“Después de 4 intensos y maravillosos años como CEO de Groupon decidí que ya era momento de dedicarle más tiempo a mi familia. Mentira, lo cierto es que me acaban de despedir”, fue lo que el jueves pasado leyeron los atónitos empleados de la puntocom cuando abrieron el mail de alta prioridad que les había […]

  • 7 marzo, 2013
Andrew Mason

Andrew Mason

“Después de 4 intensos y maravillosos años como CEO de Groupon decidí que ya era momento de dedicarle más tiempo a mi familia. Mentira, lo cierto es que me acaban de despedir”, fue lo que el jueves pasado leyeron los atónitos empleados de la puntocom cuando abrieron el mail de alta prioridad que les había mandado Andrew Mason, su hasta entonces gerente general. Y claro, fiel al estilo del joven mandamás (tiene tan solo 32 años) el mail no terminaba ahí: “Si se preguntan las razones… pues bien, creo que no han estado tomando atención de cómo van las cosas”.

Y es que claro, las cosas no iban para nada bien. Aunque Groupon ostentó uno de los crecimientos más explosivos en la historia de Internet –con una inversión inicial de un millón de dólares que alcanzó una valorización de un 1.35 mil millones de dólares en sólo 2 años– también representa un vivo ejemplo de cómo una buena idea, sacos de dinero y toda la publicidad del mundo no son suficientes cuando el modelo de negocios no funciona y los ejecutivos no están a la altura.

Para qué mentirnos, la salida de Mason ya se veía venir. Sí, efectivamente sucedió como resultado de que Groupon presentara una vez más resultados financieros pobres (el 2012 perdieron 67,4 millones de dólares, lo que hizo que la acción bajara en un 25%), pero lo cierto es que nadie se sorprendió. No por nada el año pasado el periodista Herb Greenberg de CNBC lo eligió como uno de los peores CEO del 2012, y cuando en diciembre último la directiva no lo despidió las acciones bajaron un 15% su valor en un claro reconocimiento de que, por el lado de los accionistas, nadie lo quería a cargo.

Sus errores no han sido pocos, de partida, y el que debe ser “la madre de todos los errores” fue rechazar una oferta de compra de 6 mil millones de dólares por parte de Google el 2010, el mismo año en que pagó una cifra sideral por un anuncio en el Superbowl que se reía de las ballenas y los monjes tibetanos. El bochorno fue tal, que dos días después tuvo que salir a pedir disculpas por su poco tino y mal sentido del humor. Además, el orden de las finanzas ha sido paupérrimo, la SEC norteamericana le llamó la atención en reiteradas veces y le pidió correcciones a los números, algo impresentable en Wall Street. Por otra parte, estratégicamente se le condena que la empresa se centró mucho en el potencial comprador de los cupones y no las empresas que vendían los servicios, generando una oferta de cupones cada vez menos atractiva.

Y lo peor, es que todas acciones redundaron en que la empresa a la fecha ha perdido el 77% del valor que alcanzó cuando salió a la bolsa.

Mason tiene esa personalidad que los analistas suelen denominar “más propia de un niño que de un CEO”, cosa que queda completamente en evidencia en su carta de despedida. ¿Qué pasará ahora? En Groupon nombraron interinamente a Eric Lefkofsky y Theodore J.Leonsis, miembros del directorio. Sobre Mason no hay mucha claridad, sólo que sus acciones todavía valen 200 millones de dólares, y suben desde que renunció.

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El ranking

La lista que anualmente hace Herb Greenberg para elegir el peor CEO del año tiene de todo. Este fue el listado del 2012, partiendo por el peor:

• Andrew Mason, Groupon
• Stephen Elop, Nokia
• Daniel Hesse, Sprint-Nextel
• Thorsten Heins, RIM
• Jim Gooch, Radio Shack