• 6 marzo, 2009

 

Estados Unidos en el medio de la tormenta, con un presidente realista, pero que se esfuerza en transmitir confianza y esperanza en sus discursos. Y, como nunca, captando la atención de todo el mundo. Por Gabriel Sánchez-Zinny.


Las últimas semanas en Washington han sido de un intenso foco en los problemas económicos, presentes y futuros. Sólo distraídos por el primer viaje internacional de Hillary Clinton como secretaria de Estado a varios países de Asia, republicanos y demócratas, analistas, empresarios y lobbistas debatieron alrededor de la economía.


Tal vez tres fueron los momentos más destacados de los últimos días, que trataron de dar algo de claridad a la situación actual y a las medidas que está tomando la administración Obama para encontrarle solución. El primero fue la organización de la Cumbre de Responsabilidad Fiscal el lunes 23 de febrero en la Casa Blanca.


Una convocatoria del presidente Obama a 130 intelectuales, analistas, políticos y empresarios para tratar temas de más largo plazo, relacionados con el déficit en Estados Unidos y los mayores programas de gastos social obligatorio no discrecionales; es decir, que crecen automáticamente junto con el aumento de la población: seguridad social, Medicare (servicios de salud para los mayores de edad) y Medicaid (salud pública para los ciudadanos de menores recursos), que tendrán un profundo efecto en la economía en las próximas tres décadas.


En 2007, estos tres programas costaron más de un trillón de dólares, dos veces lo que Estados Unidos gastó en defensa, y más de un 40% de los 2,7 trillones que representa el presupuesto nacional. Para 2030 se estima que estos programas representen un 75% del presupuesto.

“Los impuestos deberán aumentar un 50% si el resto del gasto público se mantiene igual” –señala el comentarista del Washington Post Robert Samuelson– “o gran parte del gobierno deberá reducirse, o el déficit presupuestario se deberá cuadruplicar para financiar el aumento de estos gastos”.


Esta situación se agrava en un contexto en que la tasa de natalidad en Estados Unidos está apenas permitiendo el reemplazo de generaciones, con un promedio de 2,1 hijos por mujer. Para el 2030, según el informe Joint Operating Environment, elaborado por las fuerzas armadas de Estados Unidos para analizar diferentes escenarios geopolíticos, económicos y sociales futuros, la población será de 355 millones: un aumento de 50 millones. La población de más de 65 años será el doble para el 2030, casi 72 millones de personas, o un 20% del total. Y la gente en edad laboral disminuirá del 59% al 56% para el mismo año.


Esto tiene un efecto directo en la situación fiscal del país, que este año proyecta un déficit de 1,3 trillones de dólares, un 8,3% del producto bruto. La combinación del envejecimiento de la población con el aumento de beneficiarios de estos programas puede ser explosiva. Unas 100 millones de personas son cubiertas por los programas de Medicaid y Medicair, con un gasto conjunto de 561 billones de dólares.


La segunda oportunidad que tomó el presidente Obama para hacer anuncios económicos la concentró en dos importantes encuentros que tuvo con todos los alcaldes del país y en una cena que ofreció en la Casa Blanca a todos los gobernadores, en que destacó que el prepuesto que presentará al Congreso para el año que viene incluye una reducción del déficit a la mitad antes de terminar su primer mandato de gobierno. A su vez, señaló que esta reducción a unos 533 billones de déficit para el año 2012 se hará principalmente disminuyendo gastos de defensa, en particular en Irak y Afganistán, y no renovando la baja de impuestos que había establecido el presidente Bush durante los primeros años de su mandato.


Estos diferentes anuncios fueron resumidos y expandidos durante los 52 minutos del primer discurso formal que el presidente Obama dio frente a la Cámara de Representantes y el Senado, el pasado 24 de febrero. En esa ocasión, buscó combinar una detallada explicación sobre las medidas de corto plazo que son imprescindibles para revitalizar la economía, pero sin perder de vista su agenda política y económica de largo plazo, que estará centrada en tres ejes: la reforma del sistema de salud, el cuidado del medio ambiente y la promoción de una nueva industria de energía alternativa, más la mejora de la educación, tanto en cobertura como calidad.


El discurso frente al Congreso tuvo un tono mucho más optimista comparado con las últimas apariciones del presidente, que fueron criticadas por su estilo fatalista y negativo. Intentó generar confianza en varios pasajes, principalmente cuando sostuvo que “el peso de esta crisis no determinará el destino de nuestra nación… las respuestas a nuestros problemas no están más allá de nuestro alcance, sino que existen en nuestros laboratorios, en nuestras universidades, en nuestro campos, en nuestras fábricas, en la imaginación de nuestro emprendedores y en el orgullo de nuestros trabajadores…”


Si bien el foco de Washington sigue siendo la crisis económica, y continuará así en los meses por venir, el mundo parece estar hoy más pendiente que nunca sobre cómo Estados Unidos está buscando salir de esta crisis. Pareciera que la situación actual ha vuelto a dar prominencia a EEUU como el principal actor económico y geopolítico del planeta.