La curadora y gestora Beatriz Bustos asumió la dirección del Centro Cultural La Moneda en junio del año pasado. Desde entonces, su principal sello ha sido proporcionar mayor multiculturalidad a este espacio de encuentro ciudadano. Una galería de arte exclusiva para niños y la creación de un comité asesor internacional marcan ese rumbo.
Foto: Verónica Ortiz

  • 20 septiembre, 2019

Fueron tres intensas jornadas de trabajo durante la semana pasada. Hace unos ocho meses atrás, el nuevo comité asesor internacional del CCPLM –compuesto por destacados personajes del mundo del arte– recibió la invitación de Beatriz Bustos (59), a quien varios conocían previamente por su destacada carrera como curadora, para venir a conocer el centro cultural. Camilla Carlberg, curadora y jefa del Departamento de Educación y Programas Públicos de Moderna Museet en Estocolmo; Daniel Slater, jefe de Exposiciones y Préstamos de Obras en Victoria & Albert Museum, y Zara Stanhope, directora curatorial de Arte Asiático y del Pacífico en Queensland Art Gallery, son algunos de los miembros que visitaron nuestro país con el propósito de realizar observaciones, críticas y recomendaciones, basadas en sus respectivas trayectorias. “Pensé que sería importante enriquecernos de experiencias internacionales con gente especializada, de manera de ahorrarnos posibles errores, aunque cada contexto sea diferente”, afirma la directora del espacio cultural. Luego de reunirse con las jefaturas de las distintas áreas y conocer el funcionamiento interno del equipo, vino una instancia de reflexión y conversación que apuntaba a buscar formas de resguardar la autonomía y velar por una programación de alto nivel. “La invitación fue a que ellos nos dijeran qué identificaban como situaciones mejorables. Este cuerpo asesor es un privilegio a nivel mundial, y más para nosotros que todavía estamos en proceso de instalar formas de trabajo cada vez más profesionales para cumplir con estándares internacionales”, cuenta Bustos. En enero próximo el CCPLM cumplirá 14 años de existencia. Y en ese tiempo, aunque suene cliché, Chile cambió. Por lo mismo, una de las últimas renovaciones es que su lema pasó de “un centro para todos los chilenos” a  “un espacio de encuentro de diversas miradas”. El cambio responde a uno de los principales desafíos que enfrenta este espacio: estar al día con las nuevas audiencias, incluidos los inmigrantes que hoy forman parte de nuestra sociedad. También se ha puesto el foco en cómo se incluye a la primera infancia y a los adultos mayores dentro de los cientos de miles de visitantes que cada año bajan al subsuelo de la Plaza de la Ciudadanía para conocer alguna exposición o asistir a la Cineteca Nacional. “Este es un espacio ya posicionado, con una gran afluencia de público y muy transversal en términos de acceso. Para mí es un privilegio llegar a un lugar con esta historia. Pero después de un periodo de adolescencia, ahora queremos madurar y llegar más allá en profundidad y complejidad. La apuesta ha sido entender que si tú incorporas las emociones impactas a las personas indistintamente de su nivel de escolaridad o experiencia cultural”, sostiene Bustos mientras recorre el centro cultural y explica la reciente reorganización de algunos espacios, como la zona de cowork abierta a todo público y adornada con una obra del diseñador Cristián Domínguez que despliega los colores de la bandera whipala, en representación de los pueblos originarios. También hay otros gestos que se aproximan a la interculturalidad, como la presencia de textos y audioguías en mapuzungún.

Cultura desde cero

Una de las principales novedades es la creación de la Sala Cero; la primera galería creada especialmente para niños entre 0 y 8 años. Ubicada también en el primer nivel del centro, se trata de una iniciativa completamente original. No es un espacio de juego, sino una primera aproximación a una experiencia estética. La entrada es liberada, y abierta a adultos y niños, pero hay que ponerse cubre zapatos de género, de modo que el lugar se mantenga limpio y los más chicos puedan gatear tranquilamente. La ilustradora chilena Francisca Yáñez fue la artista elegida para inaugurar este espacio con la muestra “La Maleta Infinita”: una historia sobre desplazamiento y migración contada a través de imágenes y distintas figuras. También hay un rincón de lectura con libros infantiles ilustrados por la misma artista y varios otros de autores extranjeros que fueron especialmente seleccionados para abrir la mirada a otras culturas. La Sala Cero abrió hace menos de un mes y desde el CCPLM catalogan la experiencia como excelente. “Es un espacio totalmente innovador, donde las personas se han sentido acogidas. Al principio algunos pensaron que se trataba de una guardería, pero al entrar hay ciertas reglas que invitan al silencio y que buscan instalar un comportamiento de manera orgánica. Cuando uno llega a cualquier territorio civilizado, existen acuerdos. Aquí hay una especie de constitución que indica ciertas normas básicas que tienen que ver con la convivencia. Los niños están invitados a explorar libremente, pero con cariño y con cuidado. Ese respeto se trabaja en conjunto con los adultos que los acompañen y con la mediadora de la sala”, dice Bustos. La participación activa de Francisca Yáñez junto a la asesoría de una psicóloga experta en infancia fue esencial para lograr un nivel de contenidos profundos y coherentes. “Esa sala me toca el corazón porque fue idea nuestra y es algo que lideré personalmente. Hay interés internacional por replicarlo, de hecho, el comité asesor quedó muy sorprendido porque nunca habían visto algo así”, afirma la directora del centro cultural.

De Curicó a Singapur

Bajando al nivel -3 del CCPLM se llega a las dos salas principales, Andes y Pacífico, donde en estos momentos se puede visitar una selección de la Trienal Asia Pacífico de la Queensland Art Gallery I Gallery of Modern Art. La exhibición está compuesta por 37 obras de 19 artistas y colectivos, provenientes de pueblos indígenas como Palawa, Kunam y Liyagawumirr, además de obras de los Emiratos Árabes Unidos, Papúa Nueva Guinea, Australia, Filipinas, Nueva Zelanda, Vietnam, Irán, Irak, Pakistán, Tailandia, Taiwán, Corea del Sur e Indonesia. La curatoría estuvo a cargo de la australiana Zara Stanhope, quien ese día también circula por las oficinas del centro cultural.

“Es que en Indonesia tienen problemas de hacinamiento”, comenta un niño de once años explicando la obra del artista indonesio Aditya Novali. Es un muro de 180 x 145 cm, una inmensa maqueta de resina, acero, zinc, cobre, tela e iluminación LED, que muestra un conjunto habitacional con decenas de ventanitas. En cada una de ellas se puede observar una situación, escena o decoración. Cada una representa la vida de alguien. El grupo de escolares se acerca curioso a la obra y la examina. Son alumnos de quinto básico del colegio El Boldo de Curicó, y vinieron por el día a Santiago para visitar el Palacio de La Moneda. Beatriz Bustos les pregunta sobre sus impresiones y disfruta con cada una de sus respuestas. “El éxito de una visita es que se vayan con más preguntas de las con que llegaron. La mejor respuesta es la que generen ellos mismos vinculando el arte con su historia”, afirma. Y explica que los artistas contemporáneos de la muestra en su mayoría son expositores consagrados: “Lo que pasa es que en Chile siempre miramos a Europa y Estados Unidos, pero aquí hay artistas del mainstream también”.

 

El poder del arte

Beatriz Bustos estudió arte en la Universidad de Chile y durante algún tiempo se dedicó a las videoinstalaciones: “Pero lo dejé muy alegremente cuando me di cuenta de que me interesaba más lo conceptual. Entré en una contradicción porque no me sentía interpretada por el artista que se pregunta por sí mismo. Me generaba más pasión lo social”.

-Le interesó más el otro que el yo.

-Exacto. Y me siento muy orgullosa de haber partido como productora y gestora. Fue fundamental haber trabajado desde algo tan pedestre como saber qué clavo se necesita para tal muro. Hay un lote de asuntos técnicos y presupuestarios, y también códigos importantes sobre cómo relacionarse. Diría que mi trabajo como curadora ha estado focalizado en darles una voz a los artistas con los cuales me tocó trabajar, y en ese sentido tener formación de artista quizás me permitió conectarme mejor con ellos. Yo considero que un curador debe dar la palabra más que imponer un relato.

En distintas oportunidades ha defendido el poder transformador del arte y lo ejemplifica de la siguiente manera: “En general tenemos una concepción muy lineal y cronológica de las cosas, pero un encuentro que es imposible en el mundo real, sí sucede en el arte. Chile no tiene relaciones diplomáticas con muchos de los países que forman parte de la actual muestra ‘Arte Contemporáneo: Asia, Australia y el Pacífico’, pero sí podemos interactuar con esas culturas a través de sus artistas”. Como curadora, Bustos tiene un nutrido historial de colaboraciones con distintas instituciones internacionales, y dentro de sus proyectos destacan “Sutura”, de Livia Marin; “Umbraculum”, de Jan Fabre, y “Almas”, de Christian Boltanski en el MNBA, además de la organización del pabellón chileno de la 55ª Bienal de Venecia. También coordinó el área internacional de artes visuales del CNCA y estuvo a cargo del departamento de programación del MAC. Cuando le ofrecieron transformarse en directora del CCPLM se desempeñaba como directora de arte, educación y cultura de la Fundación Mar Adentro.

-Gran parte de su carrera ha sido como curadora independiente, ¿qué se siente trabajar ahora desde la institucionalidad?

-Si bien hay mucha estructura, el marco que yo leo es completamente ciudadano. Estamos en la zona cero de la ciudad y eso lo siento como una gran oportunidad. El CCPLM tiene una gran orientación hacia las personas y llega a un público heterogéneo.

-¿Le fue difícil tomar la decisión de asumir este cargo?

-Sí, mi principal reflexión fue cuál iba a ser mi función. Como mujer madura tengo claro cuáles son mis puntos fuertes y lo que tengo para aportar; mi conocimiento y experiencia en el mundo cultural. Me importa que la programación y gestión sean de excelencia, y me aseguraron esa autonomía. No podría aportar en el ámbito político porque no es mi mundo.

-¿Hay un mandato de reducir costos?

-No, pero sí de mantener números azules. Mi antecesora, Alejandra Serrano, hizo una buena gestión en ese sentido. En términos de financiamiento público somos un espacio privilegiado. Nuestro financiamiento proviene en un 69% del Ministerio de la Cultura, en un 19% de ingresos propios por concepto de venta de entradas y el 12% son donaciones y auspicios. Ahora pretendemos articular un proyecto que les haga sentido tanto a las empresas como a nosotros, sin abandonar jamás nuestra vocación de excelencia. Queremos buscar socios, establecer alianzas y generar una conversación con los privados. No se trata de discutir ni de montos de dinero ni de logos, sino de qué manera podemos crear algo que beneficie a la comunidad y permita ampliar la oferta cultural. Además, hay ciertos mejoramientos específicos que quisiéramos realizar en cuanto a la renovación del piso, la iluminación y la climatización de las salas. Este edificio ya tiene 14 años, la tecnología avanza y queremos mantenernos en la punta.

-¿Cómo se puede seguir creciendo en masividad sin caer en un criterio de rating al momento de pensar la programación?

-Sin people meter; podemos hacer guiños masivos, pero eso no guía nuestra programación. Estamos haciendo un statement de asuntos mucho más transformadores y profundos, y que tienen que ver con elementos cualitativos. Se trata de extender y mejorar la experiencia. Que puedas estar horas aquí y venir varias veces al año, no solo a las grandes muestras, además a ver un documental, a un concierto, un taller o un conversatorio. También a instalarse en nuestra zona de cowork, tomarse un helado o comprar un regalo en la tienda.

-¿Visita frecuentemente los espacios abiertos al público?

-Sí, me encanta ir a las salas para ver cómo interactúa la gente con las muestras. Me meto hasta en los baños, me interesa todo. Puede ser muy sutil, sin embargo, hay detalles que se respiran en el aire. Estoy feliz con este desafío. El trabajo es bien exigente, pero me da más energía cuando veo el compromiso de un equipo extraordinario y la buena respuesta del público.

Comité Asesor Internacional CCPLM

• Zara Stanhope: directora curatorial de Arte Asiático y del Pacífico en Queensland Art Gallery/Gallery of Modern Art, Brisbane.

• Camilla Carlberg: curadora y jefa del Departamento de Educación y Programas Públicos de Moderna Museet, Estocolmo.

• Koen Vanhove: gestor y empresario cultural, enfocado en las artes performativas. Fundador de Key Performance, compañía internacional de gestión cultural.

• Ticio Escobar: curador, profesor, crítico de arte y promotor cultural. Director del Centro de Artes Visuales/Museo del Barro, Asunción.

• Victoria Giraudo: jefa del Departamento de Curaduría de MALBA, Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires.

• Daniel Slater: jefe de Exposiciones y Préstamos de Obras en Victoria & Albert Museum, Londres.

También forman parte del comité pero no pudieron asistir a esta primera versión:

• Beatriz Espinoza: presidenta del Comité Chileno de Museos, ICOM Chile.

• Alfredo Jaar: artista visual chileno. Su obra ha sido exhibida en museos y espacios culturales alrededor del mundo. Ha realizado más de 70 intervenciones públicas y se han publicado más de 50 libros monográficos sobre su obra.