Le dicen el museo más verde del mundo. Es la recién inaugurada Academia de las Ciencias de California, en San Francisco: una revolucionaria construcción, muy distinta en cuanto a museos se refiere.

  • 17 octubre, 2008


Le dicen el museo más verde del mundo. Es la recién inaugurada Academia de las Ciencias de California, en San Francisco: una revolucionaria construcción, muy distinta en cuanto a museos se refiere.

Le dicen el museo más verde del mundo. Es la recién inaugurada Academia de las Ciencias de California, en San Francisco: una revolucionaria construcción, muy distinta en cuanto a museos se refiere. Por María Jesús Carvallo.

Cada vez toma más fuerza la siguiente afirmación: más allá de lo espectacular y valiosa que pueda ser una colección de arte, de antiguedades, de joyas exclusivas o de piezas arqueológicas, los edificios en las que éstas se albergan son tan o más sensacionales que su contenido mismo. Sin exagerar, llegan a ser una obra maestra más.

Ejemplos hay muchos, como la revolucionaria puesta en escena de Kart Lagerfeld titulada “Mobile Art” –una enorme estructura futurista que parece un iglú gigante, diseñada por la arquitecta Zaha Hadid y que viaja por el mundo con obras de arte contemporáneas inspiradas en la mítica cartera acolchada de Chanel–, pasando por la local Galería Patricia Ready, que bajo los estándares chilenos es lo mejor que se ha hecho hasta ahora en el país y que gracias a su cuidada arquitectura pretende abrir un nuevo espacio para el arte contemporáneo nacional –ninguna otra galería tiene tal amplitud y facilidades para montar obras de verdadero gran formato–; o la recién inaugurada Academia de las Ciencias de California, en San Francisco, Estados Unidos, que con su estructura de domos cubiertos completamente de pasto y vegetación nativa, que replican los cerros cercanos, pareciera como si se hubiera levantado una capa del parque en la que está emplazada para instalarse bajo él.

Y aquí llegamos al tema en cuestión: esta construcción es lejos una de las más espectaculares y también novedosas que se haya visto hasta ahora; sobre todo, si tomamos en cuenta que en el mundo de los museos las edificaciones en general son siempre bastante inhóspitas y con largos pasillos oscuros que no dan tantas ganas de recorrer ni de conocer por mucho rato. Este espacio es todo lo contrario: una verdadera experiencia en sí misma, un lugar lleno de vida, y no sólo por las casi 40 mil especies que viven en él.

Ubicadas en el Golden Gate Park, son siete cúpulas que suman una hectárea, revestidas en fl ores y plantas nativas, llenas de ventanas, mucha luz y muros internos de vidrio que permiten tener vista a los cuatro puntos cardinales y que dan una sensación de transparencia total.

Construida por el italiano Renzo Piano, es la única institución en el mundo que tiene en el mismo lugar un acuario con un arrecife de coral, un planetario, un museo de historia natural –que incluye una simpática colonia de pinguinos–, invernaderos, teatro en 3D, sala de conferencias, pajarera y más. La tarea no fue nada fácil; mal que mal, le tomó diez años a este ganador del premio Pritzker terminar el proyecto pero, defi nitivamente, valió la pena la espera. Además del innovador diseño, el concepto ecológico que esconde detrás también es atractivo. Para su construcción se usaron distintas capas de materiales aislantes, como blue jeans reciclados y paneles solares, que fi nalmente pretenden optimizar el uso de los recursos naturales, minimizar los impactos ambientales y servir de ejemplo educativo al demostrar que los seres humanos sí pueden vivir en un espacio medioambientalmente responsable.

Más que una experiencia didáctica, un día en este museo es una aventura, donde tanto el interior como el exterior son tan igualmente valiosos que merecen un gran aplauso.