Por: María José López Fotos: Verónica Ortíz Mientras Andrés Couve habla, por la pantalla del computador que tiene en el escritorio de su oficina, en un subterráneo de la Facultad de Medicina en la Universidad de Chile, se despliega una serie de fotos donde sus tres hijos siempre son los protagonistas. Aparecen recogiendo piedras y […]

  • 17 octubre, 2017

Por: María José López
Fotos: Verónica Ortíz

Mientras Andrés Couve habla, por la pantalla del computador que tiene en el escritorio de su oficina, en un subterráneo de la Facultad de Medicina en la Universidad de Chile, se despliega una serie de fotos donde sus tres hijos siempre son los protagonistas. Aparecen recogiendo piedras y conchitas en la playa; haciendo pequeñas excavaciones en la tierra; analizando ramas y hojas de los árboles…

-¿Tienes algún posible heredero científico?

-El primero quiere ser fotógrafo o zoólogo; el segundo, paleontólogo; la tercera dice que estudiará neuromedicina (ríe).

Además de microscopios, pizarras blancas y laboratorios, en la oficina de Couve hay una bicicleta rosada marca Hard Rock y un perchero desde donde el biólogo –un hombre de aproximadamente 1,90 m que tiene cierto look rockero, con pelo chascón y una mano repleta de pulceras– cuelga su chaqueta de cuero. Todos los días se traslada en bicicleta desde su casa en Vitacura hasta Independencia, donde trabaja.

La pasión de Couve tiene que ver con expandir la ciencia por el país. Crear, de cierta forma, un nuevo mapa del territorio (ver recuadro). “Quiero poblar Chile de gente que le gusta investigar”, indica. “He conversado con candidatos para que apoyen la investigación en Chile en sus programas y así contribuir al desarrollo del país”.

Con ese mensaje llegó hasta el comando de Ricardo Lagos pocos días antes de que bajara su carrera a La Moneda. Y la semana pasada se reunió con Sebastián Piñera por más de dos horas en su oficina.

-¿De qué conversaron en concreto?

-De que estamos frente a una gran oportunidad, porque tenemos una manera de hacer las cosas que está agotada. El país entiende que necesitamos hacer un giro en lo económico, en lo educacional, en lo cultural. Si no ocurre, vamos a estar atrapados en una manera de hacer las cosas que no ha cambiado mucho desde los tiempos de la Colonia.

-¿Qué plantea para cambiarlo?

-La generación de una matriz diversa de pensamiento. Eso implica traer a muchos científicos chilenos que estudiaron afuera y están haciendo carrera allá. A ellos hay que convencerlos de que vuelvan. Y en paralelo, debemos fortalecer los lugares donde se hace la investigación, porque no los puedes traer si no tienes los ambientes adecuados para que se desempeñen. Estoy convencido de que la ciencia puede mejorar los índices de competitividad.

-¿Y qué le dice a los candidatos cuando se reúne con ellos?

-Les digo: soy biólogo, trabajo en un laboratorio y me dedico a mirar los axones. Pero sé dos cosas. La primera es que nuestros índices de crecimiento van para abajo. Si yo miro la evidencia, es que no está funcionando. Estamos retrocediendo en competitividad.

-¿Y la segunda?

-Que los científicos pueden construir una solución junto con los economistas y aportar a la reforma educacional, con los educadores… La evidencia dice que los programas de Corfo e innovación no han sido efectivos. El  Consejo Nacional de Innovación para la Competitividad (CNIC) no ha logrado mejorar los índices. ¡Cambio de estrategia, pues! Yo le daría una chance a la ciencia. Veo la gente, veo la capacidad de emprendimiento de los jóvenes científicos, hay una oportunidad de contribuir a una economía basada en el conocimiento.

-¿Qué se necesita para hacerlo?

-Para que este cambio cultural ocurra, tienes que poner lucas. Hoy, hay un científico por mil habitantes en Chile. El promedio OCDE es de siete por mil. Estoy pidiendo recursos para tener tres o cinco por mil. La  inversión del país (que hoy alcanza el 0,38% del PIB) tiene que llegar al 1% rápido en cuatro o cinco años.

-¿Piñera fue receptivo?

-Sí, pero sabremos si fui capaz de transmitir este entusiasmo cuando veamos los programas. Ahí sabré si hice una contribución o no. Si eso es politizar la ciencia, estoy de acuerdo con hacerlo.

-¿Va a conversar también con Guillier, Beatriz Sánchez, Kast…?

-Quiero conversar con todos.

-¿Hay alguno que le guste más como futuro presidente?

-Yo espero que la ciencia esté presente en sus programas. Me da lo mismo cuál sea.

El maquillaje

Andrés Couve, quien es sobrino del escritor Adolfo Couve, cuenta que llegó a estudiar Biología por un “acercamiento más botánico que científico”. Todo empezó en su infancia, cuando solía hacer viajes por el país: ahí nació su fascinación por el territorio, por el paisaje nacional y sobre todo por la región de Magallanes.

“Soy un poco huérfano, me fui muy chico de Chile y volví solo”, explica sobre su formación y quiénes fueron sus maestros. “Pero de a poco me he encontrado con una tradición que en los años 60 se llamaba neurofisiología, y que hoy se llama neurociencia. Ahí tenemos grandes nombres, como Joaquín Luco, Mario Luxoro, Roja, Maturana y Varela. Ésa es la escuela de la neurociencia en Chile”.

Andrés Couve estuvo 11 años fuera del país. Hizo un doctorado en Nueva York y un postdoctorado en Londres. Cuando llegó, el 2004, trabajó en el Centro de Estudios Científicos (CECS) que dirige Claudio Bunster en Valdivia, pero al año decidió volver a Santiago. Ahí, Cecilia Hidalgo y Manuel Kukuljan le abrieron las puertas de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile.

Postularon para formar un Instituto Milenio, a su juicio, uno de los programas de fomento a la ciencia más importantes que existen hoy en Chile, a través del cual el Ministerio de Economía adjudica fondos para que se creen grupos de investigación. Así, el 2011 armó el Instituto Milenio de Neurociencia Biomédica, más conocido como BNI (Biomedical Neuroscience Institute), que hoy dirige.

Está todo el día en el laboratorio, con los ojos puestos en los microscopios –tiene uno de los más avanzados de Chile– dedicado a analizar el cerebro, el sistema nervioso, el funcionamiento de la mente y sus trastornos. Pero además de eso, es un “científico activista”: integró la comisión de la presidenta Bachelet para definir el futuro de la investigación en Chile, escribe cartas en los diarios, fue uno de los autores del inserto que un grupo de científicos publicó el año pasado en la prensa chilena “Nuestros gobiernos han elegido la ignorancia”.

-¿Es crítico del gobierno de Bachelet?

-Este gobierno no ha manifestado un interés real por la ciencia. La presidenta ha dicho mucho que la ciencia es importante para el desarrollo del país. Pero esa importancia debe reflejarse con fuerza en el presupuesto. El resto es maquillaje. Este gobierno no ha creado iniciativas nuevas que muestren su voluntad de que esto es importante. Han hecho comisiones, se ha hablado, pero al momento de los quiubos no hemos visto un apoyo decidido. Simplemente, no ha habido.

-¿A las autoridades les falta entender la ciencia?

-Sí, y en eso hay responsabilidades compartidas. Nosotros hemos estado muy encerrados en el terreno de la ciencia, en el observatorio, en el laboratorio, aislados. Y lo mismo pasó por el otro lado. Tenemos que construir puentes entre ambos. Tenemos esta costumbre de que se nos imponen cosas, se nos imponen desafíos. Discutamos cuáles son. Eso sí, tampoco es apropiada esta visión mesiánica de la ciencia. De eso también estoy en contra. Porque cuando está la convicción de que las cosas son de una manera, por el lado que sea, vienen los grandes descalabros.

-Los críticos a este gobierno dicen que se discutieron poco las reformas, y que las impusieron desde sus creencias.

-Este gobierno se ha mostrado muy reacio a escuchar opiniones distintas. Y el caso del Ministerio  de Ciencia es patente.

-¿Hay algún presidente que haya marcado una diferencia?

-Eduardo Frei apostó por una nueva forma de hacer ciencia en Chile. Él estableció los institutos Milenio, una prueba de éxito de cómo puedes hacer ciencia colaborativa en Chile. Eso ha estado totalmente ausente en los últimos gobiernos, pero sobre todo en este último.

-¿Y cómo evalúa al sector privado en este campo?

-Tiene una deuda grande con la ciencia. Debiera invertir más en investigación, en proyectos, y promover la cultura de la filantropía. Hay pocos empresarios y empresas que lo hacen. En Chile, nadie se ha metido de manera importante.

-Pablo Valenzuela ha logrado atraer a inversionistas…

-Él es un ejemplo excelente de combinación de mundo privado con investigación.

La confundida reforma

-¿Chile puede transformarse en un país inteligente?

-A la hora de pensar la ciencia del futuro mencionamos los cielos del norte, los glaciares, el océano, la Antártica, el desierto. Si investigas en esas áreas, que son únicas en el mundo, efectivamente vas a tener una ventaja. Pero lo más importante son las personas que habitan ese territorio. Trataría de tener una gran cantidad de gente que pueda aportar al conocimiento, ya sea en ciencias naturales, ciencias exactas, arte, humanidades, ciencias sociales. No tengo dudas de que eso es el futuro de Chile. Es súper sencillo.

-Es consenso mejorar la educación…

-Sí, pero tenemos pocos recursos, y la reforma educacional es un enredo, con intereses por todos lados. Yo creo que nos hemos confundido, especialmente con la gratuidad. Hubiera priorizado una educación pública y de calidad, sin ninguna duda. El costo de la educación es una trampa. Tenemos  un sistema privado con estudiantes de menos recursos pagando por salir peor educados. Es un modelo dado vuelta de carnero. Y cómo lo arreglas. Tenemos que ponernos de acuerdo en los desafíos.

-¿Cuáles deben ser?

-Alguien de región puede pensar que es la descentralización; el del norte piensa que es el agua; otro, el envejecimiento de la población, las ciudades, la contaminación, la biodiversidad. Tenemos que ponernos de acuerdo y trabajar en pos de ello. En cualquiera de estos ámbitos, la ciencia va a jugar un rol clave. Y el desafío principal: generar gente que produzca conocimiento.

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Premio Andrés Concha

Sofofa reemplazó su cena anual y creó el premio Andrés Concha, que distingue a alguna personalidad, tanto del ámbito empresarial como de la academia u otro, que haya hecho alguna contribución relevante a la sociedad, trascendiendo su área. El primer galardón otorgado este año fue para Andrés Couve.

“El reconocimiento me tomó por sorpresa y deduzco que para ustedes fue mayor. (…). Recibo este premio como una señal de apertura y futuro; de enseñanza, de valentía, de extender la mano”, dijo Couve al recibir el premio de manos de Marie Dominique Berthet, viuda de Andrés Concha.

“Constuir un nuevo relato en Chile es un desafío mayor. Debemos crear un nuevo mapa, que tome en cuenta la evidencia y los afectos, un mapa que se componga de nuestro territorio, sus personas y el conocimiento chileno”, continuó.

Sobre el rol de la ciencia, aseguró que debemos crear un pacto país en el que la ciencia y el sector industrial sean actores claves. Este pacto debe llevar acciones decididas.

Finalmente dijo: “Les hago una invitación: que el premio Andres Concha sea un incentivo para valorar un puente entre la ciencia y la industria, porque en este tipo de alianzas nos jugamos el futuro”.