El 4 de julio, la abogada Ángela Vivanco fue ratificada ministra de la Corte Suprema. Su nombramiento generó una ola de críticas por su rol como representante de Chile Vamos ante el TC en la discusión de la ley de aborto. La ministra se defiende: dice que el conflicto que desató su nombramiento es artificial, y que “todas las personas de la Corte Suprema tienen opiniones políticas, religiosas, jurídicas”, pero que el trabajo de los jueces es aplicar la ley y no “vender sus ideas”.

  • agosto 9, 2018
Foto: verónica ortíz

-La tildaron de ultraconservadora. ¿Cómo lo recibe?

-Me pareció algo tan alejado de mí.

-¿Cómo se define?

-Yo soy una persona muy moderada. En algunos aspectos puedo ser más conservadora y en otros, más liberal. Soy una persona seria que respeta el derecho de las personas y que puede estar más o menos de acuerdo con una ley u otra, pero no tengo ninguna característica que se pueda identificar con ser extrema, ni militante de ninguna especie.
Entonces que digan ultraconservadora, ¿de dónde?

-¿En qué aspectos se considera liberal?

-En la visión que tengo de la transexualidad; soy una persona divorciada, de tal manera que yo estoy de acuerdo con el divorcio –no me parece una maravilla ni mucho menos, pero creo que debe existir esa posibilidad–; y soy muy animalista.

-¿Qué tan animalista?

-Soy muy favorable sobre la normativa que se ha dictado sobre los animales en Chile y creo que es indispensable que el Código Civil cambie y que los animales no sean tratados como cosas, sino como seres sintientes. Vivo con una perra Schnauzer, que es la perra de mi hija, y es como mi nieta, la adoro. Entonces, esto de que “como defendió la presentación del aborto, entonces es ultraconservadora”, molesta. Porque dices, ¡pucha que la conocen poco a una!

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Ángela Vivanco Martínez (55) creció en Santiago con su madre, sus abuelos y su tío abuelo, el sacerdote José Espinosa, en una familia que describe como “católica, tolerante y sumamente respetuosa de las creencias de los demás”. Hija única y con un medio hermano por parte de padre con quien nunca vivió, su infancia, cuenta, fue muy regalona y protegida. Estudió en un colegio de monjas y entró a Medicina en la Universidad de Chile, junto a casi 500 estudiantes. “Era una cantidad enorme de gente y me hallé poco, porque no me sentía muy cómoda entre multitudes”, cuenta en su oficina en el cuarto piso de la Casa Central de la UC.

Repitió la PAA e ingresó a Derecho en la Católica. La primera clase, del profesor José Luis Cea, a quien define como su maestro, la alucinó. A los 21 se convirtió en su ayudante. Y nunca más dejó la academia, algo que tampoco hará cuando asuma como ministra del máximo tribunal de justicia, lo que debiera ocurrir una vez que el presidente Sebastián Piñera firme el decreto que quedó pendiente con su viaje a Centroamérica y lo apruebe Contraloría.

El nombramiento de Vivanco desató una batahola en el Senado por sus posturas “ultraconservadoras”: la abogada representó a los parlamentarios de Chile Vamos ante el TC en la discusión sobre la despenalización del aborto en tres causales.

Cuando presentó su postulación para reemplazar al ministro Patricio Valdés en la Corte Suprema, cuenta que “gente amiga” le comentó que seguramente le iban a sacar en cara su participación en contra de la ley emblema de Bachelet. “No tengo nada que ocultar”, respondió ella. “Toda mi carrera la he ejercido al público, y si eso es un tema, lo contestaré y aclararé en la medida que así sea necesario”.

El 20 de junio, el primer comentario que el senador Felipe Harboe (PPD) le hizo ante la Comisión de Constitución fue precisamente ese. “Me dijo: ‘Yo no comparto su visión, pero entiendo que es un encargo profesional que a usted no la inhabilita’. Y efectivamente fue un encargo profesional que hice representando a un cuarto de la Cámara de Diputados. Yo no me fui a encadenar al TC, ni fui por una organización religiosa, ni me fui a gritar a la calle. Yo fui muy explícita en mi alegato en decir que no lo hacía en términos de mal mirar a las mujeres que se encuentran en esa situación –por las cuales yo tengo un tremendo respeto, porque hacerse un aborto es un drama siempre–, sino constitucional. Le dije que ese mismo enfoque es el que me gustaría que ustedes le dieran”, cuenta.

Harboe dio el tema por cerrado, asegura. Lo mismo hizo Alfonso de Urresti (PS) en su intervención. “Entonces yo dije, no es tema”, asegura la abogada. “En realidad, todo esto que pasó en el Congreso me parece que tiene mucho de armado”.

-¿Cuál es su tesis?

-No creo que el punto del problema haya sido yo, sino un problema político entre los partidos, y buscaron una ocasión para manifestarlo, que en este caso coincidió con mi nombramiento. Porque es un poquito raro que habiéndome yo postulado en marzo, habiendo sido la quina (que presenta la Corte Suprema al presidente) en abril, habiendo sido mi presentación el 20 de junio, ¿y el 4 de julio se dieron cuenta de que yo había defendido el requerimiento de aborto? ¿Ahí se dieron cuenta, siendo que durante mi presentación me habían dicho que no tenían ningún problema sobre eso?

-¿Cree que se debiera reformar el sistema de nombramiento para que no se politice el proceso?

-Hay quienes dicen eso, pero por otro lado, curiosamente, se ha planteado que este sistema habría que aplicarlo a los miembros del Tribunal Constitucional. El otro día me preguntaban si yo pensaba que los ministros debían ser electos. Ahí sí que politiza la cosa, porque tendrías que ir como candidato de un determinado partido, entonces el elegido tendría que servir al partido que lo postuló.

-Pero se ha dicho que este cupo era para una persona cercana a la centroderecha. ¿Cree que hay cuoteo político?

-Yo no tengo idea si hay cuoteo político o no. De los candidatos que habíamos, yo era una persona que tenía probados méritos. Ahora, si le tocaba o no a la derecha es un asunto que se tendría que haber resuelto en otras instancias, a mí nadie me dijo, “mira, te elegimos porque nos toca la derecha”. Pero si alguien dice que hay cuoteo, que proponga un sistema distinto. Yo creo que este sistema, como es tripartito, es bastante bueno. Ahora, ¿si es el mejor? No, porque siempre hay una eventualidad mejor, pero un sistema perfecto no existe.

 

Mujeres piluchas

-Dijeron que está en contra de los derechos de la mujer. ¿Le duelen las críticas?

-¡Eso es una estupidez! ¡Cómo voy a estar en contra de los derechos de la mujer, si soy una mujer que su vida es una vivencia de haber tenido derechos y de haber defendido derechos! Los he tenido porque he estado en lo público, lo privado, lo profesional y académico. Si no creyera en los derechos, me hubiera quedado en mi casa. Soy una persona muy promujer, lo que no significa que tenga que ser proaborto, ahí está el error.

-Se ha señalado en la prensa que usted también jugó un rol en contra de la píldora del día después…

-No, me gustaría aclarártelo, como lo dijo la senadora Rincón en su presentación. Yo no tuve nada que ver con el tema de la píldora. No me pidieron informe en derecho, no llevé la causa, nada. Lo único que he hecho de la píldora es escribir un par de artículos académicos sobre el fallo, como he escrito artículos sobre muchísimos fallos.

-¿Por qué se le menciona?

-Porque lo llevó una persona de acá, otra profesora, Carmen Domínguez. Entonces seguramente algún tipo dijo “mujer y de la UC, ¡debe haber sido ella!”.

-¿Qué opina del movimiento feminista y de las mujeres que se manifestaron acá en topless?

-No soy militante de ningún movimiento feminista, pero estoy muy de acuerdo con las reivindicaciones de las mujeres. Yo creo que deben tener un espacio en la sociedad chilena y no es correcto que sean agredidas o maltratadas de ninguna forma.

El concepto de derechos e igualdad se ha hecho cada vez más poderoso y yo soy totalmente favorable a que los derechos se hagan más poderosos. Pero creo que las formas de presión tienen que ser también las adecuadas a lo que se quiere lograr. Yo no tengo nada en contra de que las chiquillas salgan piluchas, pero si mi hija me dijera ¿participo en esto?, yo le diría que no, porque no veo que tenga ningún aporte a la causa, aunque obviamente ellas son dueñas de canalizarlo como quieran.

 

La política y Fra Fra

El primer trabajo de Ángela Vivanco fue en el Servicio Electoral, a comienzos de los 90. Tenía que ver con la constitución de los partidos políticos, tras el fin de la dictadura. Ahí conoció al equipo de Francisco Javier Errázuriz, del nuevo partido Unión de Centro Centro (UCC). Cuando dejó el Tribunal Calificador de Elecciones, Vivanco los comenzó a asesorar en los estatutos del nuevo partido y en la nueva ley de municipalidades. Al poco andar se hizo militante y asumió como secretaria general. Después de un intento fallido, se convirtió en presidenta de la UCC. Pero tras constantes pugnas entre quienes querían generar alianzas con los radicales y los que preferían aliarse a la derecha, la abogada optó por renunciar a su militancia en 1996.

-¿Cómo era su relación con Fra Fra?

-Muy cercana. Yo como abogada además le llevaba cosas profesionales, de la AFP y de la compañía de seguros. Cuando me fui de la UCC él se molestó, pero tengo muy buen recuerdo de su familia y de él.

-Es un personaje muy controvertido. De lo último que se le acusó fue de tráfico de paraguayos. ¿Tiene una buena impresión de él?

-Tengo una buena impresión de él como jefe. En todos estos otros temas de conflicto, no tuve arte, ni parte. Era una persona extremadamente inteligente, muy rápido, con una capacidad de trabajo salvaje y era bien agotador seguirle el ritmo. Pero siempre me trató con respeto y yo le tengo aprecio. Hubo un quiebre político, pero no personal.

Apenas dejó la UCC, Andrés Allamand la llamó a las filas de RN. La dupla se presentó para competir en las legislativas del 97, Allamand como senador y Vivanco como diputada por La Cisterna, San Ramón y El Bosque. Pero en la coalición participaba también Iván Moreira y los votos no alcanzaron para doblar en el distrito. Entonces, la abogada optó por dejar su carrera política. “Una cosa que siempre me complicó era el hecho de que estabas limitado a dar tu opinión porque todo tenía que ver con la opinión del partido. Quería tener libertad para moverme de acuerdo a lo que yo pienso y quiero hacer”, dice.

-¿Sigue siendo cercana a Andrés Allamand?

-Cercanos del punto de vista que cuando nos vemos nos saludamos cariñosamente, pero no es mi amigo. No tengo amigos políticos, pero hay gente que le tengo gran cariño, como él, Andrés Chadwick, que fue mi profesor, y Hernán Larraín, que hizo un curso conmigo.

-¿Su cercanía a Allamand, Chadwick o Larraín pesó en su nombramiento?

-Mi cercanía puede haber sido en el sentido de que Andrés Chadwick puede haber dicho “me parece bien la Ángela”, pero él no me promocionó, ni nada parecido. La decisión de postular a la Corte Suprema fue absolutamente mía, no me dijeron “queremos que postules”.

-¿Por qué cree que Piñera la escogió?

-Porque Piñera me conoce hace muchos años, ha visto informes míos, mis presentaciones en el Senado y la Cámara, tiene referencias profesionales mías. Nunca he trabajado para él, ni para sus empresas, pero me conoce. Ahora, obviamente también conoce a los otros, pero tuvo confianza en mí porque sabe que soy una persona seria, trabajadora, que va a los temas que le encargan detalladamente y no al lote.

-¿Cuánto influyen sus preferencias políticas como ministra de la Corte?

-Todas las personas de la Corte Suprema tienen opiniones políticas, religiosas, jurídicas, lo mismo en la Corte de Apelaciones, porque no hay nadie que haya estado en una burbuja y de repente descendió. Entonces, ese tema de pretender que los jueces sean neutros, no tengan principios, ni valores, ni ideas, ni religión, ni nada, es una tontería, porque no existe. El trabajo de los jueces es aplicar la ley. Si una ley no le es cómoda o no le gusta, la tiene que aplicar igual. Ahora, dentro de las interpretaciones tratará de buscar la aplicación que le parezca más justa, en lo que la ley permite. Todos tenemos historia, pero en un momento que se jura para servir en un poder del Estado, la administración de justicia se firma para cumplir ese propósito, no vender sus ideas.

-Con todos los cuestionamientos que ha habido a su nombre, ¿se siente libre para poder tomar decisiones?

-Absolutamente, por eso no seguí militando en política. Y de ahí en adelante me he sentido súper libre para tomar los casos que quiera, escribir los libros que quiera, y opinar en lo que he querido opinar.

-¿Por qué hay desconfianza hacia el Poder Judicial? Hay quienes dicen que la justicia es solo para los ricos…

-Tiene que ver con que se desconoce que el Poder Judicial tiene que aplicar las leyes que hay, y en consecuencia, se espera que reemplace las leyes, o las ignore y dé soluciones que les gustarían a todos: que haga justicia sin perjuicio de la ley y eso no se puede hacer. Hay justicia para los ricos y no para los pobres, claro, porque resulta que nuestro Código Penal tiene décadas, y con un énfasis en ciertos delitos. Uno de los grandes propósitos que debe tener este gobierno, y quizá los próximos, es actualizar los códigos. Hay que poner énfasis en que los jueces sean buenos e imparciales, pero también en que las leyes que se apliquen sean las adecuadas.

-Los casos de abuso y acoso sexual se han dado a conocer fundamentalmente por la prensa, ¿la justicia no está dando las garantías suficientes para que las víctimas recurran a ella?

-Yo creo que el asunto tiene que ver también con desconocimiento. Pero la gente muchas veces prefiere hacer funas en Facebook que hacer una denuncia. Yo siempre les pongo: “Vaya a los tribunales”.

-Las demandas pueden demorar varios años…

-Las civiles, pero el sistema penal es mucho más efectivo que antes. Ahora, no es un sistema en que las personas se vayan a la cárcel necesariamente, porque es mucho más garantista, pero sí tienes sentencia en un tiempo bastante prudente. Pero hay que hacer justicia por los caminos que son adecuados.

-La abogada Paula Vial ha sido muy criticada por defender a Nicolás López, siendo que se define feminista. Dijo que algunos testimonios eran falsos. ¿Qué opina sobre su rol de defensora?

-No me puedo pronunciar sobre el caso porque no sé si me pueda tocar luego en la Corte. Pero todas las situaciones que uno ve tienen que ver con simplificaciones. Porque un abogado puede ser feminista y a la vez defender a alguien que considera inocente, y sin embargo, dicen que entonces no está por los derechos de las mujeres.

-¿Considera convertirse en la primera mujer que preside la Corte Suprema?

-Podría yo y podrían las otras ministras, no hay un veto, porque estamos en tiempos en que ser mujer es un elemento que suma.

 

Definiciones valóricas

-Ud. se ha manifestado a favor del cambio de sexo registral, ¿está de acuerdo que se elimine el consentimiento de los padres en el caso de los adolescentes entre 14 y 18 años?

-El tema de fondo es quién representa los intereses de los menores. Normalmente, uno piensa que los intereses de los niños los representan los padres, entonces cuando se abre la posibilidad de que el menor acuda a la justicia sin los padres, la pregunta es quién se va a ocupar de la representación de los menores. Mi visión es que el cambio de sexo registral tiene que ir de la mano con la competencia del sujeto, y eso más que con la edad, para mí tiene que ver con el grado de madurez.

-Eso sí que es subjetivo, y quedaría a criterio del juez.

-Es subjetivo, pero es mucho más preciso que la edad, porque no toda la gente de 14 años es igual. Pero estoy hablando de un criterio que esté avalado por un informe sicológico, no que el juez vea al chiquillo y diga “me suena a maduro, o no”. Cuando tú demuestras la competencia del sujeto, significa que este se puede hacer cargo de la decisión que está tomando, de los efectos de esa decisión y de qué otras opciones tiene.

-¿Es partidaria del matrimonio igualitario?

-Mi impresión es que mucho de lo que se pretende con el matrimonio igualitario está resuelto en el Acuerdo de Unión Civil, y que el tema tiene que ver con que se derive a la posibilidad de adopción de los hijos. Pero hay un problema que es previo, que no está resuelto, que es el tema de la filiación. Qué pasa con la filiación del hijo de uno de los miembros de la pareja con el matrimonio igualitario: Pedro se casó con Juan, y Pedro tuvo una guagua con María, ¿Juan es padre de esa guagua o no? Ese es el tema que topa y es sumamente complicado de resolver.

-¿Cuál es su postura frente a la adopción homoparental?

-La adopción tiene que ver con las capacidades de las personas respecto de los hijos. Una cosa es querer un hijo y otra muy distinta es poderlo criar, y eso no depende de que yo sea heterosexual o sea lesbiana, sino de otras cosas. El tema de la adopción en Chile hay que replantearlo con relación a los intereses de los hijos.