No todos los cineastas envejecen de la misma manera. A algunos el paso del tiempo los afecta más de la cuenta a la hora de mantenerse vigentes y otros conservan el oficio; no será Scorsese o Eastwood pero, de todos modos, y a pesar de sus caídas, Mike Nichols pertenece al segundo grupo, como lo confirma en Juego de poder. Por Joel Poblete.

  • 15 mayo, 2008

No todos los cineastas envejecen de la misma manera. A algunos el paso del tiempo los afecta más de la cuenta a la hora de mantenerse vigentes y otros conservan el oficio; no será Scorsese o Eastwood pero, de todos modos, y a pesar de sus caídas, Mike Nichols pertenece al segundo grupo, como lo confirma en Juego de poder. Por Joel Poblete.

 

 

Cuando se habla de cineastas longevos que siguen en activo sin defraudar las expectativas de los cinéfilos, siempre aparecen nombres europeos, como los franceses Eric Rohmer y Alain Resnais o el portugués Manuel de Oliveira –que este año cumple un siglo de vida ¡y continúa filmando!–, mientras en Hollywood, salvo casos como Eastwood, Scorsese o el octogenario Sidney Lumet, son pocos los realizadores mayores de 70 años que cuentan con la bendición de los estudios. Definitivamente la situación en Hollywood, la Meca del cine, es aún más severa que en el Viejo Continente: el fallecido Robert Altman era uno de los pocos que siguieron trabajando hasta el final, mientras maestros como Wilder, Penn, Donen o Edwards debieron quedarse en sus casas y conformarse con los homenajes públicos por sus trayectorias. Y lo peor es que los pocos que siguen filmando no siempre son garantía de buenos momentos fílmicos (¿alguien dijo William Friedkin o Milos Forman?)

Por eso reconforta reencontrarse cada cierto tiempo con el cine de Mike Nichols, quien a sus 76 años se mantiene vigente y aún conserva el buen oficio, como demuestra actualmente en nuestra cartelera gracias a Juego de poder que, sin ser una obra maestra, se sostiene sin problemas como una entretenida y grata comedia política. Nichols no podría ser calificado de “autor” en el sentido clásico que la academia suele asignar al término, pero su filmografía, que abarca 18 largometrajes, una película para televisión y una premiadísima serie televisiva –Angeles en América, la adaptación de la obra de Tony Kushner– ha tenido grandes momentos, muchos de los cuales superan a buena parte de lo que la industria hollywoodense nos ofrece en estos días.

Hablamos del responsable de títulos memorables, como Quién le teme a Virginia Woolf, El graduado –por la que ganó el Oscar al mejor director– y Secretaria ejecutiva, aunque también del mismo que firmó las fallidas Lobo y La jaula de los pájaros, que parecieron dar muestras de un severo agotamiento creativo en los años 90. Pero todo el mundo tiene derecho a equivocarse, y Nichols volvió a brillar en la subvalorada sátira política Colores primarios y en la amarga y cínica Closer; precisamente con la primera está emparentada Juego de poder, con su mala leche, su ironía y sarcasmo escondidos bajo una apariencia de ligereza y hasta glamour. Es cierto que en este relato, basado en una historia real sobre un congresista que se involucró en la entrega de armas a Afganistán durante los 80, a veces no hay tanta sutileza como uno quisiera, pero de todos modos su mirada sobre la política norteamericana es tan salvaje y aguda como en el filme en que John Travolta era una réplica de Bill Clinton, y por cierto mucho más acertada que la de Robert Redford en la reciente Leones por corderos.

La fluidez y el ritmo con que Nichols conduce el notable guión no los tiene cualquiera y menos, su destreza como director de actores, que hasta permite que uno soporte a Tom Hanks y Julia Roberts, mucho más convincentes y sobrios que de costumbre; algo que no extraña en alguien que desde su debut en el cine hace cuatro décadas, con ese feroz enfrentamiento entre Elizabeth Taylor y Richard Burton, ha obtenido interpretaciones notables de actores como Nicholson, Streep y Pacino, entre otros. Es que sin dudas, a Nichols se le notan los “años de circo”. Y para bien, afortunadamente.