Antonio Skármeta tiene una relación curiosa, casi existencial, con la campaña del No que en 1988 inició el camino para el retorno de la democracia. Su padre, que se llamaba como él y había realizado innumerables oficios, pero no era actor, hizo de cura en un spot de la franja opositora a Pinochet. “Lo conocían […]

  • 28 enero, 2013
Antonio Skármeta

Antonio Skármeta

Antonio Skármeta tiene una relación curiosa, casi existencial, con la campaña del No que en 1988 inició el camino para el retorno de la democracia. Su padre, que se llamaba como él y había realizado innumerables oficios, pero no era actor, hizo de cura en un spot de la franja opositora a Pinochet. “Lo conocían algunos de los productores y pensaron que tenía cara de sacerdote de pueblo, y por eso le ofrecieron un pequeño papel”, recuerda entre risas el escritor en el jardín de su casa en Las Condes.

Pero esa no es la única vinculación del autor de Ardiente paciencia con el movimiento que dio el punto de partida a la transición. No sólo escribió obras de teatro y de radio y hasta una novela sobre el plebiscito, sino que de no haber sido por él la película No probablemente nunca hubiese sido filmada. Fue una suma de casualidades, pero sin ellas Chile tal vez no habría conseguido su primera nominación al Oscar justo cuando se cumplen 25 años de la histórica votación.

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“Me interesé en trabajar artísticamente con el plebiscito de 1988, desde el mismo día del plebiscito. Es una cosa que me sorprendió muy fuertemente y pensé que sería un tema como para exponerlo internacionalmente”, explica el novelista. Lo suyo fue una verdadera obsesión. La mañana es calurosa, pese a que una solitaria piscina corona el césped, y Skármeta no aguanta las ganas de contar su historia. La chispa que inspiró la película No, de Pablo Larraín, con la genial actuación de Luis Gnecco como un operador político y Gael García Bernal como el publicista que le dio el tono a la campaña. El big bang de una aventura que puede culminar con una estatuilla en Hollywood.

-Para el plebiscito, vivías en Alemania. ¿Cómo seguiste la campaña de 1988?

-Estaba en Alemania pero había viajado a Chile varias veces. Ya en ese tiempo, hice una primera aproximación al tema en una obra de radio, que justamente se llamaba Das nein, “el no” en alemán. Incluso hice cantar la famosa canción “Vamos a decir que no” a dos grandes intérpretes alemanes. Y esa obra se transmitió en la radio, la dirigí yo mismo, con buenos actores. Ahí me quedó dando vueltas el tema. Después leí que la canción del vals del No, en una revista francesa era considerada como una de las 100 canciones que habían producido cambios en la historia. Había una foto de Florcita Motuda con su banda presidencial y estaba al lado de canciones de los Beatles, Rolling Stones, The Doors. Era una prueba contundente de que todo esto tenía un atractivo enorme, en términos de comedia y drama. Entonces, comencé a desarrollar la idea de manera artística y realista. Eso desembocó en una obra de teatro que se llama El plebiscito, que no ha sido estrenada porque se frustró un intento de presentarla en 2008, con motivo de los 20 años del triunfo del No.

-¿Por qué no pudieron montarla?

-La producción la iba a hacer Alfredo Saint-Jean, que actualmente tiene el Teatro Nescafé de las Artes. Se nos había prometido una fecha para estrenarla en el teatro Antonio Varas. Hubo reuniones con el elenco, estaba bien avanzado. Recuerdo que el ministro del Interior (que en la película hace Jaime Vadell), iba a ser Julio Jung. Faltaba un mes y de la noche a la mañana, el director de la sala Antonio Varas, Raúl Osorio, dice que tiene un problema de programación, de agenda. Saint Jean se quedó sin teatro. Como se quedó sin teatro, empezó a ver en qué otra sala podría estrenarla para la fecha estipulada de octubre. No había ninguna disponibilidad. Entonces pasando por la calle Manuel Montt, se encontró con el ex teatro Marconi y dijo: “Me voy a hacer cargo de este teatro”. Y gracias a que fracasó ese montaje, porque faltaba una sala y el elenco se dispersó porque no había fecha, Saint Jean compró el lugar y formó el que sería el Teatro Nescafé de las Artes, que hoy es un tremendo éxito.

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-¿Y no hay intención de montarla ahora?

-Cuando Saint Jean vio la película No, le volvieron las ganas de hacerla. Y ahora tiene el propósito, no sé si lo logrará, de montarla en septiembre de este año.

-¿Tú también escribiste una novela sobre el plebiscito?

-Yo seguí entusiasmado con el tema. Hice lecturas dramatizadas en Alemania e Inglaterra de El plebiscito. Quedé muy metido e incluí la historia como una de las líneas de mi novela Los días del arco iris. Que es una novela más compleja, que toma otros temas como la represión a estudiantes y alumnos en los colegios en los tiempos de la dictadura.

-¿Cómo llegaste a vincularte con la producción de la película de Pablo Larraín?

-Esa es una historia bastante entretenida. Yo soy amigo de un escritor canadiense, John Ralston Saul, un famoso autor actualmente presidente del PEN Club Internacional. John está casado con quien era la gobernadora general de Canadá, designada por la reina, Adrienne Clarkson, una personalidad encantadora. Y en varias ocasiones ellos me invitaron a Canadá a animar actos culturales, incluso en una ocasión hice un discursito en Ottawa cuando se entregaron los premios anuales a los mejores artistas canadienses. Entre esos artistas en una cena en casa de John había un productor canadiense, que se llama Niv Fichman. El ha hecho películas de mucho éxito, entre ellas El violín rojo. Y produjo con Gael García Bernal la película Ceguera, basada en la obra de Saramago. Después que nos conocimos, Niv vino a Chile. Le gustan mucho las viñas, es como un personaje de la película Entre copas. Y vino a Chile en ese plan: conocer viñas y visitar a unos amigos. ¿Te da lata todo esto?

-No, para nada. Dale.

-Una tarde mi mujer Nora lo lleva a una viña cercana y se van hablando y hablado y Niv le pregunta qué estoy haciendo yo. Entonces ella le dice que estoy haciendo una historia preciosa sobre el plebiscito del 88 y qué sé yo. “Pero yo no leo español”, dice él. “Pero la tiene en inglés, en alemán”, le cuenta Nora. Llega Niv a la casa y me dice: “Nora me habló de que tienes esta obra” y esa noche le leí la obra en inglés. Le mostré imágenes de la campaña y quedó totalmente fascinado, excitado con la posibilidad de hacer esta película. ¿Y qué hace? Va con esta historia donde Juan de Dios Larraín y Pablo Larraín, a los cuales llamaba “the boys”. Yo no los conocía, pero Niv admiraba su trabajo, que había visto en Cannes. Va y les dice: “leí esta obra, ¿por qué no hacemos una producción?”.

-¿En qué año fue eso?

-Mira, debe haber sido por ahí por el 2010, no estoy seguro. El caso es que Niv estaba entusiasmado por el trabajo de los Larraín, porque había visto creo que Tony Manero o Post mortem. Y entonces él vio que podía darse una combinación especial: una persona mayor del mundo de la literatura y estos jóvenes que son muy talentosos. Y Niv hace la fusión, empuja la cosa y se crea finalmente el proyecto. Lo más divertido es que Niv, quien inicia el proyecto, termina no estando en él.

-Pero figura en los créditos.

-No sé qué relación tiene, pero llega un momento en que Niv no sigue con el proyecto porque el aporte de fondos que él quería hacer no lo permitía la legislación canadiense, porque la película no iba a ser hablada en inglés. Algo así. El asunto dejó bien preocupado a “the boys”, porque era un aporte económico fundamental. Pero luego consiguieron co producción en México y nada menos que con Canana, que es la productora de Gael García Bernal. Y consiguieron por supuesto otros fondos internacionales… Estábamos en la etapa de la prehistoria de la cinta. Cuando se comienza a pensar el proyecto se decide hacer un guión de cine sobre la base de mi obra de teatro. Nos reunimos muchas veces, aquí mismo, en esta casa. Niv trajo una estrella del guión canadiense, un flaco que estuvo acá, miró, dio un par de ideas, y desapareció. Después entró Peirano.

-Pedro Peirano (31 minutos, La Nana). ¿Quién lo sumó al proyecto?

-Lo trajo Pablo Larraín y su productora Fábula. Peirano entra y comienza la evolución de la historia. Más o menos en ese tiempo Fábula contrata, para mejorar el guión, a un cubano gordo grande, al cual llamaban script doctor. Y este script doctor echó una mirada, vio, hizo sugerencias y se siguió trabajando, discutiendo. Niv vino un par de veces a Chile, porque todavía estaba adentro del proyecto. A todo esto, yo iba escribiendo mi novela. “The boys” nunca conocieron mi novela. Finalmente, se arma la producción con México. Es Pedro Peirano quien le da la forma definitiva al guión y le cambia la orientación.

-¿Qué cambios hizo?

-Comienza a introducir muchos de los elementos de la campaña real, comienza a hacer un trabajo de investigación periodística con los publicistas reales. Entonces comienza a darle más masa real al film. Incluso tengo entendido que algún publicista de la campaña del No echó una mirada al guión. Fue una etapa larga de construcción y efectivamente fue Peirano el guionista de la versión cinematográfica.

-¿En qué se diferencia con tu pieza teatral?

-En mi obra, hay un publicista que se llama Saavedra. Este publicista ha estado cesante porque aparece en una lista negra que manejan las agencias de publicidad y por eso no le dan trabajo, porque saben que es un hombre de ideas democráticas. Pero llega el momento del plebiscito, y el ministro del Interior, que es un hombre con humor, cínico, que sabe la dificultad que está enfrentando, decide contratar para la campaña del Sí al mejor publicista que hay en Chile, y el mejor es éste. Había hecho campañas brillantes, pero en ese momento estaba por el suelo, sin pega. Y el ministro lo cita y le pide que haga la campaña del Sí, contra las convicciones que él tiene. En esa disyuntiva el publicista tiene un enfrentamiento con mucho humor con el ministro del Interior, y opta por hacer la campaña del No. Esta materia está elaborada a su manera en la película de Larraín, en que el publicista trabaja con la gente que trabaja con el Sí, pero en las sombras como se dice, hace la del No. Ese es el núcleo básico y mi obra incluye por supuesto las imágenes, de la campaña, casi las mismas que utilizan en la película.

-¿Participaste en el financiamiento o producción?

-Con la producción yo no tengo nada que ver, soy un simple pájaro.

-¿Y Peirano trabajó contigo, te pidió ayuda?

-No, nunca. El trabajo con Peirano fueron las conversaciones acá en esta casa, en comidas, almuerzos, en el restaurant Divertimento. Pero es Peirano quien hace la versión definitiva. Había cosas que había en la película que a mí me parecía que no correspondían, que ojalá salieran y salieron.

-¿Se pueden contar?

-Bueno, una. Mira, había un personaje que era como… Me parecía irritante. Antes que nada, debo decir que el guión me gusta mucho y la película también. Pienso que hicieron un trabajo excelente y tengo la mejor relación con ellos. Pero en el guión había una cosa caricaturesca, injusta. Había un protagonista que era alguien que le levantaba la esposa al protagonista, al publicista. ¿Viste que en la película está separado y él sufre por eso? Este gallo venía del exilio y era súper malo, le quitaba la mujer. Era una reducción de la tragedia del exilio. Muy burlesco. Por ejemplo, le pegaba al cabro chico, cuando apresaban a la mujer salía corriendo. Era lo peor de lo peor.

-¿Te parecía una mirada sesgada?

-Ese es el dejo humorístico de Peirano, que es muy sagaz para eso y que en todo encuentra una gracia, una parte divertida. Un elemento satírico. A mi me pareció que había una cierta desproporción y afortunadamente finalmente optaron por sacarlo.

-¿Vas a recibir algún tipo de derechos por la cinta?

-Acá hay una relación. Tengo una agente literaria que es Carmen Balcells que maneja todo este asunto. El proceso fue que ellos adquirieron una opción por determinado tiempo para desarrollar el guión y una vez que tuvieron la producción del guión, completaron la opción e hicieron un contrato para hacer la película y se me pagaron honorarios por esto y tengo algún tipo de participación en el futuro… si la película tuviera en algún momento una mayor ganancia por sobre los costos.

-¿Todavía no recupera los costos?

-No lo sé. Es que yo no me ocupo de eso.

-¿Irás a Hollywood?

-Jajajaja… pero yo ya estuve.

-Tienes amigos allá.

-Yo estuve en la alfombra roja y en la ceremonia del Oscar. Estábamos con Michael Radford de smoking. Acuérdate que Il postino tuvo 5 nominaciones. Fíjate que Italia no mandó ese año Il postino , sino que mandó otra. De la que nunca más se supo. Se llamaba La América. Yo creo que fue un error. Si no voy ahora con No, me queda el consuelo que ya estuve. Este es el momento de Pablo Larraín.

-¿Qué opinas de las criticas que le han hecho en Chile? Como Ascanio Cavallo o Héctor Soto que han dicho que de cierta manera le resta épica al No. O Daniel Villalobos que derechamente dice que el triunfo opositor no fue una victoria del pueblo.

-Alguna vez leí algo como eso. Yo en Los días del arco iris muestro cómo el No arranca con una resistencia continua, sostenida, difícil de los demócratas y políticos a lo largo de años. Y la campaña del No no fue nada más que una oportuna carrera para poner punto final a la dictadura, para pegarle una herida mortal con sus propios términos. Con el No gana la libertad. En todo caso la película es una ficción. Hay un reduccionismo histórico de un producto que es un producto estético. No existe una película o una canción o una campaña que cambien la historia. El No fue esa chispita del momento oportuno. Es una gotita de agua que rebalsó el vaso, que hizo posible un cambio mayor, pero era algo que ya venía de una corriente muy profunda en el pueblo, una fuerza enorme contraria a la dictadura. Yo creo que muchas veces la gente más joven que disfruta de la democracia y la libertad no sabe lo que costó recuperarlas. Están en un paraíso donde pueden decir lo que quieren, sin miedo a que torturen a sus padres o que los degüellen o los exilien. Eso es lo que conquistó el No. •••