a correr con colores propios al mando de una de las causas judiciales más controvertidas del último año? Interrogante que se suma a los efectos que tendrá en el curso de la causa una eventual declaración del ex candidato presidencial Pablo Longueira y si, en ese escenario, se resolverá o no formalizar.

Pregunta rápida

Fue hace unas semanas, durante la cuenta pública del Ministerio Público en Valparaíso. Hasta la ceremonia llegó Waldo del Villar, en su calidad de presidente del Colegio de Abogados de esa región. Allí se topó con el fiscal regional Pablo Gómez, quien, una vez que estuvieron suficientemente cerca, le preguntó inquisitivo: “¿Tienes boletas de Soquimich…? Nooo, le dije (…). Cuando me encuentro con él, hace esas tallas. Ése es el trato que tiene con algunos colegas”, dice sonriente Del Villar.

Del Villar es un testigo privilegiado de la carrera del fiscal del caso SQM, quien hoy también hace clases de litigación en la UCV. En su estudio Del Villar, Cereceda & Cia, de calle Prat en el puerto, todavía está escrito en los ventanales el nombre del hoy fiscal nacional, Jorge Abbott, quien durante un par de años fue socio de su oficina, tras dejar la Fiscalía Regional de Valparaíso a fines de 2010 y antes de asumir como director ejecutivo de la Fiscalía Nacional en 2014. “Abbott se dedicaba más que todo a cuestiones de corte comercial, porque no quería meterse en temas contra la fiscalía”, recuerda.

Esa proximidad le sirvió para formarse una opinión de la relación entre ambos. “Él es del corte de Jorge Abbott, son muy cercanos y Jorge como fiscal regional era del mismo trato. Era un tipo al que le daba lata andar con chofer y hoy con guardaespaldas, porque es muy sencillo”, dice.

Cuenta que, más allá de las formas, su proximidad se traducía en una fuerte coordinación en la toma de decisiones. “Jorge siempre apoyó a Pablo y si en algún minuto uno tuvo que ir a hablar con el fiscal regional por alguna causa importante, siempre estaban Jorge y Pablo al lado. Nunca lo iba a pasar a llevar. Había respeto mutuo y colaboración”.

Otras fuentes plantean que Abbott no llegó a convertirse en mentor de Gómez, ya que el fiscal nacional no ha hecho carrera como litigante, a diferencia del hoy fiscal regional, que tendría como referente en lo penal al profesor Luis Rodríguez Collao. Con Abbott comparten, eso sí, la capacidad de delegar y trabajar con equipos a los que, si bien escucha, impone sus criterios, mencionan cercanos a propósito de la salida del fiscal Emiliano Arias del caso.

Los primeros contactos de Del Villar con Gómez, de todas formas, venían desde antes. “En 2007 me toca conocerlo por el tema de la explosión de gas de calle Serrano –en que murieron cuatro personas y en que Del Villar fue querellante–, caso donde él rápidamente resuelve el problema (…). Diría que una característica de Pablo es que es bastante ejecutivo y no se deja manipular por los intervinientes. Él lleva la investigación, él la realiza y toma las decisiones. Eso, no obstante tener un muy buen trato, no asume un papel de superioridad por su cargo, sino que el trato es de colega a colega, lo que para uno es muy cómodo”, dice.

Esa capacidad ejecutiva, asegura, se refleja en una visión práctica de la labor de fiscal: “Si hay salidas alternativas, él dice, mira: resolvamos esto por esa vía, para eso están y en definitiva no es un tipo que se obstine en llevar a juicio. Si lo extrapolamos a la situación actual, si hay posibilidades de resolver por salidas alternativas, no me cabe la menor duda que él va a resolver así el tema, no va a eternizar la investigación”.

Lazos políticos

En ese mismo período cuenta que volvieron a coincidir, esta vez en un magíster de Derecho Penal en la Universidad Católica de Valparaíso, donde también estaba Patricia Pérez, con quien Gómez se casaría en 2009. Esta relación ha sido el puntal de las preguntas surgidas de los querellantes sobre la independencia que podría tener el fiscal al indagar a personeros de la Alianza y, también, sobre su propia visión de la política.

Ex compañeros del magíster recuerdan que en ese entonces, Gómez y Pérez solían juntarse con el abogado Lisandro Godoy, defensor en los casos Tsunami y Farmacias. “Hacíamos grupo de estudio, nos resultaba eficiente estudiar juntos (…). Pablo tiene buen criterio jurídico, no sólo conocimientos teóricos, y eso ayuda”, dice el abogado. Sobre política, asegura, el fiscal “no hablaba en el máster”.

Del Villar afirma que Gómez “tiene el perfil de un hombre de centroderecha. Creo que ése es el perfil, pero se cuida mucho de hacer comentarios políticos”. Añade que, además, “persiguieron a parlamentarios de los dos sectores, a Laura Soto y a Maximiano Errázuriz y a Amelia Herrera. En ese aspecto, para mí, la dupla Abbott y Gómez da garantías de que no van a resolver políticamente”.

En el entorno del fiscal afirman que los cuestionamientos a Gómez por estar casado con una ex ministra del gobierno de Piñera son desproporcionados. Dicen que él nunca se involucró en el trabajo de su mujer, porque, además, tras salir de la cartera con prenatal y luego de permanecer hospitalizada en la UCI del Hospital Naval de Viña del Mar, debido al lupus que le diagnosticaron, hoy los contactos políticos de la abogada no están activos. Si bien en el verano de 2014 recibió la visita de Sebastián Piñera y Cecilia Pérez en la clínica –cita en la que Gómez estuvo presente–, tras el nacimiento de sus hijas, la ex ministra hoy está concentrada en su trabajo de conservadora de bienes raíces de Villa Alemana, en su tratamiento médico y en su familia.
Para saber más de las afinidades políticas de Pablo Gómez, hay que ir todavía más atrás, a sus años de estudiante de pregrado.

Años de dirigente

El abogado Patricio Aguirre es un viñamarino de tomo y lomo. De los que procura evitar la ciudad en verano, ante la sobrepoblación de turistas en calles y playas que por las que el resto del año puede transitar más tranquilo. Es de quienes afirma, convencido, que en esa ciudad la gente y las instituciones están menos contaminadas que en Santiago. Proveniente del colegio de los Padres Franceses, entró en 1992 a estudiar Derecho en la Universidad Católica de Valparaíso, donde rápidamente armó un grupo de amigos, que incluía a un adolescente flaco y católico como él, que había egresado del seminario San Rafael y que seguía con devoción la serie Se hará justicia.

Su amigo era Pablo Gómez, el cuarto hijo de un profesor de educación física que trabajó en la Escuela Naval, en la Universidad Federico Santa María y en diversos colegios, y que ya en primer año, asegura Aguirre, mostró características de un líder afable y se transformó en delegado de curso. “Era el que hablaba y a la vez no generaba anticuerpos”, dice el abogado. “Cuando llegó era chascón, diferente de los otros en ese sentido, un poco más hippie. Le gustaba la fotografía, la decoración, sabe de diseño. Un tiempo me contó que andaba viendo cine iraní, ese tipo de cosas. En la música, lo que lo identificaba y todavía es su pasión, es Fito Páez. Es su locura. De repente hasta se parece. Hace unos años tocó en el Caupolicán y ahí estuvimos. También era tallero, es súper tallero”, dice su amigo. De fútbol, eso sí, poco o nada.

Esa personalidad sociable, combinada con buenas notas en una escuela exigente y una activa participación en las clases, favoreció que apostara nuevamente por representar a sus compañeros, esta vez en una instancia mayor. “Fue presidente del centro de alumnos de derecho en la mitad de la carrera”, dice Aguirre: “Pablo armó una lista con gente independiente con unos más de derecha. Él la planteó como una lista independiente y cuando ganó con alta mayoría, la derecha se atribuyó el triunfo”.

Sobre su pensamiento, el abogado plantea: “En el caso de él, lo que sí está claro es que no es de izquierda. En lo económico es más bien calificable como pro libre mercado y la propiedad privada, pero también tiene ideas de izquierda provenientes de un sentido social muy marcado”. La veta social, cuentan cercanos al fiscal, la mantiene y aún realiza labores benéficas, en reserva.

Otros cercanos al fiscal precisan que en ningún caso es un Axel Kaiser y que en varios ámbitos sí cree en la participación del Estado y que, como suele ocurrir con la gente, ha ido variando su pensamiento con los años, tanto en política como en religión. Cuentan que, por ejemplo, dejó de asistir a misa y que su gran constante, aseguran, es su gusto por la música del rosarino.

Fue a través de Patricio Aguirre que Gómez, tras un paso por el estudio Carvallo, llegó a trabajar a la Armada. Primero como asesor de la auditoría y luego como fiscal naval en Iquique, con el grado de teniente primero.

“Estando allá postuló al Ministerio Público y entró primero como fiscal adjunto en Iquique y, cuando llegó la reforma a Valparaíso, postuló. Como tenía todo el bagaje, quedó”, dice el abogado. A la V Región arribó como fiscal adjunto en 2003, hasta que dos años más tarde fue nombrado fiscal jefe de Valparaíso. El abogado agrega que a sus cercanos no les extrañó cuando hace unos meses empezó a dejarse un largo bigote. Otros miembros del círculo cercano del fiscal dan otra versión. Cuentan que cuando Patricia Pérez estuvo hospitalizada fue que Pablo Gómez empezó a dejarse crecer el pelo, período en que también dio una licencia en la fiscalía para poder concentrarse en su situación familiar. El bigote apareció más tarde. Estos cercanos lo entienden como un proceso interno y no le hacen preguntas. •••