Gerald Cotten, el fundador de QuadrigaCX, que murió inesperadamente podría haber guardado las contraseñas en una caja de seguridad. Entre medio apareció un testamento firmado 12 días antes, en el que deja todos sus activos a su mujer.

  • 20 febrero, 2019

Hace cinco años en Vancouver, el joven y exitoso emprendedor canadiense Gerald Cotten fue entrevistado en el “True Bromance Podcast”. Allí, el fundador de la empresa de criptomonedas, QuadrigaCX, explicó cómo funcionaba su negocio y advirtió sobre los peligros de perder las contraseñas para acceder a los Bitcoins. “Incluso el gobierno de los Estados Unidos, con las computadoras más grandes del mundo, no podría recuperar esas monedas si ha perdido la clave privada. Es imposible recuperarlas”, dijo.

Esta semana, los medios canadienses reportaron que Cotten, quien falleció el pasado 9 de diciembre por complicaciones relacionadas con la enfermedad de Crohn tramitó un testamento sólo 12 días antes de morir. La noticia alimentó las especulaciones de que todo era una estafa.

Pero de que Gerald Cotten murió ya no cabe duda. El Gobierno de Rajastán emitió un certificado, donde indica que el empresario falleció en el Hospital Fortis Escorts el 9 de diciembre, misma fecha que figura en una declaración de defunción presentada ante el tribunal de Nueva Escocia. Sin embargo, QuadrigaCX recién comunicó la muerte de su fundador en su cuenta de Twitter, en enero, lo que también suscitó especulaciones.

De acuerdo al testamento de Cotten, firmado el 27 de noviembre de 2018, su esposa, Jennifer Robertson es su única heredera de activos que incluyen propiedades en Canadá, un Lexus 2017, un avión, un yate y sus dos chihuahuas. La pareja no tenía hijos.

Hasta ahora, QuadrigaCX no puede recuperar alrededor de 150 millones de dólares en Bitcoin, Bitcoin Cash, Bitcoin Cash SV, Bitcoin Gold, Litecoin y Ethereum, ni tampoco puede pagar cerca de otros 50 millones de dólares en efectivo que debe a sus clientes.

Cotten siempre temió a los hackers. Su computadora, correo y el sistema de mensajería que usaba para su empresa estaban encriptados. Él era el único responsable de mover los fondos de la compañía, y para evitar ser hackeado trasladó la mayoría de los criptoactivos a lo que se conoce como almacenamiento en frío, es decir sin conexión a Internet, según reportan los medios canadienses. El problema es que ni su esposa ni nadie hasta ahora ha podido dar con sus contraseñas y otros importantes documentos de la firma.

Mientras tanto, algunos clientes de Quadriga están buscando sus propias vías legales y la empresa ha solicitado la protección de los acreedores en los tribunales canadienses.